jueves, 2 de febrero de 2017

“EN MÉXICO HAY UN PATRÓN HISTÓRICO DE VIOLACIÓN A LOS DERECHOS HUMANOS”

memoriaindomita

Hacia finales de 2016 se llevó a cabo en Ciudad de México el Congreso Latinoamericano de Antropología Forense, donde se presentaron desde perspectivas diversas la realidad de las víctimas de secuestros y desapariciones forzadas de la región.
El foco del encuentro estuvo puesto en los familiares de las víctimas en México, y en las distintas presentaciones que se hicieron a lo largo de cuatro jornadas, se fue consolidando la idea de una continuidad entre aquellas violencias, cuyo inicio puede marcarse con la matanza de Tlatelolco de 1968 y éstas, cuyo paradigma es la desaparición de los estudiantes normalistas en septiembre de 2014. Entre ellos y a lo largo de todo el país, la violencia contra los jóvenes es indecible y muy difícil de rastrear.
Nodal Cultura conversó con Jorge Gálvez, fundador del comité Eureka y director del Museo casa de la Memoria Indómita, que en el marco del congreso afirmó que existe un patrón de continuidad en la represión estatal que va desde 1968 hasta el presente.
El museo funciona en la casona de la calle Regina 66 en el centro de la ciudad, a unas pocas cuadras del Zócalo. tiene la finalidad “de preservar la memoria de una lucha que se dio en las décadas de los setenta y ochenta del siglo XX, que al gobierno le interesa que esté oculta. El esfuerzo ha sido de las Doñas del Comité”, señaló Gálvez.
El comité comenzó llamándose Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México y luego tomó el de “Eureka”.
¿Qué es el comité Eureka? ¿Quiénes y cuándo lo conforman?
El comité Eureka es el nombre corto del Comité por la Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México. Su nombre corto es Eureka: ¡lo encontré!, porque encontramos ciento cuarenta y ocho que estaban desaparecidos.
Lo conformamos en 1975, cuando aún creíamos que lo que vivíamos eran unos hechos aislados en la Ciudad de Monterrey. Tuvimos que venir a la Ciudad de México, y como siempre aquí, enfrentamos la simulación, el engaño, la mentira de la Procuraduría General de la República. Hicimos filas, trámites, y como nuestro familiar había sido detenido desaparecido en un operativo militar, tuvimos que ir también a la Secretaria de la Defensa Nacional. Así los días se convirtieron en semanas, y fuimos sabiendo de gente que también estaba haciendo fila, que venía con los mismos casos a la Ciudad de México. Entonces fuimos platicando, organizándonos.
El Comité Eureka podría decirse que empezó su gestación en 1975, a raíz de la detención–desaparición del hijo de doña Rosario, Jesús Piedra. Tardamos aproximadamente dos años en conformarnos como un Comité con presencia en toda la república.
¿Quiénes son, eran y serán las “Doñas” dentro de la organización?
Como eran señoras las que encabezaban esa lucha, entonces de cariño aquí les decimos “Las Doñas”. Es algo muy característico de México decir así a las señoras ya grandes.
¿Doña Rosario Ibarra fue líder de este Comité?
Si, ella proviene de una familia que ha luchado siempre. A su papá le encomendó el General Lázaro Cárdenas la reforma agraria en el norte del país. Ella nació en ese ambiente familiar, de lucha. Su abuela fue de las primeras luchadoras por el voto por la mujer. Conservamos la carta que le envío el Congreso diciendo que sus peticiones se archivaban por improcedentes. Su esposo era militante del Partido Comunista. Obviamente los hijos fueron personas críticas.
A raíz de la desaparición de Jesús, que estaba organizando los estudiantes de medicina, doña Rosario dijo: “Aquí lo que se necesita, con tantas familias que tenemos estos mismos casos, es organizarnos”. Entonces podríamos decir que ella fue la cabeza de esa organización. Pudimos conjuntar a más de doscientas familias.
Esto fue a partir de 1975, con la desaparición de Jesús. El trabajo organizativo quedó conformado, de manera formal, con la constitución del comité en agosto de 1977. Nos llevó dos años de organización, sin internet ni tanta facilidad para comunicarnos y con la mayoría de detenidos desaparecidos de origen campesinos. Las compañeras iban a las sierras a exhortar a esas familias a que se incorporaran al comité, porque íbamos a empezar la lucha en la demanda y denuncia de las detenciones y desapariciones.
Usted afirmó que hay un patrón de violencia que une la represión estatal en México desde los años ’70, y que ese patrón se puede rastrear para ayudar a pensar lo que pasó. ¿Cuál es ese patrón que usted mencionó?
Partamos de los orígenes del comité. Nosotros éramos una familia común y corriente, entonces pensábamos como si esto hubiera sido un hecho aislado en Monterrey. En el momento que estuvimos aquí en la Ciudad de México empezamos a notar que todas esas familias que fuimos conociendo y sus hijos también, andaban en partes organizativas no solamente en la academia, sino que también en las fábricas y en el campo. Entonces vimos que no eran hechos aislados, sino que estaba generalizado en México. Había un patrón que era llevarse a los jóvenes de una manera muy selectiva, entre aquellos que se estaban atreviendo a seguir con la organización a pesar de los hechos del ’68 y el ’71. Algunos jóvenes siguieron organizándose en la parte, podríamos decir pública, y otros optaron por la resistencia armada.
Vimos cómo las detenciones y desapariciones tenían ese patrón muy selectivo. También vimos que cómo familiares coincidíamos en que esos jóvenes salieron de un seno familiar que también cuestionaba mucho al gobierno. Además tenemos las pruebas de que la gran mayoría de ellos, podríamos hablar más del 95%, fueron detenidos y desaparecidos en operativos militares. Hubo pequeños cercos militares para llevarse a esos jóvenes, en que participaron de la Dirección Federal de Seguridad, de la Secretaría de Gobernación. En la represión del ’68 también hubo un operativo militar. Fueron tres cercos militares en esa ocasión, con todos los agravantes. Hubo premeditación, alevosía y ventaja. Y hubo traición, porque los militares empezaron a disparar. Lo mismo pasó en el ’71. En el ’71 fueron operativos militares, aunque los militares andaban vestidos de civil. Hubo dos cercos militares y vimos cómo nuestros familiares cayeron en esos en cercos. Ese patrón que comenzó en el ’68 y se repitió hasta el ’80. Siempre eran capturas con operativos militares.
Ahorita existen también esos patrones. Van más de 150.000 víctimas y ¡no estamos en guerra!
A partir de la entrada del PAN al poder se dispararon las ejecuciones extrajudiciales y también las desapariciones en este país. Ya van más de 30.000 de los actuales, sin sumar los anteriores de la época de los ’70, los ’80 y ’90. Hay un patrón de violación a los derechos humanos.
Se supone que aquí el país está en permanente conflicto con los grupos de la delincuencia organizada, llámense cárteles de narcotraficantes o cómo se llamen. Pero cuando uno ve cómo ocurren esos asesinatos y esas desapariciones, cuando fuimos viendo las fechas de ejecuciones y en los lugares que habían sido esas ejecuciones, las características de las personas que habían sido ejecutadas, no era por características físicas ni porque pertenecieran a algún movimiento social o algún partido. Lo que vemos es que las ejecuciones se dan por oleadas, ya sean jóvenes que están haciendo ejercicio están disfrutando en todo el país, o jóvenes que están divirtiéndose, que fueron por sus cervezas a la tiendita de la esquina o compartiendo en una fiesta. Incluso hay momentos en que hubo ejecuciones de gente que estaba tatuada.
Viendo este tipo de patrones en todo el territorio nacional, nos preguntamos, ¿Se va a poner de acuerdo el crimen organizado en ejecutar jóvenes? Se supone que no se pueden ver entre ellos ¿se pueden poner de acuerdo en la manera de ejecutar y desaparecer a los jóvenes en todo el país?

Quien tiene presencia en todo el territorio y tiene esa capacidad de movilidad son el Ejército, o la Policía Federal, o la Marina o la Gendarmería. En México las cosas no se dan porque sí, no son casuales. Esto es sistémico, es una cuestión muy bien planificada.
Usted dijo una frase muy interesante para pensar las contradicciones de un estado que fue históricamente tolerante con el pensamiento de izquierda, que acogió a los exilados latinoamericanos, y por otro lado es sistemáticamente represor. Usted lo defino como “simulación y represión”. ¿por qué define así al estado mexicano?
Es que esto de simular es ancestral. Además hay que considerar la traición fundamental que hizo el Partido Revolucionario Institucional, PRI, a esa revolución a la que no respeta. Hubo un millón de muertos en esta revolución. En ese siglo fue la primera revolución triunfante. Ellos empezaron a simular y traicionar esa revolución.
Había conquistas en esa revolución de que obligaban al gobierno a ser respetuoso ante la comunidad internacional. Ellos tenían que mantener esa imagen, tenían que legitimar su acción ante las demás naciones. Pero como reprimían al mismo tiempo, aquí en México, entonces lo que hacían era simular un Estado democrático ante el resto de los países latinoamericanos.
Al gobierno mexicano, las “Doñas” le decían “El Dorian Grey moderno”: una cara espantosa internamente, pero muestra su belleza al exterior recibiendo el exilio, o ayudando a Cuba, cuando el resto de países se sumaron al boicot económico. Simulando que aquí había un gobierno de apertura democrática. Pero al mismo tiempo reprimía al pueblo mexicano.
En México preguntamos: “¿quién es el culpable, el que mata la vaca o el que le detiene la pata?” y contestamos que aquí la culpable es la vaca. La victima es el criminal y se lo merecía. En esa lógica, el gobierno lo que hace es perseguir a los jóvenes. Porque estos jóvenes revoltosos necesitan una disciplina, un orden y entonces reprime.
Pero podríamos analizar más precisamente de cómo ha sido esta represión y siempre, si usted se fija, el ’68, que el motor de ese gran movimiento fueron estudiantes, pero participó la sociedad en su conjunto. El ’71 fueron puros jóvenes los que cayeron. Si usted revisa las fotografías de la detención y desaparición de los ‘70s y ‘80s son puros jóvenes. Si mira a los 43, las caritas, ¡son jóvenes! Entonces ¿que nos están diciendo?, ¿cuál es la lógica de estos?, el joven estorba en este país. Bueno, el joven que es el que tiene la fuerza, las ganas de que esto cambie. Entonces, pues, hay que ir sobre él.
¿Hay un vínculo entre la historia de aquellas represiones y el caso de los 43 estudiantes normalistas secuestrados en 2014?
Por supuesto. Hay un dato muy importante en relación con la represión en el estado de Guerrero. Cuando nosotros empezamos a buscar a los desaparecidos de Guerrero, estoy hablando de los ‘70s, hubo compañeros que pudieron ingresar a una Comisión de la Verdad del estado y encontraron un documento muy importante. En ese documento, el secretario de la Defensa Nacional giró órdenes para que se organizara un grupo delincuencial llamado “Sangre”. Le dice por escrito que se organice un grupo de criminales para eliminar a la disidencia política. Estos grupos no existían antes, y es a partir de entonces que hay una organización de criminales en el estado de Guerrero. Lo que está diciendo el gobierno Mexicano es: “Actuemos también como criminales”. Es un estado criminal. Entonces, la delincuencia organizada, llámese de cárteles del narcotráfico o ejército mexicano, son las dos caras de la misma moneda. Que se les haya salido de control es problema de ellos, pero la semilla la sembraron ellos.
La noche de la desaparición de los 43, el 26 de septiembre, los estudiantes venían siendo monitoreados ya desde días anteriores. En el centro de análisis de información, ya sabían que los estudiantes se dirigían a la Ciudad de México. Ellos en una asamblea decidieron venir a las marchas del 2 de octubre de ese año. Pero como necesitaban 20 camiones, y no podían tomar los 20 camiones el mismo día, iban a tomar camiones escalonadamente.
Según el gobierno ellos fueron a boicotear un acto del presidente municipal, aunque el acto fue a las ocho y media de la noche y ellos llegaron a las once de la noche. El alcalde ahora está encarcelado junto a su esposa, por organizar la desaparición de los jóvenes. ¡Qué poderoso Alcalde!, ¿no? Pudo organizar a la policía municipal, a la estatal, a la federal incluyendo al ejército. ¡Qué poder!
En realidad, el 27 batallón del ejército estuvo ahí. Los informes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales, dan cuenta que ahí hubo tres cercos militares. Uno en la plaza, otro alrededor de Iguala y uno a 80 kilómetros a la redonda. La intención de los mismos era que estos jovencitos no salieran de ahí. ¡¿Qué tenían que venir a hacer a la Ciudad de México?! Ellos fueron desaparecidos por la rabia que les da a los poderosos lo que pueden estos jovencitos.
Pensando en la línea que une la historia con el presente. Hablemos del museo y de su nombre. Museos de la memoria hay en Buenos Aires, Berlín, París… Pero este es un museo de la Memoria Indómita, un nombre bien interesante

A nosotros también nos gusta mucho el nombre. Es que doña Rosario, como le decía, venía de una familia muy liberal, y en su casa se leían libros que prohibían en otras. Ella tiene esas cualidades, podríamos decir, literarias. Así fue que cuando dijeron: “bueno vamos a hacer el museo”, ella dijo: “Si, pero como al pueblo mexicano siempre le han ocultado muchas cosas, nosotros no lo vamos a hacer. Entonces vamos a ponerle Memoria Indómita”. Y nos gustó el nombre. Nosotros no somos institucionales. Ella también dijo: “no podemos ensuciar la memoria, sería traicionar a nuestros hijos. No vamos a ser institucionales. Vamos a continuar así. Aunque ganara el candidato de nuestra preferencia, vamos a tener que seguir siendo indómitos, recordándole a él y a todos, nuestra verdad. No podemos quedar bajo una institución y subirnos a su agenda. Ahí también tenemos que ser indomables”.

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