miércoles, 9 de agosto de 2017

1968: NUESTRAS DEMANDAS CORRESPONDÍAN AL MOMENTO QUE VIVÍAMOS


1968: NACEN EL CONSEJO NACIONAL DE HUELGA Y EL PLIEGO DE LOS SEIS PUNTOS
La Voz del Anáhuac
Agosto 2017 

Entre el 4 y el 6 de agosto se reunieron representantes nombrados en las asambleas de las escuelas en huelga y decidieron darle forma al organismo que sería el que coordinara las acciones a realizar en el movimiento estudiantil que se extendía a la mayor parte de las instituciones públicas de educación y algunas privadas.
El Consejo Nacional de Huelga.
Los representantes o delegados tendrían que nombrarse en asamblea, debían ser voceros de los acuerdos de la asamblea de su escuela. Sería una dirección colectiva cuyos integrantes serían revocables y rotativos. Desde el inicio diversas organizaciones y partidos se acercaron a tratar de utilizar el movimiento para sus propios fines, por ello se acordó no permitir la intromisión de ningún partido u organización política. Si algún delegado era militante de alguna organización, no se permitiría que llevara al pleno del organismo representativo del movimiento las posturas de su organización, salvo que estas las avalara la asamblea de su escuela. Pero nadie podía llegar a nombre del Partido Comunista, la Juventud Comunista, la Liga Espartaco ni de ninguna otra. Por ello también se acordó (aunque casi no se cumplió) que los representantes fueran rotativos. Y que fueran tres por escuela, de manera que se garantizara que lo que se expresara por parte de cada escuela en realidad correspondiera a los acuerdos de su asamblea general.
           Esto también llevaba la finalidad de que no hubiera “líderes” visibles, pues esto pondría al movimiento en riesgo que su dirección fuera cooptada por el estado o reprimida.
         Esta forma de organizarse ya había siendo ensayada en el IPN durante el paro solidario con huelga de la Escuela de Agronomía Hermanos Escobar en 1967.
         Así nació el Consejo Nacional de Huelga y por estas características pronto se convirtió en un ejemplo de democracia participativa, pues la máxima autoridad radicaba en las asambleas generales. Al CNH llegaban los acuerdos y propuestas de las asambleas de las escuelas en huelga y los acuerdos del CNH debían ser ratificados o rectificados por las asambleas. Así se acordó el pliego de los seis puntos, la ruta de las manifestaciones, el contenido de los manifiestos públicos, la forma en que debía dialogarse, etc.
El Pliego de los Seis Puntos.

Ya desde los primeros días se habían configurado algunos puntos: la destitución de los jefes policíacos, la desaparición del cuerpo de granaderos, indemnización por los estudiantes muertos o heridos, libertad a todos los estudiantes presos desde el inicio del conflicto.
          Los tres primeros puntos se conservaron tal cual, pero el punto de libertad a nuestros compañeros presos se transformó en libertad a todos los presos políticos, porque finalmente nuestros compañeros presos eran eso: presos políticos. Y porque los presos del movimiento ferrocarrilero, magisterial, médico, de las luchas campesinas y de otras luchas también lo son e igualmente era injusto e ilegal su encarcelamiento.
         Y se agregaron otros dos puntos:
         La derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, pues este era el instrumento jurídico de que se valía el gobierno para encarcelar a los luchadores sociales. Los compañeros que fueron encarcelados cuando el ejército invadió el Politécnico para clausurar el Internado y los comedores estudiantiles en 1956, Nicandro Mendoza entre ellos, de eso fueron acusados.
         Esos artículos fueron creados en tiempos de la Segunda Guerra Mundial para impedir acciones desestabilizadoras que pudieran promover agentes fascistas en México. Nunca se aplicaron en ese sentido.  Paradójicamente se convirtieron en instrumentos fascistoides de represión. Vallejo y Campa, los más conocidos dirigentes ferrocarrileros permanecieron más de diez años en la cárcel acusados de “disolución social”, cuando en realidad luchaban por democracia sindical y mejores salarios.
         Y, por otra parte se agregó también el punto de deslinde de responsabilidades entre funcionarios del gobierno causantes de la represión. Es decir, no había duda del papel que jugaron los jefes policíacos y por eso se mantuvo la exigencia de que fueran cesados. Pero no eran los únicos culpables. Las policías capitalinas estaban bajo el mando del regente del DF. Pero las policías federales y el ejército tienen otros mandos: Gobernación, la Defensa Nacional y la propia Presidencia de la República.
         No estábamos demandando nada sin razón. Se nos cuestionó que por qué ninguna de nuestras demandas era de carácter académico, si se trataba de un movimiento estudiantil. Y se nos repetía la cantaleta de “los estudiantes a estudiar”, que “no debíamos meternos en política”. Pero nuestra respuesta fue que si nos estaban reprimiendo, encarcelando, matando los políticos que mal gobiernan el país ¿íbamos a responder pidiendo que se nos equiparan los laboratorios y talleres en las escuelas, que nos dieran becas, o incluso que nos permitieran participar en la elaboración de los planes de estudio? No nuestras demandas correspondían al momento que estábamos viviendo. Estábamos padeciendo un sistema autoritario, represivo, despótico. Correspondía entonces luchar por justicia y libertad. Esa fue la esencia de nuestro pliego de los seis puntos. La habíamos discutido en nuestras asambleas y estábamos seguros de que nuestras demandas correspondían puntualmente a la problemática que generó el Estado con su política de terror.
         Se nos acusó de subversivos, pero esas demandas no representaban ningún riesgo de “desestabilización”. Bien podrían resolverse si hubiera voluntad política del gobierno: algunas reformas liberales incluso lo habrían fortalecido. Pero fuimos comprendiendo que nos enfrentábamos a un gobierno autoritario, paranoico, que en todo lo que se movía fuera de su control veía la “amenaza comunista”. Por ello, desde un principio se nos tachó de subversivos, de ser parte de una “conjura comunista internacional”. Y así nos fue, como iremos viendo en las siguientes entregas de esta serie de artículos, con los que a 49 años del Movimiento Estudiantil Popular, recordamos esa lucha que marcó la vida a muchos de nosotros. 
Ver entregas previas:

1968: De la protesta por la brutalidad policíaca a la lucha por las libertades democráticas

26 DE JULIO DE 1968: UNA CHISPA INCENDIA LA CIUDAD. INICIA UN GRAN MOVIMIENTO.

29 de julio de 1968: HUELGA GENERAL EN EL POLITÉCNICO, CRECE EN TODO EL PAÍS

IPN: 5 DE AGOSTO DE 1968, MARCHAMOS LIBRES, SIN DIRECTOR, SIN CHARROS