martes, 31 de diciembre de 2013

EZLN: 20 AÑOS DE RESISTENCIA FRENTE A 20 AÑOS DE CONTRAINSURGENCIA

Babel/Javier Hernández Alpízar
Desde que comenzaron a compartir su palabra, los zapatistas del EZLN han tenido un estilo refrescante: no por el recurso literario, sino por el compromiso con la palabra. La fe ingenua y utopista que los anarquistas han tenido en la palabra como semilla de rebeldía ha tenido en los zapatistas un buen representante. Los magonistas no murieron en vano, tienen en estos rebeldes del siglo XXI buenos herederos. El compromiso de los zapatistas con la palabra consiste no sólo en pensar lo que dicen (como recomendaría el lirón del té de locos en Alicia en Wonderland), sino en decir, escribir y publicar lo que piensan; a pesar de que ello los vuelva impopulares entre quienes no quieren oír sino adhesiones acríticas y loas a los ídolos políticos del momento. Su falta de temor a ser políticamente incorrectos, su vocación de aguafiestas (spoilers), los ha convertido en una de las conciencias críticas más agudas de la política en México: porque le han dicho a la cara sus verdades no solamente a los gobiernos de derecha que han destrozado al país (Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña), sino a la falsa izquierda que navega bajo la consigna de “por el bien de todos, primero los pobres”, pero ha gobernado para los ricos y a los pobres ha tratado siempre de controlarlos, y ahora que tiene que mostrarse abiertamente neoliberal, los reprime y expolia.
Es cierto que la fuerza militar del EZLN no fue suficiente para tomar Tuxtla Gutiérrez como dicen que pretendían hacer y lo publican hoy quienes se prestan para firmar y publicar lo que al gobierno federal le conviene difundir, pero, en 1994, a la convocatoria a alzarse contra Salinas, no respondió ningún grupo armado, como temía Salinas que ocurriera, al menos así lo afirma el número de Proceso que está en distribución, según su adelanto on line.[1] La sociedad civil pidió alto al fuego, dijo que estaba de acuerdo “con la causa, pero no con el método”. Logró el alto al fuego y luego se ha hundido en un civilismo irreflexivo que la ha conducido a ser víctima de fraudes electorales (no solamente de la derecha y sus mónex, sino de la izquierda y sus pifias de gobiernos, y a la involución de una democracia -Soriana) y luego a ser víctima de la militarización que no pudo detener y que en Chiapas, contra los indígenas levantiscos, tuvo su primera embestida.
Por los extremos sur y norte, desde Chiapas y Ciudad Juárez, se ensayó la contrainsurgencia a dos fuegos: crimen por abajo, militarización desde arriba y sangre del pueblo. Ni un solo gobierno, ni los perredistas, se abstuvieron de la complicidad con ese esquema llevado a su paroxismo por Calderón y continuado por Peña. Hoy el Distrito Federal simplemente entra en la lógica que la izquierda no supo evitar: la gentrificación y la Cero Tolerancia impulsados por López Obrador y Slim con la asesoría de Giulianni se convirtió en el gobierno represivo del delfín: Ebrard y el cinismo continuista de Mancera. Quienes los hicieron candidatos, votaron por ellos, los defendieron de las críticas, callaron ante sus atrocidades y calumniaron y difamaron a los zapatistas por criticar y denunciar a esos rufianes, ahora se dicen sorprendidos con la violencia de Estado de Mancera: pero ellos empollaron el huevo de esa serpiente perredista.
A propósito del 20 aniversario de la vida pública del EZLN (omitiendo los previos años de clandestinidad) se repiten las voces selectivamente desmemoriadas que preguntan: “¿qué hicieron en estos 20 años los zapatistas?” Con ello exhiben su ignorancia, porque durante 20 años, con movilizaciones o con resistencia en silencio, los zapatistas han mantenido uno de los pocos espacios del territorio nacional donde la dignidad habita: ellos han fortalecido una resistencia territorial y una defensa de los bienes nacionales in situ mientras la izquierda electorera se dedicaba a repintar de amarillo a los personajes de desecho del PRI y a pactar alianzas electorales con el PAN. Los gobiernos perredistas entregaron a manos privadas las playas de Baja California Sur y la Ciudad de México, gentrificada por Slim bajo el gobierno de López Obrador: lo que defienden hoy los granaderos es la propiedad privada de los empresarios salinistas que no sólo AMLO, sino todos los gobiernos perredistas del DF han privilegiado.
Los zapatistas fueron sacados de la escena nacional vista desde los medios mediante un trabajo deliberado que organizaron los expertos de la contrainsurgencia desde el zedillato y que han operado los gobiernos federales del PRI, el PAN y los estatales y municipales del PRD, así como los legisladores perredistas y de la izquierda electorera.
Muchas cosas frívolas o malintencionadas se han publicado estos días. Los medios comerciales que calumnian al EZLN y le hacen el vacío a la voz de las bases zapatistas en los periodos de silencio de la comandancia aún siguen sacando raja comercial de la noticia del 20 aniversario del EZLN. En medio de muchas tonterías, poca gente informada y seria ha escrito y publicado al respecto. Entre las notas presuntamente informativas, es interesante la que publicó Proceso, “1994, Los terrores de Salinas”, de Jorge Carrasco, en la cual da a conocer el terror de Salinas ante el escenario de que se extendiera la rebeldía por el país, motivo por el cual aceptó el alto al fuego y una mesa de diálogo, para dejar la papa caliente a Zedillo, el jefe de seguridad de la campaña del asesinado candidato Colosio.
Otra nota interesante es la publicada por emeequis: “20 años del EZLN. Los documentos secretos de gobernación”, que se centra en el sucesor de Salinas y a quien le tocó instrumentar la estrategia de contrainsurgencia que sigue siendo el guion básico hasta hoy.[2] La lógica es la misma de Salinas: ante la posibilidad de que se extendiera la influencia rebelde zapatista, cortarle sus vínculos con la sociedad mexicana: “contención, reducción y solución”. Vale la pena citar los puntos importantes que resume la nota de emeequis:
“Para ello, durante varios años se puso en marcha la maquinaria del Estado:
Pronunciamientos de intelectuales y legisladores confiables en favor de las posturas asumidas por el gobierno federal.
Realización de foros con la participación de especialistas de renombre que apoyaran las posturas zedillistas.
Cabildeo internacional en cuanto foro empresarial, gubernamental y académico fuera posible.
Movilización de asociaciones de abogados que hicieran suyas las propuestas legislativas impulsadas por Zedillo.
Reuniones ‘discretas’ con los partidos políticos, el episcopado, el ejército, embajadas seleccionadas y el gobernador de Chiapas para que actuaran en ‘concordancia’ con la estrategia gubernamental.”
Los enemigos del zapatismo, bajo la apariencia de motivos puramente académicos e intelectuales o de ser de izquierda y criticar a un crítico deslenguado de la izquierda, se han beneficiado del combate al zapatismo porque desde el zedillismo y su plan contrainsurgente hasta la compra de publicidad y los chayos del gobierno perredista de Juan Sabines, para no hablar del émulo de EPN actual, Velasco, el dinero del gobierno mexicano ha aceitado la publicación de libros, artículos, caricaturas y libelos contra los zapatistas. Ello poco a poco se irá sabiendo, al tiempo.
Pero el último punto, las reuniones discretas con los partidos, es especialmente de sumo interés: gracias a los buenos oficios contrainsurgentes de Zedillo y su equipo, los partidos de izquierda electoral cerraron filas con el PRI y el PAN para cercar al EZLN. En una entrevista a Muñoz Ledo hecha en radio por Ferriz de Con a propósito del recule de Congreso sobre el desafuero a AMLO, el ex priista, ex foxista y hoy neoperredista dijo que se trataba de un asunto de seguridad para el país, por ello nos reunimos los representantes de todos los partidos, al igual que lo hicimos tras el alzamiento zapatista en 1994. Cito de memoria, por tanto no es textual, pero es la idea expresada por el entonces legislador.
Es decir: la traición perredista a los Acuerdos de San Andrés sobre derechos y cultura indígena (que incluía su derecho a la autonomía y a defender su territorio, tierras, montes, aguas, minerales y desde luego: petróleo), y la posterior anexión de la izquierda partidaria a la contrainsurgencia antizapatista en Chiapas y en todo el país, no es resultado de la prostitución individual de algunos perredistas, fue un pacto logrado por el zedillismo y luego fielmente cumplido por los priistas reciclados por el PRD.
Esa historia está dispersa en notas periodísticas sueltas. Obviamente no hay chayos, ni becas ni financiamientos que promuevan a quien junte los hilos y complete el cuadro de cómo la contrainsurgencia zedillista ha derivado, entre otros factores y motivos, en la cooptación de la izquierda electoral. Pero a las acusaciones sin pruebas contra el vocero de los zapatistas por haber criticado a la izquierda partidaria (antes de a AMLO, los zapatistas regañaron a Cárdenas allá en sus tierras rebeldes, ¿recuerdan?) se les puede contestar con la historia (parcialmente enterrada, parcialmente publicada) de cómo el PRD comenzó por traicionar a los zapatistas votando contra los Acuerdos de San Andrés y terminaron teniendo incluso paramilitares en sus filas en Chiapas.
¿Qué medio leían los pésimamente informados que hoy preguntan tontamente: dónde estuvieron los zapatistas estos 20 años? Porque la respuesta es: estuvieron resistiendo, los mismos 20 años que el país (izquierda electoral incluida) se estuvo corrompiendo, degradándose en este páramo desolador, este Comala lleno de susurros de muertos y almas en pena.
Independientemente de sus intenciones, Martínez Veloz y su comisión están jugando el papel del bueno y negociador en la contrainsurgencia reloaded de Peña Nieto. Y, casualmente, una ex gobernante y ex perredista, Chayo Robles, juega el papel de contrainsurgencia mediante limosnas que antes han jugado personajes como Dante Delgado Rannauro y Luis H. Álvarez. En la contrainsurgencia, no hay diferencias importantes entre izquierda y derecha partidaria.
[1] Jorge Carrasco Araizaga, “1994. Los terrores de Salinas”, Proceso,
[2] Zoraida Gallegos, “20 años del EZLN. Los documentos secretos de gobernación”, emeequis,