martes, 24 de mayo de 2016

Para destruir al capitalismo, el proletariado necesita construir sus propias fuerzas en autonomía.

Ideas de La Voz del Anáhuac expresadas en el Encuentro Autónomo de Trabajadores Anticapitalistas (reunión del 22 de mayo de 2016)
Hay la preocupación seria de cómo podremos destruir el capitalismo. Se habló de ideología, de conciencia de clase, de filosofía, de formas de organización, de experiencias de lucha. De cómo el neoliberalismo (capitalismo salvaje) precariza el trabajo, despoja de derechos al pueblo trabajador… Y más, mucho más. Escuchando y reflexionando lo que se compartía en esta reunión del Encuentro Autónomo de trabajadores anticapitalistas, un integrante del Colectivo Azcapotzalco a externó la siguiente opinión:
Cuando hablamos de destrucción no debemos olvidar la relación dialéctica entre destrucción/construcción.
Son dos aspectos antagónicos, mutuamente excluyentes, pero ambos van en el transcurso de del proceso ligados, interdependientes.
Considero que para alcanzar el objetivo de la destrucción del sistema capitalista, necesitamos poner atención a la construcción de nuestras fuerzas como proletariado, como clase que explota, despoja, reprime y desprecia nuestro enemigo de clase: la burguesía capitalista.
Construir nuestras fuerzas nos lleva a la necesidad de fortalecer la conciencia de clase, la ideología proletaria, de organizarnos.
En este sentido, para combatir dentro de nosotros mismos la influencia ideológica burguesa, pasa por prácticas que construyan entre nosotros relaciones no capitalistas. El ejemplo más claro de esto es el que nos ha enseñado el zapatismo. Con trabajo colectivo en tierras comunales se han fortalecido, han profundizado la transformación de la relación mando/obediencia en una democracia directa, donde el pueblo manda y el gobierno obedece. El gobierno de las comunidades, los consejos autónomos, los municipios autónomos rebeldes zapatistas y sus juntas de buen gobierno. Con los gobiernos oficialistas y los partidos políticos no existe ninguna relación en territorio rebelde.
Los zapatistas, enfatizando en el aspecto de la construcción, han destruido el autoritarismo, el verticalismo, el vanguardismo y van avanzando en la horizontalidad, en la participación comprometida de todas las bases de apoyo zapatistas, en los trabajos comunitarios, en los niveles de gobierno autónomo, en los proyectos de salud, educación, producción. Van construyendo así su autonomía, como camino emancipatorio.
Este ejemplo ha servido para que en otras geografías estén germinando otros procesos autonómicos, como en Cherán, Ostula, Álvaro Obregón, en la CRAC-PC de la Montaña en Guerrero y otros más. Inspirados en el zapatismo, pero sin tomar ese ejemplo como receta o manual, sino de acuerdo a su realidad concreta.
Hay quienes piensan que esto es posible sólo en las comunidades indígenas y campesinas, pues ahí aún se practican los modos ancestrales de comunidad, de colectividad, de bien común, de tequio, trueque, etc.
Sin embargo, aunque más difícil, en las ciudades, dada la penetración ideológica burguesa, el individualismo, también es posible echar a andar proyectos autonómicos, autogestivos, cooperativos, de trabajo colectivo y apoyo mutuo. Los casos más sobresalientes son los que se han generado en el espacio autónomo de trabajo autogestivo nombrado Auditorio Che Guevara u Okupa Che y el Chanti Ollín. Pero hay muchos más. Colectivos e individuos que trabajan sin patrón, que producen playeras, libros, fanzines, microdosis de herbolaria, pan, comida vegetariana, medios libres, etc.
Construir espacios de trabajo autogestivo va en el camino de generar relaciones no capitalistas, donde nadie explota el trabajo de otros, donde nadie se enriquece del trabajo ajeno.
Por otra parte, cuando hablamos hoy de proletariado, no nos referimos al concepto clásico de la teoría revolucionaria de los siglos XIX y XX, que lo concebía circunscrito a los trabajadores industriales. Hoy el proletariado somos todos los trabajadores precarizados, los trabajadores académicos, los comerciantes ambulantes, los estudiantes ya sin futuro, los artesanos, los trabajadores agrícolas, los despojados de sus tierras y derechos. El capitalismo actual, el neoliberalismo, ha hecho desaparecer a las “clases medias”, nos ha proletarizado al 99% de la población.
En conclusión, creo que construyendo nuestras fuerzas como proletariado con autonomía, con trabajo colectivo, autogestivo, comenzamos a destruir dentro de nosotros la ideología y prácticas burguesas.
Vamos así haciendo un camino nuevo, distinto al de las experiencias pasadas en las que mediante un partido de vanguardia se buscaba derrocar del poder a la burguesía para edificar el socialismo. El derrumbe del llamado “socialismo real” a fines del siglo XX evidenció que el derrocamiento de la burguesía en la URSS, el bloque de Europa del Este, en China, no dio lugar al surgimiento de “estados obreros”, sino al capitalismo de Estado, donde la nueva clase dirigente no fue el proletariado, sino las élites de los partidos comunistas, autoerigidos como “vanguardia”.
No queremos eso. Queremos hacer otra historia. Una en la que los trabajadores de la ciudad y el campo se apropien de los medios de producción, donde fábricas, tierras, minas, universidades, barcos pesqueros, medios de transporte, medios de comunicación, comercio, todo lo que produce riquezas, bienes y servicios sean de los trabajadores, sean controlados por ellos autogestivamente, donde las decisiones de qué, cómo, cuánto, cuándo se produzca sea decidido en asambleas de quienes ahí trabajan. Donde todo sea decidido colectivamente por consenso.
Alguien podrá decir que esto es utópico, que es un sueño. Pero hoy existen ya gérmenes, unos más desarrollados que otros, que demuestran que es posible la construcción de ese otro mundo nuevo sin explotados ni explotadores. En México, ineludiblemente, tenemos que mencionar que uno de los ejemplos más contundentes es el zapatismo.

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