martes, 13 de septiembre de 2016

LA NOCHE DE LOS LÁPICES, Argentina, 40 años. Película completa y artículo de opinión

LA NOCHE DE LOS LÁPICES
Publicado el 28 de mayo de 2015
Argentina, 1986.
Película completa en español
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Sinopsis y Argumento publicados por Wilkipedia
SINOPSIS:
LA NOCHE DE LOS LÁPICES es una película argentina dramática-histórica dirigida por Héctor Olivera y protagonizada por Alejo García Pintos, Vita Escardó, Pablo Novak y Leonardo Sbaraglia. Escrita por Olivera y Daniel Kon y basada en el libro homónimo de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez, se estrenó el 4 de septiembre de 1986. El film recrea el suceso real conocido por el mismo nombre: en septiembre de 1976, durante los primeros meses de la última dictadura cívico-militar argentina, siete adolescentes de la ciudad de La Plata fueron secuestrados, torturados y asesinados por reclamar el boleto estudiantil, una reducción en el precio de los billetes de transporte para estudiantes.
La película recrea la historia desde el comienzo de las protestas estudiantiles de 1976 hasta 1980, cuando el único sobreviviente del grupo secuestrado fue liberado. La primera parte del film relata la actividad de los adolescentes y la ominosa razzia en la que fueron secuestrados y encarcelados; la segunda narra las circunstancias de la prisión y tortura de los jóvenes, siguiendo paralelamente la situación de las familias de los cautivos y la de sus captores.
El film se centra más en la experiencia física y psicológica de los personajes que en el contexto político y social imperante en la dictadura, desarrollando la historia de una manera que ésta se vea como universal y capaz de suceder en cualquier régimen autoritario, concentrándose en la situación de los seres humanos bajo extrema presión.
ARGUMENTO:
Corre el año 1975 en Argentina. A los estudiantes de diferentes colegios se les quita el Boleto Estudiantil —con el que obtenían un importante descuento en la tarifa del viaje en colectivo— durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón. El mismo suponía un alivio esencial en sus economías, por lo que los estudiantes de la ciudad de La Plata deciden realizar una marcha de protesta en la que puedan participar miles de jóvenes acuciados por el mismo problema. Diferentes delegados de agrupaciones de estudiantes se congregan en uno de los colegios secundarios con el fin de organizarse y marchar hasta el edificio de Obras Públicas con el fin de presentar un petitorio para la adjudicación del Boleto Estudiantil Secundario (BES). Entre ellos, se encontraban alumnos del Colegio Nacional, Bellas Artes y de la Escuela Normal Nº 3, entre otros. La policía había previsto la protesta y estaba esperando para reprimirla. A la llegada de los estudiantes la policía ataca y hiere a muchos de los manifestantes.
Seis de los jóvenes que acudieron a la marcha —María Clara Ciocchini, Claudia Falcone, Claudio de Acha, Daniel Racero, Horacio Húngaro y Francisco López Muntaner— se encontraban en diferentes grupos de militancia política. Dedicaban varias de sus horas libre a enseñar a niños de barrios pobres de La Plata, a la recuperación de viviendas y a la lucha por el BES, entre otras cosas, lo cual los pone en la mira directa de la inminente dictadura de Videla. Pocos meses después del golpe de Estado, en la madrugada del 16 de septiembre del 1976, entre las 0:30 y las 5:00 h, llega una comisión militar a cada una de las casas de los estudiantes que pertenecían al grupo político. Los secuestradores del grupo de tareas se presentan como policías de La Plata, y sacan violentamente de sus casas a los jóvenes, mientras los maltrataban y amenazaban con armas a los padres de estos. Con el secuestro de los seis estudiantes se da inicio al hecho histórico conocido como la Noche de los Lápices. Pablo Díaz, al enterarse lo que le había ocurrido a sus compañeros, se ausenta de su domicilio por unos días hasta que su padre le pide que regrese. La misma noche del regreso, el 21 de septiembre de 1976, es secuestrado de su domicilio con el mismo modus operandi.
Los jóvenes son amordazados y encerrados en un centro de detención clandestino conocido como "Pozo de Banfield" junto a otros estudiantes que habían participado en las protestas del boleto estudiantil. Allí son torturados con picanas (pringues eléctricos) o se les arrancan las uñas para averiguar así más información sobre los grupos políticos a los que pertenecían y sobre el movimiento de protesta; las jóvenes, dos de las cuales se encontraban embarazadas, también son torturadas y manoseadas o violadas en reiteradas oportunidades. A los varones los desnudan completamente, dejándolos conservar solo los calzoncillos durante el resto de su cautiverio. Los amigos luego son traspasados a cuartos pequeños e individuales, amordazados, los chicos en calzoncillos y con los ojos vendados. Se les alimenta con agua y pan únicamente.
Cuando Pablo Díaz llega al primer centro de detención, en el cual los represores buscan obtener información torturando a los cautivos, este se entera por otros detenidos que sus compañeros estuvieron en el mismo lugar que él, pero fueron trasladados. A los pocos días, Pablo es trasladado al centro de detención clandestino, y lo colocan dentro de una pequeña celda, en calzoncillos (al igual que sus compañeros) con los ojos cegados y las manos atadas. Allí descubre que sus amigos y compañeros están en celdas aledañas a las de él y se comunican por medio de los techos, que están enrejados. De esta manera, tratan de sobrellevar el día a día del horror que les toca vivir, charlando o alzando sus voces para cantar los himnos de la época: Rasguña las piedras y Canción para mi muerte, ambas de Sui Generis. Mientras tanto, los familiares de los detenidos luchan en pos de encontrarlos, hablando con oficiales del Ejército y funcionarios del Estado.
Casi todos los estudiantes secuestrados son asesinados y sus cadáveres hechos desaparecer. Pablo Díaz es liberado en 1980, luego de ser trasladado al Poder Ejecutivo Nacional (PEN). Esto significaba pasar a ser un detenido legal y no clandestino. El film termina con Díaz siendo liberado y pidiéndole a sus compañeros que no pierdan la esperanza, asegurándoles que ellos también saldrán de su encierro.
Un texto final señala que Díaz fue uno de los pocos sobrevivientes del terrorismo de Estado que ejerció la genocida última dictadura cívico-militar, y gracias a su testimonio, brindado en el Juicio de las Juntas en 1985, y su participación en el guion de esta película, esta historia pudo ser contada. El resto de sus 6 compañeros secuestrados el 16 de septiembre de 1976 continúan desaparecidos.
ARGENTINA. LA NOCHE DE LOS LÁPICES - 40 AÑOS
La importancia de recordar a estos jóvenes como parte de la militancia revolucionaria en la Argentina.
Laura García Vázquez
América Latina en movimiento
12/09/2016
La Noche de los Lápices es parte de la historia del genocidio ocurrido en nuestro país que no sólo dejó el terrible saldo de 30.000 desaparecidos sino también huellas difíciles de superar en nuestra sociedad aún hoy a tantos años de estos sucesos. Para ser precisos el objetivo principal que era el transformar un país y hacerlo más dependiente y servil hacia los negocios privados y extranjeros fue tan eficaz que, por nombrar algunas de sus facetas, dejó un conjunto de leyes que no fueron derogadas ni por el mejor de los gobiernos en estos más de 30 años de democracia.
El relato y la valoración de estos hechos también cambian con el tiempo adaptándose al transcurrir del tiempo y a los cambios culturales que se reflejan en la apreciación de la historia de nuestro país.
Diez jóvenes de entre 16 y 18 años son los protagonistas de esta fatídica jornada: María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, Daniel Racero, y Horacio Ungaro permanecen desaparecidos, mientras que Pablo Díaz, Gustavo Callotti, Patricia Miranda y Emilce Moler son los sobrevivientes de este episodio.
Durante muchos años, el relato simplificado que llegó a la mayoría de la sociedad era que estos jóvenes, estudiantes secundarios, luchaban por el Boleto Estudiantil, y que ese fue el motivo de su secuestro y de la desaparición de la mayoría de ellos. Es decir, eran jóvenes que militaban por un derecho justo y simple como el boleto estudiantil. Esta manera de ver los acontecimientos se emparenta con la de creer que los desaparecidos lucharon por democracia formal, por el funcionamiento de las instituciones, por las libertades individuales y no por las verdaderas causas que motivaron su militancia.
Está claro que nuestro país no tenía estabilidad democrática, pero también que esto, como siempre, hay que mirarlo desde un contexto más amplio y ver que era la realidad de toda América Latina. La militancia revolucionaria en la Argentina que se desarrolló entre 1966 y 1978 iba por mucho más que esa formalidad, por mucho más que el derecho al boleto estudiantil. No estamos desmereciendo este derecho, importantísimo y por el que muchos jóvenes se organizan y luchan hoy en día, un derecho imprescindible en un país que carece de un sistema de transporte público, democrático, económico y ecológico. Simplemente reconocemos y nos parece que no hacerlo sería quitarles identidad a estos estudiantes, que sus aspiraciones eran otras, que iban más allá.
Evidentemente este operativo tuvo el objetivo concreto de atacar la militancia en los colegios secundarios, pero la extrema juventud de estos compañeros no constituye una excepción de la época sino todo lo contrario, sepamos que el 43,23% de los desaparecidos tenía entre 16 y 25 años, y es el segmento más numeroso de todos.
En respuesta a la pregunta de por qué militaba, Emilce Moler, una de los sobrevivientes, responde en un reportaje: "En esos años era imposible no hacerlo, y yo tenía claro que quería trabajar para que no hubiera más pobres".
Creemos que no puede resumirse mejor el conjunto de ideales, el proyecto de una sociedad distinta con justicia en todos los órdenes, que en la idea concreta de terminar con la pobreza, tenemos que agregar a esto, especialmente para los jóvenes, que esa idea era realmente algo posible y muy alejado de lo que puede considerarse utópico, era algo que podíamos alcanzar para nuestro pueblo.
Esta militancia se planteaba la lucha para la toma del poder para cambiar la sociedad, para crear una nueva, con nuevos valores como la justicia social, la solidaridad, la igualdad de posibilidades, la soberanía, la unidad latinoamericana, la liberación nacional y social. Y para esto era imprescindible el hombre nuevo del que nos hablaba el Che Guevara.
Hoy, en esta etapa que nos toca transitar, debemos enfrentar un gobierno elegido mediante el voto popular que defiende abierta y cínicamente los intereses de las empresas privadas y extranjeras, muy lejos de los intereses reales del pueblo todo, decimos cínicamente ya que en su campaña tuvieron el coraje de hablar de pobreza 0 e inmediatamente luego de asumir tomaron medidas que empeoraron las situación social, económica y cultural de la mayoría de los argentinos. Esta situación está acompañada, como lo marca nuestro origen, dentro de un proceso que vivimos como latinoamericanos en la región y nos exige construir las alternativas emancipadoras y de integración autónoma sin prisa y sin pausa.
En este contexto histórico recordamos y homenajeamos a los compañeros y compañeras de la noche de los lápices, 40 años después.
Como argentinos tenemos la obligación de recordar en profundidad nuestra historia y nuestros muertos, LOS DESAPARECIDOS NOS FALTAN A TODOS es una verdad que se hará carne en nosotros cuando podamos concretar ese sencillo y fundamental sueño de nuestros compañeros y compañeras desaparecidos, sencillamente: "que no haya más pobres" en nuestra patria.

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