domingo, 30 de agosto de 2015

Entrevista Amitai Ben-Abba, miembro de «Anarquistas contra el muro» de Israel

Colaboración/27 agosto, 2015/
Renzo Dalessandro
Este mes se cumplió un año del brutal genocidio israelí en Gaza y Rafah cuyo saldo fue de 1,500 civiles palestinos asesinados (539 niños y niñas), miles de heridos, 1.8 millones de palestinos desplazados además de los más de 370 mil niños y niñas afectados psicológicamente. El bombardeo de 50 días por parte de Israel fue un castigo colectivo indiscriminado que ninguna presión internacional logró detener. Al interior de Israel, las muestras de solidaridad de grupos de anarquistas con los palestinos fueron ocultadas. Amitai Ben-Abba, miembro del grupo Anarquistas Contra el Muro en Israel, nos comparte su visión y experiencia de resistencia en contra de la violencia y del estado israelí al Sur del Hebrón. Anarquistas Contra el Muro nace a partir de la segunda Intifada y de la organización Ta’ayush[1]. Ben-Abba aborda sus impresiones en torno a las tácticas y la resistencia anarquistas en Israel y nos aporta una visión interesante para el análisis de la conjunción de resistencias globales.

¿Cuál es la utopía que persiguen los anarquistas israelís?
No es muy importante definir una utopía especialmente, pensada como una solución con un Estado o dos Estados. Nosotros no hablamos de estas cosas, al menos no públicamente. Lo que se busca es una coincidencia desde la resistencia. Este es de hecho el sentido de Ta’ayush que significa «convivir» en árabe. No hay una utopía o un fin, sino que tienes que crear lo que quieres ver en el mundo a partir de la manera en que te organizas en el presente. Nuestra concepción es de solidaridad, resistencia y descolonización a partir de lucha que está en nuestras interrelaciones.
 ¿Concretamente la posición política por Ta’ayush, es la recuperación de las tierras palestinas o la integración de los palestinos a una sociedad multicultural?
No es para una integración. Nuestro trabajo es de acción directa para la recuperación de tierras. Las familias que tienen un derecho histórico a las tierras son acompañadas por nosotros. Nosotros utilizamos métodos prácticos y efectivos para tal recuperación: la táctica es usar nuestro «privilegio» como ciudadanos israelís y como familia entramos a la tierra y cuando los soldados o los colonos que se encuentran cerca de la tierra intentan sacarnos nosotros nos oponemos a través de la desobediencia civil, porque las tierras son palestinas que intentan ser sometidas a las leyes de Israel. Después de que somos arrestados entramos a un proceso legal jerárquico que va subiendo hasta llegar a la corte. Ahí se tiene que definir si las tierras son palestinas y al deliberar una decisión de propiedad palestina el ejército tiene que respetar ese derecho. Después se tiene que acompañar a las familias en su acceso a la tierra hasta que el ejército lo permita. En sí, estoy simplificando, la verdad es muchísimo más complicado que lo que lo expongo, cada caso es diferente y esta es la táctica que usamos en Ta’ayush.
Pero estas recuperaciones se dan el marco de espacios políticos, administrativos y legales propuestos por el mismo estado israelí, ¿es posible construir un proyecto político de resistencia a largo plazo?
Esta es una de nuestras complicaciones principales. Esta es sólo una táctica y una manera de recuperar tierras. Tenemos que crear resistencias más profundas junto con las familias de las organizaciones de base en estos pueblos pequeños, como lo venimos haciendo en el pueblo de Khalid al sur de Hebrón. También debo decir que el uso del «privilegio» es bastante complejo y que lo que hacemos tiene como finalidad construir una anarquía de convivencia, resistencia y descolonización. Ta’ayush hace además muchas otras cosas en el acompañamiento, trabajo y acciones directas. Además hacemos acciones directas para romper bloqueos. Regularmente el ejército hace bloqueos en las calles para bloquear el acceso de los palestinos a sus pueblos. Las calles son el único acceso que tienen para entrar a sus tierras y es el paso para poder sacar sus ovejas a pastar, o para obtener agua (porque los pueblos palestinos no tienen acceso al agua y tienen que comprarla a tanques privados). Entonces lo que hacemos es acompañar a la gente y quitar los bloqueos para permitir que la gente pase. Esto nos conecta con las formas como estos pueblos organizan la protesta contra la ocupación. Por ejemplo, en el pueblo de Sutzia jugamos un rol en las protestas en contra de las demoliciones de sus pueblos. Hay órdenes de demolición en cada lugar de los pequeños pueblos. Ahora mismo, mientras hablo, los militares están ejecutando órdenes de demolición en varios lugares. En este caso estamos hablando de un pueblito de 200 habitantes y hacemos todavía campaña en contra del ejército para evitar la demolición de este pueblo.
En términos de lo que preguntas, sobre el aspecto utópico de la solución, el ejemplo que estás buscando lo vas a encontrar en Anarquistas Contra el Muro. Al principio en la protesta de Mes’ha, en contra del muro del apartheid donde los anarquistas y los palestinos del Comité Popular vinieron a vivir juntos para proponer una forma de co-existencia diaria a partir de la convivencia durante las operaciones. Esto fue algo muy raro y muy complicado de alcanzar. Muchas cosas surgen para separarnos cuando tratamos de crear esta forma de resistencia. Existe un movimiento inter-palestinos en contra de la «normalización». La normalización es que cuando trabajas con el ocupante, con el opresor, la gente tiende a normalizar la situación de esta inequidad. Esto sucede con ONG’s o grupos de diálogo que tienden a normalizar las condiciones. Puedes crear amistades y relaciones sin intentar desmembrar las estructuras que permiten la inequidad y este es un riesgo que corremos cuando trabajamos en esto, podemos caer en esto, y entendemos que esto es un punto de preocupación de muchos de los activistas palestinos, quienes toman sus precauciones para trabajar con israelís aunque vengamos a decirles que estamos totalmente en contra de la colonización y queremos demoler el estado de Israel, la libertad de los presos políticos, etc.
Me da la impresión de que así como ustedes van evolucionando en sus conceptos y tácticas, el Estado israelí también; una de las tácticas que al menos vemos en México (aunque no exclusivamente) es que el Estado considera al anarquismo y a los anarquistas como terroristas, ¿está pasando esto también eso con ustedes?
Sí, definitivamente. Muchas veces nos llaman «grupos apoyadores de terroristas». Cuando quitamos los bloqueos nos pueden acusar de apoyar al terrorismo, aunque sea un acto totalmente humanitario el de permitir a la gente que tome agua para poder llevarla a su aldea. Así que si lo haces estás en riesgo de ser acusado de apoyar a terroristas. Nuestras tácticas como anarquistas israelís son normalmente no tan militantes como la de los anarquistas de otros contextos como el mexicano, el español o el italiano que son más cercanas a la lucha en la calle y al sabotaje. Nosotros nos limitamos al acompañamiento y tal vez es un problema que no estamos corriendo los mismos riesgos que los palestinos cuando, en las manifestaciones, donde los palestinos están tirando piedras, nosotros no participamos. Nosotros creamos situaciones en las que los militares tienen que cumplir con las regulaciones de tiro y no donde pueden disparar contra piedras. Pero nosotros no participamos en las tácticas, en el diseño o en las confrontaciones de las organizaciones de base de los palestinos.
¿Qué es lo que queda del espíritu utópico anarco-comunista de los kibutz dentro de la resistencia pro-palestina de los anarquistas israelís?
Hay una larga historia del anarquismo israelí, pero en general no hay una continuidad ideológica entre los primeros anarco-comunistas de los kibutz y nosotros. Por supuesto sabemos de ellos, pero no hay una inspiración directa. Hay sin duda varios ejemplos interesantes. Trumpeldor, un famoso luchador sionista, se identificaba a sí mismo como anarco-socialista y comunista, pero dese mi perspectiva esto es en realidad un proyecto colonialista que cooptó a muchos anarquistas europeos dentro del sionismo que expulsaba a los palestinos de su tierra.
Las tierras apropiadas por los kibutz estaban confinadas exclusivamente para la mano de obra hebrea, no usaban fuerza de trabajo palestina sino que incluso boicoteaban sus productos. Eran militantes del desplazamiento palestino, colaboraban con el mandato británico. La izquierda era incluso más dura que los primeros sionistas de la ultra derecha. Hubo quizá algo de continuidad durante los 50 y 60, había un grupo cultural anarquista en Tel Aviv que eran refugiados de la Segunda Guerra Mundial. La actual corriente del anarquismo israelí viene, según yo, del queer punk de principios de los 90 y finales de los 80. Hay algunos otros pequeños ejemplos muy interesantes como familias mitad israelí y mitad palestinas cuyos hermanos comienzan a aparecer en la escena punk en los finales de los 60 y principios de los 70. Así que desde mi punto de vista, el anarquismo de Tel Aviv de finales de los 90 y hasta el 2000 fue retomado por «anarquistas contra el muro» como representación de la solidaridad israelí con la resistencia palestina.
 ¿Qué lecciones puedes sacar de tu vivencia con el zapatismo que pueda ser útil para ambas resistencias?
Hay tantas cosas que aprender del zapatismo, tan increíbles y más allá de mis expectativas. Vine sabiendo un poco de lo que leí acerca del zapatismo, de la resistencia indígena y del anarquismo en Latinoamérica y no puedo dejar de pensar que no es nada de lo que los demás piensan, o se ha dicho, siento que es completamente diferente a lo que se ha dicho. Después de pasar un tiempo en las comunidades zapatistas puedo ver que no hay zapatismo en Palestina. Los activistas internacionales que conocí querían un zapatismo palestino pero esto no es lo que tenemos. Los zapatistas están muy bien organizados, cada pueblo está listo para defenderse a sí mismo. Los zapatistas están muy bien formados políticamente y trabajan muy arduamente, lo que me impresionó muchísimo. Pienso que los anarquistas podemos aprender mucho de los zapatistas, sobre todo en lo referente a la organización y la disposición de trabajo, la cuestión de la delegación del poder y rotación de las figuras de autoridad por ciclos de tiempo puede ser útil especialmente cuando organizamos la resistencia en contra el Estado. Esto es sólo un ejemplo, pienso que el zapatismo no puede ser importado a Palestina. Cuando veo los logros y la capacidad que muestran aquí, me encantaría que la gente de los suburbios tuviera esta increíble capacidad de organización y de entender la economía en un proceso lento pero estable, en no dejar su cultura y sus tradiciones. Así que ha sido muy aleccionador para mí.

¿Cómo se puede definir el anarquismo que representan políticamente?
Yo no la definiría de ninguna forma porque cada persona ve las cosas de forma diferente. Además de que somos muy pocas personas hablando de los anarquistas israelís. Hay dos aspectos a dimensionar, el primero es ¿qué tipo de anarquismo a partir de las intifadas palestinas? y ¿qué tipo de anarquismo podemos entender del lado israelí y judío desde una perspectiva un poco más académica? En el caso del segundo, se pueden nombrar pensadores anarquistas judíos como Martin Buber, pero yo no diría que éste tuvo o tiene alguna influencia en nuestras prácticas. Así que yo no lo definiría como anarquismo israelí o anarquismo judío, sino que más bien diría que los anarquistas israelís se han expandido muy bien en las luchas que conllevan.
Hay mucha experiencia respecto a los derechos de las mujeres, también en la defensa de los derechos de los animales que es un asunto grande en Israel. En cuanto a la resistencia popular palestina, quizás la actitud colonialista impulsó algo de anarquismo pero no puedes decir que es anarquista desde un sentido de una organización descentralizada. Es interesante que en los últimos meses ha habido un resurgimiento de la resistencia palestina militante, gente que está tirando cocteles molotov, en una resistencia que no pretende ser pacifista y que no está siendo tomada en cuenta por la izquierda israelí o por la izquierda palestina dado que está muy descentralizada. Simplemente son grupos de gente de los pueblos que sale para atacar a los soldados y a los asentamientos y nadie los organiza.
Una de las únicas fuentes que puede ser confiable, es la extrema izquierda israelí, porque son interesados en nuestra lucha y se ven afectados por ella. El anarquismo israelí y la extrema izquierda están separados de la lucha popular palestina fundamentalmente por nuestros principios de la «no violencia», por nuestra incapacidad de resistir en un mismo nivel de riesgo y nuestra pretensión de que resistencia palestina sea desde una forma pacifista al estilo Gandhi, de lo cual no hay ninguna evidencia, hay algunas personas que trabajan en ese sentido, pero a un nivel de masas, la definición de la violencia desde la resistencia palestina es completamente diferente a como nosotros la definimos. La mayoría de los palestinos viven en un contexto tan diferente al nuestro y a nuestras protestas pacíficas. Los grados de contención que vivimos en nuestras diferentes formas de resistir nos separan definitivamente.

Últimamente desde el zapatismo se analiza el confederalismo democrático kurdo como una forma de organización política interesante para reflexionar y con la cuál construir puentes: ¿cómo perciben ustedes –como movimiento anarquista– esta propuesta?
Desde mi conocimiento no estamos en lo absoluto involucrados, es curioso que estando cerca esté tan lejos de nosotros, porque hay muchas guerras que nos separan. Personalmente estoy fascinado con la propuesta del confederalismo democrático y espero conocerla mejor. Sabemos que los compañeros italianos están más involucrados. Nos han hablado del «Rojava Calling» una propuesta italiana (en inglés para mundializarla) que hace una especie de acompañamiento en Rojava y nos parece muy interesante la idea de gente de diferentes religiones peleando juntos, que sean mujeres las que lideren la defensiva contra los Estados Islámicos. Es interesante ver una propuesta que tiene principios anarquistas funcionando. De hecho, hay en Israel un nuevo grupo de anarquistas-comunistas cuyo nombre es «unidad» que han realizado protestas en la embajada de Turquía apoyando al PKK.
 Finalmente, después de tu experiencia en las comunidades zapatistas ¿piensas que se puede lograr la construcción de más puentes de solidaridad entre el movimiento anarquista israelí y el zapatismo?
La influencia que ha tenido el zapatismo en mi pensamiento político después de estos meses va a tener sin duda una influencia en mi comportamiento político y en mi manera de ver las cosas y organizarme en Jerusalén, quizás ese es el pequeño puente que se ha construido en mí mismo. Quizás para las bases campesinas la información que tienen de Israel es más bien bíblica, entonces quizás los puentes pueden ser fortalecidos a través de las organizaciones adherentes a la Sexta.
Sobre esta idea, la sociedad civil palestina espera mucha más presión internacional contra Israel. Existe el movimiento Boycotts, Divestment and Sanctions (BDS) que busca la imposición de sanciones al Estado israelí y este es un camino interesante para que los activistas de otros países se involucren con el trabajo de solidaridad en Palestina. De hecho, Israel ha admitido públicamente que este movimiento es una amenaza, puesto que la gente está boicoteando los productos israelís, las instituciones públicas como universidades, boicoteando los deportes israelís, promoviendo sanciones desde otros Estados, hay muchas acciones que se están enfocando para solidarizarse con la sociedad civil palestina y mucha gente en México puede involucrarse con este movimiento sin duda.

[1] Ta’ayush es un movimiento judeo-árabe creado en el año 2000 que significa “vivir juntos” o “convivir” y conjunta una red de organizaciones árabes, judías, israelís y palestinas para la reflexión y las acciones no violentas en las escaladas de violencia en la región.