lunes, 26 de octubre de 2015

AYOTZINAPA, LA REITERACIÓN DE LA EMPATÍA: siempre con el rostro gigante de su hijo y unas flores blancas

Publicado por Rompeviento TV
Fecha: octubre 09, 2015
Por Daliri Oropeza
Foto: Daliri Oropeza
Tomo la foto. La veo. La vuelvo a ver. La siento. La siento de nuevo. La vuelvo a tomar.
Aún no sé por qué, pero en mi cámara hay un retrato reincidente. Siempre la retrato a ella. Cansada, con la cabeza cubierta, con la mirada triste. Pero también me ha mostrado sus sonrisas, pese a que no la conozco. Sonrisas discretas pero sinceras.
No sé si sea una excentricidad, quizá un capricho, porque lo hago de manera inconsciente. Cuando toco base para mirar las fotografías que he tomado de las marchas de Ayotzinapa, ahí está doña Hilda Hernández, madre de César Manuel González Hernández, de Tlaxcala. Supe su nombre mucho tiempo después.
No lo comprendo. Hay algo en ella que despierta mi empatía.
Cuando camina, a veces distraída, camino a la par. Intento comprender lo que vive, sin retratarla. Lente que apunta al suelo. Al marchar lleva siempre el rostro gigante de su hijo y casi siempre unas flores blancas. ¿Por qué retratarla en el momento en que lo hago? ¿Por qué retratarla a ella, una y otra vez?
No es que no tenga fotos de otros familiares. Pero los suyos son retratos nítidos, de sus facciones, gesticulaciones, caminares…
Si existen otras vidas, seguro la conocí. Pero ésta es la que nos ha tocado vivir.
Tal vez sea que su rostro me remite al fino rostro de mi madre.
26 de octubre, 26 de noviembre, 26 de diciembre, 26 de enero… La fotografía que arriba muestro es del 26 de febrero del 2015. No puedo decir que tengo las 12 fotos de doña Hilda por cada día 26 que ha pasado desde la desaparición de su hijo. La busqué el pasado 26 de septiembre. No sabía que era parte de la comitiva que estuvo en Estados Unidos para buscar al Papa. No marchó. Pero miles más sí lo hicieron.
Guardo en mi pecho el sentimiento que me provoca verla a través de la lente para retratarla. Lo guardo en mis sensaciones. Es tan nítido que puedo, aun sin cámara, retratarla una vez más.