jueves, 26 de enero de 2017

¿QUÉ NOS DIVIDE? DIFERENCIAS ABISMALES ENTRE AMLOÍSTAS Y ZAPATISTAS

¿QUÉ NOS DIVIDE?
Javier Hernández Alpízar
Babel
Zapateando
Publicado el 
En algo tiene razón Mardonio Carballo cuando afirma que no dividirá los votos de la izquierda la iniciativa del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el EZLN para promover que un Concejo Indígena, en una tradición magonista, gobierne México y sea representado por una vocera indígena que será candidata a la presidencia en las elecciones de 2108. Carballo dice que de suyo esas izquierdas estaban divididas y no es algo nuevo.
Nos divide que tenemos dos distintas visiones de la política, del país y del mundo, cada sector, el que viene apoyando por décadas a AMLO para gobernar Tabasco, para gobernar el DF y para ser candidato a la presidencia en 2006, 2012 y en 2018,  por un lado, y, por otro, el sector que hemos apoyado al EZLN desde 1994 en que apareció públicamente con su alzamiento armado en la misma fecha que entraba en vigor el TLCAN (NAFTA).
Ilustran lo que nos divide los recientes disparates políticos de López Obrador, primero salir en defensa del TLCAN y en pro de las mineras canadienses, so pretexto de oponerse a Trump (sintomático es ese ver qué propone la derecha para tomar la bandera contraria y aparecer como “alternativa”) y luego incluir en su proyecto para 2018-1924 al ex secretario de Gobernación priista, Moctezuma Barragán, zedillista, corresponsable en casos tan graves como la masacre de Acteal y la persecución de la comandancia zapatista durante la traición de febrero de 1995.
Quienes apoyan a López Obrador desde que estaba en el PRD hasta ahora que tiene un partido para él solo, donde es la voz de mando sin contrapesos de ningún tipo, Morena, hacen un razonamiento como el que AMLO hace para apoyar el TLCAN y las mineras canadienses: si el PRI y el PAN lo aborrecen, entonces hay que apoyarlo. Su dogma es que es la única opción y que no apoyarlo es siempre hacerle el juego a la derecha, por ello deben disculparle su propensión a reciclar a viejos políticos salinistas, zedillistas, priistas y uno que otro panista: Moctezuma Barragán se suma a una lista copiosa que incluye a Monreal, Layda Sansores, Bartlett (traición de acuerdos de San Andrés junto con Fernández de Cevallos y Chucho Ortega, jefe de campaña de AMLO en 2006), Delgado Rannauro, Juan Sabines, Aguirre Rivero, Gabino Cué… Cada vez que reciclan esos políticos, le hacen un gran favor a la derecha.
Por el contrario, quienes hemos apoyado, apoyamos y apoyaremos en su actual propuesta al EZLN jamás hemos visto traer nada bueno de las supuestas conversiones de priistas como Camacho y Ebrard a la “izquierda”, en lugar de ello vemos que los zapatistas en sus territorios están cambiando el mundo y la vida con autogobierno, con autoorganización desde abajo, en un sentido comunitario y anticapitalista, y que otros grupos,, comunidades, pueblos y organizaciones, algunos de ellos participantes en el CNI, también lo están haciendo en sus tierras, oponiéndose al capitalismo y no sólo al neoliberalismo, porque para ellos son proyectos de muerte, por ejemplo el extractivismo, y fracking, de petróleo, mineras, presas y represas, parques eólicos, carreteras, militarización, paramilitarización, crimen organizado, sean de capital “nacional” (entre ellos Slim, uno de los impulsores de AMLO en 2006) o extranjero: canadiense, yanqui, chino, brasileño, europeo…
Así como los simpatizantes de Morena razonan que quien no apoya a AMLO no es de izquierda, nosotros razonamos que quien no apoya e incluso traiciona a los zapatistas y a los movimientos sociales que resisten desde sus territorios, no pueden llamarse de izquierda, y menos si se han dedicado a lavarles la cara y presentarlos como candidatos y líderes morales a priistas que vienen de (y van hacia) las masacres de 1968 y 1971 hasta Acteal o la noche de terror en Iguala. Contrainsurgencia es la palabra que los describe.
Cada una de esas dos izquierdas ha hecho su razonamiento y su apuesta. Y cada una hemos criticado ferozmente a la contraparte. La lópezobradorista acusando al EZLN de no apoyar a su eterno gallo (cuyo plumaje, según su hagiografía, es inmarcesible e inmaculado aunque vive rodeado de zorros del priismo como los mencionados); y por el contrario, quienes no esperamos nada bueno de alguien surgido de las filas del PRI, no digamos de 1988 sino de 1968 para acá, por decir lo menos, no aceptamos esa política de componendas que construyen segundos pisos en la Ciudad de México para beneficiar al capital privado o proponen otros proyectos violatorios de derechos humanos como un tren que atraviese Chiapas, el corredor Coatzacoalcos-Salina Cruz (versión contemporánea de los tratados McLane- Ocampo), el apoyo al TLCAN o a las mineras canadienses, que han ido del despojo al asesinato en cualquier lugar donde colonizan y destruyen.
Mientras los votantes de AMLO ven la iniciativa del CNI y el EZLN como una resta de votos para, por motivos como los expuestos, su dudoso candidato, quienes saludamos la iniciativa de un Concejo Indígena no cedemos al chantaje de “haces el juego a la derecha” (esgrimido por quienes se la han pasado llevando a candidatos de derecha al poder, e incluso contrainsurgentes y criminales consumados, con el apoyo electoral de AMLO). Mientras su candidato propone lo que se le da la gana, sin tomar en cuenta a sus bases, nosotros vemos algunas cualidades interesantes a la propuesta del CNI y el EZLN.
Por primera vez en más de 500 años una persona indígena (no aculturada como Juárez) será candidata a la presidencia.
Por primera vez, una indígena mujer, en un país donde las mujeres están bajo ataque.
Por primera vez un Concejo Indígena se propone para gobernar un país que ha sido gobernado por burgueses y generalotes, así como civiles al servicio de la burguesía,
Por primera vez una candidata surgida de una consulta desde abajo.
Por primera vez una candidata anticapitalista, apoyada por comunidades que resisten al capitalismo desde sus tierras sagradas.
Por supuesto que esas características, que no ha tenido jamás candidatura alguna en este país, nos parecen más interesantes que un “proyecto de nación” que incluye defender el TLCAN, las mineras canadienses y reciclar a la contrainsurgencia antizapatista con zedillistas como Esteban Moctezuma Barragán.
La división no es de hoy, viene al menos desde la traición a los Acuerdos de San Andrés en 2001, o de antes. La diferencia es que nuestros argumentos se basan en información públicamente rastreable y los de la teoría de la conspiración que inventó la contrainsurgencia, y algunos seguidores de AMLO repiten como guajolotes, no tiene evidencia verificable alguna.

Quienes se preocupan tanto por la unidad hoy tienen una opción, dejar de apoyar mineras y contrainsurgencias y venir a apoyar a un Concejo Indígena con una vocera indígena a la presidencia en 2018.