viernes, 21 de febrero de 2014

Los “terroristas” que defienden el agua ( pueblo nahua de San Pedro Tlanixco, EdoMex.)


La guerra por el control del agua, mejor conocida en estos tiempos como el oro azul, ha provocado el rompimiento de cientos de comunidades indígenas, dejando a su paso un sin fin de violaciones a sus derechos humanos, asesinatos, desapariciones, represión y encarcelamientos injustos, tal es el caso de los seis indígenas nahuas de San Pedro Tlanixco en el Estado de México, quienes han sido considerados como terroristas y sentenciados a purgar penas de más de 50 años.
La comunidad de Tlanixco –palabra en náhuatl que significa “en la haz de la tierra”- está incrustada dentro de los hermosos paisajes de la cordillera del Nevado de Toluca, antes conocido con el nombre de Chicnauhtécatl –nueve aguas o nueve manantiales-. Esta comunidad indígena ha sido catalogada como un “poblado terrorista” por el hecho de defender su tierra y el agua, según la línea de investigación de la Procuraduría General de la República, PGR/TOL/V/017/2002.
Estos pueblos indígenas han sido fragmentados y perseguidos por no estar de acuerdo con los proyectos que han prometido traer modernidad y desarrollo para estas comunidades. Las comunidades de Tlanixco han sostenido un férrea  resistencia  desde los años 80, cuando se opusieron a la construcción de la autopista Tenango-Ixtapan de la Sal, así mismo, se opusieron a que les despojarán del río Texcaltengo, el cual fue concesionado y entregado a la inversión privada de los monocultivos de flores, del municipio de Villa Guerrero, sede de la Asociación de Floricultores de Villa Guerrero (ASFLORVI).
“Nos dimos cuenta de que el gobierno quería que nos confrontáramos con otras comunidades vecinas y por medio de engaños nos construyeron un pozo artesanal para el uso doméstico, después pudieron concesionar el agua y la pusieron en a las manos de las empresas floricultoras”, relata Rosario Peralta Sánchez miembro de esta comunidad.
En el año 2001 la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) canceló la concesión que tenían los ejidatarios de esta comunidad, declarándolo como nulo en el oficio BOO.E.12.1.0.2.-00971, razón por la cual, los habitantes de Tlanixco decidieron bloquear la autopista Tenango-Ixtapan de la Sal. Después de varias negociaciones con el gobierno, se dio un acto de provocación donde perdió la vida el ingeniero Alejandro Cárbaso, motivo por el cual, al día siguiente, con extrema, violencia se detuvieron a los representantes del pueblo que defendían el agua.
“Fue una represión muy fea, donde catearon muchas casas, en un momento calculamos que llegaron alrededor de 1500 elementos de la policía utilizando una violencia extrema, contra hombres, mujeres y niños, así fue como se rompió el tejido social de nuestras comunidades”, agrega Peralta Sánchez.
El resultado de esas detenciones, es el encarcelamiento de seis de los representantes de la comunidad que llevan más de diez años en prisión y una serie de órdenes de aprehensión que aún están abiertas, por tanto hay varias personas que aún mantienen una vida en el anonimato y la clandestinidad para que no los detengan.
Pedro Sánchez Berriozábal, Teófilo Pérez González y Rómulo Áreas Mireles han sido sentenciados a más de cincuenta años en prisión por el delito de homicidio, así mismo Lorenzo Sánchez Berriozábal, hermano de Pedro; Marco Antonio Pérez González, hermano de Teófilo, y la señora Dominga González Martínez, se encuentran procesados en el mismo penal.
Sus hermanos indígenas han decidido hacer un llamamiento a la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales para que se pronuncien por la libertad de estas personas injustamente encarceladas.
Según datos de las Naciones Unidas, cada día mueren 5,000 niños por falta de agua potable, un equivalente a más de 2 millones de infantes por año. Este tipo de terrorismo contrasta con los terroristas de Tlanixco, quienes buscan defender el agua, no como una propiedad privada, sino como algo fundamental para la vida.
Los conceptos de Oro Azul, modernidad y desarrollo no caben  en su vida diaria de estas comunidades indígenas, pues al igual que la tierra, el agua para ellos es bien común que debe respetarse, pues no tiene un precio monetario.