domingo, 29 de junio de 2014

CUATRO POEMAS DE EFRAÍN HUERTA, EN EL CENTENARIO DE SU NATALICIO

junio 29, 2014

Efraín Huerta Romo fue uno de los poetas más reconocidos de México, cuyos versos se caracterizaban por ir en contra de lo establecido en términos estilísticos. Fue además un activista político de la izquierda latinoamericana. Inició sus estudios de derecho en la ciudad de México, pero los abandonó para dedicarse al periodismo y a la literatura. Su primer poemario (Absoluto amor), se caracterizó por su liricismo amoroso, pero tras su vinculación con la revista Taller evolucionó hacia una poesía que reflejaba tanto la subjetividad personal como las circunstancias políticas y sociales. A partir de 1950 inició el movimiento neovanguardista de “El cocodrilismo” por lo que fue conocido como “El gran Cocodrilo”.
Aquí, para tenerlo presente, algo de su poesía:
¡Mi País, Oh mi País!
Descenderá al sepulcro vuestra soberbia.
Y echados seréis de él como troncos abominables,
vestidos de muertos pasados a cuchillo,
que descendieron al fondo de la sepultura.
Y no seréis contados con ellos en la sepultura:
porque destruisteis vuestra tierra,
y arrasasteis vuestro pueblo.
No será nombrada
para siempre la simiente de los malignos.

Libro del profeta Isaías
Ardiente, amado, hambriento, desolado,
bello como la dura, la sagrada blasfemia;
país de oro y limosna, país y paraíso,
país-infierno, país de policías.
Largo río de llanto, ancha mar dolorosa,
república de ángeles, patria perdida.
País mío, nuestro, de todos y de nadie.
Adoro tu miseria de templo demolido
y la montaña de silencio que te mata.
Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes.
Morirse todo de terror y de angustia.
Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos
y las cárceles y las prisiones militares son para ellos.
Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga
y hay miedo en los ojos y nadie habla
y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada,
porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido.
Porque hay engaño y miseria
y el territorio es un áspero edén de muerte cuartelaria.
Porque al granadero lo visten’
de azul de funeraria y lo arrojan
lleno de asco y alcohol
contra el maestro, el petrolero, el ferroviario,
y así mutilan la esperanza
y le cortan el corazón y la palabra al hombre―
y la voz oficial, agria de hipocresía,
proclama que primero es el orden
y la sucia consigna la repiten
los micos de la Prensa,
los perros voz-de-su-amo de la televisión,
el asno en su curul,
el león y el rotario,
las secretarias y ujieres del Procurador
y el poeta callado en su muro de adobe,
mientras la dulce patria temblorosa
cae vencida en la calle y en la fábrica.
Este es el panorama:
Botas, culatas, bayonetas, gases …
¡Viva la libertad!
Buenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz…
todo el país amortajado, todo,
todo el país envilecido,
todo eso, hermanos míos,
¿no vale mil millones de dólares en préstamo?
¡Gracias, Becerro de oro! ¡Gracias, FBI!
¡Gracias, mil gracias, Dear Mister President!
Gracias, honorables banqueros, honestos industriales,
generosos monopolistas, dulces especuladores;
gracias, laboriosos latifundistas,
mil veces gracias, gloriosos vendepatrias,
gracias, gente de orden.
Demos gracias a todos
y rompamos
con un coro solemne de gracia y gratitud
el silencio espectral que todo lo mancilla.
¡Oh país mexicano, país mío y de nadie!
Pobre país de pobres. Pobre país de ricos.
¡Siempre más y más pobres!
¡Siempre menos, es cierto,
pero siempre más ricos!
Amoroso, anhelado, miserable, opulento,
país que no contesta, país de duelo.
Un niño que interroga parece un niño muerto.
Luego la madre pregunta por su hijo
y la respuesta es un mandato de aprehensión.
En los periódicos vemos bellas fotografías
de mujeres apaleadas y hombres nacidos en México
que sangran y su sangre
es la sangre de nuestra maldita conciencia
y de nuestra cobardía.
Y no hay respuesta nunca para nadie
porque todo se ha hundido en un dorado mar de
dólares
y la patria deja de serlo
y la gente sueña en conjuras y conspiraciones
y la verdad es un sepulcro.
La verdad la detentan los secuestradores,
la verdad es el fantasma podrido de MacCarthy
y la jauría de turbios, torpes y mariguanos inquisidores
de huaraches;
la verdad está en los asquerosos hocicos de los cazadores
de brujas.
¡La grande y pura verdad patria la poseen,
oh país, país mío, los esbirros,
los soldadones, los delatores y los espías!
No, no, no. La verdad no es la dulce espiga
sino el nauseabundo coctel de barras y de estrellas.
La verdad, entonces, es una democracia nazi
en la que todo sufre, suda y se avergüenza.
Porque mañana, hoy mismo,
el padre denunciará al hijo
y el hijo denunciará a su padre y a sus hermanos.
Porque pensar que algo no es cierto
o que un boletín del gobierno
puede ser falso
querrá decir que uno es comunista
y entonces vendrán las botas de la Gestapo criolla,
vendrán los gases, los insultos,
las vejaciones y las calumnias
y todos dejaremos de ser menos que polvo,
mucho menos que aire o que ceniza,
porque todos habremos descendido
al fondo de la nada,
muertos sin ataúd,
soñando el sueño inmenso
de una patria sin crímenes,
y arderemos, impíos y despiadados,
tal vez rodeados de banderas y laureles,
tal vez, lo más seguro,
bajo la negra niebla
de las más negras maldiciones…

Che 
En la calle
deben pasar cosas
extraordinarias
por ejemplo la Revolución.
Y no puede omitirse:
¡Perros, mil veces perros!

-Efraín Huerta, junio de 1954-

De nuevo vuestras garras sobre el rostro
de paz y de trabajo de América.
Ya no tenéis descanso, apenas respiráis,
agónicos, bestiales, sucios, embrutecidos.
Desesperados, fríos como la muerte,
teméis a la mujer que ama y al niño
que sonríe.
Teméis a vuestra propia sombra.

Hace un año, a orillas del río Hudson,
asesinasteis a los Rosengberg. El ancho río
lleno de los ojos de Whitman, el río
que todo lo viera, lloró con sus ojos azules
ante la cobardía y el crimen.
Desde hace un siglo matáis de hambre
y de sangre al Continente.
Sólo sabéis matar.
Sólo sabéis escupir
a la rosa de la libertad.
(Chapultepec no olvida. Aquella joven sangre
es como el pan de cada día,
es como la oración de cada día del mexicano.)
Pues sólo sabéis hincar los dientes
y las metálicas garras. Sólo sabéis
degollar a la paloma de paz y de trabajo.
Ahora es Guatemala, donde el azul
es el cristal del triunfo
y la revolución la semilla del amor.

Volvéis a andar, cenicientos y apocalípticos,
grises como gallinas, como perros
olisqueando la adolorida carne del Caribe;
siempre volvéis,
sobre la canción del quetzal,
sobre el Asia que es dulzura
sobre Hiroshima que vio morir a todos sus niños
y ahora sobre el pequeño país,
que se construye al tiempo
que se abren sus alas.

¡Bandoleros de siempre, arrasadores
de América!

¡Pisoteadores de países,
sangrientos y sanguinarios siempre:
en Colombia que se rompió los hombros
y en Veracruz que se llenó de sal
la pavorosa herida del 14!
¡Ya no tenéis descanso!
¡Respiráis, como los muertos, y los muertos
se ríen de vuestro aire,
de vuestras banderas donde las estrellas
están muertas,
donde el azul traiciona
y las barras se desploman de vergüenza!
¡Bandidos sin bandera! ¡Desesperados,
histéricos, hipócritas, viciosos!
¡Ahora es Guatemala, donde el azul
es el azul del cielo!
Guatemala,
donde el honor hace honor a su nombre
y donde el río de Roosevelt y
las rosas de Roosevelt
palpitan;
donde se quiere vivir y amar
como se debe amar y vivir.
Guatemala más hermana que nunca,
la más hermana,
nuestra pequeña niña de los ojos de agua.
(Guatemala, niña de nuestros ojos...
¡Hoy te rompen el alma
y te quiebran la música y el triunfo!)
¡Pues sólo sabéis, oh yanquis de miseria,
oh matadores de indios y de niños,
oh vencedores de Hiroshima,
oh miserables buitres de Chapultepec,
sólo sabéis ladrar,
babear,
morder rabiosamente!
¡Perros, mil veces perros!

Asesinos de todo:
bebedores de la sangre del poeta,
mancilladores de las canas de Whitman,
enlodadores de Jefferson,
enfangadores de Lincoln,
asesinos,
simplemente asesinos...
¡Yanquis, mil veces perros,
yanquis de Wall Street!
¡Maricones de McCarthy, rectores de Columbia,
condecorados de Corea...de Corea del Sur,
ladrones del mundo,
chérifes,
espías,
nadie os olvida, nadie,
nadie os perdona, nadie!
De nuevo vuestras garras sobre el cuerpo
de paz y de trabajo de América.

Desesperados, aislados como el odio,
fríos como un árbol de veneno,
ciegos como una noche ciega,
viles como la eterna vileza,
idiotas como gallinas idiotas,
os lanzáis sobre América,
sobre la suave paz de Guatemala
y volvéis a morder,
perros, mil veces perros,
la carne viva del amor,
la carne viva de la paz.
¡No tenéis más bandera que la sangre de América!
La sangre de todos los países,
la roja sangre de nuestras limpias lágrimas,
¡oh perros
devastadores,
incendiarios, mil veces perros!