miércoles, 17 de agosto de 2016

No es competencia olímpica por el galardón “sexenio de la muerte”, es carrera de relevos de errores y fracasos

J. Jesús Esquivel
Corresponsal de la revista Proceso en Washington
RompeViento TV
10 de agosto de 2016
Washington – La insignificancia que le da el gobierno de Enrique Peña Nieto a las estadísticas de homicidios, ejecuciones, asesinatos, desapariciones y secuestros que han ocurrido en lo que va de su sexenio, irremediablemente me recuerda la arrogancia con la cual abordaba Felipe Calderón a los muertos en el suyo.
Fueron pocos los que pensaron que el de Peña Nieto superaría o igualaría al sexenio de la muerte de Calderón. Lo está superando.
Los números trágicos están ahí, son una evidencia inalterable del fracaso de la lucha contra el crimen, y en especial contra el crimen organizado, de la Secretaría de Gobernación y de la Procuraduría General de la República.
“No lo logrará”, recuerdo que me dijo un alto mando de la DEA, en febrero de 2013, dos meses después de que Peña Nieto reemplazara a Calderón en Los Pinos. ¿Por qué?, recuerdo haberle preguntado al agente especial de la DEA asignado a una región de Estados Unidos colindante con el norte de México. “Muy sencillo”, me respondió, “Calderón provocó una diversificación de crímenes cometidos por los cárteles de la droga cuando sacó a las calles al ejército para combatirlos, y eso fue el peor error que pudo haber cometido un gobierno mexicano… Después de lo que hizo Calderón, ya nada será igual en tu país”, me machó el agente estadunide.
Tenía razón, desde el sexenio de la muerte ya nada volvió a ser igual en México. Lo he repetido hasta el cansancio y me duele hacerlo otra vez: los mexicanos ya nos acostumbramos a los muertos, y nada en este sentido de violencia extrema nos sorprende. Perdimos la sensibilidad sobre lo más preciado: la vida.
Duele asumir que México se encuentre entre los países más violentos del mundo. No tenemos guerra civil, ni vivimos otra revolución, pero la inseguridad en el país engorda cada día más los números de muertes violentas, mientras el gobierno sigue indolente por no asumir las consecuencias.
El mismo gobierno de Peña Nieto, que ha logrado que los medios de comunicación pastoreados por Los Pinos no destaquen la realidad dolosa de la nación en sus primeras planas, ofrece estadísticas que dan pie a una pregunta futurista escalofriante: ¿reemplazará el de Peña Nieto al de Calderón en el mote de “El Sexenio de la Muerte”? Como van las cosas, posiblemente sí.
De acuerdo con los números que ofrece el Sistema Nacional de Seguridad Pública, hasta el mes de junio de este año y desde que comenzó el sexenio de Peña Nieto se registraron 50 mil 156 homicidios dolosos. Este número equivale a casi el 50 por ciento de todos los homicidios dolosos cometidos en el sexenio de la muerte.
El número de muertos en el actual sexenio es de escándalo y de alarma, pero el gobierno de Peña Nieto actúa como si no pasara nada.
Con la mayoría de los medios de comunicación bajo su control, Peña Nieto tal vez piense que los mexicanos no somos conscientes de la trágica realidad del país. Aun cuando tenemos gobernantes retrógradas que cometen toda índole de violaciones contra el derecho a la libertad de expresión y de prensa, como los gobernadores de Veracruz, Guerrero y Oaxaca, por dar solo unos ejemplos y que por el bien de la estabilidad estomacal ya ni siquiera mencionamos sus nombres, las redes sociales son ahora la ventana más utilizada para exponer las graves consecuencias del problema de la inseguridad.
¿Cómo pretende un gobierno ocultar con el silencio de los medios de comunicación que controla, cifras tan macabras de su probado fracaso para controlar a los criminales? Fácil, podría decir cualquier alto funcionario de la Secretaría de Gobernación, ignorando y descalificando a los medios de comunicación que las revelan.
Ésta, aunque maquiavélica, es la otra cara de la tragedia que comenzó con el sexenio de la muerte, la de ignorar la tragedia de las víctimas de la inseguridad y del crimen organizado y tildar de amarillistas y escandalosos a los medios de comunicación que le machacan a Peña Nieto, en su cara, que la criminalidad y los criminales lo tienen rebasado, que al “sexenio de la muerte” de Calderón lo está opacando el suyo.
No, no es una competencia olímpica por el galardón del “sexenio de la muerte”, la que hay entre Peña Nieto y Calderón, más bien parece una carrera de relevos donde solamente se pasan la estafeta de los errores y los fracasos.

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