sábado, 21 de marzo de 2015

La represión antropológica (o la paramilitarización invisible). La represión es logística pura del Estado-capital.

Por El Fauno

Dedicado a los Estudiantes Normalistas de Ayotzinapa,
a los activistas y luchadores sociales desaparecidos por el Estado
y a todos los inocentes caídos en la “Guerra” contra el Narcotráfico

INTRODUCCIÓN

Sería burdo pensar que los gobiernos han adquirido sensibilidad en cuanto a las peticiones de los movimientos sociales. La historiografía mexicana y el sentido del “¿para qué hacer Historia?” apuntan a que aún nos encontramos en una era pos-Revolución, pues la toma del poder político por parte de la burguesía institucional y los cómplices de la economía de Estados Unidos (hoy el FMI) han sido los encargados de barrer con toda iniciativa democrática entre los periodos de 1929-2014, curiosamente, ambos con la preponderancia del estudiantado como nueva clase social.

El gobierno de Peña Nieto está bajo la mira internacional, y no sólo por los actos sangrientos que ha perpetrado en Ayotzinapa, Tlatlaya o Cocula, sino porque se ha convertido en el jerarca con menos aceptación de la Historia mexicana, el más inepto y al que en menos de dos años han respondido los sectores combativos con manifestaciones de toda índole. La represión que ejerce el Estado peñista no tiene mucha distancia con la de Díaz Ordaz, pues sus políticas de terror hoy se muestran mediante la criminalización eterna que se dicta en los discursos gubernamentales (llegando al oído de más espectadores que los sonidos de una marcha de veintenas de miles de manifestantes), en los bots virtuales y en el dominio de la “imagen de esperanza” como práctica de masificación de las ideas, continuación predilecta de la guerra sucia de los años 70’s.

Se necesitan medios represivos que ataquen la raíz, el origen de las manifestaciones, no a la manifestación misma, al ser del manifestante. Nos convertimos en fuentes de comprensión del problema, allí es donde reside el meollo del asunto. El Estado se acapara por la vía de comprensión de que la arqueología del saber es nuestro fuerte, y es a lo que su mass-media, como principal herramienta deshumanizadora, habrá de atacar. Esto es la miseria de la cibernética.

Ante la Revolución invisible, la represión antropológica.

LA PARAMILITARIZACIÓN INVISIBLE


 1: EL INFILTRADO VESTIDO DE LUCHADOR SOCIAL. El espionaje dentro de las revoluciones es un elemento inminente para enmascarar a los movimientos políticos.

En Mayo del 2007, se comenzaría la construcción de una fábrica química en Xiamen China-, causa de un movimiento en gran parte de las ciudades bautizado como el “mobilised by mobile”, el cual, a partir de mensajes de texto mediante teléfonos celulares se escribió: “¡En nombre de nuestros hijos y nuestros nietos, actúa. Únete a otras 10,000 personas el 1 de junio a las 8 de la mañana frente al edificio del gobierno municipal. Lleva en la mano un lazo amarillo. Envía este mensaje a todos tus amigos de Xiamen” [1]. El gobierno chino no tardaría en comenzar a censurar las redes telefónicas unas semanas después, pero principalmente a usar a los empleados de las empresas susodichas para hallar con los focos de mayor alcance. ¿Es posible creer que a ningún líder político le haya llegado dicho mensaje?, la nano-información circula velozmente, arriesgándonos a perder la confidencialidad de nuestras estrategias de lucha.

En 2007, el periódico británico The Guardian informa sobre una reciente inversión que hizo la CIA a través de un órgano institucional –Greylock Venture Capital-, todo ello se refería a la compra de 1.6% de Facebook como empresa. De un éxito dentro de un campus universitario, logramos generar un nuevo aparato ideológico de Estado. En el 2011 habrían varias revueltas callejeras en El Cairo, Alejandría y El Suez –Egipto- debido a decenas de años de corrupción e implementación de Leyes de Emergencia de Hosni Mubarak, establecidas en eliminar los derechos constitucionales y la libertad de expresión cuando se considerara pertinente, frecuentemente en casos de “inestabilidad social”. El 25 de Enero el pueblo saldría fúrico a protestar, ese Día de la Ira provocó dos manifestantes y policía muertos por las trifulcas en El Suez. ¿Pero cómo se logró vincular la gente en una dictadura que acostumbraba cortar las líneas telefónicas?, mediante el Facebook. El 28 del mismo mes, el grupo público facebookero que convocó a las protestas anteriores saldría de nuevo a las calles con el lema de “la marcha de un millón de hombres”. Ya para ese día no era necesario que los infiltrados de Estado espiaran a hurtadillas, pues tal vez ya estaban en el mismo contingente de resistencia.

¡La CIA controlando el Facebook! No basta con nombrar los alcances de esta red social como medio masivo, sino de cumplir una función analítica de ésta dentro de los movimientos sociales en la estructura asamblea-publicación e infiltrado-luchador social, pues desde el 2012, el activismo social en México tuvo al Facebook como principal arma organizativa, recordar el #YoSoy132 es permanecer fiel al uso de la red social como medio alternativo, y como todo buen cabo en una nueva trinchera, habrá de adaptarse a ella mediante el axioma humeniano sobre la naturaleza.

Para el año 2013, se registraron 47 millones de usuarios mexicanos en esta red social. Los eventos para difundir marchas y acciones políticas se tornarían más visibles para los sistemas de vigilancia del gobierno, dando perfecto tiempo de adentrar a sus elementos a la manifestación, en forma de las temidas “cobras”, en los “judas” y en uno que otro policía encapuchado con los contingentes anarquistas (esto para aclarar que los jóvenes libertarios reconocen a leguas quién no pertenece al grupo radical).

En nuestras cuentas virtuales a veces abunda el narcisismo de la privacidad como una arqueología del exceso de información, los infiltrados rondan en todas partes. Los luchadores sociales están en las comunidades, en las fábricas y en las Universidades, pero los infiltrados también, pues estos son la mente de los cuerpos paramilitares que nos condenan a la paranoia y a la psicosis.

El infiltrado es ese ente que se filtra dentro nuestra convicción para cambiar las condiciones de la realidad, es decir, dentro de la sangre que oscila como el legítimo e imparable derecho al movimiento.
 
2: LA DESAPARICIÓN FORZADA Y EL EXTERMINIO SILENCIOSO. México hoy es un cementerio, pero no de forma metafórica; es una fosa clandestina. Aun habiendo superado las prácticas de las fosas comunes de la Europa bucólica del siglo XVIII, los mexicanos tienen dos formas de ‘pasar al otro mundo’: o debiendo lo intereses de una funeraria, o enterrados en las cercanías de la carretera.
Inspirados en organizaciones que están en pro de los Derechos Humanos que se han reivindicado independientes a los diversos Estados, con el antecedente histórico de la Seguridad Nacional en vísperas de la Guerra Fría o tras todos los crímenes perpetrados por la Operación Cóndor entre 1970 y 1980, se torna asequible explicar que el combatir estas formas de tortura sólo podrán tener eficacia rechazando cualquier forma de Estado, pues éste se ha encargado de ocultarlas.
Con la llegada de Felipe Calderón a la presidencia nacional se daría un fenómeno de porte tan transparente (así como la obra homónima de Carlos Fuentes) que resulta difícil creerlo en carne propia: la Guerra contra el narcotráfico y el aumento de la pobreza durante el sexenio, la primera dejando aproximadamente 121,683 muertes violentas [2] y la segunda, políticas que orillaron a 15.9 millones de habitantes a la pobreza que antes del 2006 no sufrían [3]. Conocer las tácticas de operación de los cárteles del narco, es conocer la parte más inhumana y visceral del mexicano: la faceta del auto-exterminio. Cabezas rodando, miembros amputados, cuerpos colgados en los puentes, sangre y cartuchos de calibre .14, rostros desollados…
La pregunta obligada es: ¿por qué esta guerra contra el narco no es efectiva? Ante la política estadounidense del conservador Ronald Reagan en contra del tráfico de estupefacientes, surgida en 1989, el capo Miguel Ángel Félix Gallardo comenzó a oler la ruina de su monopolio, para evitarlo accionó de forma sencilla e inteligente en demasía: dividir el negocio en lugartenientes, cual mercado de materias primas durante el feudalismo. El poder económico de los narcotraficantes es parte esencial en las transacciones del capital de hoy en día, es por ello que las condiciones del paramilitarismo del narco son formas de defensa ante el gobierno federal, y este a su vez, de ceder ante el show de la “defensa nacional”. Ese título de “guerra contra el narcotráfico” no es más que una representación aristofánica de la verdadera masacre. Los capos ya no sólo desaparecen a sus enemigos de frontera, sino que también lo hacen con los luchadores y estudiantes anti-sistema, pues México se cimienta en un narco-Estado.
Ahora, no pretendo generar apriorismos, pero la carga de mantener al pueblo resulta más sencillo cuando las personas desaparecen, cuando los núcleos criminales son ejecutados, o en nuestro caso, cuando los luchadores sociales son aprisionados. Como mencionábamos en la Prisión Educativa, el estudiantado ha sido el sector más despierto en cuanto a los procesos de cambios estructurales, pero que lamentablemente, le ha tocado gran parte de la brutal represión, y a partir del fenómeno de los 43 de Ayotzinapa, ha sido visto como el ad misericordiam del movimiento nacional.

Cuando hay estudiantes presos en la Ciudad de México, a veces todo el mundo llega a enterarse, cuando asesinan a estudiantes su rostro llega a todas las universidades y se realizan marchas, mega-foros y mil actividades artísticas para con su conmemoración, ¡lo aplaudo y me he unido a ellas!, pero, ¿qué sucede con los demás estados del país? Entre el 2000 y el 2014 se han asesinado a 102 periodistas, 61 defensores de los Derechos Humanos y centenares de luchadores indígenas pertenecientes a organizaciones ajenas al Estado, todo esto en estados como Veracruz, Chiapas, Oaxaca y Guerrero. No queremos caer en el número como símbolo de agresión, sino enfatizar que el exterminio silencioso se va destapando de forma paulatina, pues la misma decadencia de las “instituciones encargadas de la justicia” conlleva traicionar sus propios principios, haciendo del exterminio de su propio pueblo una forma entendible (pero de una contradicción tan enorme) de legitimarse en el poder.

Las torturas, las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales caen en un patrón endémico y sistemático de impunidad, la represión es logística pura.

Hasta que el individuo deje su alienación y tome justicia por su propia mano, que interprete una sinfonía de ruido ante los oídos recostados en el desconocimiento de este infierno, lo único que será forzado a desaparecer será la angustia de vivir en este país de criminales.
[1] Charles Tilly, “Los Movimientos Sociales entran en el Siglo XXI” en Los Movimientos Sociales, 1768-2008 – Desde Sus Orígenes a Facebook, Barcelona, Crítica, 2010, p. 189.
[2] “La guerra contra el crimen organizado durante el sexenio de Felipe Calderón dejó un saldo de 121 mil 683 muertes violentas, según datos dados a conocer hoy por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estas cifras se desprenden de los registros administrativos generados por cada entidad federativa, básicamente de defunciones accidentales y violentas. Los reportes contienen registros de 4 mil 700 oficialías del Registro Civil y mil 107 agencias del Ministerio Público que mensualmente proporcionan información al INEGI”. (“El Saldo de la Narco Guerra” en Revista Proceso, 30 de Julio del 2013).
[3] El sexenio de Felipe Calderón Hinojosa sumó a 15.9 millones de mexicanos a la pobreza medida únicamente por ingresos –la medición oficial hasta 2008–, ya que en 2006 había 45.5 millones y para 2012 se llegó a 61.4 millones, esto es, 52.3 por ciento de la población. (Datos del CONEVAL vertidos en Julio del 2013).
Burlándose aún del robo de elecciones y varios achaques contra los movimientos sociales, ignorando otros como la tragedia de la Guardería ABC en junio del 2009.

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