miércoles, 17 de junio de 2015

DE LAS DESAPARICIONES DE AYOTZINAPA AL EXTERMINIO EN BRASIL: Caravana 43 en São Paulo

Colaboración:
Por Colectivo de Cobertura Caravana 43 Brasil*
*Con la participación de los Centros de Medios Independientes de Guatemala, São Paulo y Rio de Janeiro, Ak47 Voice y Agencia Subversiones.
16 junio, 2015

Los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, México, concluyeron este sábado un impresionante recorrido que se extendió casi un mes por Argentina, Uruguay y Brasil. En su paso por este último país –finalizado el pasado 13 de junio– han abierto las ventanas y las puertas ante una realidad ya tan común y cotidiana en México, que no cambia mucho en relación con Brasil. En ambos países los Estados cometen asesinatos y desapariciones forzadas cuyas principales víctimas son jóvenes, indígenas, negros, la mayoría de las periferias, gente pobre de ambos países.
El peso del dolor y la rabia que va marcando el andar de los padres y madres de los 43 ausentes ha encontrado espejos, ahí donde se encarna el dolor y la rabia, ahí donde las miradas cruzadas comparten el destino y la resistencia para no ver morir a sus hijos y negarse a convertirlos en cifras rojas.
Las Madres de Mayo

Una de las voces que se han levantado a lado de los padres y madres de los estudiantes de Ayotzinapa para exigir su presentación inmediata, es la voz de las Madres de Mayo. Llamadas así, porque en mayo del año 2006 cerca de 500 jóvenes, en su mayoría negros que vivían en la periferia de la metrópolis de São Paulo, –una de las ciudades más grandes de Latinoamérica– fueron asesinados por grupos de élite de la policía militar y por grupos de exterminio –nombre dado en Brasil a matones a sueldo que operan en las periferias– en un contexto de desacuerdo entre la organización criminal Primer Comando Capital (PCC) y policías corruptos que mantienen vínculos con el crimen organizado.
De acuerdo con el informe del Human Rights Program de la Harvard Law School publicado en 2011, los policías ejecutaron a decenas de personas en acciones ilegítimas, además de ser responsables, por decenas, de desapariciones forzadas. De la misma forma el Informe Anual de Seguridad Pública de Brasil (2014), afirma que en ese país por lo menos seis personas fueron asesinadas por la policía diariamente.
Siguiendo los datos de otra investigación publicada por el periódico The Washington Post, este 2015, la policía brasileña ha matado a más personas entre los años 2009 y 2013 que los Estados Unidos durante el periodo 1983-2012, considerando que la policía estadounidense mata a dos personas por día, en su mayoría afroamericanos, según reveló la investigación.
La organización Madres de Mayo surgió en ese contexto de desesperación y rabia, y desde entonces luchan exigiendo justicia por sus hijos de una oleada de asesinatos contra gente pobre, en su mayoría afrobrasileños.
«Nosotras como Madres de Mayo, que perdimos a nuestros hijos asesinados por la policía y el ejército de Brasil, nos solidarizamos con los padres y madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, porque somos nosotros, los pobres, quienes sostenemos un enfrentamiento directo con el terrorismo de Estado, porque no aceptamos más que esto sea una cotidianidad», dijo en entrevista Débora María da Silva, fundadora de Madres de Mayo.
Ella no duda en afirmar que tanto en México como en Brasil no existe una guerra contra el narcotráfico. El blanco en estas guerras son las personas humildes, los de la periferia, es una guerra no declarada y una política de exterminio que viene desde el Estado en toda América Latina. «No existe diferencia entre el gobierno de México y el de Brasil. En nuestro país –Brasil– han decretado la pena de muerte en la periferia, es un Estado que extermina más de 56 mil jóvenes por año, nosotros tenemos que desenmascarar eso en América Latina y decir ¡BASTA!, es por eso que damos las manos a los padres y madres para desenmascarar ese Estado terrorista», afirmó Débora María.
Violencia cotidiana: cifras de vidas arrebatadas

La desaparición de los 43 estudiantes de la escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa no solo destapó el doloroso tema de las fosas comunes y las desapariciones forzadas que el Estado Mexicano procura olvidar, con un récord de más de 150 mil muertos y más de 30 mil desaparecidos sólo durante el gobierno Felipe Calderón y en lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto. La Caravana 43 encontró una realidad similar en su paso por Brasil. Según el informe de mayo 2015 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), cada día son asesinadas 116 personas por arma de fuego en Brasil. La tasa de muertes por disparos de armas fue de 21,9 por cada 100 mil habitantes en 2012, con más de 42 mil víctimas en este mismo año. Cifras que han aumentado los últimos años.
El informe de la UNESCO también resaltó que el 59% de las víctimas son adolescentes o jóvenes entre 15 y 29 años de edad. Mientras tanto 73% de las víctimas son afrobrasileños.
«Las desapariciones forzadas y las muertes son un genocidio institucional de los pobres, tanto de los gobiernos de derecha como los llamados de izquierda. Tenemos que decir basta al terrorismo de Estado, por eso exigimos la presentación de los 43 estudiantes», sostuvo la fundadora de Madres de Mayo.
De compartir y caminar juntxs

«Compartir el dolor es necesario para que los padres de estos estudiantes y los pueblos no carguen solos con esto», dijo una indígena guaraní de 14 años de la aldea Tenondé Porã, en el sur de la ciudad de São Paulo. Una aldea que no sólo recibió con brazos abiertos a los familiares de los 43 estudiantes, sino con la sensibilidad que caracteriza a un pueblo que ha sembrado en estas tierras sagradas a sus hijos, hermanos, padres y abuelos caídos que han defendido sus tierras ancestrales contra el despojo de la colonización, la modernidad y el desarrollo.
La fortaleza de los guaranís reside en su espiritualidad. Niños, mujeres, hombres y ancianos se reunieron en la casa de oraciones para escuchar a los padres, para sentirlos, no por compasión, sino para compartir el peso de su dolor, un dolor que encarnaron y que lloraron junto a ellos, como si estuvieran buscando a sus propios hijos. Rezaron, fumaron el tabaco cachimba en pipas y cantaron para darles fuerza pidiendo al gran Ñanderu –dios de los guaraní– que los acompañase en su andar.
«Me alegro mucho que hayan llegado hasta aquí a la comunidad. Todos los ancianos y hasta el más joven compartimos su dolor. Tenemos que buscar fuerza, porque estas tierras no nos pertenecen a nosotros, ni a ustedes ni a nadie, son del gran Ñanderu. Pero los gobernantes de este país y de México sólo hacen las cosas para su propio provecho y no tienen interés por los demás. Son ellos que maltratan la tierra, destruyen la tierra, el bosque, hacen autopistas y abren minas para obtener sus ganancias para ellos. Así que pedimos al gran Ñanderu les de fuerzas para ustedes y sus hijos» dijo el anciano guaraní Karay Miry.
Moinho y Ayotzinapa viven

Con 25 años de (r)existencia, la Favela do Moinho, última en el centro de la ciudad más rica de América Latina, São Paulo, alberga actualmente alrededor de 750 familias que habitan un área rodeada por dos vías de tren, un viaducto y altos edificios residenciales. Alguna vez esta comunidad dio cobijo a más de 5 mil personas. Sin embargo entre 2011 y 2012 sufrió dos grandes incendios provocados que borraron por lo menos un tercio de las viviendas, dejando muertos y heridos. Uno de los más representativos aconteció en el edificio del Moinho Matarazzo, el cual dejó a casi 2 mil personas desabrigadas.
Los incendios en las favelas paulistas son notorios e indican una estrategia basada en destrucción y propagación de miedo para obligar las familias a salir. ¿A dónde? En muchos casos no se sabe el destino de aquellas familias. El gobierno de São Paulo aprovechó el incendio de 2012 y encerró la favela atrás de un muro de cemento, despojándoles de casi la mitad del territorio que ocupaba. El año pasado los habitantes tomaron la decisión de derrumbar el «muro de la vergüenza» y ahora están reconstruyendo las casas destruidas, ampliando la comunidad nuevamente. Con mucho esfuerzo están consiguiendo bloques de cemento, para protegerse ante nuevos incendios; aspecto que resultó ser importante, pues hace tres semanas fue provocado el tercer gran incendio en la favela y con él más de 20 familias perdieron sus casas de nuevo.
La intención de erradicar la comunidad es resultado de la constante búsqueda de lucro, pues ese pedazo de tierra es el tercer barrio, de una lista de 140, con mayor crecimiento en el índice de valorización de los precios en el mercado inmobiliario: sólo de 2008 a 2011 el valor creció en 180%. Además el área forma parte del proyecto Arco Tietê, un plan avasallador para gentrificar la región central de la ciudad para la cual esta favela representa un estorbo.
En ese contexto fue que habitantes de Moinho se reunieron con los familiares de la Caravana 43 Sudamérica para intercambiar experiencias de lucha, articular sus resistencias y reflexionar cómo se construye una justicia desde abajo. Colectivos autónomos se dieron cita para escuchar a la Caravana 43 y compartir el trabajo que realizan con personas de calle, actividades culturales, medios libres, labores comunitarias para jóvenes, entre tantas otras aristas de la sociedad paulista.
En la plaza comunitaria, rodeados por las cenizas de las casas destruidas en el reciente incendio y cobijados por la solidaridad y la resistencia de Mohino, se escuchó el llamado de Francisco, estudiante sobreviviente de aquella noche de septiembre del año pasado. «Los gobiernos han globalizado la violencia, las desapariciones, los despojos. Nosotros tenemos que globalizar la resistencia. Mientras ustedes salen a las calles y gritan ‘Todos somos Ayotzinapa’, nosotros allá en México haremos lo mismo por ustedes contra tanto crimen de Estado que aquí conocimos».
El compromiso fue aceptado e hizo eco con cada exigencia que entre lxs asistentes compartieron. Los 43 nos hicieron falta a todxs aquella noche y el compromiso es infalible. Ayotzinapa vive en Brasil. No hay marcha atrás.

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