miércoles, 17 de septiembre de 2014

Lavar la bandera, pensar el sentir patriótico (performance de H.I.J.O.S-México: ni perdón, ni olvido)

Texto y fotografías por Mauricio Poveda,
video por Mauricio Poveda y Paulina Moreno.
Lavar la Bandera, pensar el sentir patriótico
Video de SubVersiones publicado el 16/09/2014
Ésta fue la apuesta de H.I.J.O.S México (Hijos por la identidad, la justicia, contra el olvido y el silencio), el pasado 6 de septiembre en medio de la Feria de la Enchilada, llevada a cabo en la delegación Iztapalapa, «cuna de la mexicanidad». Un performance basado en el hecho simbólico de hablar, recordar y denunciar en el espacio público la práctica sistemática de la desaparición forzada, sus variantes y actuales maneras de reconfigurarse.
Sacar la memoria de sus espacios más íntimos y personales, comunicarla, exteriorizarla a quienes pareciera ser ajena –como relato mas no como vivencia–  resulta siempre ser una tarea constante por rehacer aquellos discursos ubicados en la historia oficial, cuya realidad se ha construido basada en el olvido y en la impunidad que le acompaña.
Ésta fue la apuesta de H.I.J.O.S-México (Hijos por la identidad, la justicia, contra el olvido y el silencio), el pasado 6 de septiembre al realizar un performance –en medio de la Feria de la Enchilada, llevada a cabo en la delegación Iztapalapa, «cuna de la mexicanidad»– basado en el hecho simbólico de hablar, recordar y denunciar en el espacio público la práctica sistemática de la desaparición forzada, sus variantes y actuales maneras de reconfigurarse.
Una acción política fundamentada en el acto de «lavar la bandera», (un acto que se ha realizado previamente en México y en otros países) como manera de hacer visibles aquellas manchas y huellas imborrables en las que se ha vertido la historia de violencia y terror que caracterizan el México de las últimas décadas.
Desde el recuerdo de la matanza de Tlatelolco en 1968, pasando por la represión y la desaparición forzada de cientos de líderes estudiantiles durante la década de los setenta, hasta rememorar hechos más recientes como los de Atenco y Acteal… hechos suficientes para repensar el sentir patriótico mexicano y de esa manera incursionar en la idea de deconstrucción nacional, como una propuesta alternativa.
Para H.I.J.O.S existe un cuestionamiento fundamental alrededor de la idea de salir a las plazas públicas durante este mes de septiembre y reconstruir su idea de repudio social: indagar acerca de cuál ha sido esa historia reciente que se ha legitimado en la población y cuáles han sido esos olvidos selectivos que se implantan día a día con total normalidad.
Por ahí va nuestra idea de condena social, el jabón de la justicia no va a venir de la nada, tenemos que aprender a reinstalar la justicia, no como un aparato burocrático, ni como una idea que se desdibuja… sino también condenado día a día lo que no nos parece.
La lucha por generar una conciencia colectiva que parta del no-olvido, implica ir a la raíz de muchos de los problemas que aquejan a los ciudadanos. Introducirse de manera colectiva en estos espacios de festividad y normalidad para luego tener la capacidad de trastocarlos y remover ese «orden» de manera propositiva, lleva a que «la gente que recuerda y que se indigna ante lo que recuerda, pueda construir esa idea de condena social… no olvidar, no perdonar y no reconciliarse, es un algo que siente en el fondo de sus tripas muchísima gente (…)».
Cuando nosotros pensamos que nuestro trabajo estaba sirviendo para visibilizar el tema y que la gente lo supiera, nos dimos cuenta que la gente ya lo sabía porque las desapariciones se habían vuelto a dar en México… la práctica se re-edito y eso hace que la gente esté al tanto de esto. Eso también ayudo a que la gente hoy escuchara mejor, porque ya no hay una familia que no tenga en el norte a un familiar desaparecido.
 Pensemos en cómo la sangre se puede estar vertiendo
de otras formas por otras causas ahora mismo…
no solo en la violencia física,
sino también en esa violencia estructural…
En medio del acto simbólico surgieron preguntas incómodas. Las respuestas configuraron un diálogo entre quienes transitaban en su cotidianidad laboral o de descanso y quienes habían llegado como sujetos políticos a proponerse repensar la historia de una manera dinámica y colectiva.
El ejercicio de indagar y problematizar elementos de la actualidad sociopolítica mexicana, formaron parte de la propuesta colectiva de esta acción pública de condena social. Para H.I.J.O.S, preguntarse en qué sentido las reformas estructurales que se implementan actualmente están cambiando la historia del país, y si son necesarias las masacres para que exista una señal de alarma e inconformismo generalizado, implicaba pensar en las múltiples maneras en que actualmente a la gente se le está matando.
Estas reformas están afectando a absolutamente toda la población. Pensábamos en que aquí en Iztapalapa en especial [la delegación mas poblada de Ciudad de México] donde la mayoría de la población es clase media-baja y baja, sí les llegan estas cosas, a ellos les tocan los bolsillos de una manera impresionante y sí hay un descontento social pero también creemos que faltan este tipo de cosas que reactiven la importancia de estar en desacuerdo con esta realidad.
—Es que la mancha no sale y no sale,
no es un jabón normal el que necesitamos.
¿Qué necesitamos?
                                          —¡Justicia!
                                                                       —¿Cómo le hacemos?
                                                                           ¿Cómo la conseguimos?
                                                                           ¿De dónde la traemos?
— … [silencio]
En ese momento no hubo respuesta. Tal vez fue el único instante en el que la realidad sobrepasó al simbolismo. Ubicó al público en un lugar incómodo en el cual no supo cómo responder ante un concepto ambiguo y lejano política y culturalmente. La noción de «justicia» parece ser una gran ficción, no una realidad alcanzable: «La injusticia, más allá de ser un mal per sé, tiene la pésima cualidad de desactivar a la gente, genera un anquilosamiento que hace que la sociedad se quede estancada. La falta de justicia también le va matando la esperanza la gente…»
El ejercicio de preguntarle a la gente
¿qué es lo que vale la pena detrás de la bandera?
Era también un ejercicio para nosotros…
Más allá de preguntarse qué sentido tiene ese patriotismo marcado y permeado en todas las esferas de la cultura mexicana, es importante reubicar el sentido popular de este tipo de acciones. Debatir ese ideal de nación actualmente podría ser un punto de anclaje, que hace que este tipo de acciones públicas trasciendan a partir de los ejercicios de memoria colectiva como motor de lucha e identidad política.
Una identidad que no solamente se encuentra en manos del gran aparato mediático, también se construye de diálogos emanados de las propias vivencias, en el cuál tiene sentido pensar en un trabajo colectivo «desde abajo», donde la rabia y el inconformismo ubiquen lugares comunes para el encuentro y el reconocimiento de un «nosotr@s».
Ese no olvido tiene que ser como algo de ida y vuelta ¿no? no somos nosotros como colectivo de H.I.J.O.S quienes les vamos a recordar a ellos lo que están olvidando; sino que también la gente tiene cosas que recuerda, tiene cosas que contar…
Al final, una respuesta por parte del público anónimo en la que con el grito de «¡Presente!» acompañaron la invitación de familiares de desaparecidos, aún sin conocer sus luchas, aún sin estar cercanos a las historias detrás de los nombres,  pero sí identificando que en esta historia de luto y dominación, existe la idea colectiva de un no-perdón y un no-olvido capaz de remover sentimientos y sensaciones.
         Para H.I.J.O.S este último elemento se configuró como una respuesta inmediata a tantas preguntas y dudas que surgen de una acción como estas. La bandera tiene un sentido si la gente es capaz de imaginar cómo se pueden construir nuevas historias; si se puede devolver la misma bandera manchada de sangre como un espejo hacia «el otro» y que a su vez tenga la capacidad de reconocerse en ese dolor.
Nosotros nos cuestionábamos si todavía podíamos creer en la gente, realmente la cosa ha llegado tan fuerte que pensábamos si aún valía la pena seguir por nuestra gente, por nuestros mexicanos y esto fue un ejemplo de que sí. Todavía la gente tiene esa capacidad de indignarse y de sentir empatía por las causas sociales, por los desaparecidos y reafirma esta idea que tenemos y hemos tenido siempre, que los desaparecidos nos faltan a todos y esto es un proceso en el que se está sintiendo eso… que nos faltan a todos!

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