viernes, 22 de abril de 2016

No debe construirse el NAICM sobre un lecho lacustre: serios hundimientos y riesgos de inundaciones

Destruirá la construcción del nuevo aeropuerto un hábitat insustituible.
Estará a 2 kilómetros de un lago con miles de aves: analistas.
César Arellano García
Periódico La Jornada
Jueves 21 de abril de 2016, p. 37
Con la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Cuidad de México (NAICM) se destruirá un hábitat insustituible y habrá mayor sobrexplotación de los mantos acuíferos, aseguraron especialistas y pobladores de comunidades aledañas.
Durante un foro que se realizó en la Casa Lamm sobre las consecuencias sociales y ambientales de una obra de esta magnitud en la zona, José Luis Rico, del Observatorio Regional Ciudadano de Desarrollo Sustentable de Texcoco, señaló que al gobierno federal no le importa lo que digan expertos ni las protestas de la sociedad civil.
Las autoridades continúan empecinados en llevar a cabo este megaproyecto a pesar de la observación técnica que explica por qué no debe construirse el aeropuerto sobre un antiguo lecho lacustre que sufre serios hundimientos diferenciales y que mantiene graves riesgos de inundaciones. Pero además, comentó, la contaminación ambiental se incrementará debido a las numerosas operaciones aéreas.
Fernando Córdova Tapia, del Instituto de Biología e integrante de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, explicó que la nueva terminal devastará lagos y que además de pistas de aterrizaje y despegue también se edificarán centros comerciales, lo cual no se incluyó en la manifestación de impacto ambiental.
Al presentar el estudio Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, manifestación de cinismo ambiental, añadió que el lago Nabor Carrillo colinda con el predio del nuevo aeropuerto y es uno de los ejemplos más exitosos de restauración ecológica en México.
Explicó que la colisión entre aves y aviones es un problema severo en los aeropuertos a nivel internacional y ha generado accidentes lamentables, y en el caso del NAICM las pistas estarán a dos y medio kilómetros de una zona en la que al año llegan 120 mil aves, cuando los estándares internacionales establecen al menos 7.5.
Estas y otras razones, como la destrucción de la vida agraria, el tejido social, la cultura y la historia de los pueblos de la región, el despojo de la tierra y el territorio, el desplazamiento forzado de la comunidades originarias, la terquedad del gobierno, alentada por un irracional revanchismo y una voraz ambición, han sido reiteradas una y otra vez, en todos los espacios posibles por los incansables luchadores sociales que integran el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, entre los que sin duda destacan los ejidatarios de San Salvador Atenco.
        Agotando recursos legales, haciendo causa común con otros pueblos que también están amenazados por megaproyectos neoliberales de despojo, destrucción y muerte (carreteras, presas hidroeléctricas, minería a cielo abierto, fracking, parques eólicos y otros), el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra ha manifestado públicamente que no permitirán esta barbarie neoliberal que pretende pasar por sobre la voluntad de los pueblos. Han reiterado en todos los tonos que LA TIERRA NO SE VENDE, SE AMA Y SE DEFIENDE.
        Pero esta lucha no se debe ver sólo como la lucha de Atenco, sino como una lucha de todas y todos los que habitamos el oriente del Estado de México y la ciudad de México, pues las consecuencias de la construcción del llamado Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México nos golpearán a todas y a todos, en cuanto a abasto de agua, consumo de alimentos producidos en esta región agrícola, devastación de uno de los pulmones del Valle de México, destrucción de una amplia zona de biodiversidad vecina y, sobre todo, la imposición irracional, vengativa y ambiciosa de un proyecto aeroportuario que hace 14 años fue derrotado por la lucha social y que ahora, sin fundamentos válidos se pretende imponer al costo que sea, amenazando incluso con hacer uso de la fuerzas armadas, como se vio el 11 de abril, cuando un convoy militar invadió tierras ejidales en San Salvador Atenco, mismo que fue rechazado por una movilización popular desarmada, espontánea pero decidida: centenares de ejidatarios, blandiendo sus simbólicos machetes, hicieron retroceder a los militares, obligándolos a salir del ejido, demostrando que, pese a la desventaja, están dispuestos a todo.
(Comentario de La Voz del Anáhuac) 

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