domingo, 2 de octubre de 2016

10 DE JUNIO 1971, LA MASACRE DEL JUEVES DE CORPUS, TESTIMONIO 45 AÑOS DESPUÉS.

A continuación presentamos un testimonio del 10 de junio de 1971. Un estudiante de una vocacional del IPN que, pasado el tiempo escribe su testimonio. Nos comparte el sentir y pensar que entonces existía entre algunos activistas politécnicos. 45 años después de la masacre del Jueves de Corpus, perpetrada por el gobierno de Luis Echeverría, utilizando al grupo paramilitar de Los Halcones, testimonios como este pueden servir para que estos crímenes no se olviden, para que la historia se escriba por quienes la vivieron, para que nunca se olvide a quienes cayeron luchando por un mundo donde la libertad y la justicia sean una realidad y no sólo palabras huecas en los discursos de los políticos.
         Ya habían transcurrido cerca de 3 años desde la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, cuando ocurre esta otra. Estos crímenes de Estado fueron para muchos activistas de la época una demostración de que en México se habían cerrado las vías pacíficas y civiles de lucha. Que no quedaba otro camino que el de la lucha revolucionaria. Que el sistema dominante en México ya no puede reformarse, que es necesario destruirlo de raíz y construir otro diferente. Donde no haya lugar para la explotación del hombre por el hombre. Un sistema de libertad, justicia y democracia. Dos caminos se anduvieron con esta finalidad: el alzamiento armado y la integración con el pueblo en las fábricas, el campo y los barrios.
         Desde 1965 comenzaron a surgir organizaciones guerrilleras en el campo. Después de 1968 también en las ciudades. El Estado desató una guerra de exterminio. Muchos fueron asesinados, desaparecidos, torturados, encarcelados. En marzo 1973 los sobrevivientes de estos grupos y otros se unieron para formar una organización clandestina decidida a derrocar a la burguesía y crear una nueva sociedad: la Liga Comunista 23 de septiembre.
La Voz del Anáhuac.
 ‘Ganar la calle’ ¿a cualquier precio?
En mayo de 1971 estalló en huelga la Universidad Autónoma de Nuevo León contra una Ley Orgánica impuesta por el gobierno, que a través de patronatos la ponía en manos de los grupos empresariales y corporativos sociales y políticos de la oligarquía regiomontana, una de las más reaccionarias del país. Luchaban por una reforma universitaria democrática, oponiéndose a la privatización.
Se había programado por parte del Comité Coordinador de Comités de Lucha una marcha de solidaridad con este movimiento. Sin embargo, la realización de la manifestación se aplazó porque se pretendía que la encabezaran los ex presos políticos del 68 que regresaban del exilio. Para cuando esto ocurrió, ya se había derogado la Ley Orgánica de la UANL que había originado el conflicto. Con esto, el motivo principal de la marcha se diluía para la nueva fecha programada por el CoCo: el 10 de junio.
Entre otros, los Comités de Lucha de Física y Matemáticas, Voca 3, ESIME y Biológicas se opusieron a esta marcha. Nos enteramos de ello por un comunicado que emitieron. No estaban de acuerdo, con que el movimiento siguiera girando en torno a los (ahora ex) presos políticos, que incluso la fecha para movilizarnos estuviera condicionada al momento en que regresaran a México, para “encabezarnos”. Se oponían a que los siguiéramos viendo como “vacas sagradas”. Por otra parte, porque ante el hecho de que el conflicto en la UANL estaba aparentemente ‘resuelto’, el riesgo de que la manifestación fuera reprimida era mayor. Estos comités de lucha consideraban que más allá de “ganar la calle” o no, lo fundamental en esos momentos para el movimiento estudiantil, era ‘organizar a los estudiantes en torno a sus demandas concretas, de manera independiente del control estatal-priísta, para estar en condiciones de apoyar de manera real y efectiva las luchas populares’.
Este planteamiento se había hecho público meses antes en el folleto llamado Unifiquémonos, adoptado  como línea política del movimiento estudiantil por los Comités de Lucha de ESIME, ESIA, Física y Matemáticas, Ciencias Biológicas, Vocacional 3 y activistas de Economía, Enfermería y Vocacionales 6 y 8. ‘Apoyar de manera real y efectiva las luchas populares’ significaba que como movimiento de bases, el estudiantil se fortalecería organizándose ‘en torno a sus demandas concretas’, para que el apoyo fuera de la base estudiantil y no sólo de un pequeño grupo de activistas. Por otra parte, que el movimiento estudiantil produciría cuadros que se integrarían a las luchas del pueblo, garantizando que en las escuelas quedaran cuadros que dieran continuidad a la lucha estudiantil. Es decir, se veía al movimiento estudiantil como semillero de cuadros para las luchas del pueblo. Todo esto con ‘plena independencia del control estatal-priísta’.
Sin embargo, la mayoría de los Comités de Lucha insistieron en realizar la manifestación. Aunque el conflicto de la UANL se había ‘resuelto’, era necesario ganar la calle, decían. Argumentaron que además había el compromiso de realizarla para expresar también solidaridad con algunas luchas obreras que se estaban dando (el Movimiento Sindical Ferrocarrilero encabezado por Demetrio Vallejo, la lucha de la Tendencia Democrática de los electricistas del STERM, Ayotla Textil, Celorio, Chicles Adams y otras).
Desde la masacre del 2 de octubre no había sido posible intentar una manifestación. Cada intento era impedido por fuertes operativos policíaco-militares que tendían un cerco disuasorio en torno a los principales campus estudiantiles (CU, Casco de Santo Tomás, Zacatenco).
10 DE JUNIO: JUEVES DE CORPUS
El 10 de junio nos reunimos estudiantes de las Vocacionales 3 y 6 en la puerta de la escuela, utilizando un megáfono, pedíamos a todos juntarse para ir a Ciencias Biológicas, donde se formarían los contingentes para iniciar la manifestación. Lo mismo hicimos al pasar frente a la Wilfrido Massieu, Economía, la ESCA y de ahí hasta Biológicas.
-“La mayoría de estudiantes de la nueva generación en las vocacionales –observó Angelina- no vivimos el 68, estábamos en la secundaria…
-“Entonces esta nueva oleada de movilización –acotó el Muerto-, les causa inquietud, curiosidad y sobresalto…
-“Eso fue lo que movió a la mayoría en octubre pasado, cuando íbamos a pasar la película ‘2 de Octubre, Aquí México’ –señalé-, y el verse involucrados en el centro de una protesta, les hizo sentir que, de alguna manera, reivindicaban el espíritu del 68…
-“O sus fantasmas… -agregó sardónico Peñafiel-…
-“Esos ‘fantasmas’ a todos nos acosan –replicó Ángeles-, nos haya tocado o no vivir directamente el movimiento, hayamos estado en las manifestaciones o sólo como espectadores, a todos nos impactó. Yo era muy chica entonces, pero acompañaba a mi hermana, que ya estaba en la Vocacional…
-“Chica sigues estando –bromeó Zúñiga, pues Ángeles era muy chaparrita-, pero no, disculpa, ya en serio, eso que dices de los ‘fantasmas’ es muy real. No podemos ya estar en paz. No sin hacer algo que haga realidad eso de ‘no un minuto de silencio…’
-“¡…Sino toda una vida de lucha!, –completó Castro-, pero hay que saber cómo, dónde, con quiénes
-“Sí, insisto –agregué-, los estudiantes no vamos a hacer la revolución. Para acabar con lo que hace posibles crímenes como el del 2 de octubre, es necesario acabar con el sistema de explotación. Esa es tarea de los obreros y campesinos, de los que producen la riqueza con su trabajo y que pueden tambalear a la burguesía cuando paran la producción… O pueden hacerla caer si se deciden a la rebelión
-“Entonces hay que integrarse al pueblo, integrarse a las masas, ‘porque el pueblo y sólo el pueblo es la fuerza motriz que hace la historia’… -recitó Peñafiel en un tono un tanto burlón.
-“Pinche Enrique –le reclamó Angelina-, aunque lo digas en tono de burla, esa es la verdad
-“Mejor ya vámonos, -les dije-, ahí se está juntando ya la raza de la Voca
Ocupamos nuestro lugar en el orden de los contingentes, la manifestación comenzó a avanzar por Carpio, hacia avenida de los Maestros. Pero empezó a sentirse un ambiente de tensión. Llegaban rumores de que en la Alameda de Santa María la Ribera se estaban concentrando grupos de Halcones, que en Instituto Técnico estaban estacionados los tanques antimotines, que en Sor Juana habían visto a un grupo de Halcones con pancartas con la efigie del Che Guevara. Había que estar alertas…
En Av. de los Maestros y Sor Juana, calles antes de llegar a San Cosme, un contingente de granaderos cerró el paso. Como se había anunciado, encabezando la manifestación venían algunos ex presos políticos, entre ellos Manuel Marcué Pardiñas. Cruzó palabras con los mandos policíacos. Aquellos diciendo que “no hay permiso para realizar la manifestación, hay órdenes de no dejarla pasar, así que dispérsense”, y de este lado que: “es nuestro derecho constitucional, no pueden coartarlo…”,  y dicho esto, a cantar el Himno Nacional.
El mando policíaco recibe indicaciones por la radio y ordena replegarse a los granaderos. Allanado el camino, la manifestación continuó.
Cuando la vanguardia de la manifestación llegaba a San Cosme comenzaron los disparos, la corredera, unos retroceden, otros utilizan los palos en que se sujetaban las mantas para defenderse. Había comenzado el primer ataque de los Halcones. Nosotros estábamos a dos calles de distancia. Volteamos y nos damos cuenta que en la bocacalle anterior irrumpe otro grupo de Halcones, armados con varas de bambú, golpeando estudiantes, partiendo la columna. Quedamos en medio. La barda de la Normal, a nuestra derecha es muy alta, quienes tratan de escalarla para refugiarse son alcanzados. El único refugio posible es a nuestra izquierda, en las casas o comercios. Encontramos un zaguán abierto, entran todos los que pueden, permanezco junto al portón para ayudar a cerrarlo luego de que entrara el mayor número posible de compañeros.
Cuando estamos tratando de cerrar el portón, ya tenemos ahí, frente a nosotros, a los Halcones para impedirlo. No logramos cerrar, nos replegamos. Intentamos entrar en la casa. Ya habían cerrado la puerta. Nos enconchamos en el quicio de la puerta, otros corrieron hacia el fondo del patio. Ahí comienzan a golpearnos con garrotes y bastones de kendo. Con las manos me cubro la cabeza, los golpes me caen sobre las manos, la espalda, las piernas.
Escucho que un Halcón grita: “¡Jálense a esa pinche vieja!”. Se refiere a una compañera de Medicina que está junto a mí. La sujeto por la cintura, tratando de impedir que se la lleven. Al quedar descubierta mi cabeza recibo un golpe que me hace perder el sentido. Cuando reacciono, la compañera está semidesnuda, llorando, le desgarraron la ropa, ¿pretendían violarla en pleno zafarrancho, o era  una forma de demostrar misoginia, poder e impunidad? Fueron llamados para reforzar el ataque en otro lado. Alguno de los que habían logrado refugiarse en la casa cubre a la compañera con una manta. Otros logran atrancar el portón. Nos ayudan a entrar en otra habitación al fondo del patio de la casa. Me percato de que el golpe me provocó una herida en la cabeza, la tengo empapada en sangre, siento mucho dolor, todo me da vueltas. Me tiendo en el suelo. Un compañero pone su morral a modo de almohada. Toño, muy moreno, con rasgos negroides, integrante de un grupo de poesía coral. A este compañero, tiempo después, vuelvo a encontrarlo, en la Prepa Popular Tacuba. Conservó, sin lavar, ese morral que se empapó con mi sangre. Era como un fetiche para él.
–“¡Ya ni la chingas – le dije-, ya lávalo!”
-“¡No!, ¿cómo crees? –respondió-. ¡Es sangre derramada en la lucha, tiene un gran valor para mí…!”
Afuera seguían escuchándose disparos, gritos, maldiciones, lamentos. Los granaderos lanzaban gases lacrimógenos a las azoteas, desde donde otros compañeros resistían lanzando ladrillos, botellas, lo que encontraban. Algunos de los que estaban en el mismo refugio, querían salir, pensando que el gas nos asfixiaría. Pese a mi condición, les pedí calma:
-“El gas se disipará, lo están lanzando a las azoteas, nosotros estamos en la planta baja. Mojen trapos con vinagre, con Coca-Cola o con orines, para que humedezcan párpados y nariz, eso mitiga el efecto del gas…, (aprendí esto en los enfrentamientos con la policía, durante la defensa de la Voca 7 y del Casco). Mera precaución, el gas no baja, es apenas perceptible en nuestro refugio.
Esperamos a que pasara lo más duro. El dueño de la casa logró pasar el cerco policíaco-paramilitar. Temía que después vinieran a catear las casas, para detener a los que nos refugiamos. Tenía un auto. Ayudaría a sacarnos  de ahí. Primero las mujeres y los heridos.
Soy de esos y me sacan en uno de los primeros intentos. Para que no se note mucho la sangre, coagulada ya, me cubrieron la cabeza con un sombrero. Viajé en medio de dos compañeras en el asiento posterior. Adelante iban el dueño del carro y dos compañeras más. Uno más pidió salir en la cajuela, hubo espacio para dos. Logramos pasar sin problemas el cerco. Seguían escuchándose disparos en la México-Tacuba. Me acercaron a Tlatelolco. Fui al departamento de mi familia.
Mi padre andaba en un viaje de trabajo. Estaba en Argentina. Había llevado con él a Elisa, mi hermana mayor, como regalo por haber concluido la carrera. Ella regresaría a México esa noche, él continuaría su gira de trabajo en España, donde está la casa matriz de la editorial en que trabaja.
En cuanto llegó, mi hermana me hizo las primeras curaciones. Me cortó el cabello en el área de la herida. Fueron necesarios varios puntos para suturarla. Estaba tan nerviosa cuando me suturó que se le rompieron algunas agujas. Después, cuando pude ir quitando la costra, ahí había fragmentos de las agujas rotas. Pude permanecer en la casa paterna unos días. En cuanto pude caminar regresé a la escuela.
¿Cuántos muertos, cuántos heridos, cuántos desaparecidos? Como en 68 nunca se conocerían datos precisos. Algunos cadáveres fueron desaparecidos. Algunos de los que cayeron en la calle fueron levantados por ambulancias, otros por la policía. Durante el ataque, los Halcones irrumpieron en el hospital Rubén Leñero, varios testigos afirman que dispararon contra algunos heridos, rematándolos y que se robaron los cadáveres. De estos y de los que levantó la policía ya nada se supo. Todo indica que, como en 68, fueron incinerados. Dos compañeros conocidos, cercanos, entre los asesinados: José Reséndiz del Comité de Lucha de Voca 3 y Francisco Treviño Tavares, de la Prepa Popular Tacuba. En su honor, esta Prepa adoptó su nombre.
Durante la agresión, otro blanco de los Halcones fueron los fotorreporteros. Aunque la mayor parte de los medios de comunicación eran serviles al gobierno, los reporteros gráficos fueron agredidos indiscriminadamente. El objetivo era despojarlos de sus cámaras para que no quedaran testimonios gráficos de la matanza ni imágenes que permitieran identificar al grupo paramilitar.
Al siguiente día Echeverría, cínico, encaró la indignación de los periodistas; hipócritamente les dijo: “si ustedes están indignados yo lo estoy más”, y prometió una “investigación exhaustiva” y el “castigo a los responsables, caiga quien caiga”.
La primera versión oficial fue que se trató de un “enfrentamiento entre grupos estudiantiles antagónicos” y, por supuesto, se negó la existencia del grupo paramilitar.
Pero ante las evidencias que se hicieron públicas, Echeverría hizo renunciar al regente del DDF (Alfonso Martínez Domínguez) y al jefe de la policía (Rogelio Flores Curiel). Cortar algunas cabezas es una vieja práctica del poder para desviar la atención y para mediatizar, para hacer creer que se hace justicia, cuando los verdaderos responsables, los que dieron las  órdenes, quedan impunes. Al cabo, los chivos expiatorios luego tendrán su ‘premio de consolación’ por haber apechugado su lealtad al régimen.
La investigación nunca se realizó. Los Halcones, de por sí en la nómina del DDF, fueron incorporados como parte del personal de seguridad del Metro, otros pasaron a ser parte de la Brigada Blanca.
Quedaba claro que la “apertura democrática” anunciada por Echeverría no era más que una farsa, una mascarada para cooptar a los sectores más oportunistas de la intelectualidad y de la oposición política, para debilitar el movimiento y aislar a los grupos más radicalizados.

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