martes, 29 de octubre de 2013

OCTUBRE EN LA MEMORIA: A DIEZ AÑOS DE LA “GUERRA DEL GAS” EN BOLIVIA



























Por: Subversiones Bolivia & Chaski Clandestin@
Fotografías: Aldo Orellana

Por Marlene Rojas, quien ahora tendría 18 años
Para don Eloy, albañil, trabajador de la tierra y padre de Marlene
Para todxs lxs caídxs y heridxs

Esperanzas y memoria
El sol del altiplano está alumbrando la ciudad de El Alto, entre tantos barrios que surgieron del poder del  brazo de sus propios habitantes. Romero Pampa, Villa Santiago II, Alto Lima, 12 de Octubre, Senkata, Huayna Potosí, Villa Cooperativa…. los nombres  de sus calles se pierden a lo largo de esta pampa que rodea por el norte y el oeste, el hoyo donde está la ciudad de La Paz. El “Alto de la Batalla”, le decían durante la gran rebelión aymara anti colonial de 1781, y la fascinación de mirar la cordillera nevada desde la Apacheta de Senkata, trae también los ecos de otras batallas, de muchas muertes, de otras muchas vidas que bullen. Esperanzas y memoria.

Octubre de 2003, es un punto de quiebre con el régimen neoliberal y con la lógica de poder y abuso que por años ejercieron las tradicionales elites millonarias y racistas, a través de sus partidos políticos. Palos, piedras y el pecho descubierto de miles de personas, abrieron el paso de manera poderosa para imaginar nuevos horizontes de lucha y cambio. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), la “Acción Democrática Nacionalista” (ADN), etc., y las rancias familias como los Quiroga, los Matcovik, los Marincovik, los Bánzer, los Sánchez de Lozada, fueron aplastados ese momento por el despliegue de muchas fuerzas populares e indígenas, las cuales convergieron en una lucha única por el gas, los hidrocarburos, los “recursos naturales”, la dignidad y la renuncia del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

Eran huracanes de gente bajando desde El Alto y por todas las entradas de la ciudad de La Paz. El cerco a la sede de gobierno y al gobierno del MNR estaba concretado: por el camino del norte llegaba el “Cuartel Indígena de Qalachaka”, dispuesto a enfrentar a los militares, y por el sur los trabajadores mineros hacían resonar sus dinamitas cuando se fueron agredidxs con balas de guerra por las tropas del gobierno en Patacamaya (por el sur, en el camino a Oruro). Lox alteñxs  velaban a nuestrxs muertxs y en medio del llanto y el dolor mantuvieron de manera autónoma más de 800 asambleas, otras cientas o quizá miles de barricadas, que sobrepasaron a cualquier dirigencia y ente organizativo, otro tanto sucedía en el campo (1). Campesinos de muchas regiones, comerciantes, estudiantes, vecinxs de las laderas paceñas, pueblo en general, estaban tomando todas las salidas de El Alto y La Paz e inundando las calles con su indignación. A esas alturas, luego de la masacre del 11 y el 12 de octubre, la movilización, con diversas magnitudes, era generalizada en casi todo el país.

La guerra comenzó hace varios siglos, según dicen los viejos guerrerxs de las comunidades aymaras del norte paceño, hace un poco más de 500 años. Entonces no podemos decir que la “Guerra del Gas” haya tenido una hora y una fecha exacta de inicio, pero sí es seguro que los primerxs caídxs fueron lxs de Sorata y Warisata, localidades rurales, que los vecinos alteños entraron en la lucha, y que el altiplano extenso y colosal vio nuevamente no solo a los convoyes militares entrenados en estrategias antiguerrilla desatar una masacre, sino al renacido poder comunitario y popular que marcó el rumbo de la historia boliviana de los últimos años. Hablar del cambio en el país, es referirse ineludiblemente a Octubre.

Diez años

Han transcurrido 10 años de la masacre de octubre,  un tiempo simbólico que ha llevado a realizar balances sobre lo que se conoció como la “Agenda de Octubre” y el cumplimiento de las exigencias de la masiva movilización popular a nivel nacional aquel 2003.

Los familiares de los caídxs, están reunidos nuevamente este 12 de octubre de 2013, en los  Mausoleos de los “Mártires por el gas”, en los cementerios de Tarapaca (al sur de El Alto), y  de Villa Ingenio (al norte de El Alto). Aquí, donde el sol está más cerca de los picos cordilleranos, Eloy Rojas, padre de la niña Marlene Rojas, asesinada por el ejército el 20 de septiembre de 2003 en la localidad de Warisata (provincia Omasuyos), toma la palabra en el Cementerio de Villa Ingenio, al frente del Mausoleo, entre lágrimas, afirma que la lucha continúa y que la Asociación de familiares tiene la firme intención de lograr el encarcelamiento de Sánchez de Lozada, ahora prófugo en Miami.

Dionisio, panadero y ahora portero, dice: “Me sueño que estoy corriendo, con mis dos pies, un cerro, y me persigue policía” a tiempo de mostrar la prótesis que le colocaron en lugar de su pierna izquierda. Cayó herido el 12 de octubre de 2003 en Villa Ingenio: el ejército le disparó en la rodilla, mientras escapaba de la represión ordenada por Sánchez de Lozada y Sánchez Berzaín. Le amputaron el pie izquierdo porque ya no podía sentir ni el agua hervida que le echaron para ver si su pie reaccionaba, se le destrozó la vida.

Están latiendo  otras más de cuatrocientas historias de las personas que fueron recogidas heridas en mantas, aguayos y hasta en hombros para ser mínimamente socorridas, luego de las balaceras en las calles de El Alto u Ovejuyo. Juan Patricio, presidente de la Asociación, dice que ellos están abandonados, y que no fueron invitados al acto preparado por el gobierno a diez años de la Guerra del Gas, (que declaró el 17 de octubre, día de la caída de Sánchez de Lozada, como el día de la “Dignidad nacional” a modo de festejo, con varios grupos de rock, cumbia y folklóricos, y otros eventos que en parte financian entidades estatales como el  Ministerio de la Presidencia).

Otras discusiones también están en marcha: que si el proceso de 2006 fue realmente la nacionalización exigida durante 5 años de tenaz movilización, o si fue solo una renegociación con poderosas petroleras, como la REPSOL, aún presentes en el país (2). O de si porqué la planta industrializadora del gas, no estará en la ciudad de El Alto, sino en Carrasco (Cochabamba), zona de producción cocalera y fuente matriz del nacimiento del poder del Movimiento Al Socialismo a la cabeza de Evo Morales. Y porqué se ha extendido como nunca la frontera petrolera con contratos de exploración y explotación con empresas como CHACO o PETROBRAS, agrediendo territorios indígenas y parques nacionales.

¿Dónde radica la fuerza del cambio? Nelly Orozco, vecina alteña, nos brinda una respuesta: explicó que la Guerra del Gas, fue el momento culminante de una gran participación de vecinas y vecinos, quienes mucho tiempo antes, y después de 2003, fueron barrio por barrio difundiendo el tema de los hidrocarburos con toda la gente a la que podían llegar, a través de seminarios, exposiciones, pequeñas publicaciones autogestionadas explicativas, y discusiones colectivas. Lo mismo pasaba en las comunidades de las provincias, donde, en cada una de ellas, las reuniones tocaban los temas más importantes del momento: hidrocarburos y el levantamiento. Una lógica de participación que rebasa las lógicas y las formas de la política liberal partidaria.

La enorme fuerza social que expulsó a Sánchez de Lozada, tuvo pues miles de rostros, muchas tradiciones de lucha y guerra, sin dirigentes únicos, fue una múltiple insurrección que desbordó y casi quebró totalmente el régimen liberal partidario, en confrontaciones directas con las fuerzas militares y policiales que propiciaron la masacre.

La profundidad de estos hechos provenientes de la sabiduría urbana y rural, comunitaria y popular, forjaron el Pachakuti del 2000 al 2005. ¿Diez años después qué queda? ¿Dónde estamos cada unx de nosotrxs?

Sonidos y palabras de la insurrección

En medio de un silencio total de los grandes medios corporativos privados, radios como Erbol,  Pachamama y pequeñas radios piratas en La Paz y El Alto, respectivamente, lograron transmitir el 2003, día y noche, las voces de cientos de personas. Solo así, pudimos informarnos de lo que sucedía en Zona Río Seco, en San Julián – Cuatro Cañadas o Huanuni. Cada noche en medio del llanto y el sonido de las metralletas y fusiles, el eco de cada participación quedó grabado como con fuego en la memoria.

Los documentos que redactaron los vecinos de Villa Santiago II y Villa Ingenio  en El Alto, y todo lo que quedó registrado por Radio Pachamama, que presentamos ahora, constituyen en ese sentido, fuentes de nuevas rebeliones y horizontes, salidos de las barricadas.

De un proceso social tan poderoso queda la urgente reflexión, ampliación y discusión de la “Agenda de octubre” (que proponía: nacionalización e industrialización de los hidrocarburos, asamblea constituyente y juicio de responsabilidades a Sánchez de Lozada y sus ministros). Es un debate no cerrado y mucho menos acabado, porque más allá, es uno de los frutos de una intensa y dramática movilización masiva, colectiva.

Lo que queda, así mismo, son esas voces y esas palabras, pero no como un simple recuerdo. La memoria, es el más poderoso elemento que une  pasado con el presente, y aquí queda en entredicho la visión lineal sobre el “pasado” como algo muerto. Si el pasado desde la visión del poder estatal es solo un mero recordatorio conmemorativo, como cualquier 14 de febrero, o peor, con aires de campaña electoral, para la gente que sigue en la lucha adquiere el sustancial significado de “principio activo”. Activo porque diez años después, no son sonidos ni palabras de “museo”,  sino de la energía vital que labra cambios y que sigue siendo cambio, movimiento y lucha.

 

NOTAS

(1) Luis Gómez, El Alto de Pie. Una insurrección aymara en Bolivia, HdP-Indymedia Bolivia- COMUNA, La Paz, 2oo4 y Boris Miranda, La última tarde del adiós, Ventarrón, La Paz, 2013.
(2) Al respecto de la presencia de las empresas transnacionales en Bolivia estos últimos años, y la agresión a territorios indígenas y parques nacionales se puede ver: “Investigador advierte que siete petroleras explotarán hidrocarburos en Áreas Protegidas nacionales”