lunes, 23 de septiembre de 2013

Un pueblo unido, jamás será vencido (podemos cambiar aquello que nos han dicho que era imposible cambiar)

por MUJERES QUE SABEN LATIN
22 septiembre, 2013
Yadira Hidalgo González
“La forma más común de la que la gente entregue su poder, es que crea que no lo tiene”
Con esta frase abre el estupendo documental  de Jennifer Siebel Newsom Miss Representation, premiado en el Festival de Sundance en el año 2011. En él, se hace un análisis y reflexión, a través de las voces de reconocidas actrices y políticas, así como de estudiantes e intelectuales, sobre la forma en la que las mujeres hemos sido representadas en los medios de comunicación y la pasividad y normalización con la que todas las personas consumimos estos mensajes, que en su mayoría, ofenden, ridiculizan y estereotipan las acciones de las mujeres y al mundo femenino.
Miss Representation es una denuncia de que aquello que consideramos normal no lo es y demuestra con datos duros y exposición de casos que lo que muchas veces nos cuentan los medios de las mujeres, no solamente no aporta nada a la construcción de sociedades igualitarias y respetuosas sino que además, lastima la dignidad y propicia la violencia contra el 52 por ciento de la población mundial.
Usar los medios a nuestro alcance para difundir y propiciar cambios en la forma en la que ordinariamente concebimos al mundo, es una forma de usar el poder, un poder instrínseco del cual muchas veces dudamos, debido a que nos han socializado en la idea de que carecemos de él y que además, la única manera de ejercerlo es vertical e individualmente. Por ello, al mirarnos en soledad, nunca creeríamos que somos capaces de contar con poder alguno.
Sin embargo, los últimos acontecimientos emanados de las marchas y protestas contra la llamada Reforma Educativa, por parte de integrantes del magisterio mexicano, demuestran claramente lo que es hacer uso del poder de otra manera, de una manera más efectiva y apabullante, de una manera colectiva.
El poder utilizado y ejercido de manera colectiva conlleva compromisos que  representan todo un reto para la población mexicana, acostumbrada a viejas prácticas políticas como la de centrarse en la figura del líder. Sin embargo, esta figura se ha ido desgastando al quedar demostrada no sólo su ineficacia para los tiempos que corren, sino la facilidad con la que la corrupción y la coerción alcanzan más fácilmente a una persona que a 30 0 50 mil. Al desconocer a sus líderes, el magisterio y la sociedad civil que les apoya, ha dado un paso importante en la evolución de la democracia en este país.
Pero no todo es miel sobre hojuelas, el aparato represor, como ya lo vimos la madrugada del 14 de septiembre, tiene a la fuerza bruta de su lado y hará uso de ella cuando así lo crea necesario. Así mismo, tiene la capacidad económica y logística para utilizarla según su conveniencia, como quedó demostrado en los acarreos de los gobiernos priístas que se llevaron a cabo en diferentes partes de la república durante la ceremonia del Grito de Independencia.
La respuesta de la sociedad civil se ha hecho patente en las redes sociales, que se han convertido en el medio más utilizado para difundir y acceder a la información que nunca se verá en los medios tradicionales y por ello, ha habido intentos de utilizar las redes para tratar de “desmovilizar” la fuerza del poder ciudadano que cada día es más tangible y crece como una bola de nieve.
El reto actual es no dejar caer esa fuerza que se ha creado y al mismo tiempo convertirla en indudables demostraciones del poder colectivo. Las mega marchas y las manifestaciones han demostrado servir para lo que son, pero es tiempo de comenzar a usar ese poder de convocatoria para impulsar acciones alternas que sean igual de contundentes. El tiempo que corre lo permite: somos millones a quienes las reformas promovidas por los gobernantes en turno nos afectan en diferentes formas, son millones quienes actualmente están padeciendo las consecuencias de la corrupción y la mala planeación gubernamental frente a los desastres naturales, somos millones quienes cotidianamente demostramos nuestro hartazgo.
Por ello es que hoy, más que nunca, la consabida frase que no falta en ninguna marcha vuelve a cobrar el sentido, otrora diluido en la demagogia. El rescate de las palabras y su resignificación, también son muestras de ese enorme poder colectivo con el que entre todas y todos, podemos cambiar aquello que nos han dicho que era imposible cambiar.