martes, 2 de febrero de 2016

La confrontación entre el mundo de la libertad y el mundo de la esclavitud continuará hasta el último día.

Escrito por  Nikos Romanos
Traducción de Free Collective.
Lunes, 01 febrero 2016
RÉQUIEM POR UN VIAJE SIN RETORNO.
Nikos Romanos
Lo que voy a contar hoy tiene que ser considerado un testimonio apasionado en la memoria revolucionaria. El testimonio apasionado de un acontecimiento que para mí fue el detonante del inicio del ataque contra los palacios del Poder. Un evento que ha contribuido de manera decisiva a la construcción del punto de no retorno para aquellos que han tomado las armas y han llenado sus maletas con los sueños y esperanzas de un mundo de libertad; en una maleta puse mi odio, junto con algo de ropa y algunos recuerdos, para salir definitivamente de mi casa, el día antes de la redada de la policía que me quería llevar esposado a testificar en la corte de los esbirros-asesinos. Corté lazos con mi vida pasada y me uní a las filas de la lucha anarquista ilegal. A pesar de que sólo tenía 16 años, yo era muy consciente de mis actos y sabía que, a pesar de que mi calibre moral era mucho más alto que los hombres un poco ridículos que estaban en esa habitación, no era todavía el momento de decir todo lo que supuso para mí, no era el momento adecuado, y yo no estaba realmente preparado para asumir conscientemente esa carga histórica. Es por ello que he preferido guardar silencio y dedicarme a la guerra contra el poder, la misma guerra que, siete años después, me sigue pareciendo el lugar para la batalla, como un prisionero. Un peso histórico que he rehuido momentáneamente, pero nunca he evadido y que voy a tomar.
El proceso al que me negué a asistir, también todo lo que siguió, está tratando de confirmar la orden, en forma de sanción institucional, de un pliegue de la controvertida historia, un pliegue que ha avergonzado a la democracia y que ha desenmascarado el olor a muerte que deja tras de sí. Este pliegue, parte indisoluble de una historia que existirá mientras hayan oprimidos que se rebelan contra sus opresores, empezó una noche el 6 de diciembre de 2008 entre la Vía Messolonghíou y Vía Tsavella en Exarchia.
Las cosas que voy a contar no tienen en ningún modo la intención de facilitar los mecanismos legales a fin de tener, en el futuro, un veredicto más justo. No creo en la ley, ni los tribunales, que se elevan amenazantes para disciplinar a los que se desvían de la orden dictada, enterrándonos bajo hormigón y puertas.
Me atrevo a creer en el poder del hombre libre, la posibilidad de la libre determinación en un mundo de sumisión generalizada vistas a la revolución anarquista y a la insurrección anarquista como práctica constante.
Voy a empezar mi historia tratando de trazar el perímetro de la otra, para permanecer lúcido, para contribuir a la creación de una historia verosímil que no ensucie la memoria de nuestros muertos, para enviar un mensaje de rebelión a los interesados, para anotar los acontecimientos de esta historia de manera que se considere sensible. La lucha sigue, por todos los medios, con el amor de la libertad y el odio de los que manejan el orden de lo existente, manchado con la sangre de los que se oponían a su omnipotencia.
Comienza el canto del cisne, mi amistad con… Alexandros.
Alexandros y yo nos conocimos en la escuela, nos veíamos con frecuencia porque vivíamos muy cerca. Él era una persona que no podía soportar las convenciones sociales y la hipocresía dominante en nuestro ambiente escolar. Él siempre estaba buscando una manera de evitar estas situaciones y en eso siempre estuvimos muy cerca. Nos conocimos mejor cuando la escuela terminaba y nos íbamos juntos, huyendo de la rutina y del aburrimiento de la escuela, con nuestros paseos interminables donde descubrimos los rincones de la ciudad desconocida para nosotros, con las conversaciones y discusiones diarias sobre todo lo que hemos visto con escepticismo. El tiempo pasó, y, paso a paso, fuimos entrando en el camino de las grandes preguntas y dudas serias sobre el mundo que nos rodeaba.
Con 14 años tuvimos nuestro primer contacto con los anarquistas. Nos gustaba ver las imágenes de televisión de los enfrentamientos entre manifestantes y la policía. Era algo que, según nuestras impresiones inmaduras, hemos considerado una práctica de resistencia contra la injusticia diaria de las desigualdades sociales. Entre otras cosas, para nosotros que pasamos todo el día en los parques y plazas, no era difícil que no nos gustara la policía, aunque sólo sea por instinto, podríamos decir. Habíamos visto a la policía humillar a migrantes en las calles del centro de Atenas, vimos cómo se comportaban con adictos a la heroína y las personas sin hogar, insultándolos. Pero estas son cosas que cualquier transeúnte puede ver en el centro de Atenas. La contradicción que encontramos, sin embargo, fue que los policías se convirtieron en serviles de los barrios ricos, donde vivíamos. Fue cuando realmente entendimos a la repugnante camarilla que pertenecen estos ambiguos y cobardes  parásitos.
Así, decidimos salir a la calle con la gente para ver de cerca lo que habíamos observado sólo desde la distancia y que había desarrollado en nosotros un gran interés. Todavía recuerdo la primera manifestación a la que fuimos el 17 de noviembre de 2007. Hubo enfrentamientos con la policía, que participaron también. Obviamente nos sentimos muy inseguros, ya que acabábamos de seguir y copiar los movimientos que se enfrentaban con la policía. Vimos de cerca como las personas que no tenían nada que ver fueron brutalmente golpeadas por la policía, fueron asfixiados por los gases lacrimógenos y sentimos por primera vez en nuestra piel la represión policial en una manifestación. Después de la manifestación fuimos a Exarchia, donde nos quedamos hasta tarde en la noche para discutir los acontecimientos que habíamos vivido con gran entusiasmo. Con ese entusiasmo fue el inicio de nuestro contacto con el lado auténtico de la vida.
Un punto de referencia importante para nosotros fue la manifestación antifascista del 2 de febrero de 2008.  Había sido convocada por  Amanecer Dorado en el aniversario de Imia [archipiélago formado por dos islas en disputa territorial entre Grecia y Turquía, donde en 1996 fue derribado un helicóptero de la Fuerza Aérea griega], y los anarquistas habían convocado una contramanifestación para luchar contra los fascistas.
Nosotros también estuvimos allí y vimos a los fascistas salir de detrás de las líneas de escuadrones de la MAT antidisturbios para apuñalar camaradas; fuimos testigos de cómo la policía coordinó sus incursiones con los fascistas. Vimos camaradas siendo apuñalados, fascistas ser aplastados por los compañeros con hachas y palos de madera pesados. Y, no lo olvidemos, los que estaban en la primera línea fascista son ahora miembros del parlamento griego. Me refiero a Ilias Panagiotaros, Yannis Lagos, y Ilias Kasidiaris, antes de que repudiaran su pasado e invocaran a la legalidad y la democracia.
Cuando la lucha terminó con los fascistas y la policía, nos encerramos dentro de la rectoría y permanecimos allí hasta la tarde, cuando salimos juntos hacia la manifestación. La marcha fue atacada de inmediato, justo al lado de la calle, y había varios detenidos y heridos.
Desde entonces, empezamos a asistir a Exarchia la mayoría de los días, donde nos encontramos con otras personas, para leer las publicaciones anarquistas, para informarnos a través de sitios de contra-información, para asistir a las ocupaciones como Villa Amalias y Prapopoulos. También hemos participado en todas las manifestaciones de la época, contra aquellos que tenían por objetivo reformar el “sistema de bienestar” y las famosas protestas estudiantiles contra las reformas políticas, galvanizado por el conflicto y la agitación en la calle que participaban cada vez con mayor deseo y determinación.
En el mismo período, junto con otros estudiantes, formamos un colectivo anarquista llamado “anarchist attack of school students”, y también participamos en asambleas sobre el papel de la escuela en el funcionamiento de los mecanismos sociales. Recuerdo que un par de horas antes del 17 de noviembre 2008 también habíamos participado en un ataque a la juventud del PASOK, que entonces tenía oficinas en Exarchia. Aunque los enfrentamientos no fueron con ellos, debido a que los militantes del PSAP [juventud del PASOK] habían puesto guardaespaldas para protegerlos, como lo habían hecho en años anteriores, durante las movilizaciones del 17 de noviembre, cuando, entre otras cosas, sus guardaespaldas atacaron los bloques anarquistas y, en la práctica, la lucha no era contra con los jóvenes del PASOK, sino contra los guardias que protegían su local. Con el tiempo fuimos capaces de llegar al lugar y los que no habían conseguido huir recibieron el tratamiento que merecían, con el resultado de que al día siguiente el estudiante de PSAP que sostiene la bandera de la Politécnica salía con un brazo roto en todas las fotografías de los periódicos.
El próximo evento que aparece en mis recuerdos fue la protesta solidaria con los presos anarquistas Tsourapas y Kontorevithakis, acusados de un ataque incendiario en las oficinas de la policía municipal. Al final de la marcha, los solidarios se dirigieron a la altura de Exarchia y Pedio tou Areos donde hubo un contacto con dos policías del escuadrón Zeta, a los que robaron los cascos dejados en el asiento de la moto. Durante ese contacto para poder escapar, los policías habían sacado sus armas y habían disparado varias veces, no sólo al aire, sino también con el objetivo de herir a las personas.
La siguiente escena de esta historia tiene lugar durante esa maldita noche del 6 de diciembre. Yo, Alexandros y los otros chicos estábamos sentados en la calle peatonal Messolonghíou, como ocurría casi todos los días.
Después de un tiempo un compañero vino a nosotros y nos sugirió ir a Charilaou Trikoupi Street para esperar a que un coche patrulla pasará, así podría arrojar algunas piedras que había recogido. Decidimos ir allí y esperar mientras Alexandros se puso aún más detrás de nosotros. Poco después, una patrulla pasaba, con Korkoneas y Saraliotis en su interior.
No sabía entonces que era la plenitud de los tiempos para todos nosotros; era el momento que lo cambiaría todo. El reloj de arena de la vida estaba patas arriba en el momento en que una piedra golpeó el coche de policía de Korkoneas. Volvimos y nos sentamos en la calle peatonal, con el resto de la gente, mientras que Korkoneas y Saraliotis pasaron en el coche patrulla por la calle Zoodochou Pigis para ver quién los había atacado; en ese punto, les tiramos algunos pequeños objetos al coche patrulla; una vez que miraron hacia nosotros, se alejaron, aparcaron el coche patrulla junto al escuadrón antidisturbios que custodiaba las oficinas del partido PASOK, y regresaron a pie a la intersección de Tzavela y Zoodochou Pigis San.
Una vez que vimos a los policías acercándose, nos levantamos para huir, ya que pensábamos que la MAT (escuadrón antidisturbios) vendría con ellos, como suele ser el caso. En ese momento los dos policías comenzaron a insultarnos, y ahí es cuando nos dimos cuenta de que habían llegado por su cuenta, sin ninguna fuerza de policía de apoyo. Así que algunos de nosotros nos movimos hacia su posición, y Alexandros, que había seguido adelante, arrojó algunas de las botellas de cerveza que había estado bebiendo. Después de unos pocos segundos, Korkoneas sacó su arma y concluyó el enfrentamiento que se había iniciado antes por medio de dos balas.
Una bala en el corazón de Alexandros para cerrar el ciclo de la omnipotencia de la maquinaria estatal. Un charco de sangre en la calle peatonal Messolonghíou para abrir el ciclo de inestabilidad que hizo escombros el orden establecido, extendiéndose el caos y la anarquía en muchas ciudades de Grecia.
Como es lógico, los abogados defensores tratan y tratarán de demostrar cómo ese evento fue un caso extremo, un hecho aislado, un error. Por mi parte, ya que esto puede sonar contradictorio desde el punto de vista jurídico, pero no de la política, esta línea también cumple mis deseos. Yo no creo en la institución de la prisión, porque creo que es una de las herramientas de terror utilizadas democráticamente por el poder hegemónico para asegurar su perpetuación.
Creo en el derecho revolucionario para tomar la ley en nuestras propias manos y en el esfuerzo de todos para cuadrar las cuentas con sus enemigos, fuera de la mediación de la policía, los jueces, las leyes, las prisiones, la represión pensada científicamente, toda la fealdad tecnócrata que tiñe la belleza de los instintos salvajes y el libre albedrío. Por lo tanto, en mi opinión, en comparación con las de los policías asesinos,  existe la oportunidad de una perspectiva caótica para vengar todas esas mentes perdidas. Esto es lo que está bien en mi sistema de valores.
Además, nosotros no estamos acostumbrados a torturar personas como hace la civilización autoritaria contemporánea sistemáticamente. La mayor monstruosidad en la historia de la humanidad, que incluso ha conseguido normalizar la muerte y poner palabras y significados al servicio de su dominación a través de los mecanismos de propaganda de los siempre “objetivos” centros de información mundiales.
Porque todos nosotros, enemigos del Poder, podríamos haber llegado a un acuerdo con la cárcel o incluso con la muerte como una eventualidad potencial, pero que nunca hemos aceptado la existencia de la muerte como una noticia en la realidad virtual a la que estamos siendo bombardeados.
La parte más ridícula de todo esto es el hecho de que los mecanismos de propaganda de dominación intenten retratar asesinatos cometidos por policías como incidentes aislados provocados por personalidades trastornadas, como los accidentes que siempre ocurren debido a la negligencia.
Los homicidios cometidos por policías no son casos aislados, y ni siquiera un fenómeno puramente griego. Ellos son la resonancia de la imposición democrática extrema a los marginados, los pobres bastardos, los desfavorecidos, insurrectos, migrantes. Y cuando estos asesinatos se llevan a cabo de forma selectiva contra los rebeldes que luchan contra la hegemonía, con la llama de la libertad que ilumina su corazón, se convierten en pruebas de la existencia de la guerra de liberación.
Se trata de una consecuencia lógica de las concepciones de su papel, que es defender militarmente la gran operación del mecanismo social, conceptos con los que estas personas nutren y renuevan sus mecanismos represivos.
Las armas de los policías, entonces, no sólo se disparan con la clara intención de matar en Grecia. Matan a niños en Turquía, ya que participan en manifestaciones contra el gobierno, matando a un joven de dieciséis años en Italia, ya que no se detuvo tras un “alto” de la policía, matan a las madres y sus hijos en Palestina, matan a decenas de afroamericanos en los EE.UU. por racismo puro, matan a los migrantes en los suburbios de Suecia, matan a los niños de los barrios pobres de Inglaterra, por lo que matan de forma reiterada en todos los rincones del planeta para imponer su paz social.
Y si los ejemplos que he dado son conocidos porque han provocado grandes y pequeños levantamientos contra los asesinatos de estado, no son más que una pequeña gota en el océano de los asesinos que toman la policía para apoyar la hegemonía capitalista.
Si tapamos los ojos y los oídos para no escuchar o ver el flujo continuo de la propaganda hegemónica, podemos sentir las miles de muertes anónimas en las comisarías de policía, en la frontera entre la tierra y el mar, en los centros de detención, hospitales psiquiátricos y prisiones, zonas de guerra en el Medio Oriente, en la asamblea de los esclavos contemporáneos. Podemos oír los gritos de las personas siendo torturadas en las celdas de las comisarías de policía, que se suicidan por desesperación en algún lugar de su detención, que se ahogaron en las aguas heladas del mar Egeo debido a la Guardia Costera, que se rompieron los huesos en los mecanismos de producción de las multinacionales en algún país del tercer mundo, que mueren aplastados bajo los escombros de sus casas bombardeadas por las fuerzas del imperio capitalista.
En consecuencia, todos los discursos que se hacen sobre el valor de la vida humana son radicalmente hipócritas y profundamente ofensivos.
Nosotros, por nuestra parte, tenemos una concepción completamente diferente de lo que es natural y el valor de la vida humana en comparación con estos conceptos determinados por las normas hegemónicas.
No consideramos natural que los occidentales coman su comida con indiferencia frente a la televisión viendo las imágenes de los aviones de guerra bombardeando hasta sus cimientos los territorios del tercer mundo. Por el contrario, nos parece natural que la guerra se desarrolle en los centros de las ciudades que causan daño político a las operaciones asesinas de la superpotencia hegemónica.
No creemos que es aceptable que los civiles sean bombardeados como estrategia de guerra por los Estados, con el fin de aplastar la moral de los pueblos que resisten como el de Palestina. En lugar de ello, creemos que es aceptable golpear por cualquier medio a esos soldados junior o senior que tripulan las operaciones militares contra la población civil.
No consideramos natural que todo esto se presente como un “humanitaria” hegemonía de superpotencia para la preservación de la paz. No consideramos natural que el mundo civilizado esté llorando lágrimas de cocodrilo por los muertos en Francia, mientras que los estados y sus servicios de inteligencia están involucrados en la represión de poblaciones enteras, como es sabido, entrenando, armando y financiando el monstruo del islamofascismo por su intereses; un monstruo que, como hemos visto, una vez que crece, también toma autonomía y se vuelve contra su creador.
No consideramos natural que los cuervos de los lobbies económicos saqueen los recursos de los países desestabilizados en nombre de la paz y el desarrollo.
Consideramos ataques naturales, por todos los medios, a los propietarios, funcionarios públicos, los banqueros, los que ocupan puestos de poder político y económico, a los asesinos armados que defienden la paz social, los representantes de la ley, los directivos de las empresas multinacionales, todos aquellas personalidades y la infraestructura que mantiene y replica un sistema culpable de todas las cosas malas que existen en este planeta.
Estas son diferencias que no se pueden salvar y que permanecerán para siempre irreconciliables y que sólo puede conducir a la confrontación; Es el desarrollo de la insurgencia y la contrainsurgencia y la fuerza dialéctica que se expande en todos los campos.
En cuanto a nuestra parte, de esta manera se ha abierto una brecha entre los dominios donde el control social se organiza ensangrentado las flores de la apatía, una brecha peligrosa que pretende aplastar la opresión organizada y la violencia del Poder, el factor impredecible, el error estadístico en los diagramas de tecnócratas, el huésped no invitado en forma de enemigo interno que organiza y se arma para golpear a los enemigos de la libertad.
Esta es la insurgencia anarquista duradera, y su filosofía infecta el tejido autoritario, difundiendo la anarquía en las metrópolis del capitalismo. Y está claro que no se rinde, ni se retira, sólo se reubica para atacar una y otra vez. Debido a que “todos o nada” no es una frase inocua pintada en una pared, pero encierra el significado de la vida de los compañeros, en estos tiempos y otras épocas, que cayeron en combate con el enemigo. Esta es la razón por la que la insurgencia anarquista constante continuará sitiando la dominación, hasta que el último autoritario sea ahorcado por las tripas del último burócrata.
Porque no es suficiente hablar de la anarquía si no es asegurando su supervivencia a través de acciones contra el Estado, el capital, la sociedad y su civilización; porque la anarquía siempre será una guerra sin límites contra las probabilidades dictadas por los “expertos”.
Así que nos encontramos una vez más que las minorías combativas anulan los vínculos de causa y efecto, allí donde todo es posible, donde los ataques por sorpresa golpean los territorios ocupados por el poder militar y su predominio político.
Esto siempre ha sido para mí el aspecto interesante del conflicto, este fue, es y siempre será la única base analítica coherente sobre el tema.
Por lo tanto, Alexandros es una parte integral de esta historia; no podría decir qué hubiera pasado si las cosas hubieran ido de otra manera. Pero sí puedo decir quién fue Alexandros antes de que cayera bajo los disparos de la policía. En su corta pero intensa vida vivió con autenticidad, era un joven rebelde fascinado por la idea de la anarquía como los que ahora ocupan las calles de la ciudad lanzando a la policía cócteles molotov, quemando coches de policía, era rebelde y obstinado, era una persona sincera con el alma noble y desinteresado. Era una persona que vivió intensamente las pasiones y decepciones.
Él amó y fue amado por muchos amigos y siempre será un punto de referencia para muchas personas, la mayoría de los cuales están ahora prisioneros en las cárceles de la democracia. Sé que sigue preparando pequeños y grandes golpes con nuestros muertos, Maurice, Carlos, Sebastián, Michalis, Lambros, Christos y docenas de otras personas excepcionales que han vivido sin poder alcanzar sus sueños.
La pregunta razonable de por qué estas cosas las he dicho ahora, tiene una respuesta simple.
Actualmente, donde la velocidad del tiempo histórico ha descarrilado en sí, donde los eventos son fácilmente desconectados de las circunstancias que dieron origen a ellos, donde la realidad se ve alterada por las lentes deformantes de los publicistas de todo tipo, donde la vida cotidiana se forma de acuerdo con la imagen creada por el mundo digital, es una necesidad mantener viva la memoria revolucionaria, que hagamos todos sus aspectos conocidos, sin abandonar nada, sin que nada caiga en el olvido, que sólo ayudaría a su distorsión.
Como se abren nuevos círculos de experiencias radicales, no hay mejor manera de reiniciar la insurgencia anarquista que conectarlo con su punto de reactivación. Una parte de la generación de anarquistas, con sus pequeñas y grandes desacuerdos, se armaron después de la rebelión de diciembre de 2008 y ahora están encerrados en las celdas de las cárceles griegas, teniendo como punto de partida las noches en las que los rebeldes estuvieron detrás de las barricadas y la anarquía inyectando vida entre los dañados símbolos de Poder.
A medida que nuestras propias experiencias subversivas se mueven lejos del alcance de nuestros eventos personales cotidianos en la rutina de nuestro cautiverio, tratamos de crear un punto de conexión y, a la vez, un punto de partida de un nuevo viaje. Un punto de conexión con nuestros orígenes históricos y políticos, un nuevo punto de partida, que será el punto de encuentro de los rebeldes que no toman la carretera de vez en cuando, sino que también contribuirá a la creación de una plataforma de coordinación y acción de la anarquía, donde la estrategia requiere la estabilización de la ira, allí donde la dialéctica revolucionaria requiere completa dedicación a la lucha por la liberación.
¿Por qué el Diciembre Negro no es la repetición de la secuencia de comandos de revueltas anteriores, pero sí un ciclo de lucha que une el pasado con el presente, en busca de un futuro en el que nuestra vida de cada día será invadida por acciones y ataque de guerrilla contra el poder?
Porque, a pesar de que nuestros cuerpos están encarcelados entre muros y cerraduras, nuestras almas se encuentran en todas las partes del planeta donde las banderas de resistencia buscan un mundo de libertad. Debido a que nuestros corazones tercamente siguen el ritmo de la libertad salvaje, junto a los compañeros del Movimiento Insurgente Anarquista en Brasil, que, a su vez, han llamado para un Diciembre Negro después de prender fuego a las sucursales bancarias, junto a las células de la FAI y los grupos guerrilleros de compañeros que van a la ofensiva, al lado de luchadores por la libertad que combaten a los islamofascistas en el territorio del Kurdistán sirio, junto a compañeros anarquistas que arriesgan sus vidas para ayudar en la reconstrucción de Kobani, junto a los manifestantes en la Gran Bretaña, cuya rabia se manifiesta con violencia, rompiendo el control social asfixiante, junto a los anarquistas en España afectadas por las operaciones anti-anarquistas del Estado español, en las calles de Chile, donde los rebeldes se enfrentan con policías y explotan estaciones de policía, en las plazas de Turquía, donde nuestros camaradas han pagado con sus vidas por el conflicto con el Estado-mafia de Erdoğan, junto a compañeros de Bélgica que encienden fuegos de la destrucción en las calles de Bruselas. A pesar de todas las distancias kilométricas nuestra lucha es común, y compartimos la misma alegría y los mismos dolores con todas estas personas que difunden el veneno de la libertad en el tejido social autoritario.
Este fue Alexandros y este soy yo. No me arrepiento de nada y sigo creyendo que la única opción decente en nuestros días es el de la insurgencia y la lucha por la anarquía. Por todas estas razones, la confrontación entre el mundo de la libertad y el mundo de la esclavitud continuará hasta el último día.
¡Para honrar a todos los muertos en la lucha por la liberación!
¡Fuerza y solidaridad a todos los presos anarquistas!
¡Larga vida a los anarquistas!
Nikos Romanos

PD: Para poner fin a la farsa de los últimos días sobre la modificación de la pandilla de payasos Syriza de mi permiso de estudio, debe quedar claro que en estos tres años, cuando estaba en la cárcel yo nunca puse un pie fuera, ni se espera tal cosa en ese momento, ya que es evidente que no hay posibilidad de que se me dé permiso por parte de cualquier magistrado, llamese Nikopoulos o Perimeni. Así que los trucos de comunicación de SYRIZA sólo se mueven en la mala fe para cultivar impresiones positivas en los votantes de la izquierda; en un mes de todos modos va a terminar el proceso en el que se les acusa y me dijeron claramente por el Servicio Penitenciario que si sigo escribiendo cartas y “molesto” en la cárcel -lo que voy a seguir haciendo porque yo no quiero ningún descuento- el resultado siempre será negativo.