viernes, 23 de diciembre de 2016

COSMOVISIÓN INDÍGENA, FEMENINA, COMUNITARIA: SOFÍA ROBLES Y SILVIA RIVERA

DOS PENSADORAS INDÍGENAS HABLAN SOBRE EL ROL DE LA MUJER, LA COMUNIDAD, EL PODER Y LA POLÍTICA
Redacción Desinformémonos
23 diciembre 2016
La mujer es el principal sostén para que la comunidad funcione: Sofía Robles, pensadora zapoteca y mixe
Texto publicado originalmente en


Tlahuitoltepec, Oaxaca. Me llamo Sofía Robles. Soy mixe zapoteca. Mixe por adscripción y zapoteca de nacimiento. He vivido en Tlahuitoltepec por 32 años. Para definir qué es ser indígena, parto del qué es ser mixe o ser zapoteca. En mi caso es haber nacido en una comunidad zapoteca, y por otra parte estar viviendo o ser parte de una comunidad mixe. “Ser parte” implica estar en muchos espacios y muchos momentos de la comunidad.
El ser zapoteca no lo sentí desde niña, o lo sentí pero no me daba cuenta. Me daba cuenta de que era de una comunidad con fiestas, con su música, su lengua. Era el “yo soy de un pueblo, mi pueblo”. La conciencia de pertenecer a un pueblo indígena viene posterior. La conciencia de decir “yo no solamente soy de un pueblo, sino soy de uno que tiene estas costumbres, una forma de organización, que tiene fiestas y también muchos problemas”.
Ser de una comunidad implica tener obligaciones más que derechos. Un derecho es a trabajar tu tierra y a disfrutar de los servicios que la comunidad va logrando. Y ese derecho te lleva a tener la obligación de dar servicio comunitario. Al momento de convertirse alguien en ciudadano o comunero, se empieza a dar el servicio de cargos desde abajo, hasta llegar arriba o no llegar.
También implica participar en los tequios, tanto para las construcciones o actividades comunitarias para cuidar el territorio, y en las asambleas y reuniones. Como parte de los cargos está también la organización de las fiestas, tu comisión en ellas. Es toda una serie de cosas la que viene al momento de adquirir esa consciencia indígena.
La mujer indígena
La mujer es el principal sostén para que todo esto funcione. Generalmente, en la sociedad indígena y no indígena es muy predominante el reconocimiento al varón. Él siempre es la autoridad, pero al lado está el trabajo de las mujeres. Afortunadamente poco a poco se está reconociendo, aunque esto varía de comunidad en comunidad y de pueblo en pueblo. Yo tengo la fortuna, o desfortuna, de poder mirar las dos culturas. En la cultura zapoteca las mujeres tienen muchas restricciones en el acceso a la participación pública, en las asambleas, para ser elegidas a un cargo. En algunas comunidades de la cultura mixe esto es más libre.
Desde que llegué a Tlahuitoltepec, en 1984, me di cuenta de que era otro mundo. Mi sueño era trabajar con mujeres, llegué aquí y vi que ellas ya estaban insertas en la asamblea, en algunos cargos, en los comités, en los juegos con jóvenes deportistas, en la música. Era otro mundo.
Participando directa e indirectamente con el cuidado de la casa, de los hijos, en la atención al esposo, las mujeres son fundamentales para que la comunidad avance. En los tequios y en las fiestas su trabajo es muy fuerte para que todo se desarrolle.
Hay que decir también que la cuestión de la perspectiva de género no es gratuita. El hecho de ser mujeres para muchas personas implica que a fuerzas nos tenemos que dedicar al trabajo doméstico. ¿Cómo cambiar esta cuestión? El chip lo traemos las mismas mujeres, y cuesta mucho trabajo quitarlo. Casi es visto natural, pero nos toca deshacerlo en la misma familia, en la educación. Incluso a las mujeres profesionales les toca vivir eso.
El trabajo del hombre siempre es más reconocido. Aquí nosotras tenemos derecho a la tierra y heredarla, pero en muchos lados no es así. Se siguen impidiendo cargos a las mujeres porque creen que sólo los hombres son quienes piensan, y lo peor es que muchas mujeres lo creen.
El camino es muy largo todavía, por eso se hacen talleres y se abren espacios para la participación de las mujeres.
Comunalidad e individualidad, complementarias
En las comunidades indígenas existe una fuerte pertenencia a la tierra, al cosmos, hay una relación constante, desde el nacimiento. A los niños se les celebra desde que nacen con ofrendas en los cerros, junto con la iglesia católica. El ritual está en la muerte, en la siembra, en la cosecha, en la crianza de los animales, en las fiestas. Todo esto implica compartir con la gente y cumplir con las divinidades. En todos los momentos del ser humano el ritual es muy importante.
La comunalidad tiene que ver con el trabajo, el desarrollo de la comunidad, el que el pueblo se reproduzca, con todo. En el momento en que se hacen las asambleas comunitarias, las fiestas o los trabajos colectivos, ahí está lo comunal. Esa idea de lo comunal y lo colectivo es muy fuerte. Nadie va a decir que cuando se está haciendo un servicio se está haciendo un favor.
No. Estás dando un servicio. Es tu responsabilidad. La comunalidad, a partir de la teorización que han hecho de la palabra, habla de lo común. La casa común, el trabajo común. Es todo aspecto de la vida en la que vivimos.
La comunalidad y la individualidad son cosas complementarias.
Nosotros tenemos nuestra vida individual y personal. La comunidad le asigna a cada uno de sus miembros un cargo y se siente esa responsabilidad de cumplirle a mi comunidad para poder sentirme parte de ella. Pude haber elegido lo contrario a lo que me nombraron, pero el hecho de formar parte de la comunidad, además de tener un pedazo de tierra en ese espacio, me obliga a cumplir.
En la cultura zapoteca, como en la Guelaguetza, existe el “yo te doy ahora, tú me das después, cuando yo también lo necesite”. Existe también la Gozona que es “tú me trabajas a mí ahora, y yo te devolveré ese día”. Es una manera para procurar el campo aunque se ha ido perdiendo.
En la cultura mixe se da más la ayuda en la cuestión del trabajo. Por ejemplo, el que va a hacer la fiesta tiene que buscar a sus ayudantes. Diez, quince, veinte familias que le ayuden a su organización. Tiene que ser con mucha anticipación. Si se va a hacer en mayo, en agosto ya hay que buscar a los ayudantes. Desde el momento que asegura el cargo de capitán inmediatamente busca quien le ayude por ocho o diez días, de forma gratuita.
El maíz
El maíz es central en la vida del indígena, sobre todo de los campesinos. Mi suegra es campesina y para ella el maíz es sagrado. Hay que cuidarlo mucho, porque es como la vida. Es “el sentir” desde el cuidado de la siembra a la cosecha. Por eso se hacen ofrendas desde el inicio. También cuando está eloteando el maíz se hace una pequeña fiesta y en la cosecha se agradece. Todos los ciclos tienen su ritual.
La preparación del equipaje
Con los muertos también tenemos nuestros rituales. Cuando alguien muere hay que preparar muy bien su equipaje: sus tortillas, su agua, todo lo que necesite para que no le falte en el camino. Cambia de mundo. Se hace también la ofrenda en el cerro, a las mujeres se les reza siete días y a los hombres nueve. Los restos se ponen en el panteón, en la iglesia. Se mezcla el ritual con lo católico. La presencia de los muertos siempre está y en su día se les espera con el altar muy bien preparado, pues llegan los hijos, compadres, esposos.
Cuando hay problemas fuertes en la comunidad las autoridades recurren a los ancianos, a la gente que ya tiene la experiencia y el conocimiento. Dentro de la familia se les respeta mucho. A veces los jóvenes pierden ese sentido incluso con el saludo a los más grandes. Todo depende de la educación en la casa.
La educación es necesaria. En el caso de Tlahuitoltepec ha habido propuestas educativas que insisten en que la escuela debe incluir los saberes de la comunidad, del servicio, las costumbres, la alimentación, para que no se pierda la vinculación de los muchachos con su pueblo. En la secundaria no se ha podido incidir mucho. No hay un fortalecimiento de las lenguas, ni nada por el estilo. La política educativa viene de arriba y no profundiza.
La educación comunitaria que se recibe en cuanto a la comunidad misma se vive y se reproduce dentro de ella. Aquí los niños juegan a las asambleas o a los capitanes o a la costumbre, como a la ofrenda. Estas cuestiones se reproducen en la comunidad, no en la escuela. Es una herencia.
Vive la lengua
Desafortunadamente muchas familias están dejando de enseñar la lengua, pero sigue viva. Es decir, está viva pero se está perdiendo. En mi familia, por ejemplo, el zapoteco llegó hasta mi generación. Mis hijos ya no van a hablar zapoteco, aunque, afortunadamente, mixe sí.
El pensamiento indígena es muy profundo, igual las reflexiones, y todo eso se expresa a través de la lengua. No se pueden realmente traducir. Incluso lo indígena o la comunalidad, es muy difícil que quien no es hablante lo comprenda en su esencia. Aunque se hable español, si no está vinculada la expresión no se le entiende, porque nosotros lo vivimos, no lo definimos.
Todo lo que se practica, el hecho de nombrar a las autoridades, que ya no queremos partidos sino elegirnos entre nosotros mismos, son pequeños avances para esa traducción. Pero finalmente tenemos que usar esas palabras como indígena, autonomía, comunalidad, para seguir exigiendo nuestros derechos.
Tenemos ideas que en castellano no existen como palabras o no significan lo mismo. Es difícil hacer la traducción. Nosotros no decimos, por ejemplo, “los pueblos indígenas”, decimos “los dueños de la tierra o del entorno”.
Cuando se empezó a traducir la cuestión de los derechos fue un gran trabajo. Si tradujéramos literalmente el derecho sería como “damos seguimiento” o “exigimos algo”. Se ha trabajado en decir “¿y aquí cómo lo nombro?”. Cuando trabajamos con mujeres que no hablan español o lo hablan poco, decimos “lo que nos corresponde” u otros términos que nos permitan adecuar la lengua. Para nombrar la justicia, por ejemplo, en realidad decimos “lo correcto”, “lo que debe ser”.
Los cargos, de abajo hacia arriba
Tienes que empezar abajo hasta llegar a los cargos de toma de decisiones. Alguien que no conozca la comunidad es difícil que pueda desenvolverse bien en un cargo. En la práctica de los partidos políticos y las tribus familiares, si no eres familiar o amigo no llegas.
No sé cuál sería la fórmula para un buen gobierno, pero al menos aquí es posible hacer la asamblea, que es como la parte fundamental porque se toman las decisiones, y si se avalan por la comunidad, serán reconocidas por ella. Además son servicios gratuitos, mientras que si yo quiero estar en la política, tengo que meterme a ella con un partido o de forma independiente.
En Oaxaca, en nuestra experiencia con el próximo gobernador, es una persona totalmente ajena al estado. Dices cómo es posible, pero son ya acuerdos de partidos, aunque para muchos sea inconcebible.
Elegimos a nuestras propias autoridades de manera independiente, y hemos logrado que nos respeten en algunas comunidades. En otros pueblos se han filtrado los partidos políticos, y aunque son sistemas y usos y costumbres, funcionan como eso, como partidos.
Aquí en Tlahuitoltepec hay una particularidad. Hayas estudiado o no, seas de la profesión que seas, si te ponen en el cargo más bajo tienes que hacerlo. Hay ingenieros, médicos, arquitectos que son vocales o secretarios municipales.
En el caso de las mujeres, con el cambio de leyes se está dando el cambio en las comunidades. Aquí desde 1982 empezó a haber mujeres en el cabildo, secretarias suplentes, secretaria titular, tesorera, y así diferentes cargos. No es forzado para nosotros, no es una novedad que ellas estén incluidas, aunque hay años en que no haya mujeres.
Los partidos políticos no son la principal amenaza. Las amenazas ahora son las leyes, los proyectos energéticos, las minas, todo lo que están planeando para los territorios indígenas. Los partidos pasan y pasan y aquí no cambia nada. Todo lo que estamos haciendo para proteger los territorios indígenas o su forma de organización se viene abajo por las reformas que hace el gobierno federal. Y sin territorio no hay nada. Hay proyectos como presas, minas, proyectos eólicos. Los partidos tienen las manos amarradas y los Congresos también. Todo ya está dado.
La resistencia
Nosotros como pueblos resistimos con el trabajo. Realmente la vida de la comunidad es muy intensa porque siempre está. Hay reuniones, asambleas, tequios, servicios. A quien le toque estar en un año en el servicio, tiene que dedicarse a él. Ésa es la manera de resistir. Estando, viviendo, cumpliendo las obligaciones comunitarias.
         Lo que nos falta es la organización regional o la vinculación entre pueblos a nivel región, estado y país. La necesitamos fortalecer, y eso requiere mucho esfuerzo.
Yo empecé a reflexionar lo indígena cuando regresé a trabajar a mi región después del bachillerato. La reflexión sobre la mujer también fue en ese tiempo. Cuando llegué aquí las mujeres trabajaron conmigo. Aprendí a participar, a opinar. En las asambleas de hombres me quedaba callada; aunque me revolotearan las ideas, no salían. Me costaba mucho trabajo hablar.
Una candidatura indígena puede alborotar el sueño de los poderosos: Silvia Rivera
Desinformémonos
23 diciembre 2016.
Cambio de paradigma
Hemos pensado en los indios sin haber asumido realmente las consecuencias de qué es lo indio, qué es lo indígena, qué es lo originario. Se trata de un cambio de paradigma. Hay que explorarlo, hay que experimentarlo y buscarlo en el corazón de cada mestizo y de cada persona. Cada ser humano que está involucrado con la memoria de su país y de su pasado tiene un indio dentro, tiene a todo el Continente. Se debe entender que el ser indio es un paradigma totalmente diferente para enfrentar el mundo y para relacionarse con él. A eso le llamo episteme, y no a un color de piel o un poncho.
El episteme indígena está mucho más avanzado en México que en otras partes del mundo, tanto  en comunidades zapatistas de Chiapas como en las mixes y zapotecas de Oaxaca, o con los yaquis de Sonora. En el tema de la comunalidad está muy asumido el episteme del diálogo con las plantas, el conocimiento de hierbas medicinales, lo que tiene que ver con la  naturaleza.
En México hay algo muy enriquecedor en la marginalidad del movimiento indio, porque se ven en la necesidad de ser seriamente indios, indios de verdad. Es algo trabajado desde adentro, no desde la apariencia o la superficie, y eso genera la posibilidad de otra cosa. Si se habla de candidaturas, existe una especie de capacidad de construcción del poder desde abajo que va a permitir un cierto nivel del mandar obedeciendo.
Una candidatura indígena –como la propuesta por el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)– puede alborotar el sueño de los poderosos y, por otro lado, alimentar qué es nuestro proyecto y cómo se lo decimos a la masa de despistados que está cargada con sus celulares, envilecidos por el consumo. Creo que estas iniciativas pueden seducir y sanar almas, cuerpos, generar creatividad epistémica en chicos jóvenes de universidades, porque hay potencial para moverle el piso al poder. A mí me importa un huevo si una candidatura así le quita votos a otros, lo importante es que le suma votos a la alternativa y la diversifica. Se tiene que reconocer la alternativa, darle nombre y contenido, práctica, y eso veo que está muy avanzado en las comunidades de aquí, por ejemplo en Oaxaca. Es otro México.
Las situaciones de derrota tienen otra cara, la gente empieza a movilizarse porque sabe quién es el enemigo y eso permite la posibilidad de la autocrítica y autoconciencia, por lo que tiene un efecto revelador y educativo. La derrota se transforma en una crítica consciente y por tanto en potencia organizativa sobre la paz, desde abajo. La paz se construye en los hogares, con los animales, las plantas, con todos. Hay un surgimiento impresionante de colectivos, grupos que se organizan y que construyen esperanza.
Es interesante ver cómo en estas circunstancias se transforma la hiel en miel. En Bolivia, por ejemplo, esto está activando a muchos grupos de jóvenes, que se autoconvocan para pensar lo indio desde dentro. Se hacen talleres, se hacen acompañamientos a las causas como el aborto, hay chicos que hacen graffitis. Todo eso da esperanza.
Sin duda habrá grupos puristas, dentro de los aliados, que cuestionen una candidatura de esta naturaleza, pensando que se someten a las reglas del poder. En todos los casos tenemos un riesgo de purismo que resulta contraproducente. Donde se debe tener el techo de lo que se puede y se tiene que hacer es en la ética. Sin un techo ético hasta las medidas más aparentemente radicales se pueden venir abajo, pero con ética se puede entrar haciendo grietas sin mancharse el alma, adoptando una estrategia, un eje, que es trabajar con contradicciones sin perder el rote de ese episteme que da la seguridad de que el poder no va a engolosinar. Por otro lado sabes que no estás consumando el poder, sino construyendo visibilidad, discurso, episteme, potencial organizativo.
¿Un partido de izquierda en México tiene condiciones para encarnar la organización comunitaria en zapoteco, en mixe, en tzotzil? En tzotzil, como en huitoto y aymara, hay cuatro personas gramaticales y se estudian juntas como una persona. ¿Tiene un partido como Morena o cualquier otra entidad, capacidad de formular un nosotros que es a la vez singular y colectivo? ¿Cómo no se va a enriquecer su propuesta dialogando con esa otra esfera de poder, de pensamiento, de acción? Lo que están manejando los zapatistas y el CNI, hasta donde entiendo y con la poca información que hay, es una forma alterna para hacer las cosas desde abajo, no es la clásica relación que han hecho todas las guerrillas en zonas recuperadas. La diferencia zapatista es un regalo de la humanidad.
Hago un reconocimiento muy caluroso a cómo avanzó el zapatismo, y toda la base previa de articulación indígena de los setentas en Oaxaca. La irradiación de esa otra episteme, de ser indio en la práctica interna, ayuda a perfilar el por qué del fracaso del Evo Morales en Bolivia. Y viceversa, el fracaso de Evo puede aconsejar cautela para las estrategias políticas que se están dando en la macropolítica. La lección negativa puede ser muy útil.
Hay una metáfora que nos ayuda a entender: con un sólo fósforo se puede vivir un mes, porque metes la brasa bien arropada en la ceniza y al día siguiente soplas y está viva la brasa. Esa es la gran metáfora para los tiempos malos. Hay que cuidar esa brasa, hay que abrazarla y arroparla para que se mantenga respirando y no se enfríe. Eso en el futuro va a dar un chispazo y luego un incendio. Pero el problema con las derrotas es que se deja apagar la flama: la gente emigra, se va, se dedica sólo a su vida personal.
Mantener la brasa también es comunicarse entre México, Colombia, Bolivia, los mapuche, los zapotecos, los tsotsiles, todos. Lo problemático con las opciones políticas indias es la impaciencia de los demás. La formación de la clase media de izquierda es impaciente políticamente.
En Bolivia el gobierno no es indio, sólo tiene la apariencia
El gobierno de Evo Morales no hace lo que dice la Constitución.
En los hechos, en Bolivia hay una penetración progresiva del capital y la inversión estatal china y rusa, que están destruyendo el medio ambiente con inversiones gigantescas de infraestructura como el tren bioceánico, represas, una planta nuclear que para colmo se ubicará en un lugar de El Alto donde hay una falla geológica.
El gobierno tiene subordinado al poder judicial, cualquier miembro del poder judicial que funciona autónomo al gobierno, que hace preguntas, automáticamente le sacan acusaciones. Hay un montón de abogados presos o prófugos, jueces y fiscales en el exilio por las presiones del gobierno. A la vez, hay un entramado de corrupción, intereses estratégicos de otros países y sumisión. Un colonialismo internalizado. Las élites mestizas que dominan Bolivia son megalómanas, la otra cara del complejo colonial.
La crisis arranca con la formación de un organismo llamado Movimiento al Socialismo (MAS) que nos hace creer que no es un partido. Viene con el discurso de que es la articulación de los movimientos sociales. El tráfico intelectual detrás de esa concepción implica una voluntad de capturar a los líderes y disfrazarlos de MAS a través de un membrete prebendado y corrupto. “Te doy esto si estás conmigo”. Es una escalada de beneficios personales a los líderes y las instituciones.
El otro problema es su visión macro del “desarrollo”. Para ellos no hay desarrollo sin fábricas grandotas, carreteras, minas. Es una vaina que tienes que “mostrarle” a la gente. Si haces una investigación sobre el mejoramiento de semillas, no se ve.
El drama de las mujeres es el machismo de los sindicatos con los que negocian las obras, no importa qué, con tal de que sea grandote. Eso ha llevado a un despojo epistemológico de lo que significa lo indio.
Espistemicidio: estás matando una concepción del mundo que no va por lo grande sino por lo pequeño, no por la acumulación sino la protección de la vida, la reproducción de lo que existe, la mejora de la salud. Nada apunta al empoderamiento del conocimiento indígena de salud. Se da la paradoja de que se niega el Servicio Universal (Suni) a las madres que no se atienden en las clínicas, sino con parteras. ¿Cuál multiculturalidad, cuál “plurimulti”, cuál “nación indígena”?
Para no hablar de la no consulta a las comunidades. Las leyes de Minas y de ONGs de 2013 que liquida la crítica. Han cerrado el Cedla, que resistía firme por sus investigaciones impecables que demostraban que ya no hay soberanía alimentaria, hay un nivel brutal de desbosque en la Amazonía. Han liquidado a la disidencia, meten en cana a periodistas, les quitan sus medios, les intervienen y falsean sus cuentas. Es la paranoia de los poderosos, con el sentimiento de que sólo ellos tienen la razón y son incapaces de escuchar.
Un gobierno que habla de la Pachamama, que se presentó citando lo de “mandar obedeciendo”, resultó lleno de mestizos colonizados. Todo esto tiene que ver con el ethos. Piensan que un país como el nuestro necesita un gobierno centralizado. Para ellos las autonomías indígenas son paja. Ahora se quitan competencias a los municipios “disidentes”. Centralizan inversiones para desfondar municipalidades y gobernaciones que no son incondicionales.
Cambio de paradigma
Un gobierno indígena auténtico no hubiera recurrido a esos disfraces y rituales falsos para los turistas y la prensa. Poncho, ritos falsos y color de piel no son “lo indio”. Para mí, consiste en una episteme y eso implica varias cosas claves. Una es reconocer que los sujetos no humanos, montañas, ríos, animales, son entidades con las que dialogas. Todo lo hermoso que es entender la relación del trabajo agrícola con la relación metabólica, cósmica con la tierra.
Un segundo elemento es el diálogo con los muertos. Viven, hablan y orientan a los vivos, y permiten identificar los límites éticos que no puedes rebasar.
El tercero: crear, vivir, tramar comunidad es la reproducción de la vida, implica una ética del cuidado por parte de hombres y mujeres. Otro tipo de relación hombre-mujer que también permita superar las brechas y jerarquías entre el trabajo humano y el intelectual, porque lo que haces con las manos es parte del metabolismo con el cosmos, porque participas en el ciclo de reproducción de la vida. Estas cosas son fundamento del pensamiento andino.
En términos de democracia, si haces comunidad, las decisiones no las toma el dirigente ni el individuo. Supone que tengas la ética del cuidado y la reproducción de vida por el bien de todos los partícipes en esta cadena trófica. El tema de las mujeres es una cuestión de ética colectiva, pero su papel tradicional retrocede, penetrado por la lógica del sindicato. A nivel de la comunidad de base, donde el dirigente es controlado por la comunidad, es mucho más fuerte en el tejido comunitario la presencia de las mujeres, porque los hombres son los que migran. También este nivel se ha deteriorado. La soberanía alimentaria está en retroceso. Hasta la comunidad más de base ha sido afectada por esa idea de desarrollo.
En 2001, el 62% de bolivianos se identificaba como indígena; en 2012, el 43%. Se está dando una “desafiliación étnica”, una erosión de la identidad india bajo un gobierno presuntamente indio. Lo que ni la dictadura ni los gobiernos neoliberales lograron. Todo bajo una espectacularización de lo indio. ¿Es posible un gobierno indio en una tierra mestiza? Me parece un suicidio colectivo del movimiento indígena no apuntar a la descolonización de los mestizos. Que haya mestizos dispuestos a volver a la tierra, aprender el idioma, hacer el rito en su corazón y no en la televisión.
El cuarto elemento de la episteme es acercarse a la lengua. Pues también hay desafiliación lingüística. Se empobrecen los recursos de la creatividad intelectual que ofrece el aporte indio para una nueva sociabilidad, una nueva forma de hacer política, otra relación con el mundo y la vida. Mandar obedeciendo verdadero, y no cuatro dirigentes que le obedecen a un líder.
El fracaso de Evo es el de todos y todas. Desde el principio dejamos pasar el machismo y otras cosas, nos creímos de que éramos un movimiento de movimientos. Ya en 2010 es claro que no, con el gasolinazo. Y en 2011 la lucha contra el TIPNIS lo hace más explícito. Pero una masa de gente apoyó a los indios y Evo revirtió el plan; lo mantiene vivo, pero no intocado.

El trasfondo más importante es la Ley Minera, una vez pasado lo del TIPNIS.  Revela los verdaderos intereses. Elimina la consulta previa, se da el monopolio del agua a la empresa minera. Cuando la gente comunitaria protesta parando una mina, se considera “avasallamiento del trabajo”. La ley no garantiza el resguardo ecológico ni el tratamiento de residuos. Declararon la minería “prioridad nacional” y dan concesiones sin límite. Ni la dictadura. Y luego el avasallamiento de los parques, creados en los 90 con gobiernos neoliberales. Todo se sacrifica a minas, petróleo y caminos.

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