viernes, 21 de febrero de 2014

Italia: Represión contra la lucha NO-TAV: 4 personas detenidas y acusadas de “terrorismo”

 
Solidaridad con lxs NO-TAV arrestadxs en Italia

En la noche del 13 al 14 de mayo de 2013, unxs treinta anónimxs atacaron la obra de la futura línea de alta velocidad Lyon (Francia)–Torino (Italia), logrando penetrar adentro de la zona de construcción, y quemar allá material y herramientas. Un sabotaje que se inscribe dentro de la lucha, y que fue públicamente respaldado por el movimiento NoTav.

El 9 de diciembre de 2013, la policía política obedeciendo a los órdenes de las fiscalías de las ciudades de Torino y Milano, encarcelaron a cuatro compañerxs, Chiara, Mattia, Niccolo y Claudio, sospechadxs de participación en la acción de mayo. La acusación es «atentado con finalidades terroristas», con el objetivo de «obligar a los poderes públicos o a una organización internacional a cumplir o abstenerse de cumplir con un acto cualquiera» (en este caso el financiamiento y la realización de la línea ferroviaria de alta velocidad Torino-Lyon), «perjudicando severamente a Italia y la Unión Europea» (artículo 270sexties del código penal italiano, que retoma la definición europea).

El 8 de enero de 2014, la asamblea de los comités No Tav en Italia expresó su solidaridad con lxs inculpadxs, y llamó a una jornada de solidaridad este 22 de febrero.

Traducción de un texto de análisis de los hechos publicado en el sitio italiano informa-azione:
«Cuando el enemigo habla alto y claro. Breves reflexiones sobre las últimas detenciones No-TAV»

Estaba en el aire, esa operación represiva que llevó a la cárcel a 3 compañeros y una compañera, acusadxs de haber participado en la noche del 13 al 14 de mayo pasado en una acción en contra de las obras de construcción del TAV, en Chiomonte, Valle de Susa.
Por supuesto no se sabía a quién le tocaría, ni realmente bajo qué acusaciones. Pero el coro repetido de manera obsesiva desde hace meses por todos los medios de comunicación italianos y por los representantes más destacados del partido ecumenista de los pro-TAV no dejaba dudas.
El anuncio del Fiscal General de Torino, Caselli, de su jubilación anticipada de unos meses, no escapó a lxs más atentxs, ya que no dejaba ningún signo de buen auspicio: era difícil imaginar que tal personaje abandonaría el escenario en silencio.
Es así que después de haber examinado el terreno este verano, a golpe de investigaciones y de redadas en contra de diversos activistas No TAV bajo la acusación de «atentado con finalidades terroristas» (art. 280 del código penal), el inevitable tándem de los dos fiscales turinenses Padalino-Rinaudo reintentó el golpe unos meses después, con las detenciones de Chiara, Claudio, Mattia y Niccolò, como último saludo respetuoso a su Padrino Caselli, y esperando, con eso, subir unos escalones más en la competencia por su sucesión.
Además del artículo 280 ya citado, las acusaciones son: «acto de terrorismo con el uso de artefactos capaces de engendrar la muerte o artefactos explosivos, degradación por medio de incendio, violencia en contra de agentes de policía, posesión y transporte de armas de guerra».
Con estas acusaciones se impide cualquier posibilidad de obtener medidas cautelares alternativas (arresto domiciliario, obligación o prohibición de encontrarse en un territorio determinado, etc.), e implican además un tiempo de encarcelamiento previo al juicio muy largo, así que amenazan con transformarse en condenas que podrán superar los 20 años de cárcel, si las acusaciones quedan iguales durante el juicio.
Para ser más precisxs, lxs 4 compañerxs encarceladxs son acusadxs, entre otras cosas, de haber participado en grupo y con otras personas «en proceso de identificación», haber amenazado la vida y la integridad física de las personas encargadas de las obras de construcción del túnel de exploración, como de las personas encargadas de vigilar el orden público, en fin de «obligar a los poderes públicos o a una organización internacional a cumplir o abstenerse de cumplir cualquier acción» (en este caso el financiamiento y la realización de la línea ferrocarril de alta velocidad Torino-Lyon), «causando así un perjuicio grave en contra de Italia y de la Unión Europea» (artículo 270sexies del código penal).
Un detalle que merece la pena apuntar, es que nadie, durante esa acción en contra de las obras del TAV, ya sea obrero, policía o militar, señaló cualquier daño físico, ni declaró una baja laboral. En cambio, es interesante entrar en el detalle del artículo 270sexies.
Incluida en las reformas judiciales llamadas «paquete seguridad Pisanu» (julio de 2005), este artículo debía reformular la definición de «actitud terrorista», ampliándola de manera significativa. Usaba la ola de indignación provocada por los atentados de Madrid en 2004 y de Londres en 2005. Esas nuevas normas, aparentemente creadas en contra de las bombas de Madrid (que forzaron el gobierno de Zapatero a retirar sus tropas de Irak), se caracterizaban por ser redactadas de forma voluntariamente vaga.
Compañerxs y abogadxs eran ya conscientes de que diversos contextos de lucha iban a sufrir esas reformas. La aparición del artículo 270sexies en una instrucción en contra de los No TAV no es entonces una anomalía judicial sino una aplicación de un dispositivo pensado desde el principio en contra del conflicto social.
No es casual que esa carta sea usada por primera vez propiamente en defensa de la obra del TAV en Chiomonte, donde ya está previsto el alambre de espino israelí, y los militares y tanques regresados de Afganistán para hacer cada vez más inexistente la frontera entre guerra interna y guerra externa.
Aquella noche entonces, un generador de electricidad, una caja de alimentación eléctrica conectada a una turbina de aireación, cables eléctricos y canalizaciones de la turbina fueron incendiados. Unos materiales que servían a la realización del túnel de exploración, cuya degradación bloquea o retrasa de manera concreta el avance de las obras.
Un acto muy selectivo, un gesto que afirma directamente su propio objetivo.
Una acción de sabotaje ejemplar, en pocas palabras, un zueco [en francés, sabot] lanzado a las máquinas de construcción, para quebrar su funcionamiento.
Algo muy bien entendido por el movimiento No TAV, como lo demostraron las declaraciones y los comunicados en los días posteriores a la acción. Por primera vez en Italia desde hace treinta años, un movimiento de masa reivindicaba el sabotaje como práctica de lucha. En la historia real, muy diferente de la escrita por la justicia, la práctica del sabotaje ha sido asumida públicamente por el movimiento. Eso porque las formas constantes y rotundas de rechazo masivo de esa gran obra han sido sistemáticamente y rotundamente ignoradas. Como prueba de eso, un túnel de exploración se ha convertido en «lugar de interés estratégico nacional» (definición retomada por el expediente judicial de los fiscales Rinaudo-Padalino, no desde una norma gubernamental, pero desde la revista de Alta Defensa Estatal). Todo eso ha creado un buen desmadre al partido pro-TAV, dado la influencia adquirida por la lucha en el Valle de Susa. De igual forma pensamos en la lucha No Muos [lucha en contra de la instalación de enormes antenas militares por parte de los Estados Unidos en Sicilia], donde la palabra sabotaje está de nuevo al orden del día, preocupando aún más a la «madre de todas las preocupaciones» (es decir a la democracia italiana), como expresó la señora Cancellieri-Ligresti, encargada de la secretaría de justicia, y politiquera.
Es con esa luz que hay que leer el expediente judicial.
Después de las detenciones del 9 de diciembre, muchxs subrayaron que las acusaciones de terrorismo, retomadas en coro por toda la prensa, intentaban dividir una vez más el movimiento. Después del «nosotros somos todos black bloc» gritado por miles de personas el 3 de julio [1], esta vez de nuevo, el intento de aislar a lxs 4 compañerxs encarceladxs dividiendo el movimiento entre buenxs y malxs, habitantes del valle pacifistas y extremistas llegadxs de afuera, ha fracasado rotundamente.
[1] [El 3 de julio de 2011, miles de personas manifestaron en contra del desalojo del campamento de la Maddalena, provocando enfrentamientos de varias horas y mostrando una clara determinación para retomar el lugar de resistencia desalojado. Siguieron detenciones, y el Estado y sus medios de comunicación intentaron dividir al movimiento. Un lema es entonces gritado y retomado por el conjunto del movimiento en lucha: «nosotrxs somos todxs black bloc»].
En asunto de divisionismo, ya pocas personas podían todavía tener dudas, y los investigadores mismos no se hacían muchas ilusiones. A través de esas acusaciones de terrorismo, el objetivo conllevado por las autoridades parece muy diferente.
En el expediente judicial los investigadores, insistiendo en el mero plano jurídico, sostienen una tesis claramente política. Basándose en un breve historial de los actos legales y las cumbres internacionales que permitieron la instalación de las obras de Chiomonte en el Valle de Susa, los magistrados defienden la tesis de que se trata de una elaboración democrática. La acción en contra de las obras -vinculada a la enumeración de prácticas de oposición cuyo voluminoso expediente abarca una larga descripción- fue definida como «terrorista», no tanto por sus características específicas, sino por el hecho de oponerse al democratismo de una decisión gubernamental.
Seguimos esa lógica. Todas las decisiones impuestas por el Estado tienen un fundamento legal, lo que quiere decir que son formalmente basadas en el Derecho. Todo lo que pone realmente en tela de juicio un proyecto estatal puede ser entonces acusado de «terrorismo». Sólo nos queda entonces el desacuerdo platónico. Dar un carácter concreto a su propio NO, que en el fondo, es la característica esencial del movimiento No TAV, se convierte en antidemocrático. Benito Mussolini hubiera dicho: «Nada fuera del Estado, nada en contra del Estado». El totalitarismo habla hoy en día con un lenguaje diferente: «¿Nuestras decisiones democráticas no te gustan? ¡Eres un terrorista!».
La democracia es una puerta blindada contra todo tipo de desacuerdo (aparte del concedido, de la denuncia); el desacuerdo no para, la puerta se encuentra entonces blindada con alambre de espino y militares; el desacuerdo se vuelve sabotaje, y eso revela las «finalidades terroristas» de la lucha No TAV. De una manera, los dos fiscales turinenses dicen explícitamente lo que hasta entonces era implícito: las decisiones de un Estado democrático son incontestables.
Cualquier lucha que sea, incluso un conflicto sindical, pretende siempre llevar a la parte adversa a «cumplir o abstenerse de cumplir con un acto cualquiera» (como lo escribe el art. 270sexies). El bien nombrado pacto social, o la dialéctica entre los cuerpos sociales, se fundaba sobre eso: lo que hoy es ilegal puede ser mañana un derecho. Era la época, empezada en la posguerra, durante la cual se intentaba integrar a lxs campesinxs y lxs obrerxs en el Gran Compromiso: si me dan su fuerza de trabajo, les concedo derechos. Bueno ya, esa historia se acabó. Eso es la democracia. Fuera o en contra de eso, está el Mal, está el terrorismo.
Decir que todo eso podría apuntar a cualquier movimiento de lucha es entonces una banalidad. Lo que lo es menos, es sacar las consecuencias de eso. Según las épocas, la clase dominante ataca frontalmente los movimientos en sus puntos fuertes, y no los más débiles. El uso de la categoría de terrorismo en contra del movimiento No TAV –por lo que expresa y por su símbolo- es en este sentido una advertencia para todxs.
Si seguimos hasta su final la lógica de los fiscales Rinaudo y Padalino, la esencia «terrorista» de la lucha en contra del TAV no se caracteriza tanto por un supuesto «salto cualitativo», sino por sus mismos fundamentos : este NO con 20 años de experiencia, de saberes, de enfrentamientos y de acciones que no son más que su desarrollo consecuente.
No haberse resignado ante las porras, los gases lacrimógenos, las máquinas de obra, los informes económicos y comerciales, los encarcelamientos y el terrorismo mediático, eso es el crimen que abarca todos los otros.
En este sentido, la defensa a lxs compañerxs encarceladxs y acusadxs de «terrorismo» no es sólo un deber solidario, sino también la reivindicación determinada de la lucha y de sus propias razones.
Cosechar el reto de esa operación represiva y reactivar las resistencias, en el Valle como afuera, eso es el asunto de todxs y de cada unx de nosotrxs.
 

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