viernes, 5 de mayo de 2017

A 8 MESES DE LA FIRMA DEL ACUERDO CON LAS FARC–EP: 32 líderes asesinados a la fecha


Mes octavo después de la firma del Acuerdo con las FARC–EP: 32 líderes asesinados a la fecha
Agencia SubVersiones
O4 mayo, 2017
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Somos tantxs, somos más
Bogotá, Colombia
Somos tantos y somos más, por eso mismo nos temen
y envían idiotas útiles a custodiaros, a amedrentaros,
si simplemente pudieran ver que tras los que quedan en pie
izando su dignidad, está la vida reivindicando su libertad.
Me sacan una sonrisa tus palabras, en esta distancia tan irreal.
Yo también me levanté nombrando a Cepeda y a la UP,
y a los que sin nombre en la historia han de permanecer. 
Aquí aparecen en los periódicos que allá quieren callar.
Por ellos y sus vidas y las nuestras, sonreímos y levantamos el corazón, los cuerpos y la lucha que continúa y que siempre ha de continuar, hasta que la tierra encuentre tranquilidad, como sabes no la de los sepulcros sino la otra que reconoce que la tierra se puede enfriar.
Llevo en mi pecho y en mi voz, el ejemplo de las guerreras, llevo en mi cuerpo  los abrazos y caricias de mis hermanos de pueblo, como me escribió la mamá mía en el librito de puro pueblo. 
Llevo entonces conmigo desde el pueblo hasta el paraíso, pasando por los distintos purgatorios, hasta cruzar las mismísimas flamas del infierno donde con sus gritos nos quieren acallar.
Siendo testimonio, y/o hermano de nuestra libertad, aquí estoy en un lugar que prefiero no mencionar, pues estoy con ustedes y esa es mi verdad.
Mi hermana, besos, abrazos de este cónsul, este Chaski que también les cumple y celebra que podamos construir, otros mundos juntos y con ellos mantener la memoria viva, con la frente en alto con la sangre roja y con el corazón a la izquierda donde siempre ha de estar.
Estoy con ustedes, salud y dignidad

—Chico Bauti 
Hemos guardado silencio viendo como transcurren las noticias en el país, intentando digerir esto de la «paz» y mientras tanto, hemos pintado uno que otro muro acompañando procesos comunitarios que nos vuelven a recordar que otro mundo es posible y que todavía hay esperanza en la organización colectiva.
Desde hace un buen tiempo hay una mezcla entre la alegría, sueños, esperanza, tristeza, el desconcierto e incertidumbre de saber si estábamos negociando la paz o la guerra.
Ánimos que van y vienen y que quedan encendidos en el corazón anhelando como decía Gabriel García Márquez esa «segunda oportunidad sobre la tierra, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir», y entonces el país se encontró con los rostros de los que estaban ocultos en las montañas y se dio cuenta que son iguales a los de los demás, que sonríen, bailan, lloran, piden perdón y que tienen la voluntad de seguir siendo parte de la historia pero ahora sin el peso de los fusiles en sus espaldas.
Sin embargo en otros hay una sensación de que algo no cuadra, como que algunos no se sienten cómodos con la situación, no conciben la ausencia de la guerra porque pareciera que se alimentan de venganza, odio, mentiras y temen pasar de largo el resto de los días, viendo como se les va entre los dedos el argumento de echarle la culpa de la violencia a los campesinos, los estudiantes y los guerrilleros.
Entonces nos damos cuenta que tienen miedo, miedo a la verdad o verdades, a que esa violencia que ha tenido los poderosos materializada en la impunidad se desmorone ante la ausencia de las armas. Nosotrxs pasamos a combatir al terreno de lo simbólico y del lenguaje, volvemos al principio de que primero fue la palabra y que el nombrar devela y libera.
La guerra ahora es de resistencia, guerra por la humanidad, por la palabra, por el respeto, por la memoria, la dignidad, la rebeldía, la libertad, la justicia. Vemos entonces la mirada del otrx y nos preguntamos qué sigue, cuando todavía quieren invisibilizar a aquellos que durante toda la vida aprendieron a luchar, a decir en la calle, en voz alta, perseguidos, exiliados, señalados, condenados. En el Congreso de la Republica Alejandra Gaviria decía que si algo saben las víctimas es de esperanza y que más nos queda si no es ir avanzando en cultivar las ideas que intentaron enterrar con la muerte.
Ante las disputas por los relatos, por la imposición de una verdad hegemónica, y el pánico de los poderosos, decimos que somos palabra, somos camino, somos lugar, somos esperanza, somos vida, somos color, somos fuerza porque somos tantos y somos más.
Carlos Fuentes escribió:
«Somos lo que somos y eso incluye cuanto hemos sido y queremos ser. Nada debe quedar fuera, nada deberá ser olvidado».

Seguimos haciendo memoria.