sábado, 25 de junio de 2016

Argentina: NO a la megaminería! Seguimos resistiendo, denunciando, proponiendo…

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Red latina sin fronteras
Declaración: Para cerrar Veladero: lucha, unidad y organización
Las organizaciones e individuos abajo firmantes, quienes vivimos y luchamos por una vida digna en Argentina y en distintos puntos del mundo, nos manifestamos con todas nuestras fuerzas exigiendo el cierre inmediato de la megaminera Veladero, ubicada en la provincia de San Juan, Argentina, emprendimiento de la transnacional Barrick Gold.
En Jáchal e Iglesia, departamento de Iglesia, provincia de San Juan, Argentina, la Barrick Gold se ha instalado hace más de 10 años en la Cordillera de los Andes, en un proyecto que ocupa una zona periglaciar, estratégica por la presencia de agua y glaciares.
En 2014, esta misma empresa debió dejar de funcionar en Chile, debido a que el Poder Judicial avaló las denuncias de las comunidades originarias del Valle de Huasco, por la contaminación de sus aguas y sus tierras, y la destrucción de su economía regional.
Poco después, en Septiembre de 2015, se hizo público el derrame de más de un millón 1.250.000 litros de solución cianurada en el Río Jáchal, fuente de agua de ríos de San Juan, La Rioja, Mendoza y Córdoba. Al principio, negaron la contaminación. Luego, intentaron minimizarla, reduciendo las cantidades del desastre. Pero no pudieron esconder más lo que venía pasando. Los habitantes de Jáchal e Iglesia, organizados en las calles, pusieron su grito en el mundo para denunciar lo que había pasado. Y a pesar de la represión, los amedrentamientos y desdenes, no pudieron callarlos.
Este hecho no es un accidente aislado. Es de público conocimiento el impacto ambiental negativo generado por la megaminería –actividad minera a gran escala que se practica a cielo abierto dinamitando las montañas, y que comúnmente utiliza una “sopa química” para extraer los minerales buscados, destruyendo ecosistemas frágiles, de difícil recomposición. Estas empresas transnacionales saquean nuestras riquezas y territorios y dejan a su paso la contaminación del agua, el aire y el suelo, destruyendo lazos sociales comunitarios, generando pobreza, trata de personas y represión, tanto estatal como a través de patotas contratadas. No hay más que ver el desastre ambiental y social dejado en Minas Gerais, Brasil, por las megamineras Vale y BHP. Esta región ha quedado enterrada bajo lodos tóxicos, dejando trabajadores muertos, pueblos desolados, ríos regados de animales muertos y un curso de agua que no podrá ser bebida y que ya llega al Océano Atlántico.
Jáchal y Minas Gerais, entre otros casos, nos muestran que la amenaza latente de una megaminera es destruir el ambiente del cual somos parte como seres humanos. En cada lugar donde exista megaminería, estamos con los minutos contados para vivir estos desastres, ya que no hay tecnología que pueda evitar este tipo de incidentes. Lo que ocurrió en Jáchal no tiene vuelta atrás, y lo pagarán nuestros descendientes y la naturaleza durante muchos años. Tantos, que ninguno de nosotros volverá a ver al Río Jáchal descontaminado en lo que queda de nuestras vidas. Jáchal y Minas Gerais son la evidencia presente de lo que sufren Andalgalá (Catamarca, Argentina), Cajamarca (Perú), El Dorado (El Salvador), y otros muchos pueblos en Latinoamérica y el mundo, a pesar de las grandes luchas populares dadas.
Nos sobran los ejemplos y no alcanzarían ni cientos de declaraciones para denunciarlos. No hablamos de accidentes porque decimos que lo que la megaminería presenta como crecimiento –más empleo o mejora de la calidad de vida de la población- para nosotros no es más que muerte, contaminación, saqueo, pobreza y represión. El progreso de esas empresas es nuestra decadencia.
La megaminería es un gran ejemplo de este sistema de producción capitalista donde el capital financiero especula con nuestras vidas, usando nuestros recursos para hacer negocios en los bancos y acumular dinero. Los que vivimos de nuestro trabajo y de la tierra no vemos ningún beneficio de estos negocios: el 80% de los minerales quedan en los bancos, 18% en joyería de lujo y 2% en tecnología. Estas empresas reciben beneficios impositivos para instalarse, y luego se van sin hacer ningún tipo de remediación ambiental. Un negocio redondo en el que nosotros pagamos con nuestra calidad de vida.
Con estas empresas, además, está siempre el Estado garantizando que esto ocurra, con los gobiernos de turno. En Nuestra América abundan nombres de gobernantes que han entregado nuestros tesoros a las arcas de las multinacionales. En Argentina, desde Carlos Menem hasta Mauricio Macri, pasando por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, junto con gobiernos provinciales y locales, han sido los soportes de este sistema. No importa cuántos fuegos artificiales se tiren entre el Frente Para la Victoria y Cambiemos, ambos han mostrado alzar sus manos juntos y firman acuerdos mancomunados cuando de defender a la megaminería se trata.
Sabemos lo que hace la megaminería, pero también sabemos que en Argentina y en muchos países de Nuestra América y del resto del mundo, las trabajadoras y trabajadores, el campesinado y compañeros y compañeras de los tantísimos pueblos originarios que luchan por sus territorios y su cultura, nos organizamos unitariamente y luchamos para echar de nuestros territorios a esos proyectos megamineros, instalados o en proceso de hacerlo. Por eso reconocemos que con la lucha hemos logrado frenar el avance de este modelo extractivista que nos contamina y mata. Son ejemplos la lucha en Esquel, Loncopué, Famatina, Chilecito, Tinogasta y Mendoza que lograron echar a las mineras que en estas ciudades se intentaron instalar. El “No a la mina” venció y nos proponemos continuar en esa línea.
Nosotros y nosotras seguimos resistiendo, denunciando y proponiendo. Y cuando hablamos de “nosotros/as”, incluimos por supuesto a nuestros compañeros, los trabajadores de las megamineras, unos de los y las principales afectados, a pesar de la fantasía que nos quieren imponer… Porque las megamineras dicen traer empleo a regiones que, previamente, han sido empobrecidas con la destrucción de las economías regionales y la consecuente pérdida de lugares de trabajo. El empleo que ellas “brindan” no es más que el que ellas y los gobiernos cómplices eliminan al destruir las producciones que ya existían en esos territorios. Así, no dejan más remedio que “elegir” la única fuente de empleo que queda, amasando su fortuna en función de la explotación de los trabajadores y la destrucción de la naturaleza. Luego, sólo les queda continuar ocultando e intentando destruir las alternativas: la posibilidad de trabajar la tierra organizados familiarmente o en cooperativas y la producción agroecológica como respuestas contundentes ante el saqueo capitalista.
Por todo lo mencionado, continuaremos gritando ¡Fuera Barrick de San Juan, Argentina y de Nuestra América! ¡Fuera Barrick del mundo entero! Como así lo hacemos con cada una de las megamineras. Todas responsables en conjunto con el Estado -en todas sus instancias- y sus gobernantes, de lo ocurrido en Jáchal. Seguiremos organizándonos para visibilizar esta problemática y en difundir las luchas, puerta de entrada para el rechazo potente a la megaminería que hoy existe en Argentina.
¡Fuera Barrick Gold!
¡Fuera las Megamineras!

Convoca: Multisectorial contra el extractivismo en apoyo a los pueblos de Jáchal e Iglesia