sábado, 8 de agosto de 2015

NADIA VERA: Tu cuerpo fue mancillado pero tu lucha y tus ideales se mantienen intactos

Balún Canán AC

No fue un simple daño colateral, no fue un simple robo. Desde el 2012, cuando Nadia alzaba la voz, hubo intentos de silenciarla. Pero pudo más su valentía. Decidió que su voz no tenía por qué ser apagada por el miedo. Buscó entre la protesta y buscó entre el arte, buscó la verdad y la justicia, buscó compartirla. Nos mostró un camino de lucha y de juventud creativa. Hoy nos quedó el recibir su cuerpo, al que le arrebataron la vida. ¡Pero su voz no se calla!, ni su coraje, ni su alegría. Su danza ahora es un símbolo que inflama nuestro espíritu, y ahora nuestras voces no se cansarán de pedir: JUSTICIA.
Desde la tierra de la libre expresión, exigimos JUSTICIA y castigo a los responsables.
A Nadia, Nuestra Nadia
por medioslibres
4 agosto, 2015

Desde el sábado 1 de agosto, los noticieros nacionales e internacionales reportaron que los cuerpos sin vida de un fotoperiodista y cuatro mujeres fueron hallados en un departamento de la colonia Narvarte, en el D.F. Lloramos de rabia e impotencia por el asesinato de Rubén, compañero de lucha, amigo, maestro, colega… Rubén, uno de los nuestros.
En las primeras imágenes, Nadia, reconocimos tu casa, rogamos que no estuvieras ahí. Te llamamos hasta el cansancio, llenamos de mensajes tu Facebook, vimos cómo las horas devoraban nuestras esperanzas hasta que fue confirmado por nuestros propios amigos. Eras tú, estabas ahí, y también fuiste torturada y asesinada.
Quizá en unos días algún político farsante nos va a presentar una de sus famosas “verdades históricas”. Nos va decir que el móvil fue el robo, o un crimen pasional. O que se equivocaron de casa o que todos eran miembros del crimen organizado. Quizá incluso encuentren un chivo expiatorio que “confesará” bajo tortura. Quizá termine en la cárcel por muchos años. Y entonces van a cerrar el caso y pretenderán que lo olvidemos. Y nos van a amenazar con reprimirnos si seguimos exigiendo justicia en un caso supuestamente resuelto. Esas son las promesas que el gobierno sí cumple.
Pero en la calles nos veremos. En cada esquina vamos a gritar que no les creemos. Vamos a decirles que no tenemos miedo y que si vienen por todos y cada uno de nosotros, entonces los estaremos esperando. Pero no nos van a encontrar callados, ni rendidos, ni doblegados.
En estos momentos de tristeza y furia no podemos dejar de recordar cómo en estos años que te tuvimos cerca recibiste todo tipo de agresiones por parte del mismo estado que en esta ocasión decidió silenciarte para siempre.
En Xalapa, tu Xalapa, te vamos a recordar como la estudiante universitaria que participó activamente en las movilizaciones en contra del alza al transporte. Con tu voz firme y tus pies pequeños que dejaron huellas que muchos comenzamos a seguir poco después.
Te vamos a recordar como la activista que la tarde del 1 de septiembre del 2012, ante los fraudulentos comicios electorales, entró junto con nosotros a tomar el palacio municipal de Xalapa, desde el que elevamos nuestras enérgicas protestas en contra de la farsa electoral. Inmediatamente después, cuando aún sonaba el eco de esas marchas multitudinarias organizadas por 63 días desde la Acampada Lerdo, recuperamos y activamos junto contigo el espacio que todos conocimos como “Casa Magnolia”.
Ahí te vimos reír, te vimos gritar, dormir, bailar, discutir, aprender, enseñar, ayudar y construir eso que era nuestro proyecto colectivo más ambicioso, nuestro centro cultural autogestinado.
Ahí te acompañamos en los talleres, en las conferencias, en los eventos culturales, en las fiestas y en los bailes. Fue durante ese período que nuestras protestas comenzaron a recibir una escalada de violencia, ordenada, como siempre, desde las oficinas de gobierno.
Recordamos, por ejemplo, que el 15 de septiembre del 2012, fuimos golpeados y tres de nosotros “levantados” torturados y amenazados por policías estatales, obligados a recitar las últimas palabras con una pistola en la nuca –para después de sembrado el terror– ser abandonados en las cercanías de la central de abastos.
El 2 de octubre de ese año, después de la protesta en que recordamos a los compañeros asesinados en el 68, sujetos desconocidos allanaron tu casa. Revisaron tus cosas y se fueron sin robar nada. Tiempo después, nos dijiste con ese sarcasmo tan tuyo, “Tenía yo tanto desmadre en la casa, que para que yo me diera cuenta de que se habían metido, hasta tuvieron que limpiar y ordenar un poco… sólo por eso lo noté. Después vi que hasta se habían bañado…”
Valiente y necia, te resististe a mudarte de ese departamento por meses.
Recordaremos la tarde del 20 de noviembre de ese mismo año, cuando nuevamente fuimos reprimidos y encarcelados por mostrar una enorme pancarta que expresaba lo que hoy es incluso más válido que entonces: “Javier Duarte, te tenemos en la mira. El pueblo no olvida ni perdona”.
Ese 20 de noviembre, fuiste sometida por mujeres policía que te arrastraron por la calle y te dejaron visiblemente golpeada. Desde entonces siempre lo dijiste: “las policías pueden ser más cabronas que los hombres”. No lo olvidamos cuando las vemos caminar por las calles, estrenando sus uniformes de la fuerza civil.
Después de ese día, Nadia, nos contaste que te sentías amenazada. Que te estaban siguiendo constantemente, que te vigilaban, que afuera de tu casa reconociste más de una vez a una de las mujeres que te detuvieron en aquella ocasión y sólo entonces te convencimos y te convenciste de mudarte de casa.
Aún así nos acompañaste por las calles de la ciudad mientras expresábamos nuestro repudio a las reformas estructurales. Usando tu cuerpo de pancarta, protestaste con nosotros contra la reforma energética que entregó PEMEX al mejor postor. Siempre sabia, siempre con palabras fuertes para los que no tomábamos las medidas de seguridad adecuadas, viste crecer a nuestro lado el hostigamiento, la persecución, la vigilancia constante de nuestros pasos. La represión.
En 2013 te vimos marchando al lado de miles de maestros que rechazaban la reforma educativa. Como Rubén, viviste en carne propia la brutal represión de aquel 14 de septiembre, cuando fuimos desalojados con violencia de la ahora llamada Plaza Regina por las fuerzas policiacas del estado, esas que no dejaban de golpearnos con sus bastones eléctricos a estudiantes, maestros, periodistas…
Estuviste ahí en los largos y aburridos tiempos de espera en la Comisión Estatal de Derechos Humanos, mientras levantábamos nuestras quejas. Tú lo sabías, nosotros lo sabíamos, era un ejercicio casi inútil, pero un precedente más para evidenciar la violencia del estado.
El año pasado, en 2014, participaste activamente en las marchas para exigir la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero de nuevo sentiste el acoso de la gente del gobierno y decidiste por fin alejarte de Xalapa, autoexiliarte al DF, y trabajar en lo que te hacía sentir feliz: la Gestión, Producción y Promoción Cultural.
Desde allá apoyaste nuestros pasos, las denuncias, la difusión, el monitoreo, la acción solidaria ante el aumento de la violencia que creció más y más hasta llegar a ese 5 de junio, hace apenas dos meses, en el que 8 de nuestros compañeros de lucha fueron brutalmente atacados por un grupo parapolicial, con machetes, palos, bates y armas de fuego. La agresión más brutal y más directa que vivimos… hasta entonces.
Nadia, el sábado supimos la trágica noticia. No lo queríamos creer. Aún no lo podemos aceptar.
Ultimaron a una mujer de 32 años, originaria de Chiapas, dijeron en sus declaraciones oficiales. Para nosotros, tus amigos, no eres una… eres Nadia, nuestra Nadia, eres tu voz ronca y tus regaños, tus carcajadas, tus fiestas; eres cada uno de nuestros recuerdos, de nuestros debates políticos, de la pláticas cotidianas. Eres también la productora de arte escénico, la organizadora de muestras internacionales de cine. Eres iniciativa, eres camino, resistencia y fuerza, eres lucha, voz, arrojo, denuncia. Eres eso que somos, Nadia, eso que se queda, aunque te hayan asesinado.
Hoy es lunes y no sabemos quién va a cuidar a tus perros. No sabemos quién nos va a cuidar a nosotros. Llenaríamos mares de lágrimas con todo lo que no sabemos. Pero hay cosas que tenemos claras. Hay cosas que sí sabemos.
Tu cuerpo fue mancillado pero tu lucha y tus ideales se mantienen intactos. No sabemos quién jaló del gatillo pero sí sabemos quién dio la orden. Lo sabemos y lo gritamos. Conocemos su nombre y su apellido. Sabemos también que sus acciones son desesperadas, igual que las de un perro acorralado.
Lo decimos hoy y lo diremos siempre. No olvidamos. No perdonamos. Fue el Estado. Javier Duarte: fuiste tú.
Xalapa, Veracruz, 3 de agosto de 2015.
Comité Universitario de Lucha
Acto de repudio ante el asesinato de Nadia Vera
LA VIDA-Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa
Publicado el 03/08/2015
Nadia Vera Pérez; Rubén Espinosa Becerril; Asesinato; Veracruz; Javier Duarte de Ochoa; 31 Julio 2015; periodista; activista; promotora de cultura; violencia de estado; Xalapa; Manifestación; Regina Martínez; revista proceso; Yesenia Quiroz Alfaro.
Me avergüenzo de vivir en este país, terriblemente me avergüenzo
Para Nadia Dominique Vera Pérez
Por: Tania Avalos/
“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí,
sin embargo, estoy aquí resucitando…”
Como la cigarra
Me avergüenzo terriblemente de vivir en este país, me da una pena incontenible, una rabia desbordante y una impotencia absoluta estar aquí. Saber que es el Estado, con su puño cerrado, con su gesto prepotente, con sus gobernantes cínicos y megalómanos, corruptos hasta la punta del pelo, el que con toda saña nos asesina, nos arranca cualquier esperanza y nos escupe a la cara con sus mentiras.
Me avergüenzo infinitamente de permanecer sentada escribiendo estas letras, mientras una madre se duele desde su poesía y su alma sin saber por qué le arrebataron a su hija. Mientras una amiga pierde a su sobrina y contiene su dolor en letras para solo decir que la ausencia será infinita. Me siento cobarde, cobarde porque solo se me ocurre de nuevo salir a la calle para gritarle a la soberbia sorda de estos asesinos que con sangre se hinchan de dinero, de prestigio y de mierda. Cada letra que tecleo me atormenta, porque no cambiará nada, porque nadie podrá regresar a Nadia, a Rubén, a Gilberto, a Julio, a Alexander, a Mali, a una interminable, angustiante y penosa lista de jóvenes, hombres, mujeres, estudiantes, creadores, creativos, críticos, luchadores que eran futuro, que podían construir otro país.
Me avergüenzo irremediablemente y lloro por nosotros, por todos los que nos quedamos en silencio inmóviles, o hacemos lo de siempre entre el Twitter o el Facebook, entre la marcha o la pancarta. Llevamos años, meses, días soltando consignas que se repiten ahora casi de forma automática, porque por fuerte que elevamos la voz ellos siguen sin escucharla y una, y otra, y otra vez disparan. Me cuestiono tanto el ser profesora universitaria, tener que mirar cada día o cada noche morir a jóvenes que pudieron estar en mis aulas y yo sin hacer nada. Me acosa el pensamiento de saber a mis amigos, a quienes quiero, más cerca del miedo y del peligro de lo que yo pensaba, confieso en ocasiones también dudar de mi propia integridad cuando miro lo que pasa.
No quiero sentirme así y sin embargo no encuentro manera de responder. Mi generación entera abatida se mira a los ojos y se sorprende de la ignominia que heredamos, del peso que llevamos sobre los hombros contando a nuestros muertos, nuestras muertas, nuestros presos, nuestras presas, nuestros desaparecidos y desaparecidas. Cómo podremos levantarnos, cómo podremos sanar tanto dolor, tanto sufrimiento, tanto coraje, tanta injusticia, cómo seremos capaces de sobrellevar los días y heredarle a otros esta tristeza de país que se despedaza.
Me avergüenzo de estar aquí sin razón alguna, sin forma de explicarme lo que pasa, esta muerte lenta, innecesaria, injusta, inaudita, implacable, indigna que no merecemos pero que nos alcanza. Me puede hasta el último rincón del cuerpo porque esta historia y todas las que oímos día tras día, son las que van agotando la paciencia o la calma. Qué nos queda entonces, qué camino nos dejan, si hemos intentado tanto, si hemos denunciado, señalado; ¿es que permitimos que esto pasará, ya no podremos pararlo y vendrán por todos? Quiero pensar que aún hay tiempo, pero miro mis manos vacías y me avergüenzo.
Hoy no quiero escribir más líneas, porque estamos abatidos en este jodido país en el que matan a los hijos de poetas, a los gestores culturales, a los artistas, a los soñadores, a los fotógrafos, a los periodistas, a los defensores, a los que aún en la indignación buscan felicidad. Abatidos por esta apabullante desigualdad, esta prepotencia, con infranqueable autoritarismo y contundente fascismo. Enfrentados a tiranos ignorantes, desde Peña Nieto, Duarte, Velasco, Mancera, Moreno Valle, hasta esa horrenda lista de culpables y engreídos poderosos que no tienen límite, que no conocen de humanidad. Por eso no habrá perdón ni olvido, porque cansados aún nos quedan fuerzas para responder, para levantar en alto la cara y continuar los pasos de los que con su valentía y su partida nos claman a seguir luchando. No podrán callarnos, aún en la muerte no podrán callarnos, porque en su conciencia seguiremos gritando. 

 

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