martes, 25 de noviembre de 2014

25NovMx: Ángel-Zócalo-4pm ¡Libertad a todxs lxs presxs políticos del #20NovMx! y carta de Revueltas a los presos

¡Presentación con vida de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa!
¡no estamos todxs,
Faltan lxs presxs!
¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!
¡Libres se los llevaron, libres los queremos!
¡Ya basta de criminalizar la protesta social!
La Voz del Anáhuac

José Revueltas cumplió 100 años el pasado 20 de noviembre (nació en 1914). Revueltas, haciendo honor a su apellido fue un rebelde toda su vida. Siendo aún adolescente fue hecho prisionero por acompañar una lucha obrera, recluido en las Islas Marías.
Más veces fue encarcelado, pero esto lejos de doblegarlo, afianzó más su postura revolucionaria. De convicción comunista, se atrevió a criticar a la dirección del Partido Comunista Mexicano, del cual era militante, cuestionó la política del PCM durante el movimiento ferrocarrilero de 1958-59 y en su obra “Ensayo sobre un proletariado sin cabeza” negó la existencia de un verdadero partido de clase con capacidad de dirigir la lucha por la emancipación de la clase obrera, por lo que fue expulsado del PCM.
En los años 60 fundó la Liga Leninista Espartaco. En 1968 se incorporó como uno más al movimiento estudiantil, jugó un importante papel en la formación de una conciencia crítica, antidogmática. Enfatizó, adelantándose al momento que se vivía, la idea de la autogestión universitaria, que proponía que estudiantes y profesores, en permanente debate, construyeran una universidad ligada al pueblo y a sus luchas.
El 7 de noviembre de 1968, pocos días antes de que él mismo también fuera hecho prisionero, escribió una carta dirigida a los presos políticos del movimiento estudiantil-popular.
A continuación se reproduce esta carta, pensando en lxs compañerxs encarcelados el 20 de noviembre de este año:
JOSÉ REVUELTAS: CARTA A LOS PRESOS DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968
7 de noviembre de 1968
COMPAÑEROS:

Forman ustedes el cuerpo de aquellos que en diferentes momentos de la lucha, a partir del 26 de julio de este año violento, amargo pero igualmente jubiloso y esperanzado, de 1968, constituyen nuestros primeros caídos. La palabra suena áspera y desnuda: caídos, pero es el tono en que la Historia habla. No sonrían ustedes y piensen que esto es simple retórica. Las figuras verbales adquieren un contenido real, viviente y tangible, cuando han dejado de estar vacías y las anima por dentro el gran aliento cálido de la lucha de los hombres. Es por eso que la Historia nos da el derecho de hablar por ella. Son ustedes los primeros. Caerán, caeremos más, pues por ahora es a nosotros a quienes corresponde el turno de pagar, unilateralmente, el precio del combate. No debe importarnos, pues caídos no quiere decir lo mismo que vencidos. Atrás de aquel que cae, hay alguien siempre que recoge la bandera y ésta ondeará, tarde o temprano, en el punto más alto de la victoria.

Ustedes compañeros, nosotros, somos jóvenes, nuestro Movimiento es joven. Todo lo que lucha, todo lo que no se deja vencer, todo lo que combate es joven en tanto brega por el imperio de la razón y de la dignidad humana. Mediten hondamente en el significado de nuestra actitud, de las posiciones de nuestro Movimiento y asimismo en lo que significa en la vida de un hombre el ser un preso político a una edad tan temprana. Esto indica el espíritu de entrega y sacrificio de una generación nueva, despierta, viva, combatiente, que ha rechazado la abyección y a la que no ha podido cegar el espejismo ignominioso del triunfo oportunista y fácil, ni de la vida sin vicisitudes ni tropiezos.

Ustedes, compañeros estudiantes que están en la cárcel, se han titulado de hombres con la boleta de formal prisión, antes de obtener el título académico que los consagre en esta o en aquella actividad profesional. Han preferido recibirse de seres humanos, antes que abandonar sus existencias a la deriva gris de la conformidad y el servilismo, en espera de ser mañana una mercancía más dentro de una sociedad cuyo único dios es el dinero.

Compañeros: el luchar en las filas del Movimiento Estudiantil es y ha sido una honra para todos aquellos que participan en él y para todos aquellos que le prestan y le han prestado ayuda desinteresada. Pero el estar presos por la causa de nuestro Movimiento es una honra doble y un timbre de orgullo y dignidad que nadie podrá jamás arrebatarles. Son ustedes y lo somos todos, una generación con rasgos históricos muy especiales que la distinguen y delimitan muy precisamente en relación a las generaciones anteriores. No se trata de que incurramos en un alarde jactancioso respecto a cualidades que nos hagan mejores a las demás generaciones del pasado. Ni peores ni mejores. Nos movemos y actuamos dentro de un contexto social y político diferente en esencia al de otras épocas. Lo único que nos distingue es que no queremos traicionar nuestro destino ni tampoco permitir que nadie lo traicione…

…resulta imposible que nuestra generación del año 68 traicione su destino. Ante nosotros se plantea, en el mundo y en México, un único dilema insoslayable y rotundo: victoria o muerte. La victoria, para nuestro país, será un México libre, democrático sano, donde se pueda respirar, pensar, crear, estudiar, amar. La muerte -así quedemos, para nuestra desgracia, vivos- será la noche del alma, las torturas sin fin, el candado en los labios, la miseria del cuerpo y el espíritu.

Compañeros encarcelados por la causa de la libertad:

A todos nos sostiene, a ustedes en prisión, a nosotros todavía “libres”, la confianza que tenemos en el vigor inextinguible de nuestro Movimiento, en su inagotable tenacidad para vencer, en su disposición resuelta a cualquier clase de sacrificios, en la inquebrantable rectitud y pureza de miras.

¡Mantengamos nuestra férrea unidad de propósitos, nuestra disciplina, nuestra mutua solidaridad, nuestro espíritu combativo, firmes, resueltos, de una pieza, adentro o fuera de la cárcel, en la lucha a campo abierto y en la obligada pasividad –no por eso menos combatiente y orgullosa – de las prisiones!
José Revueltas