domingo, 26 de octubre de 2014

EDITORIAL DE LA CASA DE TODOS Y TODAS: “LA LLORONA”: CHOCACIHUATL

Grupo Editorial de la Casa de Todas y Todos.
octubre, 2014.
El Editorial de Noviembre se dedica a los y las que defienden a la madre en este caso, los estudiantes de Ayotzinapa y tantos otros y otras que han venido cayendo y desapareciendo en el camino del amor al pueblo.
Sentado sobre los muertos que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.
Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.
Vientos del Pueblo (1936-1937) Miguel Hernández
Mujer que llora, “Chocacihuatl”, en náhuatl, su leyenda vive en el imaginario colectivo y sirve para entendernos, como mexicanos, representa a la madre que busca a sus hijos perdidos. Los llora y llama, alzándose contra quien los retiene. Sólo ella nos quiere y busca. Nosotros, el pueblo, todas y todos en cambio, retribuimos ese cariño venerando a la madre que sufre en cada uno de los actos de nuestra vida, la defendemos, luchamos y no permitimos que nadie la insulte. Así somos. Es nuestro pasado, nuestra memoria, nuestra identidad.
Es una verdad histórica que luego de la toma de “Tenochtitlan” (hoy Cd. de México)  por los españoles, los defensores mexicas, sitiados y diezmados por la viruela fueron asesinados en masa, los pocos sobrevivientes fueron marcados con hierros candentes y encadenados. Después fueron repartidos a los soldados españoles “encomendándolos” al servicio de sus haciendas y minas. De la separación de las madres indígenas de aquellos sus hijos, surge desde entonces con mayor fuerza la leyenda de la “Llorona” que siempre está presente.
Hoy, los intereses económicos políticos y militares de las potencias imperialistas imponen la “doctrina del shock” en todo el mundo, México incluido. Sólo en los últimos 10 años, 100,000 muertes violentas, aún impunes, hay 30,000 desaparecidos que sólo las madres buscan, desde los años de la llamada “guerra sucia” hasta Ayotzinapa; cifras ciertas que ninguna autoridad puede negar pero tampoco reconocer. Son políticas ajenas, intervencionistas.
Con respecto a México, los imperialistas y sus lacayos están jugando con fuego. Somos un pueblo tranquilo, trabajador, hospitalario, orgulloso de su pasado, con profundas raíces históricas que nos alimentan y mantienen unidos -ver libro México Profundo-. Para nosotros, todos los pueblos somos hermanos.
Ahora debemos responder como uno sólo cuando agreden a nuestra madre, en éste caso la tierra que nos vio nacer, apoyar a todas y cada uno de las luchas que se gestan en nuestro país, como el movimiento de los jóvenes politécnicos que hoy algunos critican sin un real ejercicio autocrítico. Nosotros decimos que “los errores son nuestros, los triunfos son ya de nuestro pueblo”.
Tampoco se toma en cuenta que el movimiento politécnico tiene mucho en común con los compañeros de la Normal de Ayotzinapa pues el Estado mexicano se encuentra de forma sistemática criminalizando a la juventud y agrediéndola de forma física o minando su derecho a la educación pública. ¡Vivos los llevaron Vivos los queremos!
Es verdad que el sistema imperialista no da para más, la doctrina del Shock no es efectiva, los pueblos luchan y vencen siempre. Hace falta un  nuevo orden total de las relaciones humanas, un nuevo contrato social, justo y equitativo, donde cada pueblo –sin intervención de nadie- decida cómo lograrlo.
La madre indígena, la madre llorona que nos busca ya nos encontró. “Ya se mira el horizonte”, hombres, niños y mujeres, los estudiantes, las obreras y los obreros, todas y todos, las campesinas y los campesinos irredentos y hambrientos, dicen BASTA a las represiones sistemáticas de cuerpos militares y policíacos, con la caras pintadas que circulan por las calles, imitando cuerpos represivos ajenos a nosotros. No lo podemos permitir.
Ya se escucha nuevamente el “Vivir por la Patria o Morir por la Libertad” de nuestra primera Independencia. Nuestras madres no parieron cobardes, no les fallaremos.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!