martes, 16 de septiembre de 2014

16 de septiembre: (141 aniversario de natalicio del anarquista Ricardo Flores Magón)

Diego Abad de Santillán
(fragmento de libro: Ricardo Flores Magón, el apóstol de la Revolución Mexicana, de Diego Abad de Santillán)
"Ricardo Flores Magón nació en San Antonio Eloxochitlán, distrito de Teotitlán del Camino, Estado de Oaxaca, México, el 16 de septiembre de 1873. Su padre, Teodoro Flores, era de raza indígena pura; su madre, Margarita Magón, era mestiza; uno de sus abuelos procedía de Cartagena, España. La familia no disponía de bienes económicos, pero, sin embargo Ricardo comenzó en México sus estudios en la escuela nacional primaria número uno; luego paso a la Escuela Nacional Preparatoria, y en 1893, a los veinte años de edad, ingresó en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde cursó tres años.
Su padre murió en 1893. En 1892 vio por primera vez, en calidad de preso, uno de los aspectos trágicos de la dictadura de Porfirio Díaz: la cárcel. Los estudiantes de México habían hecho una manifestación para protestar contra la segunda reelección de Díaz y de resultas de esa manifestación, síntoma del descontento insoportable para el tirano y la camarilla de científicos que le rodeaba, hubo numerosos arrestos de estudiantes; el pueblo impidió por su protesta inmediata que las gentes de Porfirio Díaz cebasen su odio en los jóvenes, y éstos recobraron pronto la libertad. Este primer arresto decidió al joven Ricardo a abandonar sus estudios, un poco más adelante, y a consagrarse a la lucha contra la tiranía.
En febrero de 1893 entró a formar parte de un periódico opositor: El Demócrata, suprimido antes de haber cumplido el tercer mes de vida; una parte de los redactores fue arrestada. Ricardo supo burlar esta vez las pesquisas.
Porfirio Díaz no quiso creer que fuese posible en México una oposición contra su gobierno y sembró el terror contra los opositores y los rebeldes; como en todas las épocas de despotismo, los agentes policiales envenenaban la vida social y sembraban la desconfianza en los hombres. Las Bastillas de San Juan de Ulúa y de Belén fueron los símbolos vivientes de la dominación porfirista; tras sus muros fue sofocada la voz poco grata a los oídos del dictador, y más de un asesinato cobarde mató en germen veleidades de independencia y de dignidad".