domingo, 2 de octubre de 2016

El 26 de julio de 1968 se inició en México el movimiento estudiantil de más profunda raíz.

La Voz del Anáhuac
26 de julio de 2016
El 26 de julio de 1968 comenzó en México un movimiento estudiantil que pronto adquirió también carácter popular. Mucho se vociferó entonces desde los medios de comunicación que se trataba de una conjura comunista que pretendía sabotear la realización de los XIX Juegos Olímpicos en México. También se dijo que era un complot de la CIA. Otros manejaban que había pugnas entre grupos del poder y que ante la sucesión presidencial, algunos de estos grupos habían infiltrado al movimiento, que lo financiaban y utilizaban para “quemar” a sus adversarios políticos.
         Pero no era esta la visión que del movimiento tenían quienes lo estaban viviendo.
         Ese 26 de julio se unieron dos manifestaciones que fueron brutalmente reprimidas cuando intentaban llegar al Zócalo. Una compuesta por universitarios y grupos de izquierda, que cada año celebraban el inicio de la revolución cubana. La otra compuesta por politécnicos protestando por la salvaje irrupción de la policía en la Vocacional 5.
         Días antes, 22 y 23 de julio, se habían enfrentado a golpes estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 contra estudiantes de la Preparatoria Isaac Ochoterena (incorporada a la UNAM). Era ya una tradición que alumnos de estos planteles jugaran “tochitos” o “cascaritas” de futbol en alguna de las calles cercanas a la Ciudadela. También ya era tradición que estos juegos terminaran en pleito, en batalla campal entre alumnos de estas escuelas, de los que no eran ajenas las pandillas barriales: los “Araños” y los “Ciudadelos” que coyunturalmente hacían alianzas con los porros de estas escuelas, como una de sus estrategias para el control territorial.
         Pero en esta ocasión intervino la policía. El pleito pasó sin más el 22 de julio. Pero el 23, cuando los bandos se preparaban para la revancha, intervino el cuerpo de granaderos, con la brutalidad que lo caracteriza. No sólo dispersaron a los grupos estudiantiles y de pandilleros en pugna, sino que irrumpieron en la Vocacional 5, golpeando salvajemente a estudiantes y profesores ajenos al pleito callejero previo.
         Esto causó gran indignación entre los estudiantes agredidos. La sociedad de alumnos, integrante de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) exigió realizar un acto de protesta por este uso abusivo de la fuerza pública. La FNET se vio obligada a convocar a una manifestación, pues tenía encima la presión de grupos disidentes dentro de la organización que controlaba a la mayoría de las escuelas del IPN.
         Si no lo hacían de inmediato corrían el riesgo de que la disidencia dentro de la FNET los rebasara y perdieran el  control. El 24 reunieron a los secretarios generales de las sociedades de alumnos para informar de lo ocurrido en la Voca 5 y sacar el acuerdo de la manifestación. El 25 se presentaron en el Departamento del Distrito Federal (DDF) para tramitar el permiso. Los organizadores de la manifestación de solidaridad con Cuba también estaban ahí, para lo mismo: tramitar el permiso. Aunque se trataba de organizaciones contrapuestas y los horarios de sus manifestaciones eran casi los mismos, el DDF no tuvo inconveniente en autorizar ambas manifestaciones. Sus rutas eran distintas. La marcha del IPN iría de la Ciudadela al Casco de Santo Tomás, a las 3 de la tarde. La marcha de apoyo a Cuba sería de Arcos de Belén al Hemiciclo a Juárez, a las 4 de la tarde.
Se calculaba que cuando una estuviera por terminar la otra apenas estaría comenzando.
No se contaba con que la marcha convocada por la FNET enfrentaría problemas desde el Monumento a la Revolución. Ahí, grupos estudiantiles de las Vocacionales 5 y 7, de Economía y otras escuelas superiores del IPN cuestionaron: “¿ante quién vamos a protestar en el Casco?, ¡al zócalo debemos ir, ahí están los responsables del actuar policíaco!, ¡el DDF es quien debe responder!, ¡exijamos la destitución de los jefes policíacos!”.
Aunque fueron tachados de “provocadores” y segregados por los grupos de choque de la FNET, la inquietud quedó latente. Ya en el Casco de Santo Tomás, bastó con escuchar unos minutos los discursos demagógicos de los líderes fenetos para que esa inquietud explotara en el grito de: “¡Zócalo, Zócalo!” iniciado antes en el Monumento a la Revolución por los disidentes de la FNET.
Nada pudo impedir que prácticamente todos los estudiantes politécnicos dejaran hablando solos a los dirigentes de la FNET, salieran del Casco y tomaran autobuses para dirigirse al centro histórico. Los autobuses tomados pararon en el Hemiciclo a Juárez. Ahí se encontraban ya los que realizaron su manifestación solidaria con Cuba. Y también se encontraban ahí quienes salieron de la manifestación politécnica en el Monumento a la Revolución. Ya habían informado de lo ocurrido en la Ciudadela el 23 de julio. Y ya se había acordado acompañar la manifestación politécnica al Zócalo. Ver que el contingente aumentaba considerablemente con quienes recién llegaban del Casco de Santo Tomás, encendió aún más los ánimos.
Pronto se formó el contingente y caminó por Francisco I. Madero, con la intención de llegar al Zócalo. Hay que decir que entonces el Zócalo era exclusivo para celebraciones oficiales, estaba vetado para manifestaciones de protesta. Entonces no fue sorpresa que al llegar a Madero y Palma (una calle antes del Zócalo) nos topáramos con una barrera de granaderos que nos cerró el paso. Lo que no esperábamos era que se nos tapara la salida con otra barrera de granaderos, que empujaba hacia el frente, obligándonos a chocar con la barrera de policías que nos cerraba el paso, quienes ansiosos ya nos esperaban, garrote en mano para reprimir nuestra insensata osadía de pretender protestar en el Zócalo, lugar sacro-santo de actos oficiales. Donde cada 1 de mayo los líderes charros de los sindicatos hacen desfilar a sus agremiados para “dar gracias al señor presidente… por lo que sea”. Donde cada 5 de mayo los conscriptos del servicio militar rinden protesta ante la bandera. Donde el señor presidente da el grito de independencia cada 15 de septiembre y el 16 preside un gran despliegue militar, para que no haya dudas de bajo las órdenes de quien están las fuerzas armadas del país. 
Así se nos impidió cometer tal irreverencia. ¿El precio? Centenares de detenidos y heridos. Ya entonces se habló de muertos (se manejó un listado de 32 muertos, aunque algunos casos, afortunadamente, fueron equívocos).
Pero no terminó ahí la represión esa noche. Algunos grupos fueron perseguidos hasta la Alameda Central. Otros fueron perseguidos hasta el Barrio Universitario (San Ildefonso, Justo Sierra y Lic. Verdad, donde estaban las Preparatorias 1, 2 y 3 de la UNAM. Estos, sin tener nada que ver con las manifestaciones de esa tarde, fueron igualmente reprimidos. Por lo que tuvieron que parapetarse en sus escuelas, levantar barricadas e iniciar una resistencia de 3 días ante el acoso policial.
La represión desmedida contra politécnicos y universitarios nos hermanó en una lucha que entonces comenzaba, que daría lugar a una huelga a la que paulatinamente se sumaron las normales, las universidades de los estados, tecnológicos, escuelas de agronomía, de artes e incluso algunas universidades privadas.
La represión del 26 de julio marcó el inicio del mayor movimiento estudiantil del que se tenga memoria, movimiento que pronto adquirió carácter de movimiento popular, pues no demandó ninguna cuestión estudiantil o educativa, sus demandas tenían que ver con la justicia y la libertad.
 Mucho se ha insistido en afirmar que el movimiento concluyó con la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco. Pero no es así, la huelga se levantó dos meses después, el 4 de diciembre. Fecha en que se disolvió el Consejo Nacional de Huelga.
También es un error reducir el movimiento a la masacre. El movimiento fue mucho más que eso. Fue una rebelión contra el autoritarismo, contra la mentira, contra el silencio y el conformismo. Fue una respuesta a la imposición, al verticalismo, a la hipocresía. El movimiento de 68 fue una práctica de democracia directa, de evitar que los dirigentes decidan sin consultar a sus bases, impidiendo que los partidos políticos asumieran roles de dirección que no les corresponden. Fue un gran despliegue de creatividad e imaginación por parte de las brigadas, los activistas y las bases estudiantiles. Todo eso y mucho más fue el movimiento estudiantil-popular de México en 1968. Habrá que recordar cada una de sus etapas. Ya en posteriores escritos lo iremos haciendo.