miércoles, 6 de julio de 2016

El Salvador: Roque Dalton. El Estado no ha cumplido el derecho a la verdad y acceso a la justicia

Fuente: Arpas
América Latina en movimiento
La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) emitió ayer una resolución sobre el asesinato de Roque Dalton, ultimado por sus mismos compañeros guerrilleros en mayo de 1975, bajo la ridícula acusación de ser un “agente cubano” o “miembro de la CIA”.
En la resolución, el Procurador David Morales señala que el Estado salvadoreño (Fiscalía y Sistema Judicial) no ha cumplido el derecho a la verdad y acceso a la justicia, a pesar de las demandas promovidas por los familiares del poeta revolucionario.
Según la PDDH, el Estado “no realizó los actos necesarios que condujeran a una adecuada investigación de los hechos y a evitar la impunidad de los mismos”. La resolución señala también la “falta de medidas de reparación”.
La Procuraduría responsabiliza por este incumplimiento a la Fiscalía General de la República, al Juzgado Noveno de Paz y la Cámara Tercera de lo Penal de la Primera Sección del Centro de San Salvador.
La resolución indica que “la información histórica disponible y que es pública aporta elementos suficientes para presumir la participación de la alta dirigencia del entonces Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en la ejecución extra legal de Dalton”.
La PDDH señala directamente a los señores Joaquín Villalobos Huezo y Jorge Antonio Meléndez López, este último es aliado del actual gobierno de izquierda y se desempeña como secretario de Vulnerabilidad de la Presidencia, cargo que ocupa desde la gestión del ex presidente Mauricio Funes.
Villalobos admitió el crimen años atrás, aduciendo falta de experiencia y calificándolo como “un error de juventud”. Meléndez se molesta cuando le preguntan sobre el caso.
Poeta, escritor, intelectual y militante de izquierda. Dalton dejó un vasto legado literario y político, que extrañamente no es reivindicado por la izquierda gobernante.
La resolución de la PDDH sobre el asesinato de Roque Dalton es un vehemente llamado a terminar con la impunidad histórica.
En impunidad están también las numerosas masacres, asesinatos, desapariciones forzadas, torturas y demás crímenes cometidos por las fuerzas gubernamentales y escuadrones de la muerte financiados por la derecha oligárquica, antes y durante la guerra civil.
La impunidad de estos delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y graves violaciones a los derechos humanos, se ve favorecida por la vigencia de la ominosa Ley de Amnistía que los “honorables” magistrados de la Sala Constitucional no quieren declarar inconstitucional.
Y mientras la desvergüenza gobernante en El Salvador sostiene la vergonzante impunidad del asesinato del poeta Roque Dalton, acá, desde este pequeño y humilde espacio, lo recordamos como se debe, con algunos de sus poemas rebeldes, comprometidos con la lucha que entonces se libraba en El Salvador por la dignidad, por la libertad, por la justicia:
         Va desde aquí un sincero y fraterno abrazo a todas y todos l@s que en América Latina y el Mundo siguen luchando. Ese es el mejor homenaje a Roque Dalton y a todas y todos los que han sido asesinad@s en esta lucha por la humanidad.
La Voz del Anáhuac.
LOS BURÓCRATAS
Los burócratas nadan en un mar de
aburrimiento tempestuoso.
Desde el horror de sus bostezos
son los primeros asesinos de la ternura
terminan por enfermarse del hígado
y mueren aferrados a los teléfonos
con los ojos amarillos fijos en el reloj.
Los burócratas tienen linda letra
y se compran corbatas
sufren síncopes al comprobar
que sus hijas se masturban
deben al sastre
acaparan los bares
leen el Reader Digest
y los poemas de amor de Neruda
asisten a la ópera italiana se persignan
firman los pliegos nítidos del anticomunismo
los hunde el adulterio
e suicidan sin arrogancia
tienen fe en el deporte se avergüenzan
se avergüenzan a mares
de que su padre sea un carpintero.
SOBRE NUESTRA MORAL POÉTICA
No confundir, somos poetas que escribimos
desde la clandestinidad en que vivimos.
No somos, pues, cómodos e impunes anonimistas:
de cara estamos contra el enemigo
y cabalgamos muy cerca de él, en la misma pista.
Y al sistema y a los hombres
que atacamos desde nuestra poesía
con nuestra vida les damos la oportunidad de que se cobren,
día tras día.
SOBRE DOLORES DE CABEZA
Es bello ser comunista, aunque cause muchos dolores de cabeza.
Y es que el dolor de cabeza de los comunistas se supone histórico,
es decir que no cede ante las tabletas analgésicas
sino sólo ante la realización del Paraíso en la tierra. Así es la cosa.
Bajo el capitalismo nos duele la cabeza
y nos arrancan la cabeza.
En la lucha por la Revolución
la cabeza es una bomba de retardo.
En la construcción socialista
planificamos el dolor de cabeza
lo cual no lo hace escasear,
sino todo lo contrario.
El comunismo será, entre otras cosas,
una aspirina del tamaño del sol.
LOS POLICÍAS Y LOS GUARDIAS
Siempre vieron al pueblo
como un montón de espaldas que corrían para allá
como un campo para dejar caer
con odio los garrotes.
Siempre vieron al pueblo
con el ojo de afinar la puntería
y entre el pueblo y el ojo
la mira de la pistola o la del fusil.
(Un día ellos también fueron pueblo
pero con la excusa del hambre y del desempleo
aceptaron un arma
un garrote y un sueldo mensual
para defender a los hambreadores
y a los desempleadores).
Siempre vieron al pueblo aguantando
sudando
vociferando
levantando carteles
levantando los puños
y cuando más diciéndoles:
“Chuchos hijos de puta el día les va a llegar.”
(Y cada día que pasaba
ellos creían que habían hecho el gran negocio
al traicionar al pueblo del que nacieron:
“El pueblo es un montón de débiles
y pendejos -pensaban-
qué bien hicimos al pasarnos
del lado de los vivos y de los fuertes”).
Y entonces era de apretar el gatillo
y las balas iban de la orilla de los policías
y los guardias
contra la orilla del pueblo
así iban siempre
de allá para acá
y el pueblo caía desangrándose
semana tras semana año tras año
quebrantado de huesos
lloraba por los ojos de las mujeres
y los niños
huía espantado
dejaba de ser pueblo para ser tropel en guinda
desaparecía en forma de cada quién que se salvó
para su casa y luego nada más
sólo que los Bomberos lavaban
la sangre de las calles.
(Los coroneles los acababan de convencer:
“Eso es muchachos -les decían-
duro y a la cabeza con los civiles
fuego con el populacho
ustedes también son pilares
uniformados de la Nación
sacerdotes de primera fila
en el culto a la bandera el escudo
el himno los próceres
la democracia representativa
el partido oficial y el mundo libre
cuyos sacrificios no olvidará
la gente decente de este país
aunque por hoy no les podamos subir el sueldo
como desde luego es nuestro deseo”).
Siempre vieron al pueblo
crispado en el cuarto de las torturas
colgado
apaleado
fracturado
tumefacto
asfixiado
violado
pinchado con agujas en los oídos y los ojos
electrificado
ahogado en orines y mierda
escupido
arrastrado
echando espumitas de humo sus últimos restos
en el infierno de la cal viva.
(Cuando resultó muerto el décimo Guardia Nacional.
Muerto por el pueblo
y el quinto cuilio bien despeinado
por la guerrilla urbana
los cuilios y los Guardias Nacionales
comenzaron a pensar
sobre todo porque los coroneles
ya cambiaron de tono
y hoy de cada fracaso le echan la culpa
a “los elementos de tropa tan muelas que tenemos”).
El hecho es que los policías y los Guardias
siempre vieron al pueblo de allá para acá
y las balas sólo caminaban de allá para acá.
Que lo piensen mucho
que ellos mismos decidan si es demasiado tarde
para buscar la orilla del pueblo
y disparar desde allí
codo a codo junto a nosotros.
Que lo piensen mucho
pero entre tanto
que no se muestren sorprendidos
ni mucho menos pongan cara de ofendidos
hoy que ya algunas balas
comienzan a llegarles desde este lado
donde sigue estando el mismo pueblo de siempre
sólo que a estas alturas ya viene de pecho
y trae cada vez más fusiles.
POEMA DE AMOR
Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como “silver roll”
y no como “gold roll”)
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas,
por estafadores, por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
(“me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño”),
los que llenaron los bares
y los burdeles de todos los puertos
y capitales de la zona
(“La Gruta Azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos
al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo,
o de las picadas del escorpión o la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraron borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieva del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.
ALTA HORA DE LA NOCHE
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
No pronuncies mi nombre
cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.

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