domingo, 30 de julio de 2017

29 de julio de 1968: HUELGA GENERAL EN EL POLITÉCNICO, CRECE EN TODO EL PAÍS

29 DE JULIO-1 DE AGOSTO, 1968: El movimiento estudiantil crece a nivel nacional
La Voz del Anáhuac
29 de julio de 2017
El lunes 29 de julio de 1968 en la mayoría de las escuelas del IPN se realizaron asambleas generales. En ellas, tras hacer el recuento de los daños ocasionados por la brutal represión a la manifestación del 26 de julio, se acuerda ir a la huelga. Se empezó a configurar el pliego de demandas:
1.- Destitución de los jefes policíacos (Luis Cueto Ramírez, Raúl Mendiolea y Armando Frías; jefe y subjefe de la policía capitalina y jefe del cuerpo de granaderos), respectivamente),
2.- Desaparición del cuerpo de granaderos,
3.- Libertad a todos los estudiantes detenidos desde el 26 de julio,
4.- Indemnización a los familiares de los estudiantes muertos y heridos.
Se hizo un recuento de los compañeros detenidos, heridos, desaparecidos o muertos por cada escuela.
En todas las escuelas del IPN se desconoció a la FNET. También fueron desconocidos los comités ejecutivos de las sociedades de alumnos y se acordó formar Comités de Huelga.
Se nombraron representantes para el Comité Coordinador de Huelga del IPN que se comenzaba a formar.
De algunas escuelas se nombraron comisiones para visitar las escuelas universitarias, para llamarlas a unirse a la huelga.
Se integraron guardias nocturnas por escuela y ante la campaña de linchamiento mediático se vio la necesidad de formar brigadas informativas al pueblo.
Así comenzaba el movimiento: auditorios llenos, acuerdos de sostener la huelga hasta que hubiera una solución a nuestras demandas.
Pero la noche del 29 de julio ocurrió algo inesperado. La policía y el ejército sitiaron la Preparatoria3 (Barrio Universitario) y también hubo operativos policíaco-militares en las Vocacionales 5 (Ciudadela) y 7 (Tlatelolco). Las guardias nocturnas de esa noche eran numerosas. Se acordó que si era contra los granaderos podríamos resistir. Pero contra el ejército poco podríamos hacer.
En la Preparatoria 3 resistieron cuanto pudieron, pero en cuanto vieron que el ejército tomaría la escuela, los que pudieron escaparon por las azoteas, saltando a las de los edificios vecinos.
Dada la fortaleza de la construcción del viejo edificio colonial, el ejército derribó el portón de un bazucaso. Ahí hubo muchos detenidos, golpeados, heridos y se aseguró que también muertos.
En la Vocacional 5 también estaban dispuestos a resistir, pero al ser rodeada la escuela por la tropa, decidieron entregarla pacíficamente. Esto no los salvó de ser detenidos y golpeados.
En la Vocacional 7, al ver que era el ejército el que ejecutaría el operativo, se decidió que se retiraran todos los que pudieran, pero hubo quienes permanecieron hasta el último momento, siendo también detenidos y golpeados.
Nunca supimos por qué en el operativo de esa noche también se fueron contra la Preparatoria 5 (Coapa). 
Esa misma noche el secretario de la defensa nacional (Marcelino García Barragán), el secretario de gobernación (Luis Echeverría Álvarez), el jefe del Departamento del Distrito Federal (Alfonso Corona del Rosal) y los procuradores de justicia de la república y del DF (Julio Sánchez Vargas y Gilberto Suárez Torres), dieron una conferencia de prensa en a la que informaron haber ordenado la intervención del ejército para impedir que “el caos y el desorden siguieran alterando la paz pública”. Estos funcionarios tomaron esas atribuciones en ausencia del presidente de la república (Gustavo Díaz Ordaz, estaba de gira en Guadalajara). Entregarían los planteles tomados a sus respectivas autoridades, pero amenazando con que si los desórdenes continuaban, no dudarían en hacer intervenir nuevamente al ejército.
El 30 de julio nos congregamos frente a los planteles tomados por el ejército, exigiendo su salida. Hasta horas de la tarde salió el ejército. Recuperadas las escuelas realizamos asambleas. Ahí acordamos continuar la huelga hasta lograr la libertad de todos nuestros compañeros, la destitución de los jefes policíacos, la desaparición del cuerpo de granaderos y la indemnización por nuestros muertos y heridos, que ya sumaban decenas.
El 31 de julio, Javier Barros Sierra, rector de la UNAM, izó a media asta la bandera nacional en la explanada de la rectoría y llamó a estudiantes, profesores y trabajadores universitarios a defender la autonomía. Fue enfático en reiterar que esto debía ser en la legalidad y sin afectar la vida universitaria.
El 1 de agosto el rector encabezó una manifestación que salió de CU, pero regresó a la altura de Félix Cuevas al campus universitario, pues se sabía que calles más adelante estaba el ejército para impedir que la manifestación se dirigiera al Zócalo.
Esta intervención del rector de la UNAM fue vista como natural por la población, pues se trataba de defender la autonomía de la UNAM, pero para el gobierno fue un gesto de insubordinación, pues pese a ser autónoma, las autoridades universitarias, parte de la llamada institucionalidad, debían plegarse a los mandatos del Estado. Entre los universitarios la postura del rector fue aplaudida unánimemente. Hay aún quienes consideran que fue esto lo que dio legitimidad al movimiento.
Como sea, a partir de entonces la UNAM se sumó a la huelga. Chapingo, las normales y otras universidades del país se irían sumando paulatinamente al movimiento.
La toma militar de algunos planteles en la noche del 30 de julio no trajo los resultados esperados por el gobierno: más que intimidar generalizó la indignación. El movimiento que nacía en la ciudad de México pronto adquirió dimensiones nacionales.
Esta es la tercera entrega de una serie de artículos que estaremos publicando en este espacio con motivo de los 49 años del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968. El relato se basa en testimonios presenciales.
Si quieres leer también las entregas anteriores puedes hacerlo en:

1968: De la protesta por la brutalidad policíaca a la lucha por las libertades democráticas

26 de julio de 1968: una chispa incendia la ciudad. Inicia un gran movimiento