sábado, 25 de octubre de 2014

Ayotzinapa, intacta la demanda de justicia: ¡VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!

Por Eréndira Martínez
Fotografías de Eréndira Martínez y Cristian Leyva

Nayeli tiene 24 años y un hijo de 5, su pueblo está a una hora de distancia de Tixtla y su esposo es estudiante de la Normal ubicada en dicha localidad. Sentada en el autobús –que después de la enésima jornada de movilización nos lleva de regreso de Chilpancingo– con voz baja y trémula, Nayeli pasa los cuarenta minutos de camino contestando a las preguntas del niño, que si después de caminar tres horas bajo del sol ahora los compañeros de su papá regresarán, que si después de su regreso él podrá venir otra vez de visita a la escuela de Tixtla, que si está segura que a su papá no le pasará lo mismo. Frente a esta última pregunta ella se calla y lo abraza. Lo quisiera, pero no puede estar segura. Por eso, aunque su marido no esté en el grupo de los 43 desaparecidos, hoy estuvo marchando en la que fue la tercera peregrinación de Tixtla a Chilpancingo en la historia de Guerrero.
Los estudiantes nos cuentan que la primera fue a finales de los sesenta, cuando Lucio Cabañas encabezó a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Guerrero. La segunda tuvo lugar en marzo pasado, en el marco de las protestas en contra de la reforma educativa, cuando el movimiento magisterial se unió a los integrantes de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias en un recorrido vigilado por helicópteros federales, interrumpido por el hallazgo de un hombre despedazado que acabó con las amenazas del ejército. El hecho de que la caminata de hoy haya sido interrumpida solamente por la solidaridad ciudadana, la cual organizó paradas solidarias para distribuir agua y fruta, no le impide entrar con pleno derecho en la historia del estado.
Fue más o menos a la mitad del camino que la noticia de la renuncia del gobernador Ángel Aguirre empezó a extenderse entre los participantes del evento. Al llegar a Chilpancingo la confirmación se dio en la conferencia de prensa convocada a las 5 de la tarde en Casa Guerrero: Aguirre solicitó licencia a su cargo para que el congreso local elija quien puede encabezar un nuevo gobierno y retomar las investigaciones acerca de los trágicos acontecimientos ocurridos en Iguala el pasado 26 de septiembre. “No voy a permitir que el centro de todo sea si el gobernador se queda o no, así que no seré un impedimento para que las investigaciones continúen” afirmó petulante el político.
Al escuchar las palabras del ahora ex gobernador se entiende perfectamente porque nadie de los participantes a la marcha, ni de los familiares de las víctimas, pensó en acudir a la conferencia, prefiriendo quedarse en el zócalo de la ciudad, en donde se celebró una misa para los estudiantes, seguida por un evento político que tuvo la participación de un joven que escapó a la masacre y en el cual, también se dio voz a las madres de los desaparecidos.
Los dos eventos paralelos que se llevaron a cabo esta tarde en la ciudad de Chilpancingo fueron una muestra impresionante de cómo la política mexicana se ha alejado de la vida real del país: las declaraciones del ex gobernador tuvieron eco en un extremo mientras que del otro lado de la ciudad y casi en tiempo real, se escuchó la acusación por parte de quien tiene años padeciendo la sangrienta realidad del estado.
Mientras Aguirre declaraba que “desde las primeras horas, el gobierno del estado tomó medidas inmediatas para detener a los policías directamente implicados y a otros individuos identificados como partícipes de estos hechos delictivos”. Una de las maestras encargadas del centro de acopio para la Normal de Ayotzinapa –situado en el zócalo– nos habla de cómo la procuraduría tardó días antes de decidirse a buscar los estudiantes y que casi dos semanas fueron necesarias para que la presidencia definiera la desaparición de los jóvenes un problema de tamaño nacional y no una cuestión puramente local. Y la acusación contra Aguirre por parte de la integrante del Comité de familiares y amigos de secuestrados, desaparecidos y asesinados de Guerrero siguió al escuchar que el gobierno se habría encargado en seguida de “difundir informaciones y colectar víveres, así como localizar a los estudiantes desaparecidos y brindar la atención necesaria a todas las víctimas”.
 “No hay apoyo, no hay asistencia. Nosotros como pudimos armamos brigadas de consulta, pero no es suficiente, aunque ir a la Normal sirve, sea a los integrantes del Comité o sea a las familias, por la empatía que se crea entre personas que sienten lo mismo”.
El Comité se está ocupando de la asistencia a los familiares y amigos de las victimas desde el principio. Y la lucha por los 43 estudiantes se suma a la que ya se está llevando a cabo desde hace años, denunciando desapariciones forzadas como la del arquitecto Jorge Gabriel Cerón Silva, ocurrida el 14 de marzo del 2007; o la de Francis Alejandro García Orozco, Andrés Antonio Orduña Vázquez, Lenin Bladimir Pita Barrera, Zósimo Tadeo Chacón Jiménez, Olimpo Hernández Villa y Sergio Méndez Landa, todas ellas ocurridas el primero de marzo del 2010. El levantamiento de estos seis jóvenes, detenidos por elementos del ejército mexicano cuando trasladaban mobiliario de las instalaciones de una feria a la discoteca Cherry’s de Iguala, había sido hasta la fecha el hecho más grave en número de personas levantadas al mismo tiempo. La activista considera que si la sociedad no reacciona en este momento pidiendo con cualquier medida la restitución con vida de los 43, muy pronto estos levantamientos podrán volverse masivos.
 “Muchos se indignan viendo a gente protestar rompiendo vidrios o tomando el ayuntamiento pero nosotros les decimos ¿qué esperan? Los padres, los familiares, los amigos quieren encontrar a sus seres queridos y hacen lo que les nace para hacer presión. En este caso, por ejemplo, no hay noticias y se quedan calladitos esperando que la televisión les proporciones información” afirma tajante la maestra. Porque ahora la información viene de los medios, ni siquiera de las autoridades.
El discurso sobre la información proporcionada a las familias es un punto muy importante en la denuncia de los integrantes del Comité, los cuales consideran este silencio institucional como una enorme falta de respeto, sea hacía los desaparecidos o sea hacia sus familias.
 “Nos hemos apegado mucho al derecho de las víctimas de enterarse de la información de sus seres queridos a través de los medios correctos, es decir las autoridades. En la mayoría de los casos las familias se enteran por lo que dice la televisión o los periódicos, es decir, es un trato inhumano. Y nos duele que en esta ocasión este trato haya venido también de parte del Padre Alejandro Solalinde, quien pronunció palabras que no son muy gratas para nosotros. Nosotros respetamos la lucha del padre que se ha dedicado a la defensa de los derechos humanos, pero en esta ocasión sentimos que dijo algo públicamente que no le correspondía haber dicho a él, porque las familias tenían la esperanza de encontrarlos vivos y él se la quitó diciendo que los muchachos estaban muertos y, además, quemados vivos. Si el padre tenía información, la vía correcta hubiera sido venir a la Normal, platicar con los padres y los estudiantes y ver cual podía ser una estrategia conjunta” termina diciendo nuestra compañera de plantón, maestra y activista.
Frente a estas declaraciones se entiende por qué las palabras de Aguirre suenan para muchos oídos como una burla. Al escuchar al político hablar de la prioridad de continuar con la búsqueda de los desaparecidos y de castigar los responsables, nuestra interlocutora recuerda cómo “nos tocó a nosotros estar el día en que se descubrieron las primeras fosas y los federales y el ejército ni siquiera tenían una estrategia, nomás se juntaron y los padres tuvieron que encabezar la búsqueda”.
Cabe destacar que mientras la maestra nos comenta punto por punto el discurso de renuncia Aguirre, las actividades alrededor no paran. Los maestros solidarios que “invadieron” el zócalo con sus casas de campaña el pasado 8 de octubre –después de la primera marcha convocada a nivel nacional en apoyo a Ayotzinapa– siguen distribuyendo material informativo y recaudando fondos para la Normal. Videos, posters, volantes, stickers están a disposición de la ciudadanía a través de cooperación voluntaria.
El discurso oficial en Casa Guerrero está a punto de acabarse y cuando vienen los agradecimientos a “la solidaridad del PRD, PT y MC, partidos que apoyaron la candidatura a la gubernatura” la maestra no aguanta su enojo.
“No es cierto que son los partidos quienes apoyan las candidaturas, aquí son los narcos los que deciden quien queda como autoridad política. Es bien sabido por todos y, con lo de la Normal se hizo muy evidente, esta cloaca se confirmó y reafirmó. Como cuando asesinaron Arturo Hernández Cardona el año pasado en Iguala, y hubo un testigo que denunció que fue el mismo presidente municipal él quien le dio el tiro de gracia. Nosotros vemos dos cosas. Primero que el gobernador no tuvo calidad moral para salir y decir acá están, vivos o muertos. Y el presidente de la república menos. Segundo, aquí en el estado hubo un vacío por parte de la Universidad Autónoma de Guerrero que no se pronunció. Resulta que apenas anteayer llegaron a la Normal con apoyo e incluso convocaron la peregrinación de ahorita. Entonces nosotros decimos ¿qué pasa con el rector? Incluso para las manifestaciones del 2 y 8 de octubre, él había suspendido clases, como si no quisiera que los estudiantes se fueran a las manifestaciones. Y ahora hasta convoca. Para nosotros, si se va el gobernador, él podría ser candidato al interinato de la gubernatura y con eso neutralizar la movilización”.
Esta reflexión nos suena como un déjà-vu: en el mes de junio de este año Salvador Jara Guerrero, ex rector de la Universidad Nicolaíta rindió protesta como gobernador sustituto de Michoacán en relevo de Fausto Vallejo Figueroa. Si el pronóstico de la maestra se revela correcto, estaremos tal vez frente a una nueva tendencia cuyo éxito todavía se tiene que averiguar, sin embargo mirando a la evolución del panorama michoacano, no promete resultados para nada positivos.
Nuestra conversación con la maestra se acaba casi al mismo tiempo en qué del otro lado de la capital guerrerense se acaba la conferencia de Aguirre. Los autobuses que nos regresan a Tixtla nos están esperando a unas cuadras de distancia. Nayeli y su hijo, la verdad, ya están sentados en ellos.