viernes, 2 de junio de 2017

Babel: Razones y motivos por los que apoyo al #CNI, el #EZLN, su #CGI y vocera

La lucha no por el arte de lo posible sino por cambiar las cosas desde la raíz
Javier Hernández Alpízar
Zapateando
01 junio, 2017
La definición de la política como “el arte de lo posible” parece muy inteligente, sensata, mesurada, casi sabia. Todo depende qué entendamos por “posible”. Si por “posible” entendemos solamente el estado de cosas existente, el capitalismo, un mundo donde menos del 1% tiene el mundo en sus manos y el resto tiene la frustración, la inseguridad, la pobreza, la miseria, el hambre, el desprecio y la muerte, entonces el arte de lo posible no es sabiduría sino resignación, pusilanimidad, cobardía o cinismo y crimen.
Si lo único posible es un México donde unos cuantos Slim, Aramburuzabala, Romo, Salinas, Azcárraga, Alemán, y sus personeros políticos, los Fernández de Cevallos, los Ortega, los Bartlett, los Gordillo, los Calderón, los Moctezuma Barragán, los Fox, los Monreal, los Zedillo, los Duarte,  los Sabines, los Yunes, los Mancera, los Graco Ramírez… tienen poder, riqueza, capacidad de mover las fuerzas represivas contra los demás, y los muchos, los gobernados, no tenemos la más remota manera de limitarlos, revocarlos, hacer justicia, entonces el arte de lo posible es el país de la impunidad, de la violencia endémica, del despojo, la corrupción, el crimen, la explotación, los feminicidios, las muertes violentas, la esclavitud asalariada y la esclavitud sin salario.
Si el arte de lo posible es el arte de tomar a personajes que hicieron carrera, fortuna, poder y experiencia de vida en la clase política y empresarial, en el mundo del dinero y la corrupción, para volverlos, previo pase de manos, los nuevos adalides de la esperanza, del cambio, del nuevo proyecto de nación, sin que nadie nos consulte si queríamos que esos fueran los líderes, los candidatos, los asesores, los líderes de opinión, entonces el arte de lo posible es la mediocridad, la hipocresía, la mentira, la impostura, el fraude.
En un mundo, y específicamente en un país, en donde unos pocos arriba se reparten todo y otros muchos abajo tienen por toda herencia el luto, el llanto, la miseria y una moral hipócrita que premia la obediencia, el conformismo y castiga, incluso con la muerte, toda desobediencia, disidencia, rebeldía o resistencia, es perfectamente lógico que haya quienes no puedan poner su esperanza en la “sensatez” del arte de lo posible, porque les promete opresión, represión, desprecio, control autoritario.
Se necesitan muchas cosas para cambiar un estado de cosas así; no es fácil, no se hace en una batalla final, ni violenta ni electoral, pero lo que más se necesita es comenzar: dar el primer paso, organizarse, luchar, resistir, organizarse, romper el esquema de la “lucha” resignada al arte de lo posible, proponerse una nueva forma de relacionarnos unos con otros, exigir un control por los de debajo de quien quiera que diga representarnos, proponerse que nada que nos afecte a todos (si queremos o no un TLC; las mieras canadienses, la interrupción legal de embarazo o el derecho al territorio, a una vida libre de violencia, a la paz….) pueda ser legislado u ordenado sin que nosotros, todos, al menos la mayoría, tengamos el derecho a construir la decisión, a participar en la deliberación, a ser tenidos en cuenta como humanos y no como mercancías en remate.
Cuando el mundo comenzaba a resignarse, los ex radicales pedían amnistías morales e ideológicas, los ex rojos se decoloraban y ponían amarillos, en México quienes alzaron su voz, incluso inicialmente sus armas, fueron los indígenas zapatistas: su lucha ha devuelto a muchos otros indígenas y a mujeres y hombres de abajo al amor propio colectivo: al somos que se propone también seremos.
En su momento yo voté (incluso participé en una casilla) contra la guerra de exterminio que agrede a los pueblos indios y dije SÍ a que el EZLN se convirtiera en una fuerza civil y pacífica de lucha política nacional: ellos han cumplido su palabra, no se han vendido, ni han claudicado, ni se han rendido. Al lado de ellos, otras organizaciones, indígenas, campesinos, trabajadores, maestros, estudiantes, mujeres, jóvenes, colectivamente y a título individual, han seguido luchando y resistiendo. La lucha puede tomar muchas formas, pero la central de ellas es la palabra, la acción colectiva, la autoorganización desde abajo, ahora se propuso construir un Consejo Indígena de Gobierno, con su vocera, la compañera y hermana María de Jesús Patricio, y su bandera sigue siendo la dignidad rebelde, la autonomía, el autogobierno, la autogestión, el anticapitalismo, la democracia radical, la lucha no por el arte de lo posible sino por cambiar las cosas desde la raíz.
En un país y un mundo donde las cosas están mal desde la raíz, desde el sistema opresor, desde el capitalismo, no ser radical es claudicar. Si nuestros compañeros y hermanos del CNI y el EZLN no han claudicado, tenemos que estar con ellos, afrontar las burlas, las calumnias, el desprecio racista y misógino, el ninguneo, la difamación, pero por otra parte, contamos con su paso seguro, el mismo que caminó la marcha de los 1,111, que caminó la Marcha del Color de la Tierra, que caminó la Otra Campaña, que marchó por las víctimas de la guerra de Calderón, que construyó los Caracoles, que construyó las autonomías indígenas, que ha apoyado la lucha del magisterio, que ha llamado a luchar contra todos los muros del capital apoyando a los migrantes deportados, el paso que hoy construye un desafío a la guerra contra la humanidad y propone no descansar hasta pisar el cadáver de la hidra. Es un honor estar con estos compañeros y su edad de más de 500 años de dignidad rebelde.

Dejemos que los artistas de lo posible sigan tratando de resucitar a los viejos cadáveres priistas, nosotros vamos contra la corriente porque seguimos una corriente más profunda.