viernes, 18 de marzo de 2016

Organizarnos como pueblo, sin partidos ni “líderes”, en la lucha diaria contra el sistema de explotación capitalista.

Colectivo Azcapotzalco, adherente a la 6ª Declaración de la Selva Lacandona
Los trabajadores sólo tenemos nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir. Los capitalistas, dueños de los medios de producción (fábricas, comercios, bancos, servicios) se enriquecen con nuestro trabajo, nos pagan salarios miserables, tienen a su servicio al gobierno, al ejército, la policía, los jueces, los medios de comunicación para mantenernos sumisos, para presentar como criminales a los que se atreven a luchar para ser libres.
Cada que hay elecciones, los partidos políticos salen a pedirte el voto prometiendo que si ganan harán feliz al pueblo. Pero ya los hemos visto gobernar a todos en los diferentes niveles de gobierno: todo sigue igual, los pobres seguimos pobres y los ricos se hacen más ricos. No importa de qué partido sean, desde el gobierno federal, los gobiernos estatales o municipales (delegacionales en el DF), sean del PRI, del PAN, del PRD, de Morena, del Verde, todos los gobiernos están al servicio de los capitalistas. Ellos los financian, ellos los controlan, ellos les dicen qué hacer y qué no hacer. Las promesas de las campañas se olvidan.
Los pueblos entienden que no pueden confiar en ningún partido, pues ya en el poder toda su política es para servir a los dueños del capital, cada vez más en manos extranjeras, cada vez más coludidos con los cárteles criminales.
En 1994 la rebelión zapatista en Chiapas logró salirse del control del gobierno, echaron a todos los partidos de su territorio y desde entonces construyen su autonomía, no reciben ni quieren nada del gobierno. Han logrado sobrevivir con su propio trabajo colectivo, produciendo sus propios alimentos en tierras comunitarias. Ahí ya nadie se enriquece con el trabajo de otros. Todos trabajan parejo. Todo es de todos. Las ganancias de la producción del café, la miel, el maíz no son para enriquecer a nadie, son para construir las escuelas y clínicas que necesitan.
Los gobiernos autónomos son nombrados en asambleas comunitarias, ante ellas rinden cuentas, ellas los cambian cada tiempo. En los gobiernos autónomos participan todos, son electos de manera directa. No reciben ninguna paga, porque para ellos (y ellas, pues las mujeres participan igual) tener un cargo en el Municipio Autónomo o en la Junta de Buen Gobierno no es un privilegio sino un servicio a la comunidad.
El ejemplo zapatista se ha diseminado como semilla en otros territorios del país. Muchos pueblos en diferentes estados, a su manera, están construyendo también sus autonomías.
La autonomía no es todavía la liberación completa, pero es un buen inicio del camino emancipatorio. Ser autónomos es un camino para ser libres.
Así como en Chiapas los zapatistas han avanzado en la construcción de la autonomía, también en Cherán y Ostula, Michoacán; la Tribu Yaqui en Sonora; los pueblos de la Montaña y la Costa Chica en Guerrero; los pueblos del Istmo de Tehuantepec que se oponen a los parques eólicos, y muchos otros pueblos organizados en el Congreso Nacional Indígena.
Los trabajadores también están caminando la lucha contra la explotación. Así hemos visto rebelarse a los jornaleros agrícolas de San Quintín; a los obreros de las maquiladoras de Ciudad Juárez; a los que resisten en la huelga de Panam, Tlaxcala; en Maquilas Cartagena; a los que resisten despidos injustificados en Honda, Jalisco; en la Caja de Ahorro de los Telefonistas; los profesores de la CNTE por luchar contra la reforma educativa neoliberal y muchos otros.
También los normalistas, codo a codo con las madres y padres de los 43 compañeros desaparecidos de Ayotzinapa hace casi año y medio. En la UNAM contra la privatización de la educación y contra la represión a los espacios autónomos.
PD: Texto de un volante distribuido por integrantes del Colectivo Azcapotzalco el sábado 19 de marzo en calles céntricas de esa delegación. Información en palabra sencilla, entregada de mano en mano, platicando con quienes se acercaron, compartiéndoles también algunos ejemplares de La Voz del Anáhuac, boletín que el tal colectivo publica desde hace poco más de 20 años. Un trabajo que pareciera como "arar en el mar", pero que se considera necesario y por lo mismo se sostiene de manera ininterrumpida, sin más pretensión que la de cumplir un deber.
          Alguien, alguna vez dijo que ese es un "activismo a lo pendejo". Como sea, el susodicho colectivo ha expresado que no dejará de hacerlo, es mejor que el no hacer nada de quienes los critican. Cada volante, cada boletín es como una semilla, unas prenden, muchas no, el terreno es duro, infértil, pero no por eso deja de sembrarse...