jueves, 31 de marzo de 2016

EN VOZ ÍNTIMA (Escribir nos permite comunicar al mundo ideas, sueños y esperanzas)

Palabra, pobreza y ceniza
Por Cristóbal León Campos
Kaos en la red
30 marzo, 2016
I
Miro por la ventana y veo a un hombre revisar el bote de la basura buscando algo para comer, bebe algún líquido no agotado y que por fortuna algún transeúnte depositó, guarda en su humilde bolsa un pedazo de pan, finaliza su búsqueda y sigue su camino. Estoy cómodamente sentado en el rincón de un céntrico café ubicado entre las calles 59 con 62 de la ciudad de Mérida. Un cristal y algunos metros nos separan, desde luego, la economía engañosamente pareciera hacernos diferentes, la realidad, es que somos dos humanos en condiciones de vida desiguales. ¿Cuántas veces a diario nos encontramos con la pobreza? ¿Qué tan conscientes somos de ella y de quienes la padecen? ¿Por qué unos tienen tanto y otros no tienen absolutamente nada?
El contexto es que en México (y el mundo) millones de seres humanos viven en extrema pobreza, condición de vida, que cada día, engrosa su número. Vivimos en un mundo desigual e injusto, la acumulación de riqueza en unas cuantas manos crea un enorme abismo, al que son condenados quienes en realidad dan forma a esta sociedad, la explotación oculta a los trabajadores y los convierte en seres invisibles, pero no sólo a ellos, el desempleo es un acompañante fiel de la precariedad. México es un país precario, con una enorme riqueza, extraída por los pobres para alimentar las acaudaladas cuentas de los ricos. Pareciera un chiste, pero es una inobjetable realidad que reproducimos todos los días, desde nuestros cómodos asientos. Nada nuevo dicen las anteriores líneas ¿pero si no es nuevo por qué no hacemos nada?
Unas horas después, en una esquina cercana a mi hogar, un padre cambia la llanta de su triciclo alumbrado por su hija con un pequeño foco, en la calle entre acomodadas y caídas, varias bolsas con sus pertenencias y alguna mercancía, aguardan el momento de seguir andando. La calle oscura hace aún más reveladora la escena, la pobreza no es una forma de vida, es una condición impuesta en el mundo a millones de seres humanos. Minutos después los vuelvo a ver, ya van en su camino, sonríen, sí, sonríen, y es que la adversidad, no aplaca la sonrisa de quien se sabe digno.
II
Escribir es comunicarnos, es expresar los sentimientos a través de palabras que articulan historias y pensamientos que imaginamos. Escribir nos permite comunicar al mundo las ideas, sueños y esperanzas que resguardamos en nuestras mentes y en nuestros corazones, pero también, escribir nos permite conocernos interiormente.
Cuando decidimos hacer nuestra la palabra y mediante su uso dar a conocer lo que en nuestro interior sentimos, estamos también realizando un ejercicio de autoconocimiento, de reflexión interna y de valoración de nuestras prioridades y anhelos personales. Estamos conociéndonos y reconociéndonos a nosotros mismos.
Escribir es un ejercicio individual, sí, pero no un ejercicio en soledad, muy al contrario, escribir nos comunica y nos enlaza con nuestro entorno, o, mejor dicho, nuestros entornos, y así, podemos presentar a quienes nos leen una parte intima de nuestro ser. Al dar a conocer un escrito estamos dando a conocer una parte de nosotros mismos, nos abrimos al exterior llevando como carta de presentación la imaginación que hemos desarrollado al momento de redactar una historia.
La imaginación nos acompaña desde nuestros primeros días en este mundo, es la fantasía el mundo en el que solemos crecer, y del cual, nos desprendemos conforme crecemos, dejando a un lado ese mundo fantástico que nos acompañó en nuestros primeros años. ¿Quién no construyó una y mil historias en su mente? ¿Quién no imaginó ser un personaje o estar en algún otro lugar viviendo alguna emocionante aventura? ¿Cuántos de nosotros no pasamos nuestra infancia entre seres, lugares e historias surgidas de nuestras mentes? Y entonces ¿por qué solemos dejar a un lado ese mundo fantástico de la imaginación para adentrarnos a la complejidad de la llamada realidad? La palabra tiene ese don, el de transportarnos, el de construirnos y ubicarnos en cualquier sitio, el de hacernos vivir emocionantes aventuras. La imaginación no es un peligro, muy al contrario, es la imaginación lo que nos hace humanos. Seamos humanos conociéndonos y cultivando la palabra con fantasía. No se trata de negar la realidad, se trata de transformarla con imaginación.
III
Prometemos e incumplimos y cuando de nuestras vidas se aparta quien en la espera quedó, nos atrevemos a preguntar con tono desconcertado que fue lo que ocurrió, a todas luces, dejamos de cultivar la amistad o el amor y para cuando intentamos reaccionar, el viento junto al tiempo, se han llevado a otra orilla la hojarasca del árbol del afecto. A diario perdemos instantes tan simples pero imperecederos a la hora del recuento de los daños. Somos inconscientes de lo simple que es la felicidad, la excusamos entre banas materialidades y absurdas actitudes, lo real, es que nada es eterno, cuando dejamos que al abono que nutre la raíz de nuestra relaciones humanas reseque antes de haber alimentado cualquier tipo de sentimiento.
No poseemos en realidad nada, sólo estamos constituidos de historias personales, de ellas forjamos nuestros actos, nada es casual, a cada acción viene una reacción y, si esto es una ley en la física, también lo es en la vida. No flagelemos el pudor cuando nosotros abrimos el sendero del olvido, la hojarasca como el ser humano, se compone de pequeñas partes que juntas forman el árbol de la vida. Lejos de mitologías creo en la ceniza.
IV
Palabra, pobreza y ceniza, tres grandes enunciados de pocas letras. ¿Quién se atreve a mirarlas de frente y seducirlas? ¿Dónde queda el pudor si la ceniza nos habla? ¿Qué hacer con la pobreza si se nos olvida que es más que una palabra? ¿Será tan podre la memoria que ni cenizas vemos de la palabra? No me atrevo a responder, prefiero pensar, que dejaremos de escribir pobreza, cuando de las cenizas surja la palabra.

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