lunes, 23 de marzo de 2015

REPRESIÓN Y FARSA ELECTORAL FRENTE A MOVIMIENTOS QUE CONSTRUYEN PODER POPULAR

Publicado por Colectivo del Periódico el Zenzontle
18/03/2015  
En medio de una escalada represiva con nuevos asesinatos -como el del maestro rural jubilado Claudio Castillo en Acapulco-, operativos contra marchas y bloqueos, cárcel y cerrazón ante las exigencias de familiares y compañeros de los normalistas asesinados, heridos y desaparecidos, el pueblo incrementa sus esfuerzos de organización desde abajo y la articulación de sus luchas y sus propósitos de autogobierno, autogestión y defensa de sus territorios por el bien común.
No son las mismas condiciones de octubre a diciembre para los movimientos populares en las calles, plazas y edificios del poder repudiado por quienes, a la vez que buscan la verdad y la justicia con castigo a los culpables del terror impuesto contra el pueblo, construyen asambleas, congresos de pueblos, iniciativas constituyentes  desde comunidades rurales y urbanas, con miras a hacer realidad el derecho soberano del pueblo a gobernarse de acuerdo a sus necesidades y anhelos. No se ha detenido la lucha de calles y el reclamo por la aparición con vida de los desaparecidos normalistas, y las decenas de miles atacados por la guerra del Estado y su mafia empresarial y criminal contra el pueblo. Sin embargo, se han reducido durante febrero de este año las acciones solidarias masivas  que se habían logrado en multitud de lugares.
No obstante, desde el 5 de febrero se presentaron varios procesos de convergencia con los primeros lazos o puentes entre quienes construyen una fuerza social con sujetos conscientes y organizados, capaces  de defender territorios, derechos y vida y de tomar la iniciativa cultural y política. No se trata ya de seguir a los partidos del sistema de dominación, ni a políticos  profesionales en la corrupción y la sumisión al poder del dinero, por el contrario la gran mayoría de los que hoy convergen quieren ejercer autonomía, democracia popular y la solución propia de sus necesidades y anhelos.
En la Ciudad de México, aproximadamente mil asistentes de 2 docenas de estados y numerosas organizaciones, colectivos y personas activas escucharon -unos por primera y otros hasta por quinta ocasión- la iniciativa conocida como del Obispo Raúl Vera de construir, desde abajo, sin partidos ni de políticos del sistema, una Constituyente Ciudadana y Popular que produzcan, en un diálogo de iguales, las líneas de una Nueva Constitución, contraria a la que hoy es el cadáver de muchas conquistas sociales y nacionales arrebatadas al pueblo por las trasnacionales, el capital financiero y el sistema de partidos e instituciones que ejercen el poder como crimen, corrupción, despojo y violencias represivas. Los ahí reunidos van a formar facilitadores de las comunidades y colectivos, a acercarse a otros proyectos de articulación de luchas como el originado en la resistencia que tiene como centro Ayotzinapa y definirse ante el proceso de farsa electoral, el 21 de marzo, así como a organizar una nueva asamblea nacional del 2 de mayo próximos.
En paralelo, se desarrollaron el 5 y 6 de febrero los trabajos de una Convención Nacional Popular, luego de movilizarse en Chilpancingo, Guerrero, recordando la muerte de la constitución de 1917, particularmente de sus contenidos sociales y de las garantías básicas para la libertad de personas, comunidades pueblos y organizaciones sociales. La presencia ejemplar de familiares y compañeros de los normalistas de Ayotzinapa asesinados, heridos y desaparecidos, llevó a trazar una agenda de trabajo y movilización. Ella pone adelante la continuación y extensión de la búsqueda de los desaparecidos, exigiendo la apertura de los cuarteles militares a la que se niega gobernación y los mandos militares y buscar repuestas al destino de los 43 normalistas, igual que el de otros desaparecidos de todo el país y migrantes a su paso por México. Se proponen la tarea de hallar oídos y justicia en los organismos mundiales de derechos humanos y el desconocimiento al gobierno, al sistema de partidos cómplices del terror de Estado y al proceso electoral ya iniciado con las mismas mañas de siempre, y que en Guerrero significa trasladar la atención de la exigencia de justicia y aparición hacia legitimar a los verdugos y saqueadores de los medios de vida de los pueblos.
Esas acciones han iniciado y es sobre algunas de ellas sectoriales o solidarias que los gobiernos han lanzado operativos de represión como los de Acapulco (contra maestros), Puebla (contra estudiantes y opositores al gasoducto en las faldas del Popocatépetl) y en Cancún a solidarios el 26 de febrero.
También en estos días ha aparecido la declaración y propuesta de La casa de todos y todas de Nuevo León que además de ser la organizadora del museo y archivo de la memoria de los fundadores del EZLN, son miembros activos de la Sexta y quienes coinciden en los motivos para agruparnos nacionalmente, y proponen que también desde abajo y de manera directa, personas honestas, comunidades, organizaciones y colectivos construyamos un “acuerdo social” de corte popular, claramente opuestos a a la oligarquía, al imperio, al sistema todo de partidos y desde un acercamiento real y directo mediante encuentros regionales.
Son todos esos esfuerzos practicables y consecuentes, si como ya lo muestran las luchas regionales en Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Puebla y ahora Morelos (con su avance para construir el Congreso de los Pueblos) si se evita la burocracia, el iluminismo vanguardista, los colados del oportunismo que concilian  con el sistema. Pero necesitaremos más diálogo donde todas y todos aprendamos de todas y todos, para encontrar desde abajo y desde ahora medios para la defensa del territorio y de los derechos del pueblo, medios para resistir a la escalada represiva y a las amenazas de una fiscalía contra el pueblo acompañada por la voz acusatoria de Televisa y los medios masivos  de gobernación.
Nuestra nueva constitución, nuestros autogobiernos comunitarios y municipales buscan algo que ya ejercemos poco apoco: el bien común, la dignidad y la justicia, los saberes para liberar a México y emanciparnos de la explotación, la opresión y las discriminaciones. Es un proceso a diversos ritmos tan diferentes como  los participantes. No son ni deben ser los ritmos del Estado (fechas de elecciones, de  planes de gobierno  y de represión), sino que son los tiempos del diálogo, el acuerdo para la acción y la organización conjunta, el tiempo de la defensa legítima y del ejercicio integral de los proyectos de vida y autogobiernos que el pueblo decida.
El poder opresor quiere que le temamos, no le importa que lo amemos o lo odiemos en encuestas o en las urnas. Hemos perdido casi todo, es hora de perder el miedo, luchando.

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