sábado, 31 de enero de 2015

FRENTE AL EXTRACTIVISMO CAPITALISTA, SAN DIONISIO DEL MAR LUCHA POR LA AUTONOMÍA

 


Hoy 29 de enero, las y los integrantes de la Asamblea General del Pueblo de San Dionisio del Mar cumplen 3 años de haber empezado su resistencia en contra del proyecto eólico que amenaza a su comunidad, condenando al olvido su relación histórica con el mar para sustituirle un régimen de explotación industrial y comercial. A lo largo de los últimos 3 años, la lucha de San Dionisio del Mar ha estado evolucionando, para pasar de una resistencia en contra de un megaproyecto a una lucha por la autonomía: en un sistema en el que las transnacionales y los gobiernos trabajan de la mano para imponer su dominio y favorecer sus propios intereses, la autodeterminación aparece como la única solución.
Sin embargo, luchar por la autonomía no es nada fácil. Desde que empezó su resistencia, el pueblo de San Dionisio tuvo que enfrentarse a un sinfín de actos de violencia y hostigamiento orquestados por el Estado, mediante herramientas legales e ilegales, y el uso de la fuerza tanto de la policía como de grupos de choque. El golpe más reciente que sufrieron tuvo lugar hace unas semanas: en diciembre de 2014, el gobierno del Estado y el Organismo Público Local Electoral  del Estado de Oaxaca (OPLE) intentaron imponer una elección extraordinaria en San Dionisio del Mar, con el apoyo de representantes del PRD, del PRI, del PAN y del PSD.
Al oponerse a esa elección –que no es nada sino un maquillaje para intentar apoderarse de la autoridad municipal y así garantizar el desarrollo del megaproyecto– , varixs pobladores fueron agredidxs. El viernes 5 de diciembre1, un grupo de priista armados con piedras, palos y armas de fuego atacó a miembrxs de la asamblea, dejando un saldo de diez y seis personas heridas, entre ellas una mujer embarazada, un compañero herido de bala y muchos descalabrados por piedras. El 14 de diciembre2, 57 camionetas de la Policía Estatal irrumpieron en la comunidad, derribando la barricada colocada a la entrada del pueblo por la Asamblea General y agrediendo a quienes se encontraban en ella con gases lacrimógenos y balas de goma.
A pesar de todo, la comunidad logró resistir y sigue resistiendo. «Estar en contra del gobierno no es una lucha de una semana, a lo mejor puede ser una lucha de toda la vida, porque los intereses son grandes», comenta un miembro de la comunidad, «por esos decimos que la asamblea está viva, y ahora más que nunca».
A continuación les compartimos un video en el que un habitante de la comunidad huave habla más en detalle del proceso de resistencia de su pueblo:
Lucha por la autonomía en San Dionisio del Mar, Oaxaca
Publicado el 28/01/2015
El 29 de enero, las y los integrantes de la Asamblea General del Pueblo de San Dionisio del Mar cumplirán 3 años de haber empezado su resistencia en contra del proyecto eólico que amenaza a su comunidad, condenando al olvido su relación histórica con el mar para sustituirle un régimen de explotación industrial y comercial. A lo largo de los últimos 3 años, la lucha de San Dionisio del Mar ha estado evolucionando, para pasar de una resistencia en contra de un megaproyecto a una lucha por la autonomía: en un sistema en el que las transnacionales y los gobiernos trabajan de la mano para imponer su dominio y favorecer sus propios intereses, la autodeterminación aparece como la única solución.
“Estar en contra del gobierno no es una lucha de una semana, a lo mejor puede ser una lucha de toda la vida, porque los intereses son grandes”, comenta un miembro de la comunidad, por esos decimos que “la asamblea está viva, y ahora más que nunca”.
Un programa mucho más amplio de desarrollo capitalista
El conflicto y proceso de resistencia que vive la comunidad de San Dionisio del Mar no es nada aislado. En el Istmo de Tehuantepec – que abarca los estados de Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Veracruz – se encuentra la mayor concentración de proyectos de parques eólicos de América Latina: en la zona, fue prevista la construcción de 28 parques, de los cuales 15 ya fueron finalizados, despojando miles de hectáreas de tierras comunales.
Además, estos proyectos son parte de un programa mucho más amplio de desarrollo capitalista: el Plan Puebla-Panamá, rebautizado en 2008 Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica, más conocido como Proyecto Mesoamérica, el cual implica a 10 países: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Colombia, República Dominicana y los estados del Sur-Sureste de México (Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán).
Entre los proyectos que se priorizan en la agenda se encuentran las interconexiones eléctricas, la interconexión de la infraestructura de transporte y telecomunicaciones, la facilitación comercial y competitividad, y una supuesta atención a proyectos en áreas sociales como salud, medio ambiente, gestión del riesgo y vivienda. Pero bajo este disfraz del “desarrollo” y mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de Mesoamérica, el proyecto lleva como objetivo central – además de aprovechar la mano de obra barata– controlar el mercado y los recursos naturales de la región con el fin de garantizar el suministro energético de los países ricos del norte y servir los intereses de las grandes transnacionales. Cabe subrayar que este proyecto no es el único de este tipo, sino una manifestación concreta de una estrategia de reordenamiento económico-político continental global3.
Cuando megaproyectos y expansión de la presencia militar y paramilitar van de la mano
También cabe destacar que para que las transnacionales puedan desarrollar sus megaproyectos, es necesario lograr el control territorial de las zonas consideradas estratégicas. Eso implica una lucha en contra de las poblaciones indígenas y campesinas en resistencia, mediante el uso de herramientas tanto legales como militares. Así, el Proyecto Mesoamérica integra otro ingrediente importante: el de la «Seguridad Regional». En la Declaración de Guanacaste, producto de la XI cumbre del proyecto que tuvo lugar en Costa Rica en julio de 2009, se encuentran 10 puntos dedicados solamente a la «cooperación internacional en el combate a la delincuencia organizada transnacional».
En esa parte de la estrategia, los Estados Unidos toman un papel central. Así, en la misma declaración, se planteó también «reiterar la solicitud al Gobierno de los Estados Unidos de América para incrementar los recursos de cooperación que destina a esta materia.» En el caso de México, la colaboración se llama Iniciativa Mérida: «un programa histórico de cooperación (…) que proporciona habilidades técnicas y asistencia a México para la profesionalización de la policía, la reforma judicial y penitenciaria, el reforzamiento de las tecnologías de información, el desarrollo de infraestructura, la seguridad fronteriza y el fomento de una cultura de la legalidad.»4
Mientras los megaproyectos se esconden detrás de argumentos que promueven el bienestar y desarrollo de los pueblos, la creciente (para)militarización viene encubierta del discurso de las guerras contra el terrorismo y el crimen organizado. Pero esas dos dinámicas son parte de una misma estrategia: la de asegurar –en un contexto de crisis económica-financiera– el predominio de los intereses de las grandes potencias mediante el impulso de su complejo industrial-militar. La dominación a través de proyectos de «integración y desarrollo» no es más que una guerra, menos visible y evidente que otras, pero que al fin y al cabo trae consigo los mismos beneficios para los de arriba, y las mismas consecuencias destructivas para el pueblo.
Los ataques que está sufriendo la comunidad de San Dionisio del Mar –así como sus comunidades vecinas y hermanas tales como San Francisco del Mar, Álvaro Obregón, Santa María Xadani o Juchitán de Zaragoza, y muchos otros pueblos de México y del mundo– se encuentran en este escenario. Estar al tanto, entender, acompañar, solidarizarse y aprender de sus luchas parece ser necesario ahora más que nunca.
3 Para citar otro ejemplo, podemos hablar de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), que comprende más de 500 proyectos organizados bajo diez ejes de “Integración y Desarrollo” en América del Sur.
 

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