lunes, 29 de diciembre de 2014

Mumia Abu-Jamal: Samiya Abdullah (Goldii) Hace su transición. “Ella es una canción que siempre vamos a cantar”

Por ka lo
25 diciembre, 2014
por Mumia Abu-Jamal
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[Con mucha tristeza, compartimos la noticia de la muerte de Samiya ‘Goldii’ Abdullah, hija de Mumia Abu-Jamal y Wadiya Jamal, a la edad de 36, el pasado 17 de diciembre después de una larga batalla con el cáncer. Goldii (su nombre artística) era rapera, también madre de dos hijas y tenía estudios en psicología y sociología. Hace poco recibió su maestría. Siempre era una fuerte defensora de la inocencia de su papá y durante toda su vida, participó en actividades para ganar su libertad. Mumia escribió el siguiente texto justo después de su muerte.]

Para la gran parte del mundo del activismo, ella era Goldii, una rapera y activista, cuya dulce voz pegaba como ladrillos cuando ella creaba un rap o cantaba una canción.

Para nosotros, ella era Sami, nombre corto para Samiya, una joven brillante y reluciente que nunca dejó de sorprendernos.

Ella tenía muchos papeles –hija, madre, estudiante, activista, rapera, oradora, artista, licenciada– y más!

Para nosotros, era la bebé, la más joven, y por eso tenía un brillo especial.

Es curioso. Para un padre o madre, una niña siempre es una niña. Aún cuando ya no la es, en nuestra imaginación, sigue siendo una niña tras la cara y la forma de adulta.

Durante los últimos tres o cuatro años, Samiya estaba muy enferma del cáncer de hueso que se extendió por todo su cuerpo.

Durante años tuvo dolor en su espalda, pero lo aguantó con mucho valor, pensando que sanaría.

En 2011, por fin se hizo un examen en el que se encontró lo que nadie esperaba encontrarse –el cáncer.

Samiya hizo lo que siempre hacía. A pesar del diagnóstico, peleó por la vida.

De hecho, terminó sus estudios en psicología en su cama del hospital, obligándose a sí misma a recibir su maestría. Su clase entera admiró su voluntad de prevalecer.

Ella luchó durante años contra la invasión del cáncer, contra la malvada quimioterapia, contra el dolor insoportable. A pesar de todo esto, luchó.

¡Qué fortaleza tuvo esta pequeña mujer!

Al pensar en una visita que mi niña y mi esposa me hicieron en prisión, me viene a la mente una canción:

Mientras respire, recordaré la escena.

Tus puñitos atacando como martillos.
Golpeando el vidrio, para quebrantarlo.
Lágrimas cayendo como lluvia.
Pequeña, oh mi pequeña,
¿Cómo podría olvidar ese día?
Gritaste ¡Rómpelo! ¡Rómpelo!
Sonó como una campana todo el día.

Ha pasado mucho tiempo desde que golpeaste el vidrio.
Ya no eres una niña pequeña.
Gritaste ¡Rómpelo! Gritaste ¡Rómpelo!
¿Cómo podría olvidar ese día?
Gritaste ¡Rómpelo! Gritaste ¡Rómpelo!
Suena como una campana todo el día.

Sé que el tiempo pasó.
Ya no eres bebé.  
Pero mientras respire recordaré esta escena.
Tus puñitos atacando como martillos
Golpeando el vidrio, para quebrantarlo.
Lágrimas cayendo como la lluvia.

Pequeña, oh mi pequeña,
¿Cómo podría olvidar ese día?
Gritaste ¡Rómpelo!¡Rómpelo!
Suena como una campana todo el día.
Suena como una campana todo el día.

Samiya y yo nunca terminamos esta canción. Mientras daba su último suspiro, se sentaba en las piernas de su mamá, como solía hacer como niña. Ya no era niña, pero se había vuelto niña una vez más.

La canción de Samiya Abdullah ya terminó, pero como la música más dulce, se queda con nosotros, repitiendo ritmos y refranes. Se queda con nosotros, haciendo eco en nuestras almas.

Ella es una canción que siempre vamos a cantar.

Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.

–©’14maj
19 de diciembre de 2014
Audio grabado por Noelle Hanrahan: www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia, México
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Entrevista con Goldii publicada en Contralínea el 24 de agosto de 2011
por Rogelio Velázquez

A la distancia se asemeja a un campus universitario. La cercanía rompe la idea: aparecen las vallas y el alambre de púas. Por dentro el color blanco de los muros le da un toque de frialdad al lugar. Se trata de la prisión de máxima seguridad de Greene, localizada en Pensilvania, Estados Unidos. Ahí se encuentra recluido Mumia Abu Jamal –periodista y ex Pantera Negra– condenado a muerte desde 1982, acusado de homicidio.
“Un hombre con la capacidad de despertar las mentes de la comunidad y de fomentar la rebelión contra el opresor es peligroso en Estados Unidos; un país donde el número de negros y latinos condenados a muerte es mayor que el de blancos, a pesar de que los blancos cometen los mismos delitos que aquéllos. Su sentencia fue racista; lo juzgó un juez que se basó en su color para condenarlo”, señala –en entrevista con Contralínea– Goldii, hija de Abu Jamal. Tenía dos años cuando encarcelaron a su padre.
Serio e introspectivo, como lo describe, entre risas, su hija, Abu Jamal es autor de seis libros y un centenar de columnas y artículos. Además de ser escritor, estudia música: “Le compuso la canción más hermosa de amor a mi madre”, comenta Goldii.
“Es considerado un individuo peligroso. A lo que más le temen es a su mente; es inocente, pero es demasiado negro, demasiado listo y demasiado fuerte. El gobierno trata de silenciar a cualquiera que posea el poder de abrir las mentes del pueblo”.
—¿Por qué consideras que la pena de muerte persiste como una sanción penal en tu país?
—Tal vez por los políticos. Las cortes [judiciales] son como vampiros; tienen sed de sangre.
Desolado, como si nadie viviera ahí, el terreno montañoso rumbo a prisión parece infinito. Múltiples recuerdos aparecen en la mente de Goldii, hija de Mumia Abu Jamal. El trayecto a prisión le implica seis horas. Al final llega la recompensa: ver a su padre. No puede abrazarlo, sólo escucharlo.
“Me siento feliz al verlo, pero al mismo tiempo frustrada y enojada: lo tratan como a una bestia. Platicamos sobre política, música, sobre lo nuevo en el mundo del hip-hop; compartimos historias divertidas sobre mis hijas y mis sobrinos. Le platico sobre el trabajo que hacemos para conseguir su libertad y sobre las miles de personas que lo apoyan a nivel mundial. Lo que más amo es escuchar su risa, es un escape temporal del infierno donde vive”, relata Goldii.
Al llegar a la prisión de Greene, Goldii muestra su identificación. Para pasar por el detector de metales se tiene que despojar de su cinturón, sostén y todo tipo de metal. Luego, es revisada individualmente en una habitación pequeña mediante una máquina que detecta droga. Después pasa a un puesto de control. Finalmente llega al área de visita. Este proceso lo repite cada vez que Goldii visita a su padre.
“Es devastador para mi familia. Podría escribir un libro de todos los sufrimientos que hemos tenido”, relata la hija de uno de los condenados más significativos para los grupos abolicionistas en todo el mundo.
Agrega: “A pesar de que la cara del presidente [Barack] Obama también es negra, el racismo sigue presente en Estados Unidos. Me gustaría confiar que el sistema de justicia es imparcial después de 29 años, pero la historia me ha demostrado lo contrario”.
—¿Cuál es el momento más difícil de la visita?
—Dejarlo en ese lugar sabiendo que no pertenece ahí. Es una experiencia demoledora.
—¿Qué piensas en el trayecto de regreso a casa?
—Me pregunto qué estará haciendo, y qué pasa con él tan pronto nos vamos. Pienso en nuestra charla y lo imagino con una sonrisa.
El juicio de Abu Jamal se encuentra en un momento crítico; los tribunales revisarán nuevamente el caso: se abre la posibilidad de que se conmute la pena de muerte y se cambie por cadena perpetua. Para sus familiares y las miles de personas que lo apoyan a nivel global sólo existe una opción: su absoluta libertad.
—¿Si tu padre es liberado, habrá justicia?
—Justicia retrasada, pero sí.
Goldii, la hija de Mumia Abu Jamal concluye: “Es imposible regresar el tiempo; no puedo retroceder a cuando tenía tres años de edad. No puedo regresar a mi graduación del quinto grado. Hubo muchos eventos de la vida que él se perdió y que jamás serán remplazados. Eso es muy triste. El corredor de la muerte está diseñado para quebrar el espíritu humano, pero su espíritu aún está vivo”.
Pronto Goldii llevará a su hija más pequeña a conocer a su abuelo en prisión, del mismo modo que a ella la llevaban a convivir con su padre detrás de un largo vidrio de acrílico, desde que tenía dos años y medio.
Esta es una porción de All Out para Mumia, en el 30 aniversario del encarcelamiento, que se llevó a cabo en el centro de la Constitución en Filadelfia 09/12/2011.
Goldii, hija menor de Mumia recita "Trampillas". La rima, con elocuencia, explica cómo a su padre le dispararon y posteriormente fue acusado de asesinato.

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