lunes, 2 de mayo de 2016

‘EN DEFENSA DEL DECRECIMIENTO’ Carlos Taibo, Universidad Autónoma de Madrid

'En defensa del decrecimiento'
Charla de Carlos Taibo, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid
Marzo de 2010
53:34 minutos
Charla 'En defensa del decrecimiento' a cargo de Carlos Taibo, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, el 11 de marzo de 2010 en la sede de la CNT en Ciudad Real.
¿Qué es el decrecimiento?
Escrito por: Valjean
Vía | es.wikipedia.org
lunes 26 de enero de 2009
El decrecimiento es una corriente de pensamiento fundada en el simple hecho de la imposibilidad de mantener una economía siempre expansiva, que tiende al crecimiento ilimitado, en un planeta con recursos naturales limitados. Nació a principios de los años 70 de la mano del economista estadounidense de origen rumanés Nicholas Georgescu-Roegen. Implicaría un profundo cambio de sistema económico, productivo, ético y social. La idea sería poner límites al crecimiento económico. Pero de tal forma que, más que decrecer, palabra que denota recesión, se apostara más bien por el a-crecimiento, es decir, el salir de la lógica del crecimiento perpetuo.
El desarrollo sostenible, concepto acuñado en 1987 y en boca hoy de tantos gobiernos y economistas, sería para los defensores del decrecimiento una contradicción en sí misma. Basándose en indicadores económicos alternativos al Producto Interno Bruto (que sólo tiene en cuenta la porcentual de crecimiento pero olvidándose de la destrucción del tejido social, del medio, y por tanto de los recursos futuros), tales como la huella ecológica o el índice de desarrollo humano, los decrecentistas aseguran que continuar creciendo es antónimo de sostenibilidad. Es un hecho probado que, desde 1980, el ser humano consume al año más recursos, y genera más residuos, de lo que el planeta es capaz de asumir y regenerar. Con lo que desarrollo, esto es, crecimiento, y sostenible, serían dos palabras contrarias, un sinsentido.
La idea, pues, sería volver, cuanto menos, a los niveles de consumo previos a 1980, cuando nuestra presión sobre el medio ambiente estaba en equilibrio con la capacidad de éste de regenerarse. No hacerlo, y seguir creciendo a expensas de lo insostenible e inviable del sistema, es abocarse al desastre tarde o temprano. Es comprometer nuestro futuro y el de las generaciones venideras. Se impone una apuesta por la racionalización de la economía, palabra cuya primera definición en la RAE es “administración eficaz y razonable de los bienes”. Si el ser humano no es capaz de comprenderlo y ponerlo en práctica de forma civilizada, se llegará al colapso de modelo y el decrecimiento no será una opción, será una triste y bárbara realidad impuesta.
El decrecimiento se pone en relación habitualmente con conceptos como la simplicidad voluntaria, que podríamos definir como “vivir con menos para vivir mejor”. Se considera que el imaginario colectivo impuesto en este mundo globalizado liga estrechamente crecimiento económico con aumento del bienestar personal y de la calidad de vida, cuando muchos indicadores señalan que, muy habitualmente, no es así.
Entre las ideas fundamentales del decrecimiento hay la apuesta por la reducción del trabajo para recuperar el olvidado ámbito del ocio y la política del ser humano, la eliminación del consumismo y la publicidad, la redistribución de la riqueza, la búsqueda de otras formas de realización personal, la producción local de alimentos para evitar insostenibles transportes, la agricultura ecológica, la multiplicación de las redes sociales, la apuesta por la comunidad, la recuperación de los oficios a nivel local.