domingo, 11 de septiembre de 2016

Megacausa La Perla: “CONDENADOS POR EL PUEBLO, CONDENADOS POR LA JUSTICIA”

Fuente: Red Nacional de Medios Alternativos – rnma.org.ar
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Enredando las Mañanas
Conversación con Gloria Di Rienzo
Red Latina sin fronteras
Publicado: 10 septiembre, 2016
A tan solo días de que se conozca la sentencia de la Megacausa de La Perla/Campo de La Ribera, donde se juzga a 42 represores por delitos de lesa humanidad, en Enredando las Mañanas compartimos una extensa conversación con Gloria Di Rienzo, historiadora y ex presa política. En ella, desgranamos la trascendencia política y simbólica de este juicio, más allá de la esperada condena a los responsables del terrorismo de Estado.
Por RNMA.
 “Condenados por el pueblo, condenados por la justicia”
(conversación con Gloria Di Rienzo)
La primera reflexión que comparte Gloria Di Rienzo con la audiencia del ELM, tiene que ver con el contexto en el que se da la finalización de este juicio que lleva desarrollándose más de tres años y que, entiende, “tiene una trascendencia a nivel nacional e internacional”.
Al respecto, sostiene que es importante señalar que “lo que nos está pasando en los últimos 40 años es que por primera vez en nuestro país estamos viviendo la permanencia de las instituciones democráticas sin interrupciones y, a la vez, también en nuestra historia argentina, se juzga a los criminales responsables del Terrorismo de Estado. Es decir, todos lo que estamos viviendo en este momento, somos de alguna manera testigos de una situación que antes no había sucedido en nuestra historia. Es decir, el juicio en su momento a las Juntas Militares, que se produjo en 1984, y casi 20 años después los juicios que comienzan a desarrollarse a partir de que se declara la nulidad de las leyes de impunidad, son un logro enorme, no sólo en materia jurídica, como obligación del Estado para brindar protección y seguridad a todos los habitantes, sino también desde el punto de vista del cumplimiento de obligaciones como miembro de la comunidad internacional. Pero este logro también trasciende lo jurídico, porque está señalando modificaciones en la cultura política; cuando se ve la masividad cada vez mayor de las marchas de los 24 de marzo ese ‘Nunca Más’ no es para atrás solamente, sino que es a futuro también y a presente. A mí me parece que ese aspecto es muy importante y que en la actual coyuntura la disputa por esa memoria, y sobre todo por la memoria política, se ha intensificado, a partir de la nueva gestión de gobierno de Cambiemos con el presidente Macri”, señala. Los circuitos del terror
Gloria narra la manera en que su propio recorrido por distintos centros de terror de la dictadura dan cuenta de trayectorias repetidas por miles de presos y presas políticas, marcados por “la detención, la incomunicación, las torturas, el maltrato y luego las cárceles, cuando el ejército y las fuerzas armadas toman las cárceles”. Testimonio de ese período fue el juicio que, durante el 2010, juzgó a los responsables de los fusilamientos en la UP1. “Bueno -continúa-, todo eso lo he vivido como testigo, y luego los traslados al penal de Devoto, donde años después recuperé mi libertad. Es una trayectoria que con algunas variantes, digamos, lo hemos pasado todos los presos políticos con el agravante de aquellos que ya incluso previo al golpe militar, recorrieron lo que actualmente ellos le llaman los lugares de detenidos, es decir, los que conocemos como campos clandestinos de detención. La situación en esos casos era de una indefensión total con procedimientos ilegales de detención, donde se negaba que se tenía a los detenidos allí, lo cual impedía la defensa y las garantías de los mismos. Lo que también trajo la consecuencia de los miles y miles de personas desaparecidas que aun en la actualidad son una marca, una huella imposible de borrar y un dolor muy difícil de superar en los familiares, a lo que se suma también el secuestro y la apropiación de los niños nacidos en cautiverio”.
La banalización del mal
La sobreviviente comparte su preocupación en torno a la manera en que se intenta minimizar, o banalizar, el Terrorismo de Estado. Para Di Rienzo, “la implementación en estos últimos años de los juicios por este tipo de delitos considerados de lesa humanidad, hace que se tenga  que ver un aspecto que puede ser semántico, pero que no lo es. Antes se hablaba de asesinatos, ahora hablamos de asesinados, con nombre y apellido. O de imputados o criminales, y ahora esos criminales tienen nombre y apellido y están sentados en un banco esperando que los procesos terminen, y algunos con condenas ya efectivas. A lo que voy -continúa pausadamente-, es a que muchas veces el lenguaje minimiza los efectos de los hechos producidos aquí. Es notable en estos últimos tiempos, sobre todo a partir de la nueva gestión del gobierno nacional, el interés que hay en los sectores de poder de, mediante argumentos falaces, minimizar y banalizar la justicia en términos de este tipo de delitos. Es decir, hay delitos cometidos por personas que eran miembros del Estado y que actuaron al amparo del Estado para cometer este tipo de crímenes aberrantes, lo cual no debe ser de ninguna manera puesto en consideración o como elemento en función de lo que se llama la reconciliación o la pacificación nacional. Nunca la pacificación nacional puede estar basada en el elemento de la impunidad o de soslayar este tipo de crímenes cometidos por el Estado”.
Para Di Rienzo la importancia es doble: “cuando se resuelva, cuando el tribunal oral emita su fallo con toda la prueba presentada, con todo lo que han ido aportando los testigos, además de la importancia en cuanto al fallo condenatorio que seguramente descuento que será así, tendrá una gran importancia en cuanto al poner en conocimiento de la sociedad muchas cosas que han pasado y que por diversas razones a veces no se ve, o no se ha querido escuchar”. Gloria sostiene que “no ha sido fácil ese aporte (de quienes prestan testimonio), porque es remover historias de mucho dolor, de mucha impotencia y que muchas veces no se han compartido ni aun familiarmente aspectos de lo sucedido”.
…y la teoría de los dos demonios
Gloria insiste en que “hay muchos aspectos simbólicos en esto que van significando de alguna manera rupturas con prácticas que son nefastas. No se puede permitir que el Estado se arrogue el derecho de matar a sus propios ciudadanos, no se puede permitir la tortura, no se pueden permitir grupos de tareas amparados por el mismo Estado y formados por el mismo Estado que asesinen, que secuestren, que maten, y tampoco se puede dejar de lado todos los intentos de volver a instaurar la teoría de los dos demonios.  Los grupos de poder hoy están muy interesados en reflotar esos términos binarios con los que se ha pretendido siempre separar a la sociedad, en la cual hubo dos contendientes, pero casualmente no son iguales, nunca han sido iguales: uno es el que había que destruir, y el otro el que cumplía su deber. Es decir, que aun en esa equiparación de dos demonios, existe la mentira porque no son iguales. Pero a su vez, es como que hay un tercer elemento que es la sociedad, que es hacia quien está dirigido ese dispositivo, esa explicitación o argumentación justificatoria de lo que aquí sucedió, y que es la sociedad. Una sociedad que se pretende poner como estática, como receptora, como expectante, o simplemente testigo de los dos contendientes, cuando si uno se pone a pensar, ¿es posible eso? ¿Es posible que en la sociedad no haya personas que estén de acuerdo con un proyecto de liberación nacional y social o que otros grupos de personas no estén de acuerdo con la implementación del Terrorismo de Estado? Es decir, es una falacia muy bien construida y que apunta precisamente a minimizar los efectos del Terrorismo de Estado, pero también apunta a que la sociedad en su conjunto no pueda visualizar ni la causalidad de por qué se producen los actos de Terrorismo de Estado, ni tampoco se alcance a comprender profundamente lo que son las consecuencias de los genocidios en nuestras sociedades actuales”, reflexiona. Uno de los hechos que marcó esta renovada visita a la teoría de los dos demonios fue el editorial del diario La Nación del 23/11/15, apenas al día siguiente de la victoria de Mauricio Macri, titulada: “No más venganza”.
Al respecto, Di Rienzo se pregunta: “¿venganza de qué? Acá es la justicia, el poder judicial el que está actuando. Aquí no hubo justicia por mano propia, no hubo ese tipo de acciones ni por parte de los familiares ni de los sobrevivientes y los que están siendo juzgados en este momento, los responsables de estos crímenes, tienen todas las garantías que el derecho les otorga, a la defensa, en fin, todas las garantías que no brindaron a las víctimas del Terrorismo de Estado. A mí me interesa plantear -continúa- los motivos por los cuales desde los grupos de poder se pretende imponer nuevamente este discurso. Porque uno no puede dejar de ver que en este momento, muchos de los que están gobernando han sido beneficiarios del Terrorismo de Estado. Entonces, al hacer una defensa como la hacen de estas supuestas víctimas de venganza, como le llaman a estos ‘pobres ancianos’ que deben soportar penurias producto de la incomprensión, lo que se está buscando, en realidad y no solo a través de acciones judiciales, es minimizar las condenas; incluso hasta se ha hablado de probables indultos, o buscar prisiones domiciliarias. Además, hay otro aspecto que no está planteado directamente, pero otorgar y fomentar este tipo de impunidad no es solamente un decir ‘bueno, ya está, ya basta con este tipo de situaciones, basta de venganza, de juicios, la sociedad está cansada’. También están buscando deslegitimar los legítimos reclamos de los sectores populares que tienen en nuestro país una larga trayectoria de lucha por la justicia social. Porque no nos olvidemos, ¿a qué apuntó el golpe de Estado del ‘76 y todos los anteriores? Apuntaron a destruir la resistencia popular a los planes de mayor explotación y opresión, que provocaban y provocan tanto sufrimiento en el pueblo, en los sectores trabajadores. Y ante eso, históricamente, nuestros trabajadores, a través de los gremios, a través de agrupaciones, a través de organizaciones, siempre han resistido, siempre han luchado en contra de ese tipo de políticas. Y eso es lo que me parece que apunta hoy plantear ese ‘ya está, aquí no pasó nada’ porque oculta precisamente esa larga trayectoria de lucha de nuestro pueblo y de todos los trabajadores por un país en donde realmente sea efectiva la justicia social”.
Vivir en paz
Para Di Rienzo, lo que se juega, “lo que siempre va a estar en disputa, son las distintas formas de lo que se aspira de organización del país. Un país en donde para las grandes mayorías exista y pueda disfrutar de todos los derechos, de toda la justicia, eso es vivir en paz. Vivir en paz no es ocultar la miseria y ocultar los actos represivos y los abusos de las políticas institucionales, es ponerlas en evidencia y realizar lo que corresponda. Estos hechos que se están juzgando hoy tienen una gran trascendencia porque se nota el deseo de, aun en los pequeños detalles, aun en lo que puede ser considerado un abuso, que no haya una rampa en un colectivo para subir una silla de ruedas, aun eso, ya se está internalizando en la sociedad como un derecho humano. Es decir, ¿qué significa vivir en paz? Vivir en paz es eso, vivir regidos por el derecho, disfrutar de todos los bienes y en un marco de justicia social. Si no, es imposible”.
Tampoco el hecho de que el segundo campo de concentración del país en la dictadura cívico-militar-eclesiástica se haya localizado en Córdoba  es para la historiadora una casualidad «este juicio aquí en Córdoba tiene una gran trascendencia por la particularidad  de Córdoba, siempre fue un epicentro muy importante donde se desarrollaron grandes luchas, el Cordobazo, el Viborazo, hitos, muchas luchas y no es casual que en Córdoba haya habido tanta saña por parte de los grupos de poder, tanta represión, sobre todo  dirigido al movimiento obrero, no nos olvidemos que los dirigentes sindicales que estaban adelante de esas luchas obreras eran jóvenes, tenían 25, 27 años. Jóvenes y totalmente convencidos en cuanto a lo que significaba estar al frente de un sindicato, de un gremio, y lo que significaba la defensa de los derechos de los trabajadores».
 “Ser parte de este país”
Para Gloria, hay otra dimensión que “es importante señalar, es la de pensar en los familiares, en los padres, en las madres de los desaparecidos que hoy asisten diariamente a las jornadas del juicio aquí en Córdoba y que estoicamente a veces han debido soportar hasta inexplicables argumentaciones o falaces defensas, incluso explicitaciones de los mismos acusados con respecto a lo sucedido, y sin embargo allí están, con la frente bien alta y digna, manifestando sus esperanzas en que este juicio cuando termine, este fallo que habrá, estas sentencias que seguramente habrá, no les devolverán a sus hijos o a sus hijas, pero sí los harán sentir que son parte también de este país. Porque una nación no se forma con exclusiones, una nación, un país no puede vivir solamente beneficiando siempre a un sector, no solo económicamente sino en todos los otros planos. Entonces, yo recuerdo cuando fue uno de los primeros juicios aquí, que fue la causa Brandalise, cuando ese día que se dicta el fallo, se pone en la calle el himno nacional. Ese día me parece que por primera vez, al cantar el himno, me sentí parte íntima de esta tierra. Y entonces es muy significativa esta inclusión que estoy señalando. Somos parte de un proceso que genera este tipo de situaciones que a veces no son muy visibles, porque la justicia a nivel del derecho, siempre es posterior a los hechos, solo restaña, no restituye. Entonces, restañar heridas me parece que es algo fundamental, y sobre todo la conciencia de que no son heridas cualquiera, son heridas producidas por el mismo Estado”.
Condenados por el pueblo, condenados por la justicia
“A lo largo de nuestra historia -recuerda Di Rienzo-, siempre ha habido posiciones diferentes con respecto a determinados hechos, por ejemplo, la ‘Campaña del Desierto’, y lo que se dice, el genocidio que se hizo contra los pueblos indígenas del sur. En este caso, yo creo que un hecho trascendental de estos juicios va a ser que en lo que es el relato histórico de nuestro proceso como país, ya no va a haber dudas, nadie va a decir ‘Videla, Menéndez, etc., hicieron lo que debían hacer’. No. Son condenados por el pueblo, condenados por la justicia y no hay oportunidad de otro tipo de relato dicotómico o que ponga en duda lo que aquí sucedió. Ese me parece un hecho fundamental, que es un legado también para las generaciones posteriores, que no haya dudas en cuanto a lo que aquí pasó y porqué se juzgan este tipo de crímenes”.