viernes, 23 de diciembre de 2016

La foto con un hombre inocente (acerca del trabajo periodístico de Anabel Hernández y sus pretendidas implicaciones)

Concedamos, por mor del argumento, que el trabajo de investigación periodística de Anabel Hernández publicado en diversas entregas en Proceso y difundido por ella en diversos foros, por ejemplo, en entrevista a Rompeviento TV, ha demostrado fehacientemente que no hay pruebas sobre la vinculación del ex alcalde de Iguala José Luis Abarca con la noche de terror de Estado, asesinatos y desapariciones en Iguala que ha dado origen y legitimidad al movimiento de los padres y madres de los ejecutados extrajudicialmente y de los 43 desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa; aceptemos también que las declaraciones de bienes de Abarca están en orden e incluso que cada peso de sus haberes es legal y es lícito.
Si lo dicho arriba es cierto, entonces Andrés Manuel López Obrador queda exonerado con todo derecho de la responsabilidad por haber llevado al poder a Abarca con su apoyo electoral, como está probado fehacientemente con fotos de campaña. Las fotos que exhibieron a AMLO, lo mismo que a Peña Nieto, a Rosario Robles, a los chuchos y a otros personajes de la clase política junto a Abarca no deberían dañar la imagen de nadie, al documentar la ausencia de pruebas contra Abarca, Anabel Hernández los exoneró a todos, aunque probablemente no era esa su intención.
Sin embargo, incluso concedida, repetimos: por mor del argumento, la inocencia de Abarca y por ello que las fotos de diferentes políticos con ella son las fotos de personajes públicos con uno de los pocos, poquísimos, hombres honrados de la clase política en México, de ello no se sigue que no tenemos ya nada que objetarles políticamente: Peña Nieto tiene un historial desde que fue gobernador del Estado de México (represión de Atenco, incluida) hasta la continuación de la guerra sucia contrainsurgente instalada por Calderón y continuada bajo su mandato, además de la continuación y profundización de la contrarrevolución en macha al menos desde los ochenta; Rosario Robles lleva a cuestas la corrupción de la que participó como presidenta del PRD, la represión de los estudiantes en huelga en la UNAM y su labor electorera y contrainsurgente como jefa de la “Cruzada contra el Hambre”; los chuchos tienen su participación en la traición a los acuerdos de San Andrés y su aporte a la contrainsurgencia en Chiapas y a la represión en diversos estados y municipios donde han sido gobierno, así como en su entrega a volverse comparsas del PRI y desfondar un proyecto político que en su origen se reclamó de izquierda.
El caso de AMLO es especialmente interesante porque una de sus divisas políticas ha sido “la honestidad valiente” y una de sus promesas programáticas de campaña el “combate a la corrupción” y a “la mafia en el poder”. Podríamos pensar que el trabajo periodístico de Anabel Hernández no es militante y que de manera  casual ha probado la inocencia de Abarca en el proceso de desmontar la mentira de la “verdad histórica” del gobierno federal priista. Sin  embargo, ya Anabel Hernández ha declarado antes que se dio a la tarea de investigar la posible corrupción de AMLO y no encontró pruebas de nada chueco: es tan inocente como Abarca. Esa declaración periodística es un posicionamiento político claro.
Si la foto de Abarca con AML0 ha quedado anulada como argumento contra él porque es solamente la foto con un hombre inocente y nadie, ni AMLO, ni Peña, ni Robles ni los chuchos, debe pasar vergüenza por esa inocente foto, como en el caso de los otros políticos, de ello no se sigue que AMLO sea inocente de todo desliz político nefasto. Anabel Hernández, o todo un equipo de periodistas muy capaces y comprometidos con esa causa, tendrían que probar la inocencia de muchos otros personajes que han crecido a la sombra de AMLO, han resucitado políticamente algunos y han tenido cargos importantes o beneficios políticos y económicos gracias a su apoyo político y electoral y, en algunos casos, han sido represores del México de abajo, además de otras siniestras corrupciones y complicidades. La lista, no exhaustiva, incluye a: Juan Sabines, Ángel Aguirre, Gabino Cué, Manuel Bartlett, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera, René Bejarano, Carlos Slim, Rudolph Giulianni, Bernardo Bátiz, Dante Delgado, Ricardo Monreal, Elena Poniatowska y un pudoroso etcétera que deja en el tintero el asunto de los hijos de AMLO como líderes estatales de Morena.
Probar la inocencia de las corruptelas de esos personajes, ligados en momentos clave a López Obrador, es una tarea titánica que no podría cumplir ni Anabel Hernández ni un equipo de profesionales de la eficiencia de ella. Y no es factible porque sería defender un imposible. Parafraseando aquel dicharajo lópezobradorista de “no le han quitado ni una pluma a nuestro gallo” podemos decir que solamente le han borrado una raya a nuestro tigre.
Todavía puede intentarse formar una burbuja alrededor de AMLO arguyendo que él no es responsable por lo que han hecho esos personajes ni antes ni después de que llegaran al poder (la mayoría, de nuevo, como reciclados) con su ayuda. Pero si aceptamos el principio de que AMLO no es responsable por llevar al poder a personajes de la calaña de Aguirre Rivero, entonces sentamos un precedente laxo que individualiza las responsabilidades y exonera partidos, grupos e incluso votantes de cualquier partido, ¿o vale sólo para AMLO? Probablemente Abarca, si aceptamos la palabra profesional de Anabel Hernández, es uno de los pocos casos de políticos honrados que AMLO llevó al poder y a puestos clave.
Y aunque este artículo forme parte de la “pequeña política”, a juicio de los analistas de la “gran política” que cartografían fuerzas globales sin dar nombres ni apellidos de seres de carne y hueso, no es un artículo que eclipse la política (el cálculo de pros y contras) en nombre de la moral: la moral la introdujeron quienes hicieron de su divisa la “honestidad valiente” y de su programa el “combate a la corrupción”. Después de todo, ellos han reducido la discusión a un asunto de: capitalismo sí, pero “sin corrupción”.

Por el contrario, podemos pensar que la relación de AMLO con semejantes personajes en contextos de alianzas electorales y de poder no se reduce a una casuística moral o inmoral, sino que tiene que ver con un proyecto político que da pie a tales alianzas, sociedades y compañías.

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