viernes, 31 de mayo de 2013

“Insight Crime” y la mexicanización del discurso sobre la guerra entre cárteles

Fotografía: Heriberto Paredes


Por Dawn Paley

Traducido por Nicolás Olucha Sánchez.

Ver la versión original aquí.


15 mayo, 2013


Conozco unos cuantos periodistas que confían en el trabajo de Insight Crime, cuyo objetivo es, en sus propias palabras, “elevar el nivel de investigación y análisis sobre el crimen organizado en América Latina y el Caribe”.

El hecho de que Stratfor no tenga credibilidad (y no es que los medios de comunicación dominantes hayan publicado contenidos sobre lo espantosa que resulta su “inteligencia” ni nada por el estilo), ha permitido a Insight erigirse como una fuente de consulta para quienes escriben sobre la guerra contra el narcotráfico en México, Centroamérica y Sudamérica.

Creo que parte del trabajo que realiza Insight puede ser preciso  y/o útil, que nadie me tome a mal.  Pero no puedo tolerar que una  organización rellene páginas y páginas de noticias sin contrastar para presentar en primicia una historia de dudosa credibilidad como es que, en México, la violencia proviene de los enfrentamientos entre cárteles.  Desgraciadamente, es justo lo que Steven Dudley hace en su reciente reportaje para Insight titulado “Juarez después de la guerra”.

Estas líneas distan de ser un análisis exhaustivo de dicho reportaje; son únicamente un cúmulo de pensamientos que me asaltaron cuando reflexionaba sobre lo que Dudley escribió, durante una serie de visitas a Juárez a finales de febrero y comienzos de marzo.

El artículo comienza así:  “Según cuenta la historia, a principios de 2008, el Cartel de Sinaloa acorraló al Cartel de Juárez en la ciudad y luego utilizó una estrategia relámpago para atacar dentro de los límites de la ciudad”.  Las palabras clave en este texto son las siguientes: Según cuenta la historia. Al principio del artículo se habla de toda esta idea de la rivalidad entre cárteles vendida por el gobierno como si se tratara de un hecho, sin apenas citar fuentes de ningún tipo.

Veamos un claro ejemplo del discurso de la guerra entre cárteles mencionado más arriba.

En mi opinión, el discurso de la guerra entre cárteles (pues ya es un tipo de discurso oficial) se puede identificar fácilmente al poseer una serie de rasgos distintivos: una confianza prácticamente exclusiva en las fuentes informativas estatales o gubernamentales, una historia sobre un individuo declarado culpable que se vio envuelto en una reyerta por drogas (hasta que se demuestre que es inocente o una víctima) y una creencia ciega en que los policías inmersos en actividades delictivas son la excepción y no la regla, y que cuanto más presencia policial más seguridad.

Continuemos con el reportaje, con MS Word en todo su esplendor. (Dios bendiga la Cambria 12).

“Cuando el Cártel de Sinaloa declaró la guerra al Cártel de Juárez en 2008, lo hizo mediante la colocación de una ‘narco-manta’ en un monumento a los policías caídos”, relata Dudley. ¡Extra, extra!: Cualquiera puede preparar una “narco-manta” y colgarla en medio de la calle. Se sabe que, en ocasiones, estas mantas se cuelgan bajo supervisión policial. En resumen: nada muy fiable. “Las narco-mantas son como los cadáveres: No se sabe quién es el responsable”, me comentaba hace unas semanas el fotoperiodista Julián Cardona en una entrevista.

         Dudley continúa proporcionando algunas cifras. Cito textualmente:

·       El año pasado fue el periodo de 12 meses menos violento desde 2007, con el gobierno estatal registrando 740 asesinatos.  Los niveles de homicidios son una quinta parte de lo que eran a principios de 2011.

·       Naturalmente, algunos analistas y autoridades se han centrado en los grupos criminales para explicar por qué los homicidios han disminuido tan rápidamente.

En este punto falta una información fundamental. Y es que, a finales de 2011, los cerca de 10.000 agentes de la Policía Federal y del Ejército que fueron enviados a Juárez bajo el pretexto de luchar contra los cárteles abandonaron la ciudad. La Policía y el Ejército llegan en 2008, la violencia y más concretamente los asesinatos se disparan; se van, disminuye. No hay que ser muy listo para captarlo.

De cualquier modo, independientemente de una situación que describe como “caótica”, Dudley se las arregla para dar con un análisis basado en el “sentir común” (no hay pistas sobre la metodología empleada para dar con ese término) que indica que el cártel de Sinaloa es quien domina en la actualidad.

¿Saben qué?

He hablado con docenas de personas en Juárez en las últimas semanas. Aún tengo mis dudas sobre si utilizar ese término casi carente de significado que es “sentir común”, pero diré que muchas de las personas con las que he hablado, incluso supervivientes o familiares de víctimas, acusan directamente de lo sucedido a Felipe Calderón y a los 10.000 soldados y policías que llegaron a la ciudad. Exacto: El Estado. No el Cártel de Sinaloa.

La segunda parte del reportaje es, en mi opinión,  un intento de “mexicanizar” el discurso de la guerra entre cárteles. (Entiéndase mexicanización del mismo modo que los legisladores estadounidenses utilizan el término colombianización para describir el proceso mediante el cual el gobierno colombiano, por ejemplo, se encarga del entrenamiento de pilotos y del mantenimiento de helicópteros donados en el marco del Plan Colombia).

Una vez acabada esta vorágine caótica, Dudley apunta, con gran certeza, que la “pandilla Barrio Azteca está a punto de dar el salto al comercio internacional de drogas”. Pero Dudley no necesita recurrir a la DEA o a una agencia estadounidense para confirmarlo. En lugar de eso, cuenta con agentes encubiertos del servicio de inteligencia mexicano para publicar “información” sobre Barrio Azteca. El discurso de la guerra entre los cárteles de Sinaloa contra Juárez lo encabezó la DEA a través de un proyecto de dos años de duración que finalizó en diciembre. Ergo, la mexicanización del discurso de la guerra contra los cárteles, mientras agentes del servicio mexicano de inteligencia retoman la tarea de crear una historia coherente que permita justificar los continuos ataques a los habitantes (sobre a todo a los jóvenes) de Juárez. (Y, de todos modos, en la DEA están especialmente ocupados ahora que también hacen el trabajo del Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas).

Ninguno de los habitantes de Juárez con los que hablé mencionó nada sobre la resurrección de Barrio Azteca. Obviamente, no hablo con agentes mexicanos encubiertos, al menos no a propósito.

Dicho esto, creo que la mejor forma de explicar el trabajo de Dudley en este punto es simplemente cortar y pegar todas sus referencias/ fuentes consultadas para las acusaciones sobre Barrio Azteca.

Fuentes consultadas para la actividad de Barrio Azteca en Estados Unidos (las cifras entre paréntesis representan el número de veces que la fuente ha sido citada):
-Acusaciones federales de Estados Unidos (x3)
-Evaluación de la Amenaza de las Pandillas 2011 del FBI
-Las autoridades de Tejas (x2)
-Evaluación de la Amenaza de las Pandillas en Tejas
Fuentes consultadas para la obtención de información sobre Barrio Azteca en Juárez:
-Gustavo de la Rosa, antiguo director de una prisión de Chihuahua
-Agentes del servicio de inteligencia (no está claro si estadounidenses o mexicanos)
-Agentes del servicio de inteligencia mexicano
-Agentes del servicio de inteligencia mexicano
-Un mapa de las agencias de inteligencia de México
-Agentes del servicio de inteligencia
-Funcionario del gobierno (x2)
De nuevo, de todos los supervivientes, familiares afligidos, periodistas, investigadores, activistas, artistas, estudiantes y demás que entrevisté en las últimas semanas, ni uno solo mencionó a Barrio Azteca (o al cártel de Sinaloa) como responsables de ataques.
En la primera parte del reportaje de Dudley no se observan fuentes. La segunda parte se basa casi al completo en el testimonio anónimo de agentes mexicanos. No queda claro en el reportaje si cuando estuvo en Juárez Dudley habló con alguien que no perteneciera a la policía, a los servicios de inteligencia o las autoridades penitenciarias. Sí que menciona vagamente las críticas a la militarización en la tercera y última parte del reportaje, pero en general presenta al ex militar que dirige los efectivos policiales de Juárez como el responsable de un “milagro en la seguridad”.
Dicho esto, “Juárez después de la guerra” ofrece a los lectores una versión particular de la situación que se vive en Juárez, la versión que la policía y los servicios de inteligencia quieren que tengamos. (Inserte aquí la cita “en la guerra, la verdad es la primera víctima”).
Y, de todas maneras, sólo a modo de información, la guerra en Juárez no se ha acabado precisamente. Hace sólo un par meses, hubo un tiroteo en las oficinas de un periódico y una televisión locales.
Al final del reportaje, podemos observar una nota sobre la fuente económica que colaboró para la elaboración de tan brillante material.
La investigación para este artículo fue financiada, en parte, por el National Institute for Justice y el Woodrow Wilson Center for International Scholar”. En caso de que no estén al corriente, el Woodrow Wilson Center (WWC) fue creado por el congreso y es, básicamente, un centro de estudios financiado por el gobierno de Estados Unidos (PDF con el presupuesto de 2013). Los miembros del WWC han colaborado recientemente con la Oficina Internacional de Narcóticos y Asuntos de Aplicación de la ley para promover la guerra contra las drogas en África occidental.

Fotografía: Heriberto Paredes