viernes, 16 de septiembre de 2016

De vividores, engañifas, partidos, sindicatos y demás fauna socialdemócrata estamos hasta la madre

OTRAS CABEZAS DE LA HIDRA
La Voz del Anáhuac
Septiembre de 2016
MULT-PUP, Ubisort, Morena..., la cúpula del STRM, y no se diga el PRD, el PT, el MLN, y en general toda la socialdemocracia que apuesta al parlamentarismo, al reformismo, son apéndices del Estado. Sean paramilitares como el MULT-PUP, neocharros como el STRM, paraestatales como el PRD y el PT, simuladores y falsos como Morena, el MST, el MLN. De sus prerrogativas, subsidios, dádivas se mantienen, aspiran a más y por eso se afanan en engañar al pueblo trabajador, engatusarlo, hacer que vaya por el camino de la institucionalización, sean partidos políticos, sindicatos, organizaciones políticas o sociales. Mientras más gente embauquen más prebendas podrán recibir del Estado. Ese es su modus vivendi, su modus operandi engañifa. De eso estamos hasta la madre. Son instrumentos de control del Estado, son parte de la institucionalidad. Usan máscaras para parecer que son del pueblo, para hacer creer que son de lucha, pero están al servicio del Estado-capital, de la hidra capitalista dominante.
Nosotr@s creemos que la lucha del pueblo trabajador, la lucha anticapitalista honesta debe ser totalmente independiente del Estado y de sus órganos de control. Creemos que debemos organizarnos de manera autónoma, apoyarnos en nuestras propias fuerzas. Esto es ir a contracorriente y evidentemente por eso nuestro trabajo es precario. No contamos con más recursos que los que nosotros mismos aportamos. La única ayuda que aceptamos es la que la gente sencilla y humilde, como nosotr@s, aporta en el bote cuando distribuimos La Voz del Anáhuac, lo que recibimos de la venta de folletos, artesanía, CD’s o DVD’s editados por nosotros. Del gobierno, de los partidos y demás fauna, no queremos nada.
Sí, sabemos que algunos de los artistas que se han solidarizado con nosotros, acuden también a eventos que organizan Morena, el MULT-PUP, el PRD, el gobierno en sus casas o foros de cultura, o ferias del libro y demás. Sabemos que ese es su modo de vida. Ese es su trabajo, de eso viven. A donde les paguen van. No es muy ético que digamos, pero así es. ¿Qué podríamos decirles? ¿Cuestionarlos? Es su decisión, su opción, los límites de su ética. No es abundante su campo de trabajo. Igual entre ellos haya quienes recurran a las becas del Estado. Habrá quienes piensen que es válido, que al fin y al cabo, todos los recursos que maneja el Estado le fueron exprimidos al pueblo, vía impuestos. Pero nosotr@s no estamos de acuerdo en protestar levantando el puño izquierdo y cobrar con la mano derecha.
Es la misma historia ancestral de los juglares, que para sobrevivir estaban dispuestos a ser bufones de la corte, con una cara muy distinta a la que presentaban en las plazas públicas, ahí sí se les perseguía porque lo que cantaban, rimaban, declamaban, actuaban, danzaban con los de abajo les parecía subversivo a los de arriba.
Hace años, cuando los hijos de un compa del colectivo eran aún  niños, sus compañeritos de la escuela o vecinos del barrio les preguntaban: “¿cuánto le pagan a tu papá por hacer eso?” Su respuesta siempre fue muy clara: “Al contrario, él pone de su salario para que el boletín salga, si se atuvieran a lo que la gente les coopera en el bote, hace mucho que ese boletín habría desaparecido”.
En este colectivo no hay paga. Todo el trabajo es voluntario y colectivo. No hay una cuota que cada integrante deba aportar. Cada quien aporta de su tiempo, de su recurso, de su trabajo, lo que puede, según su voluntad, su compromiso, su conciencia.
En el colectivo hay quienes diseñan y serigrafían sus propias playeras, tejen sus pulseras, imprimen artesanalmente libros inéditos, descontinuados, agotados, pero que son esenciales para el estudio, para la formación teórica, tan necesaria para todas y todos.
Si el precio de sostener esta posición independiente, autónoma, autogestiva es ser precarios, ni modo, lo preferimos así, no podemos, no debemos decir una cosa y hacer lo contrario. Nuestro compromiso con la lucha nos impone ser congruentes con nuestra palabra.

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