sábado, 21 de noviembre de 2015

MÉXICO EN EL GIRO DE TUERCA MUNDIAL: ZONAS ECONÓMICAS ESPECIALES (Parte I)

Por Mateo Crossa
20 noviembre, 2015
Agencia SubVersiones

Como respuesta a la creciente importancia que tiene China en el rompecabezas global, Estados Unidos se encuentra redefiniendo su dominio a través del control de comercio de bienes y servicios a nivel mundial. Si bien es cierto que no hay un consenso entre los analistas sobre el grado de tensión que existe entre EU y el país asiático, se acepta de forma general el hecho de que las contradicciones entre ambos países aumentan debido a la motivación norteamericana por impedir la proyección ampliada que China opera más allá de sus fronteras. EU está prendiendo todos sus motores para reordenar el mundo y evitar, desde ahora, la posibilidad de que China y sus vínculos más cercanos como Rusia se conviertan en un poder mayor.

Para enfrentar dicho problema, podemos observar y seguiremos observando en los años venideros que EU le da un giro a la tuerca de su dominio y decide reordenar el sistema mundial capitalista impulsando una renovada estrategia de control global a través de los dos acuerdos económicos más grandes de su historia: Acuerdo Transpacífico (TPP), Acuerdo Transatlántico (TTIP). El fin último de este movimiento monumental es rearticular el mercado mundial a favor de las grandes empresas y el poder político de EUA.
La resistencia en las Zonas Económicas Especiales es constante y cada día se fortalece. Fotografía: Santiago Navarro F,
Todos los motores de EU están puestos en esa dirección y a cualquier parte del mundo donde pongamos nuestra vista podemos observar el interés del país norteamericano por renovar la correlación de fuerzas del mundo a su favor y desarticular la economía expansiva de oriente. El TPP aprobado por EU con el mecanismo antidemocrático, por excelencia, llamado Trade Promotion Authority (también conocido como Fast Track) busca transgredir y desarticular el corazón del dominio comercial chino en el Mar del Sur de China y el Mar de China Oriental por medio de la inclusión al TPP de Vietnam, Malasia, Singapur y Japón, mares que necesitaría China para proyectar su poder económico y político a nivel regional. Por otro lado, también existe un hostigamiento militar de EU hacia China por el control del mar del Sur chino y una revitalizada tensión entre Corea del Sur y Norte provocada por EU para que China no logre un diálogo entre ambas Coreas. Incluso es posible que en los próximos dos años veamos la integración de la, regionalmente, importante economía de Indonesia al TPP y posiblemente la de Corea del Sur. Todo esto con el fin de ahorcar el dominio chino en la región y obligarle a mantenerse estrictamente obediente al mando estadounidense.

A la par, se negocia el TTIP, que si bien su aprobación no está resuelta, tiene el objetivo final de deslabonar el mercado Europeo de la economía Rusa y China y frenar la proyección conjunta que estos dos países visualizan en la región europea a través de Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura. A través del TTIP, los grandes capitales estadounidenses y europeos buscar frenar la creciente fuerza económica de China y Rusia en Europa. Junto a esto, promueven la destrucción y descomposición de países estratégicamente vinculados con Rusia en el Medio Oriente (Siria y Libia) mientras que generan alianzas con Irán para quitarle a Rusia la proveeduría energética de Europa.
Uno de los aspectos fundamentales en la constitución de las ZEE es el control militar de la población. Fotografía: Heriberto Paredes
En América Latina, EU se cuelga de una coyuntura económica negativa para los países sureños provocada, de una parte, por la caída en los precios internacionales de las commodities y, de otra parte, por el   impulso desesperado de las clases dominantes de América Latina por querer insertarse al nuevo teatro de la economía mundial gestado desde Washington, viendo que ahí encontrarán mayor rentabilidad en sus negocios. No sólo están pasando por una caída en la tasa de ganancia de sus negocios, sino que están viendo que EU articula un nuevo orden comercial al que, afanosamente tratarán de articularse.  Por supuesto que esa posibilidad está condicionada a profundizar políticas económicas de liberalización que ya golpean a buena parte de la población en la región, desde aquellas promovidas por llamados gobiernos progresistas, que comienzan a aplicar paquetes de reformas neoliberales que precarizarán y desarticularán el mercado nacional, hasta gobiernos llamados neoliberales que profundizan la política de saqueo y privatizan aún más la economía. En el contexto de la guerra, América Latina es pensada por EU como parte de su Homeland Security (Territorio de Seguridad Nacional)[1] de manera que busca y seguirá buscando controlar, conquistar y reconquistar los territorios para asegurar su poder económico y político en el campo de la competencia mundial.
México toma la delantera en cuanto a la obediencia de los intereses y ordenes decretados por EU. La clase política y los grupos empresariales del país preparan a México para ser el mejor portado en la nueva configuración económica mundial. Para cumplir con esta tarea, el aparato estatal tiene el mandato de despojar violentamente las tierras de campesinos e indígenas, así como precarizar la vida de los trabajadores para ofrecer al capital extranjero un territorio puesto al mejor servicio para la inversión extranjera. La clase política y los empresarios repiten una y otra vez a los capitales multinacionales que México está preparado para lo que viene y ofrece una combinación de dos ventajas competitivas que ninguna economía del mundo tiene: ser frontera con el mercado más grande y dinámico del mundo y tener la mano de obra más barata de América Latina. En este contexto, se lanza hoy en México la iniciativa de las Zonas Económicas Especiales, zonas francas en el sur del país con excepcionalidad arancelaria. Es decir, enclaves económicos de exportación a gusto del capital trasnacional. Territorios libres, según la cosmovisión empresarial.

Hace 155 años, en diciembre de 1859, el entonces presidente de EU James Buchanan impulsaba el afán expansionista estadounidense en territorio mexicano a través del Tratado McLane-Ocampo, el cuál le habría otorgado a perpetuidad el derecho a EU de transitar por el istmo de Tehuantepec a cambio de un préstamo de 2 millones de dólares. El acuerdo se trancó porque la guerra civil en EU estalló poco tiempo después y la puesta en marcha del McLane-Ocampo habría beneficiado a los Confederados. Desde esas fechas ya era clara la inspiración estadounidense por controlar el istmo de Tehuantepec como espacio estrecho de tránsito entre los océanos Atlántico y Pacífico.
Chiapas es parte del corredor comprendido entre el istmo de Tehuantepec y el canal de Panamá y es una de las zonas más codiciadas por EU. Fotografía: Natalia Monroy
155 años han pasado desde que se firmó el acuerdo McLane-Ocampo y hoy, en voz de Peña Nieto, se renueva el interés de EU por controlar el movimiento económico y político en el istmo mexicano a través de lo que hace poco se ha anunciado como Zonas Económicas Especiales (ZEE). Éstas fueron advertidas hace poco más de un año por Peña Nieto a días de haber sucedido el asesinato y desaparición de estudiantes normalistas de Ayotzinapa. A un año de esta tragedia que se mantiene en la impunidad, Peña Nieto volvió a anunciar las ZEE, ahora como iniciativa de ley que actualmente se discute en el Congreso. Es decir, se monta perversamente sobre una tragedia que él mismo encabeza, para justificar un proyecto de transnacionalización y venta del territorio nacional.
El proyecto de ZEE se discute como iniciativa de ley presidencial en el Congreso sin ningún indicio mínimo de que sea rechazada o cuestionada. Toda la clase política, partidos políticos, medios de comunicación, mundo empresarial, asociaciones civiles e intelectuales se encuentran festejando el hecho, sin que haya algún tipo de crítica al respecto. Se aprobará la ley de Zonas Económicas Especiales con el argumento tan usado de llevar progreso y desarrollo al sur subdesarrollado de México y crear empleo en esa zona marginada del país donde, según su perspectiva, existe un rezago estructural de la productividad. En todos los medios de comunicación se repite esta misma receta de palabras, empresarios y funcionarios en México y EU hablan una y otra vez sobre el escaso crecimiento del sur mexicano y la grandiosa labor que las ZEE significarán para esta región.

Sin embargo, la iniciativa de ley está lejos de tener una motivación de construcción de soberanía que busque brindar condiciones de bienestar al sur. Pensar esto sería dejar de lado las transformaciones que ocurren a nivel global. La iniciativa de las ZEE ocurre en medio de un contexto mundial en el que EU está redoblando su dominio comercial en el mundo y las regiones estrechas del istmo mexicano se convertirán en espacios estratégicos para la nueva arquitectura económica que Norteamérica impulsa en el mundo a través del TPP y del TTIP.
Fotografía: Santiago Navarro F.
Anunciar esto públicamente sería dejar caer el circo entero, pero para comprender el escenario con mayor amplitud y percibir el motivo detrás de esta ley, basta con mirar la proyección estadounidense en el mundo y su interés por controlar el comercio entre el Atlántico y Pacífico. El discurso sobre el rezago del sur es pura ideología estatal para ganar cotos mínimos de absurda legitimidad. ¿Qué diría Justo Sierra si volviera a nacer? Seguramente repetiría las mismas palabras que utilizó para describir el Tratado McLane Ocampo: «no es defendible y representa la constitución de una servidumbre interminable».
México se suma de lleno y sin mucho titubeo al renovado impulso dominador que Estados Unidos gesta a nivel mundial. Jugará un papel importante no sólo por ser frontera de EUA, sino por representar un espacio geográfico importante en el comercio entre el Atlántico y el Pacífico. Habrá un mayor flujo de bienes entre ambos océanos y toda la franja del istmo centroamericano hasta Tehuantepec serán un espacio preciado en el juego geoeconómico y político de EU, como lo ha sido siempre, pero ahora de forma revitalizada. No es casualidad, por ejemplo, que a la par de aprobarse las ZEE, se esté llevando a cabo el proyecto de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico de Honduras (ZEDEs) que también significarán zonas comerciales e industriales estratégicos para el dominio estadounidense en el marco del TPP y TTIP. En este contexto, el istmo centroamericano y el de Tehuantepec se piensan como territorios de seguridad nacional para EU.

El proyecto de las ZEE no es una iniciativa de Peña Nieto. Viene gestándose desde círculos académicos de instituciones universitarias estadounidenses como Harvard, particularmente el Center for International Development dirigido por Ricardo Hausman, de quién ya he referido en otros escritos, también ha sido promovida por el Banco Mundial y bendecida por su presidente Jim Yong Kim, ha sido delineada por la OCDE, y promovida por el Banco Interamericano de Desarrollo. No es un plan cortoplacista de Peña Nieto ni de un grupo de gobernadores, senadores o diputados. La iniciativa se está gestando desde EU y pensada a largo plazo, en el marco de la reconversión comercial que el país norteamericano impulsa a nivel mundial. Por supuesto, el presidente, gobernadores, senadores y diputados aprovechan esta coyuntura y promueven un discurso desarrollista de bienestar y empleo para el sur del país con el fin de parchar la ilegitimidad profunda desde la cual gobiernan.
[1] No en vano la Casa Blanca declaró oficialmente a Venezuela como una amenaza a su seguridad nacional

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