sábado, 19 de marzo de 2016

Carta al dolor y a la muerte por los feminicidios. Espiral que nos absorbe y nos aprieta el alma.

Por Frida Guerrera Villalvazo
@FridaGuerrera
Kaos en la red
Siempre he sabido que existen, sin embargo, como la mayoría los he negado; creo que los conocen muy bien las madres, los hijos, los hermanos, las amigas, de aquellas tan solo en lo que va de este día y año 2016, 208 mujeres asesinadas en manos de cualquiera, de un delincuente, del narco, de un abuelo resentido, de un esposo celoso, de un novio incapaz, hasta de un padre que las vio como objeto de venganza, sí, tú eres ese dolor que se apodera, que devora, que sume en la desesperanza, tu eres el dolor abierto que aquellas que estamos en vida nos hace imaginar sus últimos momentos de vida, que nos llena la cabeza de múltiples imágenes, de sus rostros, de sus gritos, de su llanto, de sus suplicas, de su no entender ¿qué pasaba?, de sus infinitas preguntas: ¿por qué?, ¿qué te hice?,¡no me mates!, ¿qué va a ser de mis hijos?
Tú, dolor, siempre acompañado de ella, de la muerte, de esa que tiene permiso de caminar en mi país, de esa que acompaña los más horribles pensamientos de aquellos que nos matan, de ellos que solo buscan ejercer su poder por medio de ti… asesinándonos, cercenándonos, degollándonos, dejándonos pudrir, atravesando nuestros úteros: esos que otorgan la vida también de ellos, de quienes hoy nos han asesinado.
Eres ese tipo de dolor al que no me quiero enfrentar. Eres el dolor que no imagino, me aterra pensarte, me aterra imaginar que tu compañera arrebate la vida de alguien que amo, sin embargo, aplaude muerte tu poder; te has convertido en la herida que se creó de la impunidad y que se alimenta de la indiferencia gubernamental. Eres el desengaño, la traición, la humillación, el abandono y la injusticia.
Trato de escapar de ustedes y procuro no pensarles, no leerles, porque lo único que me alivia es el espejismo de la “normalidad”, entonces pienso que YO, estoy trabajando, que no puedo hacer nada, que lo único que puedo hacer es mi trabajo; me empeño en pensar que no somos tantas las asesinadas, intento creer que las fiscalías especializadas en este delito tienen razón. Nos matan los novios, los maridos, los amantes, nuestras relaciones con la delincuencia organizada, nuestros trabajos como periodistas, como prostitutas, como secretarias, como amas de casa, estudiantes, como seres “diferentes”, y las autoridades no pueden hacer nada entonces creo que fue la culpa de cada una de nosotras desde la pequeña de 3 hasta la mujer de 80 años, nosotras los incitamos, ellos no querían hacerlo, se apoderó de ellos solo el deseo de venganza, de diversión, de celos, los incomodamos con nuestro trabajo… nosotras te llamamos muerte, para que el dolor se apoderara de nuestras familias, de nuestros amigos, para formar  parte de las estadísticas de este México lleno de sangre, de muerte, de dolor.  Me tapo los ojos porque no quiero vivir dolida, pero ya me canso de decir y pensar que todo está bien.
Y a pesar de ustedes dos sonrío no porque sea feliz de conocerles de la manera más “cruel”, sino cuando encuentro buenos actos de la gente, no de aquellas o aquellos que buscan escalar políticamente en nuestros nombres, en nuestra sangre, sonrío cuando alguien en su corazón me recuerda, cuando alguien sabe que hoy ya no existo y que puede hacer algo por visualizarme, cuando de los cientos de casos se resuelve el de alguna de nosotras, de las muertas.
De las que estamos aquí, tomadas de las manos, intentando todavía entender que pasó, a algunas nos duele aun la herida, las llagas, intentamos darle consuelo a las más pequeñas, aunque nuestros dedos no puedan acariciarlas porque nos los han mutilado, en algunos momentos todas nos caemos cuando escuchamos los llantos de nuestras madres, de nuestras hijas, de nuestras hermanas, de alguien que leyó la nota donde informan de nuestros asesinatos y se unen a nuestros desasosiegos, cuando esto sucede, acabamos metiéndonos en una espiral que nos absorbe y que nos aprieta el alma.
Por esta razón, he decidido decirles que sé que existen, que aún no estoy muerta, pero que como muchas hermanas del alma sacaré la voz visualizando al menos sus asesinatos, que desearía que no mataran a ninguna otra mujer, los números son alarmantes, no estamos exentas, sin embargo, la herida que permanece en mí es eterna, intento caerle bien a la vida, pero fingir ya me resulta bastante agotador y desesperante. No hay nada más doloroso que intentar aparentar estar bien cuando algo nos está lastimando por dentro, y hoy este día, a mi ellas me están lastimando.
Sí, las sociedades están podridas, los valores se han ido, la impunidad impera, el dolor y la muerte no natural siembran llanto, injusticia, impotencia.
Sí, es degradante ver políticos que solo nos han usado en la fiesta de cumpleaños de alguno de ellos, es insultante lo que están haciendo con nuestros recursos, como nos quitan derechos laborales, es dantesca la complicidad para acabar con nuestra Pachamama.
Cimbra el alma ver como a diario son asesinados, desaparecidos infinidad de “hombres”.
Pero ¡EIT¡, también nos siguen matando a nosotras, aquellas que a diario les damos la vida.