martes, 28 de junio de 2016

País Vasco: 36 años después, José Miguel Etxeberria “Naparra” continúa desaparecido

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Víctimas del Estado: Verdad, justicia, reparación
Ahotsa Info
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Publicado el 15 de mayo de 2016
Víctimas de la violencia del Estado español se reunieron en Iruñea para ofrecer su testimonio y poner encima de la mesa sus reivindicaciones. Tras años de ninguneo y persecución, se muestran optimistas ante la actitud de las nuevas instituciones, pero subrayan que queda mucho camino por recorrer para lograr la verdad, la justicia y la reparación. Y sobre todo, que no se vuelva a repetir.
36 años después, Naparra –militante de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA)- continúa desaparecido
A pesar de que en 2014 la ONU reconoció al militante de los CCAA como víctima de desaparición forzosa e instaba a los gobiernos español y francés a investigar el caso, poco más se sabe de lo que ocurrió con José Miguel Etxeberria tras su secuestro por supuestos mercenarios del BVE.
11 de junio de 1980. Bakunin, así es como se conocía a Naparra, acude a una cita que tenía en Ziburu. Estaba refugiado en Iparralde con tan solo 22 años y supuestamente, el Batallón Vasco Español (organización de extrema derecha ligada a los aparatos del Estado español) reivindicó el secuestro y su muerte mediante cinco llamadas a diferentes a medios de comunicación. En uno de esos comunicados situaban la desaparición cerca de Xantako (Donibane Lohizune) y apuntaban después que el cadáver había sido llevado por dos gendarmes (de los cuales ofrecían incluso su descripción física) a la zona de Dax. La búsqueda de su cuerpo fue intensa, hasta tal punto que un lago cercano a Xantako fue explorado por amigos buzos de la familia.
Diario 16 hizo sus propias investigaciones en 1985 y concluyó que Naparra había sido asesinado por mercenarios del clan Perret. Esas fueron todas las pistas a las que pudo acceder la familia, a pesar del empeño de todos sus miembros que se reunieron con miembros del Comité de Refugiados Políticos Vascos y posibles testigos para saber más y encontrar al menos el cuerpo para poder descansar. Pero poco más se supo, y quienes podían ofrecer más datos, como por ejemplo Julio Cabezas Centeno, Escaleras, infiltrado en los Comandos Autónomos Anticapitalistas, murió sin revelar nada de lo que podía saber. Años después, el juez de la Audiencia Nacional española Ismael Moreno tampoco quiso tomar declaración a mandos policiales como el exgeneral José Antonio Sáenz de Santamaría o el famoso torturador Billy el Niño.

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