miércoles, 16 de julio de 2014

Colombia, Comunicado del ELN: 50 AÑOS COMBATIENDO POR LA FELICIDAD Y LA PAZ

Categoría padre: Voces del ELN
Categoría: Militancia
Publicado el Lunes, 14 Julio 2014 05:00
Escrito por Guillermo Ardila
Compitas del mundo, el Ejército de Liberación Nacional de Colombia, les brinda un fraternal abrazo, con todo el cariño y la ternura que nos caracteriza. Compartimos la alegría que nos asiste porque este 4 de julio, celebramos 50 años de nuestra Primera marcha guerrillera, agitando con orgullo nuestra bandera roja y negra, símbolo mundial de las luchas libertarias.
          Nos ha identificado la consigna ¡Ni un paso atrás, Liberación o Muerte! (Nupalom), que hunde las raíces en nuestra historia, para beber la sabia de la rebeldía, de los pueblos nuestroamericanos:
“¡Ni un paso atrás… y lo que fuere menester, sea!” gritaba José Antonio Galán en 1781, capitaneando las luchas comuneras contra el colonialismo español.
“…nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo estadounidense… por la revolución socialista… liberación o muerte… y,  hasta la victoria, siempre”, es la herencia ejemplar de nuestro Comandante en Jefe Ernesto Che Guevara.
Con mayor pertenencia, hacemos nuestras las gestas heroicas de los libertadores nuestroamericanos, como Simón Bolívar, José Martí, José de San Martín, Bernardo O´Higgins. Pero también, somos parte activa del torrente transformador de las luchas de todos los pueblos del mundo, en resistencia contra la tiranía y la depredación del capital y en busca de la vida digna, la libertad, la equidad, la soberanía y la paz. 
Como nuestra guía ideológica es el marxismo-leninismo, hemos tenido la creatividad de mantener un diálogo incluyente con el cristianismo revolucionario y por eso nuestro pensamiento ha estado enriquecido con las enseñanzas de muchos religiosos y religiosas, como nuestros Comandantes en Jefe Camilo Torres Restrepo y Manuel Pérez Martínez. 
Buscando la identidad propia, hacemos nuestro los saberes milenarios de nuestros indígenas y afrodescendientes, que nos culturizan para vivir en armonía con la Madre Tierra y para entender que la razón de ser de la humanidad no es acumular riquezas sino cualificar todas las formas de vida y alcanzar la felicidad para todos. 
Asumimos el derecho legítimo, que tienen todos los pueblos de alzarse en armas contra la tiranía. En este medio siglo de cruentos combates contra el imperialismo y la oligarquía colombiana, son muchos los héroes y los mártires que con su sangre han fertilizado esta patria americana, para que germinen las semillas libertarias.
Padecemos los rigores de la guerra, lo mismo que le ha tocado a nuestro pueblito, como la única forma de sobrevivir, en estos últimos 70 años de exterminio estatal. Somos el resultado de la política de “tierra arrasada”, que impusieron los terratenientes para expropiar a los pequeños y medianos campesinos durante La Violencia de 1945 a 1965; de la exclusión política que pactó la oligarquía en el Frente Nacional, para alternarse en el poder y eliminar la oposición política: y, de la entrega abyecta que hizo la oligarquía de nuestra soberanía, al capital extranjero.
Acompañados de la malicia indígena y el ingenio popular, hemos aprendido a defendernos de todas las guerra de exterminio del imperialismo. También hemos aprendido que el poder no sólo se toma por asalto, sino que se construye todos los días con el ejercicio soberano del pueblo. Porque si el poder no lo ejerce directamente el pueblo, es otra forma de tiranía.
Nunca hemos tenido la pretensión de copiar mecánicamente algún modelo extranjero, porque estamos convencidos que la revolución es una creación mágica de cada pueblo, de acuerdos a sus circunstancias y particularidades. Abogamos por el no alineamiento internacional, pero nos hermanamos con todas las luchas que se libran contra el imperialismo y con los pueblos que construyen el socialismo o reclaman su autonomía. 
Hemos renunciado a creernos la vanguardia única de la revolución, porque apenas somos una humilde organización político-militar, que aporta con sacrificio y experiencia, en la construcción del Poder Popular, convencidos que la dirección revolucionaria es un ejercicio colectivo, en donde el conjunto de organizaciones políticas y sociales tienen mucho que aportar y enseñar. No creemos que nadie tenga el don divino de la iluminación, para poseer las verdades reveladas que nos salven. Sólo las luchas del pueblo salvan al pueblo.
Fieles a la vida y obra del cura guerrillero, el Comandante Camilo Torres, creemos que la unidad es parte de victoria, que integra la diversidad regional, étnica y cultural de Colombia y nuestra patria americana; esto es el pegamento de la arquitectura revolucionaria, donde la política es un acto de amor eficaz, que trasciende aprendiendo a “ser con otros”, para sumar saberes y multiplicar potencialidades, sin pretensiones utilitaristas o hegemonistas. Porque la política debe estar determinada por la ética.
Tenemos la convicción que el objetivo final de la guerra es conquistar la paz para todos. Por eso aceptamos los diálogos con los gobiernos. Pero la paz tiene diferentes interpretaciones, de acuerdo a los distintos intereses.
La extrema derecha, terrateniente y narco paramilitar, que llevó a Álvaro Uribe a la presidencia,  desea imponer “la paz de los sepulcros”, convencidos que el conflicto se acaba, eliminando a la insurgencia, y a la oposición política y social.
Para el presidente Santos, que estuvo comprometido con la pacificación militar, ahora le apuesta a la paz gatopardiana, con el lema “que todo cambie, para que todo siga igual”. Para este bloque oligárquico, la paz se reduce a la desmovilización y el desarme de las guerrillas, para que se incremente la explotación neoliberal, la acumulación por desposesión y la depredación extractivista a favor del capital y las multinacionales. 
El ELN comparte las propuestas que ha levantado la diversidad de sectores del movimiento social, los demócratas, intelectuales, religiosos de diferentes iglesias, ONG’s… que consideran que la paz son los cambios estructurales, que resuelvan las causas que originaron el conflicto armado.
Como el presidente Santos logró la reelección gracias al apoyo que le ofrecieron sectores sociales, de izquierda y demócratas, quienes  le apostaron a la realización de la paz con justicia y equidad social; entonces, este segundo mandato está hipotecado a las transformaciones que hagan posible la paz y ojalá Santos no desaproveche esta oportunidad histórica.
Colombia está a la expectativa que el presidente cumpla las promesas y compromisos electorales, comenzando por democratizar la discusión sobre la paz. La paz no puede reducirse a los diálogos del gobierno y la guerrilla, sino que debe promoverse el protagonismo de todos los sectores sociales, quienes deben decidir cuáles son los cambios que se necesitan y cómo construirlos.
Nacimos en Colombia, el país bisagra, entre el sur y el resto del continente, que el imperialismo ha convertido la principal potencia militar de la región, para que sea el Caín americano y desestabilice a los países, que adelantan gobiernos democrático populares. Por esto, la resolución del conflicto colombiano, no es sólo un asunto interno, porque el régimen colombiano ya ha violado la soberanía de países vecinos y representa un peligro para la paz de la región.
A 50 años de continuar con la guerra popular colombiana, de más de 500 años de resistencia a la opresión, aquí seguimos los elenos y las elenas, fieles a nuestras convicciones de conquistar el bienestar y el bienser para nuestro pueblo; donde la vida digna, la paz y la felicidad sean para todos.