martes, 7 de febrero de 2017

UNA VOZ DESDE LA MASACRE, libro de David Vega, delegado de la ESIT-IPN, ante el CNH en 1968

Presentación del libro  “Una voz desde la masacre” de David Vega

Hoy se presenta en el Centro Cultural La Libertad (5 de Mayo esquina con Avenida Hidalgo) en Apizaco, Puebla, el libro Una voz desde la masacre, lo presenta su autor: David Vega (delegado Escuela Superior de Ingeniería Textil -ESIT- ante el CNH y orador en turno en el mitin del 2 de octubre de 1968, en Tlatelolco, al inicio de la masacre), participará también, entre otros, Félix Lucio Hernández Gamundi, delegado de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica -ESIME- ante el CNH.
El 68 y la Memoria Politécnica
La Voz del Anáhuac
Febrero de 2017.
A casi 50 años del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 se va rompiendo el silencio respecto al papel que jugaron entonces los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional. La historia oficial ha soslayado en gran medida cómo fue la participación de los politécnicos en el movimiento.
La unidad que construyeron en base al activismo en los barrios populares, en medio de los cuales se encuentran los campus del IPN: Zacatenco, el Casco de Santo Tomás, la Ciudadela y, entonces Tlatelolco.
Su cercanía a las zonas industriales de: Vallejo, Pantaco, Azcapotzalco, Tlalnepantla, La Presa, y a los barrios proletarios de: Cuautepec, Ticomán, Tlatilco, Santa María la Ribera, Nonoalco, San Simón Tolnáhuac, Peralvillo, Tepito, la Guerrero, Valle Gómez y otros, contribuyó en gran medida al carácter popular que adquirió el movimiento durante agosto y septiembre de 1968.
En particular por parte de los jóvenes de estos barrios, que se sumaron de manera activa a las manifestaciones y a la defensa de las escuelas, cuando el gobierno decidió aplastar el movimiento. Momentos cruciales fueron los enfrentamientos con los granaderos en Tlatelolco (el 21 de septiembre) y en el Casco de Santo Tomás (el 23 de septiembre).

En Tlatelolco estaban entonces la Vocacional 7 y la Prevocacional 4. Muchos estudiantes de estas escuelas eran también vecinos de la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco y de los barrios populares cercanos. Esto influyó en la participación de los vecinos en la defensa de estas escuelas. Por ello el gobierno las reubicó, cortando de tajo esta vinculación natural
Y después de la masacre se dio una oleada importante de activistas politécnicos y barriales en la formación de grupos armados que, convencidos de que se habían cerrado las vías civiles y pacíficas de lucha, optaron por la insurrección. Por otra parte también se dio la integración con el pueblo, de otro número importante de activistas que decidieron abandonar escuela, familia y amistades para organizar en las fábricas y en los barrios la lucha popular, convencidos también de la necesidad de una revolución, pero que consideraron que ésta sólo podría ser obra del pueblo organizado y no de un puñado de valientes.
Esta parte de la historia casi no  se conoce, ha sido ignorada, ninguneada, ocultada. Se ha puesto el punto final del movimiento en la masacre del 2 de octubre. Se ha soslayado que el movimiento no se rindió, que continuó después de la masacre, que pese a la represión policíaco-militar impuesta, la huelga estudiantil resistió hasta diciembre y que aún después, muchos activistas continuaron esa lucha.

No puede negarse la repercusión que tuvo el 68 mexicano en la insurgencia obrera, campesina y popular que irrumpió durante la década siguiente, la proliferación de movimientos guerrilleros. La revolución que se dio en la cultura y el arte, también fue producto de este proceso. Los cambios que se dieron en las relaciones sociales, familiares, académicas, de pareja, son también resultado del impacto que 68 provocó. Y no justipreciar la participación de los politécnicos en estos procesos es un grave error.