martes, 7 de junio de 2016

Colombia, PARO AGRARIO NACIONAL: “por un país donde podamos vivir con dignidad”

Dexpierte Colombia
Fotografía de portada: Camilo Ara.
Agencia SubVersiones
/6 junio, 2016/
El 30 de mayo de 2016 se inició un paro nacional en Colombia convocado por la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular. Esta movilización contra el despojo de tierra y territorios consiste en la ocupación de carreteras y calles por la reivindicación de derechos y vida digna, en denuncia del incumplimiento de acuerdos por el Estado colombiano y en rechazo a las políticas de despojo, privatización y devastación de los territorios.
En el marco de este paro agrario se encuentran en movilización más de 27 departamentos con 100 puntos de manifestación, que exigen al gobierno nacional el cumplimiento de los acuerdos pactados desde 2013. El pliego petitorio, desde entonces, abarca ocho temas:
1. Tierras, territorios colectivos y ordenamiento territorial;
2. Economía propia contra el modelo de despojo;
3. Minería, energía y ruralidad;
4. Cultivos de coca, marihuana y amapola;
5. Derechos políticos, garantías, víctimas y justicia;
6. Derechos sociales;
7. Relación campo-ciudad.
8. Paz, justicia social y solución política del conflicto.
En 2016 el paro, además, se realiza en medio de las negociaciones de paz; el movimiento se ha pronunciado a favor de dicho proceso pero denuncia la concepción corporativa de la paz: «donde el gobierno nacional considera que el fin del conflicto es una oportunidad para brindar mayores garantías para la inversión y así lograr un mayor crecimiento económico, las organizaciones sociales han defendido una concepción transformadora…» (Alejandro Mantilla en Palabras al Margen). La vocería del movimiento ha señalado enérgicamente que, si no se resuelven las causas estructurales que dieron origen al conflicto y si no se cuestiona el modelo neoliberal que amenaza el campo, la vida digna y las culturas, entonces la guerra —aún vigente— difícilmente cesará.
Cacerolazo en solidaridad con el Paro Agrario en la plaza Eduardo Umaña Mendoza, en la ciudad de Bogotá. Fotografías: Sari Dennise.
A continuación se presenta una entrevista realizada a Sebastián Quiroga, vocero del Congreso de los Pueblos, durante la jornada de protesta y manifestación que tuvo lugar en el centro de Bogotá el pasado viernes 3 de junio, en solidaridad con el Paro Agrario, Campesino, Étnico y Popular que se realiza en diferentes regiones del país.
¿Por qué el paro y bajo qué condiciones se está manejando la protesta en las regiones donde se está desarrollando? ¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno ante las demandas que se están realizando por parte de los campesinos y de los indígenas?
Bueno, pues éste es un proceso de movilización que viene realizándose hace varios años. En el año 2013 se realizó el primer paro agrario de esta década, con miles de campesinos movilizados y miles reprimidos. Ahí se firmó una agenda de conversaciones entre el gobierno nacional y la cumbre agraria, que es una articulación de organizaciones y movimientos sociales agrarios campesinos. También se firmó un pliego de peticiones que tiene como fondo la discusión del modelo económico que se aplica en el campo y en las ciudades en Colombia y se discutió el tema de la minería, de la agroindustria y el tema de la existencia de cultivos de uso ilícito además del tema de la redistribución de tierras en el país.
Es decir, es un paro que está —desde las perspectivas de las organizaciones sociales— completamente relacionado con las discusiones que se están dando en el proceso de paz. De hecho, lo que afirmamos nosotros como Congreso de los Pueblos, es que éste es un paro por la paz porque desde nuestra perspectiva, la conquista de la paz en Colombia pasa por la solución política del conflicto armado con la insurgencia, pero pasa también por resolver los problemas que le dieron origen al conflicto. El colombiano no puede seguir siendo un país minero en donde las fuentes hídricas se ven afectadas por la minería, en donde la vida en las comunidades, en las ciudades y en el campo se ve afectada por la minería, ésa es una discusión necesariamente central en el tema de la paz.
En esta Minga, entonces en particular, estamos exigiendo el cumplimiento de la discusión en torno al pliego con el pueblo colombiano. En estos tres años el gobierno se ha negado a hacerlo, porque no quiere que el pueblo participe en la deliberación sobre el modelo económico. La exigencia que se está haciendo es que se siente a hacerlo.
Homenaje a Gersaín Cerón y Marco Aurelio Díaz, dos indígenas asesinados por el ESMAD durante las jornadas de protesta. Fotografías: Camilo Ara.
La reacción del gobierno ha tenido dos sentidos. Primero la represión: llevamos tres personas asesinadas en el marco de la jornada. Hoy murió un compañero que fue atacado por la fuerza pública en la Universidad Distrital; estaba en coma hace un mes y medio, falleció el día de hoy. Entonces, ésa ha sido la línea de tratamiento que el gobierno le da a la movilización social. Y la segunda es el tema de la cooptación y la fragmentación: en todos estos años la cumbre le ha pedido al gobierno que se establezca la negociación y el gobierno se ha negado;  ahora que la gente está movilizada en las carreteras el gobierno sí va a las regiones, sí va a los territorios pero no en la lógica de una discusión nacional como se está planteando desde la cumbre, sino a intentar cooptar y desmovilizar a las regiones que están movilizadas.
¿Hasta cuándo se va a desarrollar la Minga?
Nosotros tenemos una planeación para durar quince, veinte días o un mes en las carreteras. Es un desgaste para nuestras comunidades estar movilizadas pero lo que nos ha enseñado la experiencia es que el gobierno anuncia que va a cumplir, instala una mesa, desmoviliza a la gente y luego… deja la palabra empeñada. No cumple con los acuerdos, no acude a las reuniones y no cumple con los compromisos. Entonces, el fin de la movilización depende de la actitud real del gobierno. Nuestro interés es poder negociar en caliente, poder negociar con la gente movilizada porque una vez desmovilizada es muy difícil volver a movernos y eso es de alguna manera lo que el gobierno quiere con la estrategia de desgaste que implementa.
¿Cuál es el mensaje final que le podrías dar a la gente que todavía no entiende las magnitudes y el alcance del paro y de la Minga? ¿Cuáles son las posibilidades de transformación que trae la misma Minga?
La invitación es a que sigamos construyendo este proceso. Yo creo que la tarea del proceso de movilización social y popular en Colombia, aunque viene de golpes y viene de la represión fuerte del paramilitarismo, es seguir sumando, seguir invitando a nuevas personas. Sobre todo en las ciudades, pues tenemos un reto muy grande de poder construir movimientos urbanos fuertes, que pongan en jaque también al gobierno nacional desde las ciudades y poder avanzar sobre esa vía, hacia la construcción de un país diferente, un país donde podamos vivir con dignidad.