sábado, 21 de junio de 2014

[Oaxaca, México] 14/06/2006: Memoria de lucha: el salto de la lucha gremial a la lucha popular

por Appostol
Sábado, 21 de junio de 2014
CONTEXTO del 14/06/2006
La Voz del Anáhuac.
El 14 de junio de 2006 en Oaxaca fue la madrugada en que el magisterio no sólo impidió el desalojo del plantón que sostenía desde mayo como acción por sus demandas gremiales, fue también el punto de inflexión que hizo pasar la lucha gremial a la lucha popular, que fortificó el plantón con barricadas, que dio luz a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que involucró a comunidades campesinas e indígenas, estudiantes, trabajadores, a la mayor parte de la población, que tomó el control de la ciudad y que instauró, por un tiempo, un poder popular embrionario, ejercido desde las asambleas, haciendo posible eso que se ha denominado la ‘Comuna de Oaxaca’. Algunas radios comerciales tomadas, Radio Universidad, Canal 22, Radio Plantón y las radios comunitarias fueron medios que sirvieron para informar momento a momento, pero también fueron pivotes de organización. La resistencia al desalojo del plantón el 14 de junio, las barricadas y los combates callejeros durante la ofensiva de noviembre dejaron gran experiencia, mucha enseñanza, pero también el diálogo con el pueblo en las barricadas, en los múltiples foros de debate en las fogatas, en las veladas, en los brigadeos a los pueblos, a los ejidos, a los barrios, a otros estados, al plantón en la ciudad de México.
         El gobierno había asestado un duro golpe a la Otra Campaña Zapatista en Atenco con la brutal represión del 3 y 4 de mayo. Detuvo, por un tiempo, el recorrido de la Comisión Sexta por el país. Pero, aunque localizado en Oaxaca, no pude detener el impulso rebelde, autónomo, de poder popular asambleario en Oaxaca. Tuvo que dejar pasar la coyuntura electoral para asestar un golpe demoledor a la ‘Comuna de Oaxaca’ en el mes de noviembre, enfrentando una sólida resistencia. Al final la brutalidad se impuso. Centenares de presos y perseguidos, decenas de asesinados. Luego una resistencia debilitada, arrinconada a la semiclandestinidad. Las divisiones, los oportunismos, las claudicaciones, las traiciones fueron la puntilla.
         Pero nadie puede negar las grandes lecciones que esta experiencia ha dejado al pueblo de Oaxaca, de México…, quizá del mundo, pues indudablemente los medios libres supieron aprovechar la red para dar amplia difusión a este movimiento.
Nos permitimos escribir esta breve introducción para contextualizar el relato-testimonio de la batalla del 14 de junio que a continuación se reproduce:
El inicio de la guardia vino junto con el del día, la fecha es 14 de junio, cae en miércoles, la guardia a cargo de profesoras de preescolar se da en la bocacalle de Armenta y López y Arteaga del centro histórico de Oaxaca, así cada región dividió a sus delegaciones para vigilar el perímetro del plantón, pues desde días atrás corría un rumor: El posible desalojo por parte de la policía, quizá también del ejército al campamento que tenían instalado.
Un taxista pasó, se detuvo frente a las profesoras y les comentó que hoy “sí es el día” refiriéndose al desalojo; unos profesores de primaria (que para hacer más llevadera la madrugada bebían mezcal) dijeron que eso venían diciendo desde el 1 de junio, que no debían preocuparse.
Un mariachi que pasaba por el lugar fue contratado, las profesoras y sus hijos bailaban y cantaban, los más pequeños comenzaron a caer de sueño lo que provocó que algunas de ellas se retiraran a sus casas y otras se resguardaran en las escuelas aledañas para tratar que los niños pudieran descansar mejor, caía una pequeña llovizna que era mejor evitar por eso de las enfermedades.
Dieron las tres de la mañana, vino el cambio de guardia, se murmuró entre los profesores que ya no se daría el desalojo, pudieron ir a descansar; las que decidieron retirarse a sus casas ven en el trayecto que la movilización de policías no era normal pero tampoco pudieron asegurar que era inminente el desalojo y por ello no dieron aviso a sus compañeros y compañeras para no causar alarmas.
Algunos profesores regresaron a sus campamentos, otros se mantuvieron por el ánimo que les brindaban las bebidas, las profesoras se dirigieron a la escuela Enrique Pestalozzi, ahí podían descansar e ir al baño; una hora después las luces de la escuela se apagaron. Se escucharon gritos y la nariz comenzó a “picar”. Ya no saldrían hasta horas después.
Justo la bocacalle que habían resguardado las profesoras horas antes fue uno de los puntos donde la policía entraría a desalojar el plantón; los gases y el golpeteo de la macana al escudo hizo que muchos profesores y profesoras no dieran aviso a sus demás compañeros ni dieran resistencia al primer embate de la policía, entre los gritos, pisotones y el olor a gas pimienta y lacrimógeno terminaron de despertar a todos los que ahí se encontraban.
Desde Radio Plantón se anunciaba la entrada de la policía al campamento, se llamaba a la resistencia, para ese entonces la estación no era un ápice de lo que llegaría a ser; fueron los mensajes de texto, las llamadas a familiares y a compañeros y compañeras  lo que permitió que Oaxaca se fuera enterando de lo que sucedía.
El objetivo  policiaco fue el edificio del sindicato, los líderes y la radio se encontraban allí, solo destruyeron la estación pues los primeros ya habían salido, los detenidos fueron encañonados y los llevaron sobre la calle de Armenta y López hasta donde se encuentran las instalaciones de la Cruz Roja oaxaqueña, ahí los hicieron “abordar” camionetas blancas; el sur del centro histórico fue el punto de entrada de los efectivos y ahí concentraban sus unidades.
En las calles los profesores y profesoras salían corriendo debido a la cantidad de gas que asfixiaba, por el este hacía avenida Juárez, por el norte sobre el andador turístico hasta Santo Domingo y por el oeste sobre avenida Independencia hasta la basílica de la Soledad. Muchas profesoras quedaron dentro de escuelas como la facultad de derecho de la Universidad y la escuela primaria “Basilio Rojas” que desde afuera eran bombardeadas por los gases.
Por la calle de Guerrero salió el líder gremial Enrique Rueda Pacheco, ya en el cruce con avenida Juárez pedía a los profesores que se trasladaran a la Técnica 1, ahí sería la reorganización, los y las que lo escucharon mandaban mensajes a sus compañeros y compañeras para que se trasladaran hacia allá.
Los menos respondieron al entonces dirigente que debían resistir, no eran ni las 5 de la mañana, la luz del día estaba lejos de aparecer, pero los ojos llorosos por el gas lograron divisar desde avenida Juárez a 5 camionetas blancas llenas de policía en la esquina de Hidalgo y Xicoténcatl, los profesores respondieron con piedras que lograron obtener de las calles que en ese momento estaban en trabajos de pavimentación, la policía huyó de lugar.
En las diversas bocacalles de Guerrero, Hidalgo, Colón, Morelos e Independencia sobre avenida Juárez los profesores y profesoras comenzaban a reunirse, había gritos, mentadas, llantos; comenzaron a llegar familiares y amigos de los mentores, algunos se retiraban, otros al recordar como los había agarrado el desalojo comenzaban a vociferar contra el gobernador ¡Va caer, va caer, Ulises va a caer!
Comenzaron a contar historias, sobre Atenco, sobre el movimiento estudiantil del 77, sobre lo que podría suceder, aparecieron los rumores: 2 profesoras de la región de la costa que murieron por golpe de petardos, una profesora muerta estando embarazada por el susto e inhalar gas, había logrado según el rumor llegar hasta la Plaza de la Danza, otros decían que había fallecido en una ambulancia.
Mientras el descontento iba creciendo (en los perímetros hasta donde habían sido dispersados los mentores) surgía el valor para comenzar el rescate del zócalo. La policía se ubicaba en el cruce de Independencia con Armenta y López y caminaba hacia avenida Juárez; los rumores, el enojo, la indignación hicieron brotar la resistencia en los primeros profesores y comenzó la respuesta contra la policía, unos jóvenes decidieron romper los cristales de una agencia de viajes que al instante hizo sonar la alarma que enardeció a algunos y asustó a otros, el objetivo era hacer ruido para que apareciera la prensa, ausente hasta esos momentos.
La policía avanzaba triunfante cuando comenzó a recibir la primera lluvia de piedras, en ese momento la obscuridad y los ángulos de las calles hacían que desconocieran el número de profesores que respondían al ataque, el primer camión tomado se colocó en la bocacalle de Independencia y avenida Juárez, era un recolector de basura que protegía a no más de 20 personas que se resguardaban tras él de los golpes de las latas de gas.
Esa pequeña respuesta fue sumando a otros profes y jóvenes que iban arribando al auxilio de sus padres, familiares o conocidos, no superaron en número los 50; así resistieron hasta la salida del sol, regresaban los gases lanzados a la policía lo que hizo que estos retrocedieran una cuadra y la resistencia avanzara hasta la bocacalle de Fiallo e Independencia, ahí formaron la primera barricada con lo que quedó del campamento que allí se encontraba.
 
Algunos policías a pesar de haber retrocedido se daban tiempo de abrir las maletas que habían quedado en las calles, pateaban las tiendas de campaña tiradas, hacían intentos de mofarse de sus rivales, hasta el punto de sacar la ropa interior de mujer que alguna profesora había dejado; la olían, las lanzaban, pasaban la ropa interior por sus genitales e incluso simulaban que realizaban relaciones sexuales, a la distancia los profesores se “calentaban” por la burla.
En los lapsos donde el enfrentamiento bajaba de nivel ambos bandos se hacían de recursos para el enfrentamiento, los policías tomaron los baños portátiles que servían al plantón y los colocaron de parapeto, los profesores buscaban piedras, aguas y cocas; desde un hotel, cercano al punto donde se encontraba la línea de frente de la resistencia, unas profesoras lanzaban botes de agua y coca cola a sus compañeros; una caja de mangos que quedó entre los escombros del desalojo sirvió de alimento a los que resistían al olor del gas.
El amanecer trajo consigo los refuerzos, por el lado del magisterio una marcha procedente de la Técnica N° 6 venía provista de palos, piedras, hondas, resorteras y coca colas; por parte del Estado un helicóptero cargado con cientos de bombas lacrimógenas, pimienta y aturdidoras.
Una ambulancia de la Cruz Roja intentó cruzar el enfrentamiento sobre la calle de Fiallo para llegar a Reforma pero fue parada, según los activistas que iban llegando al lugar narraron lo sucedido en Atenco días antes, donde ambulancias habían servido para transportar  a los detenidos y detenidas, al revisarla no fue el caso, en cambio los paramédicos surtieron de suero a los manifestantes que usaron para enjuagarse los ojos de los gases, la ambulancia siguió su camino.
A la llegada de los refuerzos también llegó el grito de guerra del incipiente movimiento, el grito de ¡Va caer, va caer, Ulises va a caer! fue modificado al calor de la batalla, el gobernador ya no lo era más, los gritos desde ese entonces fueron ¡Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó!
El grito acompañó a la toma de otro camión de transporte urbano que entró en contrasentido sobre la calle de Independencia, el objetivo kamikaze era la policía y hacia ellos se enfiló y los cruzó lo que provocaría una desorganización en sus posiciones y una pequeña algarabía del otro lado; minutos después devolvieron la ofensiva.
La participación del helicóptero por parte de la policía hizo que el frente de lucha del magisterio se dividiera en dos, la policía logró retomar la cuadra que antes había perdido; de los dos nuevos bloques del magisterio el que se ubicaba sobre la calle de Reforma fue al que le prestó más atención, los agentes lograron hacer retroceder a los profesores hasta 3 cuadras, de algunas casas la gente salía a dar leches, aguas y coca colas a los combatientes, la policía logró posicionarse en la bocacalle de Reforma y Morelos, los activistas, jóvenes y profesores se situaban en dos puntos Av. Juárez y Morelos y en Reforma y Murguía.
El movimiento de los frentes permitió que los profesores y la gente que los apoyaba pudieran tomar la calle de Murguía y todas las bocacalles que lo cruzan de norte a sur, la policía se expandió sobre la calle Morelos hacia el poniente pues del lado contrario había un bloque que también los atacaba.
Al sonar de los petardos, el olor de los gases, la lluvia de piedras y el vuelo del helicóptero el enfrentamiento fue moviéndose hasta llegar a la calle 5 de Mayo; ahí se desató la batalla más dura, los profesores que habían sido desalojados hacia el norte ya se habían unido al contingente, el helicóptero que  sobrevolaba apenas arriba de los techos de las edificaciones del centro dejaba sus primeros heridos al apuntar sus cartuchos sobre los manifestantes.
El gas lacrimógeno se concentraba en la calle, el aire producido por la hélice del helicóptero provocaba que no subiera y la irritación fuera mayor; los heridos e intoxicados iban aumentando en la línea del frente y salían en brazos de los refuerzos que tomaban sus lugares; al lanzamiento de los petardos desde el helicóptero los profesores y jóvenes corrían a pegarse a la pared y cubrirse los oídos para no caer por el estruendo y para evitar ser golpeado por las esquirlas, los botes de gas eran regresados a mano limpia con dirección a la policía a pesar de las quemaduras que provocaban.
De a poco los y las que intentaban recuperar el zócalo recularon a los policías otra cuadra y el enfrentamiento siguió sobre el andador turístico, solo el apoyo del helicóptero permitía a los policías mantener cierta distancia con los manifestantes; los gritos avisaron que había mujeres y niños resguardados en la facultad de Derecho, la táctica por parte de los jóvenes y profesores de regresar los gases a la policía se vio modificado pues pasaban a afectar a sus compañeras.
En la calle de García Vigil los profesores provistos de otro camión urbano lanzaron otra ofensiva kamikaze que hizo compactar a los uniformados, las distancias del enfrentamiento se recortaron, el parque de los profesores cada vez era mayor, el constante regreso de las latas de gas hacia las fuerzas policiales también les causaba asfixias y comenzaba a minar su respuesta.
Las bocacalles que rodeaban a los efectivos ya eran controladas por el magisterio y compañía, solo dos calles con dirección al sur les dejaron para poder salir; los embates a no más de 10 metros los hicieron tirar toletes y escudos para poder correr sobre la calle de García Vigil, pasar la alameda y el zócalo, la masa los persiguió, recogió sus armas y retuvo a algunos, el helicóptero subió el vuelo y desapareció. El zócalo de Oaxaca había sido retomado de nuevo. 

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