lunes, 1 de agosto de 2016

Marcelino, obrero de Parral, mecánico, fraguador, pailero inventor de la primera caminadora

Jesús Vargas, historiador y profesor en Chihuahua ha investigado diferentes aspectos de la historia en su estado natal: Pancho Villa, Madera, la clase obrera. De los trabajadores su lucha, su resistencia, su experiencia, pero también su saber, su ingenio, su inventiva. Es el caso que nos relata ahora: el caso de Marcelino Vargas Ponce, obrero de Parral, mecánico, fraguador, pailero e inventor de la primera caminadora.
La Voz del Anáhuac.
Jesús Vargas Valdez
agosto de 2016
Marcelino Vargas Ponce era un obrero de la compañía de La Prieta en Parral. Tenía la categoría de cabo del taller mecánico, pero en el mismo taller se dedicaba a todo tipo de trabajos de fragua, forja, y pailería.
A unos metros de la casa rentó un cuarto donde tenía su propia fragua y allí se dedicaba a hacer herraduras, templar barras, etc. Sus hijos recorrían muy seguido las vías de ferrocarril para recoger los clavos tirados, a a pesar de que se consideraba delito federal, pero de allí salían unas herraduras perfectas y ni modo.
A Marcelino le gustaba inventar, o replicar máquinas, aparatos y algunos proyectos domésticos que aparecían en la revista Mecánica Popular. De esta publicación aplicó algunos diseños que han perdurado, como es el caso de una silla reclinable construida con solera y remaches, una maravilla de comodidad.
Después de que dejó la fragua hizo un taller pequeño en el patio de la casa y ahí se podían encontrar algunos de sus inventos que Obertina no le había admitido en su cocina porque estaban muy toscos, fue el caso de una batidora y otras cosas a las que le había dedicado tiempo, pero no habían sido del agrado de la jefa de la casa.
Un día fueron a buscar a Marcelino unos galleros profesionales del rumbo de Balleza, quién sabe de dónde sacaron la información de la buena inventiva del herrero.
Eran los años cincuenta y Marcelino se encontraba en plenitud. Le explicaron que andaban buscando un aparato que sirviera para entrenar bien machín a los gallos. Marcelino rápidamente puso a funcionar las neuronas y después de platicarla les dijo que tenía la solución. Les pidió que regresaran en una semana. Consiguió en la compañía, o quién sabe dónde, un motorcito usado de tres velocidades, parecido al que se usaba en los trenes eléctricos, pero más grande. Hizo una especie de jaula con el espacio adecuado para que el gallo se moviera libremente y no pudiera salirse. De piso arregló una banda que giraba y giraba todo el tiempo que se quisiera, pero no solamente eso, la banda podía girar a tres velocidades. Entonces, a la hora del entrenamiento se metía al gallito en la jaula, se enchufaba el motor y a caminar gallito. Cuando ya se había calentado se movía la palanca y a correr sin parar. Al último, en la tercera velocidad, casi quería volar de lo rápido que tenía que mover las patas.
Les avisó a los galleros que ya podían pasar por su encargo, les pidió que llevaran un gallo para que vieran el procedimiento y estos quedaron encantados. Quien sabe que habrán pensado los gallos de esa jaula de entrenamiento, lo cierto es que así se inventaron en Parral las primeras caminadoras profesionales, nada más que eran para entrenar a los gallos de pelea.